Tantos años después, es difícil recordar; no por que quiera, sino por que no puedo. Soy de un lugar cualquiera, de un país cualquiera, pero misituación es muy excepcional, por lo menos para esta época.
¿No les he dicho mi nombre?, va, no importa como me llamo; me colocaré cualquier nombre “por ejemplo "Cielo”, lo que si importa es que soy mujer y que tengo 39 años. abrí los ojos bajo un día frío, muy frío, tanto que mi madre dijo que un poco más frío y hubiese nacido pingüino, algo que yo siempre creí, hasta hace poco. creo que ese día marcó mi futuro, puesto que en el sentí la desazón que me esperaba en el resto de mi vida.
A los 3 años de mi nacimiento, murió papá ; lo mataron, lo descuartizaron y luego nos enviaron una mano. se preguntarán en donde pudo suceder esto, pues aquí, en este país llamado Colombia (si, les dí una pista). que más podíamos esperar, papá no era guerrillero, ni del ejército, solo era un hombre que trabajaba para darle de comer a su familia; ah, pero el ejército necesitaba unos cuantos hombres para hacerlos pasar como guerrilleros, pues por ellos les pagaban bien, así que, ¿que mejor que unos cuantos campesinos?, pues por ellos nadie protestaría, y según ellos todos estarían contentos.
Antes que muriera mi padre, casi no teníamos nada para comer, pero cuando murió, las piedras más duras y las papas más podridas fueron una cena exquisita; dormíamos en un cambuche hecho de cartón y plástico, y detenido por varios trozos de madera superpuestos entre sí. no teníamos ni agua para comer, menos para bañarnos; el único teléfono que teníamos, era uno que estaba dibujado en una revista que había encontrado esculcando un basurero; la única ropa era un saco de papa amarrado en la cintura con un cordón… y los únicos consuelos…. Va, ya no importa.
Tenía 12 años, cuando fui por primera vez a clases; Una señora toda gordota y grasosa, nos enseñaba como masturbar a los hombres, y como hacer sexo con ellos. “una clase muy singular” ¿no?; sí, muy única. mi mamá me había dicho días antes que debía conseguir trabajo, y al comentarle a una amiga mi situación, ella me dijo que me metiera a prostituta, pues pagaban bien, y no tenía que hacer tanto trabajo. Oh, si hubiese sabido lo que estaba haciendo, “dios mío, dios mío” ¿por qué lo permites?, ¿por que hoy miles de niñas se ven necesitadas a vender su cuerpo por unos cuantos pesos? Mi primera vez, no fue entre rosas y sábanas blancas con las que muchas chicas han soñado, sino, fue entre un cuartucho sudoroso, con un hombre de más de sesenta años, canoso y gordo, y con una papada que le llegaba al suelo… entre dolores y humillaciones, porque al final más que entregar mi cuerpo por unos centavos, entregué mi alma por una bofetada y por nada de dinero, pues el señor ni siquiera me pagó lo acordado, excusándose en que yo era muy pequeña para tener derecho a cobrar, ¡el muy canalla hablaba de derechos!, aunque le supliqué me diera algo para llevarle de comer a mi familia o por lo menos para pagarme el bus a casa, me dijo que si no me callaba, me iba a llevar a la policía por delincuente, a lo que ni siquiera rechisté y salí a correr, por haber tenido ya roses con dicha organización puesto que hace un tiempo me habían cogido a mí y a mi hermano, intentando robar un pan para comer.
A los 15 años, ya tenía una reputación de buena prostituta, pues a nada le colocaba peros y era una chica limpia y bien ordenada, tenía clientes habituales y ganaba… “para que mentir, si apenas ganaba lo necesario para vivir”. Años después, conocí a juan, un hombre de unos 65 años, el cual me prometió el cielo y la tierra, y que solo pudo darme un par de piedras; un verdadero macho cavernícola, siempre me miraba como su sirvienta mas que como su esposa, y de pago me azotaba una o dos veces al día, porque decía que si lo hacía más, yo podía salir lastimada. mi esposo no aceptaba que le llevaran la comida caliente a su cama, solo debía estar tibia, puesto que si estaba o muy caliente o fría me la tiraba en la cara; Debía llevársela a una hora determinada, puesto que si me retrasaba un minuto, me decía que ya no tenía apetito por que había llegado muy tarde, y desde luego me pegaba, pero si llegaba un minuto antes, me decía que era una idiota y que no sabía mirar al reloj, puesto que le había llevado la comida muy temprano, y como es lógico, también me golpeaba.
Cuando tuve 21 años y suficientes agallas para salir adelante, tomé la poca ropa que me quedaba y me marché de casa; al bajar la calle de la casa, escuché que juan aullaba a grito pelado que quería el desayuno, me regocijé al pensar que estaría allí todo el día, gritando como un poseso mientras se le acabara la voz o la paciencia y saliera a golpearme, pero se diera cuenta que ya no estaba allí; ¡cuando daría por verle la cara!. Cogí el primer bus que llevaba hasta ciudad capital, una vez allí, fui a una organización de mujeres, la cual había escuchado por la radio que prestaba ayuda y colaboración a mujeres desamparadas y víctimas de violencia, realicé un curso de costura, acudí a terapias psicológicas, y hoy estoy aquí, en medio de una pequeña mesa, escribiendo sobre mi corazón, con mi pequeño cuarto de testigo y con muchas ganas de salir adelante.
#historias de superación
¿No les he dicho mi nombre?, va, no importa como me llamo; me colocaré cualquier nombre “por ejemplo "Cielo”, lo que si importa es que soy mujer y que tengo 39 años. abrí los ojos bajo un día frío, muy frío, tanto que mi madre dijo que un poco más frío y hubiese nacido pingüino, algo que yo siempre creí, hasta hace poco. creo que ese día marcó mi futuro, puesto que en el sentí la desazón que me esperaba en el resto de mi vida.
A los 3 años de mi nacimiento, murió papá ; lo mataron, lo descuartizaron y luego nos enviaron una mano. se preguntarán en donde pudo suceder esto, pues aquí, en este país llamado Colombia (si, les dí una pista). que más podíamos esperar, papá no era guerrillero, ni del ejército, solo era un hombre que trabajaba para darle de comer a su familia; ah, pero el ejército necesitaba unos cuantos hombres para hacerlos pasar como guerrilleros, pues por ellos les pagaban bien, así que, ¿que mejor que unos cuantos campesinos?, pues por ellos nadie protestaría, y según ellos todos estarían contentos.
Antes que muriera mi padre, casi no teníamos nada para comer, pero cuando murió, las piedras más duras y las papas más podridas fueron una cena exquisita; dormíamos en un cambuche hecho de cartón y plástico, y detenido por varios trozos de madera superpuestos entre sí. no teníamos ni agua para comer, menos para bañarnos; el único teléfono que teníamos, era uno que estaba dibujado en una revista que había encontrado esculcando un basurero; la única ropa era un saco de papa amarrado en la cintura con un cordón… y los únicos consuelos…. Va, ya no importa.
Tenía 12 años, cuando fui por primera vez a clases; Una señora toda gordota y grasosa, nos enseñaba como masturbar a los hombres, y como hacer sexo con ellos. “una clase muy singular” ¿no?; sí, muy única. mi mamá me había dicho días antes que debía conseguir trabajo, y al comentarle a una amiga mi situación, ella me dijo que me metiera a prostituta, pues pagaban bien, y no tenía que hacer tanto trabajo. Oh, si hubiese sabido lo que estaba haciendo, “dios mío, dios mío” ¿por qué lo permites?, ¿por que hoy miles de niñas se ven necesitadas a vender su cuerpo por unos cuantos pesos? Mi primera vez, no fue entre rosas y sábanas blancas con las que muchas chicas han soñado, sino, fue entre un cuartucho sudoroso, con un hombre de más de sesenta años, canoso y gordo, y con una papada que le llegaba al suelo… entre dolores y humillaciones, porque al final más que entregar mi cuerpo por unos centavos, entregué mi alma por una bofetada y por nada de dinero, pues el señor ni siquiera me pagó lo acordado, excusándose en que yo era muy pequeña para tener derecho a cobrar, ¡el muy canalla hablaba de derechos!, aunque le supliqué me diera algo para llevarle de comer a mi familia o por lo menos para pagarme el bus a casa, me dijo que si no me callaba, me iba a llevar a la policía por delincuente, a lo que ni siquiera rechisté y salí a correr, por haber tenido ya roses con dicha organización puesto que hace un tiempo me habían cogido a mí y a mi hermano, intentando robar un pan para comer.
A los 15 años, ya tenía una reputación de buena prostituta, pues a nada le colocaba peros y era una chica limpia y bien ordenada, tenía clientes habituales y ganaba… “para que mentir, si apenas ganaba lo necesario para vivir”. Años después, conocí a juan, un hombre de unos 65 años, el cual me prometió el cielo y la tierra, y que solo pudo darme un par de piedras; un verdadero macho cavernícola, siempre me miraba como su sirvienta mas que como su esposa, y de pago me azotaba una o dos veces al día, porque decía que si lo hacía más, yo podía salir lastimada. mi esposo no aceptaba que le llevaran la comida caliente a su cama, solo debía estar tibia, puesto que si estaba o muy caliente o fría me la tiraba en la cara; Debía llevársela a una hora determinada, puesto que si me retrasaba un minuto, me decía que ya no tenía apetito por que había llegado muy tarde, y desde luego me pegaba, pero si llegaba un minuto antes, me decía que era una idiota y que no sabía mirar al reloj, puesto que le había llevado la comida muy temprano, y como es lógico, también me golpeaba.
Cuando tuve 21 años y suficientes agallas para salir adelante, tomé la poca ropa que me quedaba y me marché de casa; al bajar la calle de la casa, escuché que juan aullaba a grito pelado que quería el desayuno, me regocijé al pensar que estaría allí todo el día, gritando como un poseso mientras se le acabara la voz o la paciencia y saliera a golpearme, pero se diera cuenta que ya no estaba allí; ¡cuando daría por verle la cara!. Cogí el primer bus que llevaba hasta ciudad capital, una vez allí, fui a una organización de mujeres, la cual había escuchado por la radio que prestaba ayuda y colaboración a mujeres desamparadas y víctimas de violencia, realicé un curso de costura, acudí a terapias psicológicas, y hoy estoy aquí, en medio de una pequeña mesa, escribiendo sobre mi corazón, con mi pequeño cuarto de testigo y con muchas ganas de salir adelante.
#historias de superación