Fidel Castro lo había dejado claro desde el inicio. Nunca hemos creído que un homosexual pueda personificar las condiciones y requisitos de conducta que nos permitan considerarlo un verdadero revolucionario. Una desviación de esa naturaleza choca con el concepto que tenemos de lo que debe ser un militante comunista, declaró el dictador cubano en 1965, alrededor de la misma época en la que comenzaba la brutal persecución a homosexuales por parte del gobierno cubano. Apenas seis años antes, e inspirado en la revolución soviética, Castro había derrocado del poder a Fulgencio Batista con un discurso que pregonaba por una sociedad más justa, pero lo que vendría después se parecería más al comunismo de los gulags estalinistas que el de la utopía igualitaria.
Tras las purgas ideológicas, juicios revolucionarios y centenares de fusilamientos que marcaron los primeros años posteriores a la toma de La Habana, la siguiente fase del plan depurador del dictador cubano tuvo como objetivo "reeducar" a los disidentes sexuales, considerados una amenaza para la organización de una sociedad en la que emergería el hombre nuevo, aquel individuo verdaderamente emancipado de las garras del capitalismo según la teoría marxista.
Pero los homosexuales no eran los únicos blancos: en las multitudinarias redadas también se capturaban "hippies" (entendido como todo aquel cubano que vestía camisas de colores, tenía el pelo largo o le gustaba el rock) y también quienes exhibieran una "conducta impropia", lo que podía ser cualquier cosa que se le ocurriera a las brigadas de moralidad de Fidel. Muchos llegaron a denunciar haber sido arrestados y enviados a los campos de trabajo solo porque alguien tenía un problema personal con ellos un vecino quería quedarse con su habitación.
Finalmente, y gracias a la presión de intelectuales y artistas en el extranjero, en 1968 serían cerrados los campos de trabajos forzosos, que se calcula fueron padecidos por 25 mil a 30 mil personas (además se contabiliza que decenas de homosexuales cubanos se suicidaron por temor a ser llevados allí).
