Europa anda mal, bastante mal. En Turquía (que posee una pequeña parte de su territorio en Europa), cada día las medidas autoritarias y represivas del régimen, acercan ese gran país a la dictadura. En Polonia y Hungría se están instalando regímenes autoritarios populistas y xenófobos. En Grecia un presidente izquierdista tiene al país en una crisis económica permanente, que sobrevive gracias al río de dinero que llega de la Unión Europea. En nuestra querida España el partido de “Podemos” pudo haber llevado a ese gran país al caos, como lo intentó hacer en Francia el partido de “Los Insumisos” de Jean-Luc Mélenchon, que por suerte fue eliminado en la primera vuelta de las recientes elecciones presidenciales.
Basta leer el punto 62 del programa del izquierdista Mélenchon, donde proclama su interés por una República Bolivariana y su unión al Alba (fundada por Fidel Castro y Chávez). Al que le quede alguna duda puede encontrar en YouTube los discursos de ese “compañero” donde hace la apología de esas personas al conocer sus fallecimientos.
En Austria y Holanda los partidos de extrema derecha avanzan al igual que en mi amada Francia.
La Gran Bretaña aprobó por Referendum el Brexit (aunque las encuestas actuales dan un % superior a los que no desean separarse de la Unión Europea). Ya Irlanda del Norte y Escocia desean separarse de La Gran Bretaña para poder quedarse en la Unión Europea. ¿Qué quedaría de esa gran Nación? –Muy poco y ese poco podría quizás pedir la anexión a los EE.UU. Una estrella más en la bella bandera. Vivir para ver. Como va el mundo, todo es posible.
En Rusia cada día hay menos espacio para la Libertad. Cuando vemos como Crimea fue arrebatada a Ucrania y anexada a causa de las bases militares de Sebastopol y como el régimen de Putin apoya al dictador de Siria en la destrucción de su país y las masacres de la población, por tal de conservar la base militar rusa en ese país, podemos reflexionar sobre nuestra Cuba. Supongamos que la Base de Guantánamo fuera devuelta al régimen de Castro, el cual muy probablemente la alquilaría a Rusia y a partir de ese momento, por tal de no perderla, el futuro de Cuba podría ser el de la actual Siria.
El domingo próximo tendrá lugar la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Francia. Se enfrentarán dos polos opuestos:
– Monsieur Emmanuel Macron, (1977), brillante economista, demócrata europeísta, persona equilibrada, fundador hace apenas un año del partido de centro “En Marcha”. Numerosas personalidades de la Sociedad Civil, partidos de la derecha republicana como el ex primer ministro François Fillon y el ex presidente Nicolas Sarkozy; socialistas como el ex ministro Benoît Hamon, el ex primer ministro Manuel Valls, el presidente actual François Hollande, etc., han hecho un llamado a votar por él. La lista de todas las personalidades que lo apoyan es interminable.
-Madame Marine Le Pen (1968), heredera del partido de extrema derecha “El Frente Nacional”, fundado por su padre Jean-Marie Le Pen. Este último sufrió una aplastante derrota en el 2002 en la segunda vuelta frente al candidato de derecha Jacques Chirac. La única personalidad de la derecha democrática francesa que ha llamado a votar por ella es la autoproclamada muy católica, apostólica y romana, Madame Christine Boutin, la que suele utilizar la religión con fines políticos. Varios diputados de derecha han propuesto por este motivo su expulsión del partido Republicano.
El partido de extrema derecha francés, populista y demagogo, se ha caracterizado desde su fundación en 1972 por Jean-Marie Le Pen, por su xenofobia, por sembrar el odio y la división, por la estigmatización de las personas a causa de sus orígenes étnicos o religiosos.
En el programa de Madame Le Pen se propone: el abandono del euro y el regreso al franco (ayer cambió de opinión y ahora propone dos monedas -¡Cómo en Cuba!-; un Franxit con la salida de la Unión Europea (por lo cual tengo la impresión de que estas elecciones serán una especie de Referendum sobre la permanencia o no en la Unión Europea); el cierre de las fronteras; la expulsión de los inmigrantes ilegales; altos impuestos a los productos de importación que provengan de las fábricas que fueron desplazadas desde Francia a otros países; un impuesto de 10% a los salarios de los trabajadores extranjeros en Francia; la disminución drástica de las ayudas a las familias extranjeras con niños; el control centros religiosos y un largo etcétera.
Nunca he votado, ni lo haré, por un partido extremista sea de derecha o de izquierda. Amo a la Francia actual: Libre, democrática, tolerante, culta, abierta, acogedora. Amo a la Francia que me dio la Libertad hace 37 años junto a mi esposa y a nuestro hijo, que entonces tenía 4 años. Amo a la Francia que nos permitió renacer y llegar en la escala social hasta donde nunca hubiéramos podido imaginar. Amo a la Francia que nos adoptó y cuya democracia está en peligro.