Hola a toda la comunidad. Estoy usando la plataforma para hacer catarsis y que, de ésa manera, tal vez pueda hallar algo de paz interior. Antes de seguir, hay resumen lvl 5 al final. El año pasado me encontró como normalmente me encontraban éstos últimos años de la década: un empleo bueno, dinero en los bolsillos, un departamento familiar en Chorrillos (Lima), una linda novia de rasgos orientales y mi afición convertida en profesión (mi guitarra). Además me encontraba cursando el último año de mi carrera: nada podía malir sal. Según lo proyectado, ése año debía formalizar con mi novia y perfeccionarme en lo que estaba haciendo con mi vida. Sin embargo, algo no salió como esperaba. Mi novia (ex, a decir verdad, y a quien me referiré con el seudónimo de Julia) tenía un carácter muy volátil, y no exagero cuando digo que, al menos, una vez por semana buscaba terminar la relación. Razones? Casi nunca la llamaba ni le escribía. Era bastante dependiente de mí y mis reacciones la sacaban de quicio. Teniendo en cuenta de que era muy nerviosa, una vez llegué a hacerle colapsar, lo cual me hizo ir a buscarla desde San Borja hasta Vitarte, donde ella vive (serán unos 10 km, aproximadamente). Total que luego de una fuerte discusión, decido formalizar con ella. Señores, me iba a casar y muy pronto. Bonita, inteligente, hasta le gustaba ponerla casi tanto como yo: inclusive en reiteradas ocasiones Julia solía correr con los gastos de algún hospedaje donde, ya saben. Bueno, los hechos: trabajaba (y sigo trabajando) en una escuela de música. Si bien es cierto que enseñar muchas veces me aburre, a veces resulta siendo divertido. Total, que como en la mayoría de paises de nuestro vecindario, recibimos a muchos ciudadanos de Venezuela. Me considero cosmopolita, puesto que desde hace varios años me he dedicado a cultivar amistad con gente de otros países, en algunos casos personas que ni saben hilvanar dos palabras en español; por lo que la situación la vi normal. Mi centro de trabajo no fue ajeno a la contratación de ciudadanos del país del norte, algo que yo vi con buenos ojos debido a que me encantan los acentos de otros lares y me fascinan los modismos. Total, que dentro del personal nuevo llega una chica, a la que por motivos de seguridad llamaré Gabriella. Éstandar (ni bonita ni fea, aunque tirando más para ésto último), algo torpe, callada, risueña y con un enorme talento musical (además); era al inicio para mi una especie de figura decorativa, una persona que ni te suma ni te resta. Y, si bien no interactuaba mucho con ella, solía reírse de todo lo que digo (aquí hago un paréntesis para comentar que ya son varias las personas que dicen que yo soy una especie de performer frustrado: alguien que debió dedicarse al stand up comedy). Con mi novia estábamos mejor, exactamente hasta el momento en el que nos peleamos por una tontería (lo mismo de siempre). No recuerdo exactamente cual, pero si recuerdo que lo que me decidió a abandonar el barco fue un mensaje de Julia, donde me decía "así como te gusta tirar (garch*ar) en cualquier parte y yo tengo que estar dispuesta". Bueno es ésto que simplemente corté toda comunicación con ella. Disfrutaba de mi soltería cuando, en un almuerzo con mis compañeros de trabajo volví a ser el alma de la reunión (uno de mis jefes suele decir que mi humor es muy inteligente: la verdad no lo sé, pero en definitiva a veces lo hago a propósito; estoy perdiendo el hilo). Total que compartíamos una jarra de jugo de frutas. Soy muy sediento, así que yo era dueño de la jarra cuando una de las profesoras me exige la misma. Bueno, alguna vez dijeron algo que precipitó las cosas hacia un punto de "no retorno"? Yo recuerdo la frase de memoria: "Sírvanle un vaso de jugo a la morenita (Gabriella) de mi parte", dije. Y allí comenzó ésto que no tiene cuando acabar. Estaba acostumbrado a hacer cosas similares, y las respuestas van desde la risa, el reto "sírvemelo tú, pues", la coqueteada, el remedo, el enojo (en serio o en broma)..., pero nunca, nunca, el que obtuve de parte de la venezolana. Se puso roja como un tomate, sonriendo nerviosamente. Fué en ése momento que me dije: "pero la ptm, chicas que se sonrojen ahora por una broma-detalle no existen. Es decir, ya se extinguieron". Desde allí, la empecé a ver con otros ojos. Suelo ser bastante extrovertido cuando me interesa una mujer, y por lo general mi respuesta siempre es más ingeniosa y rápida que la de cualquiera. Mido 1.71, soy músico y canto. A éso hay que sumarle una personalidad arrolladora y una seguridad que muchas veces raya en lo absurdo. Total, ella algo bajita, medio fea aunque talentosa: por segunda vez lo digo, nada podía malir sal. Me las arreglé para que se divirtiera conmigo (y es que si yo mismo me divierto conmigo, un poco difícil que no la divirtiera a ella), le saqué la edad (me soreprendió que fuera menor que yo por dos años y algo más: actualmente yo tengo 31), descubrí que en realidad ella era habladora e irresistiblemente agradable. Fué cuando le regalé un chocolate a Gabriella que recordé que yo tenía novia, con la cual sólo nos habíamos peleado por un tiempo considerablemente largo. Mi mente moral dijo "presente" y corté toda comunicación con Gabriella exactamente por 24 horas. No podía resistirme al hecho de "afanar" a la venezolana. Recordé que, de niño viendo discovery kids, aprendí a hacer un instrumento musical de papel al que, ya reeditado y por sugerencia de un amigo, le regalé (dando la casualidad de que era su instrumento de especialidad). Luego, y bajo otras circunstancias, me enteraría que ella lo tiene (espero que hasta ahora sea así) al lado de su cama. Sin embargo, Julia reapareció, y con la finalidad expresa de volver a mi lado. Pero, maldita sea la vida, yo estaba ya enamorado de Gabriella, por mucho que me empeñara en negarlo. Tracé un plan de mediano plazo: terminar con Julia, buscar el mejor momento para decirle a Gabriella lo que había ocasionado en mí, y quedarme con ella, si no para siempre, por lo menos durante un trecho considerable. Sin embargo, lo que se venía era aún peor. En efecto, si bien es cierto que estudio música, la capacidad de componer siempre me fue vedada. Lo que creaba eran tonteras sin sentido, y cargaba con eso desde que empecé con mi guitarra hasta el momento en el que establecí una cadencia para un vals y, sobre ella, cree una melodía que jamás había escuchado. Estaba componiendo, quería llorar. Le mostré mi pequeña composición a Gabriella, la única chica que me gustaba y que podía comprenderlo. "Suena muy bonito", me dijo. Ansioso por demostrar de lo que era capaz, compuse otra basándome sólo en su recuerdo. A ésa le siguió una más que me apuré en adaptar a su instrumento, con la esperanza de que lo tocara más adelante. Pero, como cuento, Julia volvió. Me esperó a la salida del trabajo y, seguro estoy, se cruzó con Gabriella, sin sospechar siquiera que ella había pasado a ocupar mis pensamientos. Y es que en verdad, aunque alguien se lo hubiera dicho, no se lo hubiera creído al saberse más linda e inteligente (no exagero: es la verdad). Julia se disculpó, dijo que lo sentía, me besó y me pidió volver conmigo. No estoy acostumbrado a éste tipo de situaciones debido a que soy feo (pero interesante). Estuve a punto de decirle que me había enamorado de alguien más, pero como eso no me quedaba claro ni a mi mismo, cobardemente le pedí un tiempo para pensarlo; añadiendo a ello (cobardemente) que ése tiempo debía pasarlo en la más absoluta soledad, sin tener noticias de ella ni mantener comunicación de ningún tipo. Julia accedió, y no saben lo miserable que me sentí. Estaba dejando a mi novia por una mujer de la que sabía casi nada o muy poco, con costumbres distintas y un pensamiento nada ortodoxo. Así que me propuse un plazo: no bien terminara formalmente con Julia, iría por Gabriella. Tenía la venia de todo el mundo, jefes incluídos, quienes esperan con ansias que la situación se concrete. Después de todo; hombre divertido, mujer risueña, músicos ambos, talentosos, luchadores, él optimista, ella soñadora, él detallista, ella romántica... viejo, si hasta parecía el argumento de la segunda parte de La la land, por tercera vez, nada podía malir sal. Pero, señores, se me olvidaba un pequeño detalle, y era el hecho de que yo ignoraba que mi adorada Gabriella no era soltera. Y es más, de no haberme encontrado con su novio semanas más tarde, hubiera seguido en la conquista de ella sin detenerme a reflexionar ni un segundo. Pero sobre eso ya contaré tal vez en otra oportunidad. Agradeceré mucho que me maltraten en los comentarios, a ver si así puedo pensar mejor las cosas. RESUMEN LVL 5: Terminé con mi novia para ligarme a una chica extranjera sin saber que tenía novio.
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