InicioApuntes Y MonografiasReforma agraria y la crisis mundial de los alimentos
Acá coloqué brevemente por qué más o menos retenciones no cambian el panorama para los pequeños productores, como manejan las hiper ganancias los grandes exportadores gracias a la crisis de alimentos,a quién le molestan las retenciones y porque necesitamos de una reforma agraria. Foro Mundial sobre la Reforma Agraria (FMRA) Organizado por el CERAI 2004 Cuando el siglo XXI acaba de dar sus primeros pasos, la humanidad hace frente a grandes problemas heredados del siglo anterior como la pobreza, el hambre y la degradación ambiental. El nuevo siglo arroja por lo tanto realidades estremecedoras, que se acentúan si analizamos las cifras. Según la FAO, 815 millones de personas sufren hambre y malnutrición en el mundo, de las cuales el 80% son campesinos, pescadores, indígenas y sus familias. Abordar el problema del hambre es una cuestión compleja que requiere un análisis amplio en cuanto a los temas que abarca y profundo en cuanto a sus raíces históricas. Con la perspectiva que da la historia, parece ser que occidente ha dedicado grandes recursos a generar un problema que no existía en la mayoría de las regiones del mundo o a acentuarlo en aquellas que ya sufrían algún tipo de hambre y/o malnutrición. Las estructuras productivas y sociales creadas en América con motivo de su “descubrimiento” en el siglo XV, el impulso dado por la revolución industrial europea a la explotación de los recursos naturales más allá de sus fronteras a finales del XIX y las más modernas políticas neoliberales aplicadas a finales del XX a la agricultura y la alimentación en el marco de la Organización Mundial de Comercio han provocado una falta de acceso de campesinos, pescadores e indígenas a la tierra, el agua y otros recursos naturales como los bosques, provocando así una pérdida de soberanía alimentaria con consecuencias nefastas. No conformes con este conjunto de desigualdades expresadas en forma de hambre y malnutrición, las organizaciones campesinas, indígenas, de pescadores y movimientos sociales de todo el mundo vienen trabajando desde hace una década en la construcción de una conciencia global y unos modelos de explotación sostenible de los recursos naturales. En esta corriente de movilización, de lucha, de creación de propuestas y experiencias se inscribe el Foro Mundial por la Reforma Agraria promovido por la ONG CERAI (Centro de Estudios Rurales y de Agricultura Internacional) y que tuvo lugar en Valencia Concebido como un espacio de trabajo diverso, el FMRA consiguió reunir a organizaciones campesinas, indígenas, de pescadores, de mujeres, ONGs,expertos universitarios, gobiernos e instituciones internacionales. Durante cuatro días trabajaron conjuntamente más de 400 personas, poniendo en común sus diferentes puntos de vista con el fin de dotar de nuevos contenidos las políticas de reforma agraria y elaborar nuevas estrategias de alianza, y movilización global. Es necesario subrayar que la construcción de alianzas globales y la elaboración de nuevas políticas no sería posible sin las experiencias locales que las inspiran y que desarrollan los diferentes actores implicados en las agriculturas familiares que actualmente sostienen a tres mil millones de seres humanos, o lo que es lo mismo, la mitad de la población mundial. El debate sobre la Reforma Agraria no es ni debería ser un debate de expertos. Y este no se podrá llevar a acabo sin tomar en cuenta las historias de vida, de lucha y de resistencia de estos millones de campesinos y trabajadores de la tierra. Con el objetivo de que no queden en el olvido y convencidos de su importancia, a continuación presentamos una serie de entrevistas realizadas a participantes del FMRA y que tratan de recoger esos conocimientos, experiencias o propuestas locales tan necesarias para seguir construyendo los nuevos modelos de reforma agraria y de acceso uso y gestión del resto de recursos naturales. Porque el hambre no espera, la reforma agraria es urgente y necesaria. Sergio Escribano Ruiz (Director técnico del CERAI) ¿Por qué no apoyar al campo?Brevemente Aunque con retenciones no evitamos terminar cayendo en el monocultivo... Fuente: http://www.slideshare.net/nevito77/retenciones-y-conflicto-395536/ Extracto Durante Menem: Según el último censo agrario entre 1991 y 2001 han desaparecido alrededor de 150.000 productores pequeños(2), produciéndose la mayor concentración latifundista de la historia argentina: 6.200 propietarios poseen el 49.6% de la tierra productiva total de la nación y acompañando este proceso de concentración y manipulación productiva por parte de las empresas multinacionales, 16.000.000 de hectáreas se encuentran ya en manos extranjeras.(2) Monsanto no sólo inundó de soja transgénica a la Pampa Húmeda y demás rincones agrícolas o potencialmente agrícolas de nuestro país, también la introdujo de contrabando -con la complicidad del gobierno de Carlos Menem- en el Sur de Brasil, donde su cultivo estaba prohibido, haciendo que la misma se extendiera en forma vertiginosa por todo el estado de Río Grande do Sul. EL CONFLICTO CON LOS DUEÑOS DE LA TIERRA ¿Quién se apropia de la renta? Los grandes propietarios de campos contabilizan abultadas ganancias pese a las retenciones, gracias a la política del Gobierno de mantener un dólar alto. Por Juan Iñigo Carrera * Los terratenientes agrarios argentinos, “el campo” como gustan llamarse, parecen sufrir de agudas deformaciones perceptivas cuando se trata de reconocer su participación en la renta de la tierra. Durante la convertibilidad se enamoraron de Menem porque la ausencia de retenciones, decían, les aseguraba la apropiación íntegra de la renta. La realidad era bien distinta. La sobrevaluación del peso, sostenida por las políticas de privatización y de aumento de la deuda pública externa, llevó hacia otros bolsillos el 66 por ciento de la renta total del período 1991-2001. Claro está que el festejo de los dueños de la tierra aportaba a la imagen de la ausencia de acción estatal propia del neoliberalismo. Hoy, los terratenientes aborrecen al gobierno “estatista” que mantiene las retenciones. Sin embargo, la subvaluación del peso sostenida por la política monetaria ha venido más que compensando el efecto de las retenciones. Durante el período 2002-2004, los propietarios de la tierra agraria no sólo recibieron íntegra la renta sino que a ella se sumó un 25 por ciento adicional de riqueza social. En resumen, con un promedio anual de renta que, a valores constantes, se contrajo un 7 por ciento entre 1991/2001 y 2002/2004, los terratenientes vieron crecer el monto de su ingreso en un 211 por ciento. Pese a tamaño cambio de suerte, los terratenientes han renovado su enemistad con el ideario “nacional y popular”. Aunque, bien mirado, con sus lamentos, justo cuando la política del Estado los beneficia de manera excepcional, aportan lo suyo a la construcción de dicho ideario. Las evoluciones referidas surgen de la estimación de la renta de la tierra agraria argentina y los cursos seguidos por su apropiación primaria entre 1882 y 2004, que he realizado en el Centro para la Investigación como Crítica Práctica. La misma constituye parte del proyecto de investigación sobre la formación económica de la sociedad argentina como modo nacional específico de la acumulación de capital. La apropiación de la renta por sujetos sociales distintos de los terratenientes se ha computado sobre la base del efecto de los impuestos a la exportación y de la paridad cambiaria de exportación (tanto respecto de las exportaciones como del consumo interno de los productos agrarios), y de las políticas de control de precios internos y monopolio comercial del Estado nacional, vigentes en cada momento. La renta apropiada primariamente por los terratenientes se ha computado por la diferencia entre la tasa de beneficio del capital agrario y la del capital del sector industrial, sobre la base de las cuentas nacionales y estadísticas complementarias. La misma permanencia en el tiempo de los cursos seguidos por la apropiación de la renta a favor de los terratenientes y de otros sujetos sociales muestra que la existencia de los mismos no responde a razones circunstanciales. Por el contrario, son esenciales para la reproducción de la base económica específica de la sociedad argentina. Más aún, la existencia de la apropiación masiva de la renta por terceros en el período en que los terratenientes ejercían la representación política general de la sociedad argentina, hace evidente que, por más que los mismos abominen de dicha apropiación, ella es condición para su reproducción como clase. Los terratenientes no deberían ilusionarse respecto de quién es el socio determinante en la apropiación de la renta dentro del proceso argentino de acumulación de capital. Apenas la expansión económica basada en la caída del salario iba empujando una tímida suba de éste (en el 2005 el promedio se ubicaba todavía un 10 por ciento por debajo del nivel del 2001), la subvaluación del peso se fue esfumando hasta hacerse nula el año pasado. Pero las retenciones quedaron. De modo que el flujo de renta que escapa a la apropiación de los terratenientes ha vuelto ya a su curso normal. Pero lo ha hecho dejando en sus manos una parte de la renta sustancialmente mayor que la que recibían durante la convertibilidad. * Economista. Fuente . http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-2406-2006-05-06.html Articulo completo: El monocultivo de soja transgénica: ¿Gran negocio o política de dominación colonial? Alberto J. Lapolla La República sojera En la presente campaña en la Argentina se han sembrado casi 13.000.000 de hectáreas de soja (transgénica en más de un 95%, con serias dificultades para saber si la común sigue existiendo), que producirán alrededor de 37.000.000 de toneladas, por un valor de casi U$S 7.000 millones (1), estimándose que en el 2004 se superarán los 14.000.000 de hectáreas. De la producción total de 'granos' la soja ocupa mas de la mitad de la producción: 37 millones de Tn sobre 70 millones totales; de los cuales en el caso del maíz ya tampoco es mayoritariamente un grano, pues al igual que la soja transgénica su destino es ser forraje para la producción de ganado en Europa o en China. De tal forma que en aras de la convertibilidad, las privatizaciones, la desindustrialización forzosa, la devastación de la nación aplicada desde 1976, pero en particular en el largo ciclo de 1989 a 2001, la nación argentina ha mutado de ser el granero del mundo, para transformarse en una republiqueta sojera, productora de forrajes, para que otros países con políticas de desarrollo en serio, críen su ganado y no tengan que importarlo de países como el nuestro. La propagación de la soja no vino sola; junto con su explosión desde 1994 hasta nuestros días, su avance vino acompañado de la destrucción de otras producciones de alimentos, como el tambo, la ganadería, la apicultura, montes frutales, cultivos de sorgo, batata, arveja, lenteja y los cinturones verdes hortícolas productores de frutas y verduras, expulsados de la producción por el doble proceso de la imposibilidad de competir económicamente con una soja subsidiada por todo el modelo económico y por las fumigaciones aéreas de herbicida y plaguicidas que destruyen los cultivos de los pequeños productores. Como producto de esta situación la Argentina ya no produce alimentos, sino mayoritariamente forrajes de exportación, 'commodities' que generan divisas para pagar deuda externa. Se llega a extremos claramente irracionales desde el punto de vista agronómico, como es el caso de desmontar montes frutales, forestales, incluso áreas de recreo para sembrar soja transgénica. también se llega a graves situaciones como en Santiago del Estero, donde las empresas sojeras y los terratenientes apelan a la violencia parapolicial y oficial para expulsar a los campesinos santiagueños que laboran y viven en sus tierras desde hace varias generaciones. Según el último censo agrario entre 1991 y 2001 han desaparecido alrededor de 150.000 productores pequeños(2), produciéndose la mayor concentración latifundista de la historia argentina: 6.200 propietarios poseen el 49.6% de la tierra productiva total de la nación y acompañando este proceso de concentración y manipulación productiva por parte de las empresas multinacionales, 16.000.000 de hectáreas se encuentran ya en manos extranjeras.(2) Del granero del mundo al monocultivo. Como señaláramos más arriba la diversidad de la producción agrícola argentina que la hiciera merecedora del calificativo de granero del mundo está mutando por obra y gracia de la política de las relaciones carnales, y del neoliberalismo, hacia el monocultivo de soja transgenica de uso forrajero. Durante el largo ciclo de la rotación agrícola ganadera que caracterizaba nuestra producción, la Argentina producía la mas variada cantidad de alimentos en el orden nacional así como fuertes producciones regionales u hortícolas que la autoabastecían prácticamente de todo tipo de alimentos. Éramos soberanos desde el punto de vista de la producción de alimentos en tanto y en cuanto producíamos todo o casi todo lo que nuestro ecosistema agrícola (el tercero mejor dotado del planeta) podía producir, pero también éramos soberanos porque nuestros chacareros eran dueños de la simiente para sembrar de un año a otro tal cual lo han hecho históricamente los campesinos, es decir el productor guardaba una parte de la semilla para la siembra de la temporada siguiente. Pues bien ya no, ahora la semilla es propiedad del semillero multinacional que lo tiene patentado y exige que se lo compre año a año, destruyendo la soberanía nacional sobre la producción de alimentos. Y este no es un hecho menor, a partir de la política de 1991 de desrregulación llevada adelante por Domingo Cavallo, el INTA que había desarrollado una correcta política de variedades y cultivares agrícolas durante décadas para las distintas áreas de cultivo argentinos, se vio obligado a entregar su colección de germoplasma a los semilleros multinacionales que se apropiaron desde entonces de los secretos de la producción nacional. A partir de allí el INTA fue poco menos que una figura decorativa, al servicio de Monsanto y las compañías cerealeras, en cuyas manos quedó la el control y la exportación de granos al destruirse a la Junta Nacional de Granos. Esta política desarrollada por la autoridad de agricultura de entonces -el Ing. Felipe Solá- destruyó la soberanía alimentaria argentina iniciando un proceso que está llegando a su cúspide transformando a nuestro país en una colonia desde el punto de vista alimentario. Este proceso fue privando a los agricultores de semillas de germoplasma nacional estabilizados por las condiciones ecológicas de nuestras regiones, llegándose al extremo actual donde han desaparecido cultivares y variedades de trigo pan, trigo candeal, maíz, arveja, lenteja, tomate, sorgo, lino, girasol, papa, batata, etc., sembradas durante décadas y desarrolladas en el país por el INTA o la Secretaría de Agricultura en otros tiempos, transformando al antiguo granero del mundo en una peligrosa republiqueta sojera. (3)(4) La República de Monsanto Si bien la soja tradicional (no transgénica) venía expandiéndose en forma continuada desde mediados de los sesenta, es a partir de 1994 con la autorización por la autoridad agropecuaria (Cavallo-Solá) del cultivo de la Soja RR (soja transgénica con agregado de genes para Resistencia al herbicida Round-up), que el cultivo de soja crece exponencialmente llegando a ocupar más de la mitad de la producción total de 'granos' argentinos. Inicialmente la multinacional Monsanto (la empresa norteamericana que desarrollara el 2-4-5-T, el famoso Agente Naranja, durante la guerra de Viet Nam -un poderoso arboricida) permitía la libre reproducción de semilla de soja transgénica a los productores de un año para otro, pues parecía que su negocio era la venta del herbicida Round-up, imprescindible para el sistema de siembra de la misma. Sin embargo en una clara maniobra monopólica cuando el cultivo estuvo lo suficientemente extendido, la desaparición de las semillas de los cultivos de reemplazo avanzada y la dependencia del productor era total, Monsanto patentó la soja RR obligando a los productores a comprar semilla año tras año. Una reciente resolución de la Secretaría de Agricultura, del actual gobierno, acaba de refrendar dicha obligación para los productores, impidiendo la libre reproducción y siembra de la soja RR y demás cultivos transgénicos. Monsanto no sólo inundó de soja transgénica a la Pampa Húmeda y demás rincones agrícolas o potencialmente agrícolas de nuestro país, también la introdujo de contrabando -con la complicidad del gobierno de Carlos Menem- en el Sur de Brasil, donde su cultivo estaba prohibido, haciendo que la misma se extendiera en forma vertiginosa por todo el estado de Río Grande do Sul. Contradiciendo lo que había prometido durante la campaña electoral, Lula Da Silva acaba de legalizar el cultivo de soja RR en Brasil, 'ante el hecho consumado de su penetración desde la Argentina'. Exactamente lo que Monsanto buscó desde el principio: que la Argentina y Brasil -el principal productor de soja del mundo- fueran colonizados por su soja RR. A partir de esta resolución del Presidente Lula, el Matto Grosso y la Amazonia tienen los días contados. La soja y la desertificación de los suelos argentinos Si bien la transgenia es un grave problema en sí, lo más grave del cultivo de la soja RR, es su sistema de cultivo y la poco conocida acción del monocultivo continuado de soja sobre la fertilidad y la estructura de los suelos donde se la cultiva. El sistema de cultivo de la sojaRR, el cual la hace 'tan rentable' en los términos de agricultura minera e inmediatista a que son tan afines las voces oficiales del establishment agronómico, tales como Clarín Rural, La Nación Rural, la SRA, la Chacra, APRESID, los Grobokopatel, la FAUNBA y demás voces oficiosas agropecuarias, se basa en su resistencia al herbicida Round-up (Glifosato). Esto permite que la soja RR pueda crecer bajo las pulverizaciones de Round-up, de tal forma que esta soja es implantada mediante un sistema denominado siembra directa. Es decir no se rotura el suelo, sino que sobre los rastrojos del cultivo anterior, previa aplicación de herbicida, se siembra soja RR, mediante un equipo de siembra de alta potencia apto para sembrar sin roturar. A posteriori se aplica Round-up más los plaguicidas necesarios en sucesivas aplicaciones mediante fumigaciones aéreas o con equipos especiales. Cuando se iniciara este sistema de cultivo, sus defensores destacaban el no laboreo del suelo, el menor uso de agroquímicos y de costo de labores que implicaba como grandes beneficios. Pasados ya casi diez la situación ha producido una desertificación biológica de los suelos argentinos y a vistas de la reciente inundación inusitada de la cuenca del Río Salado en Santa Fe, parecería que se está desarrollando un inmenso proceso de devastación, erosión y desertificación estructural de los suelos sometidos al sistema de siembra directa y cultivo de soja RR. (5)(6) La no roturación del suelo, que pudo ser vista en un principio como una práctica benéfica, terminó -en el marco de este sistema y del ecosistema de los suelos que afecta- produciendo compactación, acumulación excesiva de residuos orgánicos que no pueden ser mineralizados, disminución de la temperatura del suelo (lo cual trae aparejado la disminución de la fijación de nitrógeno por la soja y por ende la necesidad de fertilizarla con Nitrógeno). También produce modificaciones en la microflora y microfauna del suelo (el uso continuo de herbicida destruye la vida bacteriana del suelo permitiendo la proliferación de hongos que modifican la química de la mineralización de la materia orgánica, destruyendo la fertilidad natural de nuestros suelos). La macrofauna del ecosistema de cultivo es brutalmente afectado por este sistema de contaminación química continua del suelo: Pero el uso continuado de herbicidas e insecticidas, produce también la aparición de súper-malezas resistentes a dicho herbicida, lo cual obliga a aumentar las dosis del mismo y cuando esto ya no es posible, a utilizar otros herbicidas como 2-4-D, Atrazina, Paraquat, Diquat y otros productos, los cuales son mayoritariamente cancerígenos, altamente tóxicos y contaminantes del suelo y las napas de agua. (3) (4) (5) El sistema de producción en la Argentina está tan fuera de control que las pulverizaciones aéreas con estos productos de altísima peligrosidad -la mayoría de ellos prohibidos (o fuertemente restringidos) en sus países de origen- han destruido los cultivos hortícolas, los cinturones verdes que rodeaban ciudades y pueblos, las producciones apícolas, los montes frutales y forestales, produciendo pueblos fantasmas, la emigración masiva de pequeños productores a las villas de emergencia de las grandes ciudades y una inaudita concentración de la tierra. Se ha llegado a extremos como Ituzaingó en la Ciudad de Córdoba, donde las fumigaciones han producido casi sesenta casos de cáncer en niños y mujeres, encontrándose restos de agrotóxicos en análisis químicos de los tanques de agua de las viviendas y graves afecciones alérgicas y pulmonares en los niños, los días que los aviones fumigan los agrotóxicos literalmente sobre ellos. Este sistema de producción es el que está generando una agricultura sin agricultores, basado en un suelo sin suelo, desde el punto de vista biológico. Un sistema de dominación El sistema se difunde como una plaga pues encaja a la perfección -es más es parte estructural del mismo- en el sistema de saqueo y devastación nacional instaurado por el modelo de Cavallo-Menem. El cultivo de la soja RR se difunde masivamente pues es susbsidiada de hecho por las políticas generadas desde el poder económico dominante. La alta tasa de rentabilidad bruta de la soja RR, está vinculada al altísimo precio del gas oil, desde que Repsol decidió no producirlo más en el país sino importarlo, lo cual encarece cualquier cultivo que pudiendo competir con la soja, no se realice por siembra directa. El alto costo de la maquinaria para hacer siembra directa obliga a trabajar en grandes extensiones de tierra obligando a la concentración de la tierra, ya fuera por venta, arriendo o abandono. Pero implicando siempre el desarrollo de un sistema de producción sin agricultores. El otro elemento es el bajo costo relativo del Round-up en el mercado de herbicidas, teniendo en cuenta que el propio Monsanto realiza ventas en negro para abaratarlo y que ahora hay un Round up de origen chino más barato que el de Monsanto. Cabe señalar que en los EE.UU., lugar de origen de la soja RR, la misma ocupa solo el 40% de la producción de soja y que el estado regula su expansión mediante el precio del herbicida y de la semilla. Parece que el estado argentino es mucho más pronorteamericano que el propio estado yanqui. ¿Pero que beneficio trae la soja al sistema económico para ser tan subsidiado por el sistema económico devastador que rige en la Argentina? Pues, produce divisas para pagar deuda externa, es decir su producción no es necesaria para el pueblo argentino sino para los acreedores externos de la fraudulenta deuda externa, recientemente legitimada por el gobierno nacional ante el FMI. La devastación de la población del Tercer Mundo La soja transgénica no es apta para consumo humano sin embargo en un gesto demagógico y quasi criminal los grandes productores de soja (Grupo Grobokopatel 70.000 has; Carlos Reutemann 40.000 has, etc.) ofrecieron regalar soja RR a los comedores populares, para mitigar el hambre de los millones de pobres que el modelo económico genera. Luego de felicitarlos el gobierno de Duhalde debió emitir un comunicado de la Secretaría de Salud prohibiendo el uso de soja en la alimentación de niños menores de cinco años y a mujeres embarazadas, advirtiendo sobre los peligros de su uso masivo en la alimentación. Por supuesto dicha comunicación fue apenas difundida para cubrir las espaldas de los Duhalde, pero reconoce lo que va siendo un secreto a voces y es que la soja tanto transgénica como la común, no es apta para consumo humano en forma directa, pues afecta gravemente la salud. La soja posee un alto contenido de fitoestrógenos (isoflavonas) que equivalen a consumir dos pastillas anticonceptivas por día, lo que está produciendo graves alteraciones en el desarrollo de la sexualidad de los jóvenes alimentados con 'soja solidaria' adelantando el inicio de la menstruación y la diferenciación sexual en las niñas y produciendo rasgos feminoides en los varones. Pudiendo afectar la capacidad reproductiva de la población en el futuro. La soja afecta gravemente el metabolismo del Calcio y la vitamina D, produciendo raquitismo en niños alimentados por ella, así como osteoporosis en adultos. También produce una grave deficiencia de Zinc. (4) En las poblaciones de Oriente de donde la soja es originaria, la misma no es consumida en forma directa, ni en forma frecuente, sino que es fermentada largo tiempo transformada en subproductos y consumida dos o tres veces al año. Al mismo tiempo desde China se reporta que zonas que han estado sometidos al monocultivo de soja (no transgénica) han resultado afectadas por una desertificación casi irrecuperable. Más allá de toda especulación conspirativa, resulta muy difícil eludir la visión de que estamos enfrentando una verdadera política implementada por una de las principales multinacionales del mundo -miembro conspicuo del complejo militar-industrial norteamericano- y que puede concluir con la desertificación masiva de la tercera llanura más fértil de la tierra, histórica competidora del 'Corn Belt' norteamericano, liquidando por varios caminos la histórica autonomía alimentaria de la población humilde de la Argentina, que permitió la casi no existencia del hambre en nuestra historia, hoy vigente en niveles escandalosos y masivos en la república sojera monsantiana. La imposibilidad del chacarero de poseer su propia simiente, la eliminación de cultivos enteros, junto a la desaparición de sus semillas, la destrucción de producciones de lenta acumulación como la ganadera o la tambera, y la dependencia absoluta y creciente de la producción obligada de soja RR, ha destruido la autonomía agraria argentina instalando una total colonización de nuestro sistema agropecuario, manejado por las multinacionales cerealeras ante la ausencia o la presencia cómplice del Estado nacional. Por último cabe la especulación hacia nuestro destino como nación soberana pensado en el doble efecto de la desertificación creciente de nuestros suelos y en los efectos que sobre la salud reproductiva de la población puede producir la ingesta de soja. Resulta difícil no pensar en una política deliberada de destrucción y dominación del otrora granero del mundo. -------------------------------------------------------------------------------- (1).- Clarín 30-09-03 (2).- INDEC- Censo Agrario Nacional, 2001. (3).- Adolfo Boy -Implicancias del uso de 2-4- D, Glifosato y otros herbicidas (4).- Adolfo Boy Mitos y Verdades sobre la soja (5).- Tesis de Maestría : Chris Van Dam- Director: Gonzalo Bravo, PhD Salta, marzo de 2002. (6).- Alberto Marcipar -Una Cuestión de Elección - agosto 2003- Conferencia en la UNR- Docente de Tecnología Inmunológica. (7).- Gallo Mendoza - Los Productos con Material Transgénico- Trangénicos y fracaso del Modelo Agropecuario -Publicación del GRR -Setiembre 2001- (8).- Estado en Construcción - Grupo de Reflexión Rural - Abril 2003 -------------------------------------------------------------------------------- II.-¿Que son los cultivos transgénicos? Se denominan organismos transgénicos, en este caso cultivos, a organismos biológicos obtenidos por medio de ingeniería genética, en los cuales se ha agregado a un organismo que se desea modificar, uno o varios genes provenientes de especies no emparentadas y que le confieren al receptor alguna nueva particularidad. En el caso de la Soja RR se le han añadido genes que el confieren resistencia al herbicida Round up. en el caso del Maíz Bt y Algodón Bt los genes añadidos confieren a los cultivos resistencia al ataque de insectos. Los cultivos transgénicos fueron autorizados para su salida del laboratorio a la producción en los EE.UU., por el presidente Reagan, en su política de apertura total de la economía norteamericana a las grandes corporaciones, pese a la oposición de los organismos estadounidenses de control ambiental, que aun hoy consideran peligrosos a los cultivos transgénicos. Sólo EE.UU., Canadá, Argentina y ahora Brasil permiten los cultivos trangénicos. China que los autorizaba los ha restringido. Europa prohibe su cultivo, aun cuando compra granos transgénico para alimentar el ganado. La discusión respecto de los trangénicos gira en torno a que los mismos alteran de manera definitiva los mecanismos de la selección natural, rompiendo barreras biológicas que la misma estableció a lo largo de millones de años. Tal el caso de introducir genes de un animal en un vegetal, o de una bacteria en un vegetal, etc., es decir mecanismos que no se realizarían normalmente en la naturaleza. Los graves peligros a que estos organismos pueden someter al ecosistema global no pueden ser medidos en los tiempos de la evaluación de un cultivo, siquiera de un corto período, pues actúan y afectan procesos ecológicos encadenados que pueden tardar décadas, o siglos en manifestarse pero que afectarán gravemente al ecosistema. También se cuestiona el carácter no preciso de la adición de ADN extraño al receptor, siendo que además del carácter a modificar, se pueden alterar otros que no se conocen hasta que sus efectos se hacen presentes. Por último un hecho no menos grave, radica en que la manipulación, investigación desarrollo y comercialización de los cultivos trangénicos es manejado y controlado por un grupo de corporaciones multinacionales que no tienen otro objetivo que priorizar ganancias aun al costo de la salud de la población mundial o de destruir el equilibrio ecológico. Una de las últimas investigaciones de la empresa Monsanto produce un maíz cuyo grano aborta en la segunda generación para impedir a los campesinos su libre resiembra. ---------------------------------------------------------------- III.- Las madres del barrio de Ituzaingó en Córdoba, lucha contra la muerte. El barrio de Ituzaingó, en las afueras de Córdoba, es como una herradura rodeada de cultivos de soja, donde además se agregan transformadores y líneas de alta tensión de la empresa EPEC. De repente las madres del barrio descubrieron que en las casas más cercanas a los cultivos y sus fumigaciones y a los transformadores se produjeron 60 casos de cáncer -un 50% por encima de la media nacional- mayoritariamente en niños y mujeres, la mayoría en Ituzaingó-anexo la zona más pobre del barrio. También se producían graves afecciones a la piel, alergias respiratorias y graves malformaciones en los nacimientos. Luego de luchar contra la indiferencia de las autoridades y la represión de los productores, que ponen gente armada para 'cuidar' las fumigaciones de las protestas de los vecinos, comenzaron a tener repercusión en Buenos Aires y luego en Córdoba obligando al gobierno a actuar. Los análisis detectaron graves contaminantes en los tanques de agua, el suelo e incluso el aire. EPEC retiró los transformadores con PCB chorreante. Finalmente el gobierno puso vigilancia policial las 24 horas, pero las empresas productoras de soja fumigan exactamente 'cuando se produce el cambio de guardia' o de noche mientras la policía señala que no puede actuar 'por falta de equipos y órdenes para violar la propiedad privada'. Sorprendentemente los médicos que fueron enviados por el gobierno al barrio y convalidaron las denuncias de las madres fueron obligados a renunciar a sus trabajos. El escándalo llegó al Congreso Nacional donde se descubrió que desde la convertibilidad todo el control ambiental está desarticulado y sin posibilidades serias de ser efectuado. Alberto J. Lapolla Ing.Agr. genetista- Ex docente de la UBA. Miembro del Grupo de Reflexión Rural Artículo publicado por la revista Enfoques Alternativos, Octubre de 2003 ¿Por qué? ¿Quién gana con la crisis alimentaria mundial? * Actualidad Por Esther Vivas* La crisis alimentaria global beneficia a las multinacionales que monopolizan cada uno de los eslabones de la cadena de producción, transformación y distribución de los alimentos. Las tierras, las semillas, el agua… son propiedad de multinacionales que ponen un precio exorbitante a unos bienes que hasta hace muy poco eran públicos. Frente a la mercantilización de la vida, debemos de reivindicar el derecho de los pueblos a la soberanía alimentaria, a controlar su agricultura y su alimentación. El precio de los alimentos y, en especial, de los cereales básicos ha aumentado espectacularmente en estos últimos meses. Los medios de comunicación nos han mostrado nuevas revueltas del hambre en los países del Sur que nos recuerdan aquellas que se llevaron a cabo a mediados y finales de los ochenta contra los planes de ajuste estructural impuestos por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. El precio de sesenta productos agrícolas ha aumentado un 37% en el último año en el mercado internacional. Un aumento que ha afectado sobre todo a los cereales con una subida del 70%. Entre éstos, el trigo, la soja, los aceites vegetales y el arroz han alcanzado cifras récord. El precio del trigo, por ejemplo, suma hoy un 130% más que hace un año y el arroz un 100%. Viendo estos datos no es de extrañar las explosiones de violencia en el Sur para conseguir alimentos porque son los cereales básicos, aquellos que alimentan a los más pobres, los que han experimentado una subida sin parangón. Pero el problema hoy no es la falta de alimentos en el mundo, sino la imposibilidad para acceder a ellos. De hecho, la producción de cereales a nivel mundial se ha triplicado desde los años sesenta, mientras que la población a escala global tan sólo se ha duplicado. Hay razones varias que explican este aumento espectacular de los precios: desde las sequías y otros fenómenos meteorológicos en países productores como China, Bangladesh y Australia que habrían afectado a las cosechas; el aumento del consumo de carne por parte de pujantes clases medias en América Latina y en Asia, especialmente en China; las importaciones de cereales realizadas por países hasta el momento autosuficientes como India, Vietnam o China, debido a la pérdida de tierras de cultivo; el aumento del precio del petróleo que habría repercutido directa o indirectamente, y hasta las crecientes inversiones especulativas en materias primas. Es aquí donde creo importante centrarnos en estas dos últimas causas. El aumento del precio del petróleo ha generado el uso de combustibles alternativos como aquellos de origen vegetal. Gobiernos como el de Estados Unidos, la Unión Europea, Brasil y otros han hecho especial énfasis en la producción de agrocombustibles como una alternativa a la escasez de petróleo y al calentamiento global. Pero esta producción de combustible verde entra en competencia directa con la producción de alimentos. Por poner sólo un ejemplo, el año pasado en Estados Unidos el 20% del total de la cosecha de cereales fue utilizada para producir etanol y se calcula que en la próxima década esta cifra llegará al 33%. Imaginémonos esta situación en los países del Sur. Otra causa a resaltar es la creciente inversión por parte del capital especulador en materias primas. En la medida en que la burbuja inmobiliaria estalló en los Estados Unidos y se profundizó en la crisis financiera, los especuladores empezaron a invertir en alimentos, empujando al alza sus precios. Pero esta crisis alimentaria mundial no es coyuntural, sino que responde al impacto de las políticas neoliberales que se vienen aplicando desde hace treinta años a escala global. Liberalización comercial a ultranza a través de las negociaciones en la Organización Mundial del Comercio y en los acuerdo de libre comercio y las políticas de ajuste estructural, el pago de la deuda externa, la privatización de los servicios y bienes públicos son sólo algunas de las medidas que se han venido imponiendo por parte del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional en las últimas décadas en los países del Sur. Unas políticas que han permitido la invasión de estos mercados por productos del agrobusiness del Norte altamente subvencionados y que han acabado con la agricultura y la ganadería autóctona; reconvirtiendo y privatizando tierras destinadas hasta el momento al abastecimiento local en tierras de producción de mercancías para la exportación. Unos territorios en manos de la agroindustria, quien ha sacado provecho de una mano de obra barata y de una laxa legislación medioambiental. Este modelo de agricultura y alimentación no sólo tiene consecuencias en el Sur global, sino también en las comunidades del Norte: acabando, en ambos lados del planeta, con una agricultura familiar y un comercio de proximidad vital para las economías locales; promoviendo una creciente inseguridad alimentaria con una dieta que se abastece de alimentos que recorren miles de kilómetros antes de llegar a nuestra mesa, y fomentando una agricultura y ganadería intensiva, desnaturalizada, drogodependiente (por el alto uso de pesticidas) y donde el beneficio económico se antepone a los derechos sociales y medioambientales. La crisis alimentaria global beneficia a las multinacionales que monopolizan cada uno de los eslabones de la cadena de producción, transformación y distribución de los alimentos. No en vano los beneficios económicos de las principales multinacionales de las semillas, de los fertilizantes, de la comercialización y transformación de comida y de las cadenas de la distribución al detalle no han parado de aumentar. Los alimentos se han convertido en una mercancía en manos del mejor postor. Las tierras, las semillas, el agua… son propiedad de multinacionales que ponen un precio exorbitante a unos bienes que hasta hace muy poco eran públicos. Frente a la mercantilización de la vida, debemos de reivindicar el derecho de los pueblos a la soberanía alimentaria, a controlar su agricultura y su alimentación. No se puede especular con aquello que nos alimenta. —- * Esther Vivas es co-coordinadora de los libros Supermercados, no gracias y ¿Adónde va el comercio justo?. Fuente: www.ecoportal.net, artículo publicado en Público, 09/05/2008. El hambre como asesinato Es necesario cambiar radicalmente la política alimentaria ¡YA! Desde hace varios meses, una verdadera tormenta por el alza del costo de los alimentos en todo mundo le ha caido a familias, gobiernos y medios de comunicación. El precio del trigo aumentó 130% en el último año.[1] El del arroz se duplicó en Asia, tan solo en los últimos tres meses,[2] al tiempo que alcanzó aumentos récord en el mercado de futuros de Chicago hace apenas una semana.[3] El aumento en espiral del costo del aceite comestible, de frutas y verduras, sin mencionar los lácteos y la carne, ha provocado una disminución del consumo de los mismos durante casi todo el año 2007. Desde Haití hasta Camerún, pasando por Bangladesh, la gente se ha lanzado a las calles llevada por la rabia de no poder ya comprar alimentos. Hay dirigentes mundiales que reclaman más ayuda alimentaria ante el temor de una agitación política, así como más fondos y tecnología para aumentar la producción agrícola. Mientras, los países exportadores de cereales cierran sus fronteras para proteger sus mercados internos, a la vez que otros se ven forzados a comprar por el pánico a la escasez. ¿Auge de precios? No. ¿Escasez de alimentos? Tampoco. Nos encontramos en medio de un colapso estructural, consecuencia directa de tres décadas de globalización neoliberal. El sector agrícola tuvo en todo el mundo una producción récord de 2.300 millones de toneladas de granos en 2007, un 4% más que el año anterior. Desde 1961, la producción mundial de cereales se ha triplicado, mientras que la población se ha duplicado. Es cierto que las reservas están en el nivel más bajo de los últimos 30 años.[4] Pero, en resumidas cuentas, se produce suficiente cantidad de alimentos en el mundo. Sin embargo, no llega a quienes los necesitan. La gente consume directamente menos de la mitad de la producción mundial de granos. La mayor parte de esa producción se utiliza para consumo animal y cada vez más para biocombustibles a través de cadenas industriales en gran escala. De hecho, una vez atravesada la fría cortina de las estadísticas, es posible darse cuenta de que algo está fundamentalmente mal con nuestro sistema alimentario. Hemos permitido que los alimentos sean transformados de algo que alimenta a las personas y les asegura el sustento, en una simple mercancía para la especulación y los negocios. La lógica perversa de este sistema ha llegado a un punto crítico. Salta a la vista la manera en que beneficia a los inversionistas por sobre las necesidades alimenticias de la gente. Las realidades del mercado Los promotores de las políticas que han dado forma al actual sistema mundial alimentario –y que supuestamente son los responsables de evitar tales catástrofes– han ofrecido una serie de explicaciones sobre la crisis actual que todo el mundo ya ha escuchado una y otra vez: la sequía y otros problemas que afectan las cosechas, aumento de la demanda en China e India donde la gente aparentemente se está alimentando más y mejor, cultivos y tierras que se reconvierten masivamente hacia la producción de agrocombustibles, y demás explicaciones. Agreguen a esto la actuación de los especuladores que inflan los precios, lo cual también está siendo objeto de mayor indagación. Todos estos asuntos, obviamente, contribuyen a la actual crisis alimentaria. Pero no son totalmente responsables de su profundidad. Hay algo más importante detrás. Algo que une todos estos temas y que los popes del mundo de las finanzas y el desarrollo están manteniendo fuera de la discusión pública. Nada de lo que dicen los nerds que formulan las políticas debe opacar el hecho de que la actual crisis alimentaria es el resultado de la presión permanente ejercida desde la década de 1960 hacia el modelo agrícola de la “Revolución Verde”, y de la liberalización del comercio y las políticas de ajuste estructural impuestas a los países pobres por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, desde la década de 1970. Estas recetas de políticas fueron reforzadas a mediados de la década de 1990 con el establecimiento de la Organización Mundial del Comercio y, más recientemente, a través de un fárrago de acuerdos bi-laterales de libre comercio y de inversión. Junto con todo un paquete de otras medidas, han desmantelado de manera implacable los aranceles y otros instrumentos que los países en desarrollo tenían para proteger su producción agrícola local, y los forzaron a abrir sus mercados y tierras a los agronegocios mundiales, a los especuladores y a las exportaciones de alimentos subsidiados provenientes de los países ricos. En ese proceso, las tierras fértiles fueron reconvertidas de la producción de alimentos para abastecimiento de un mercado local a la producción de commodities mundiales para la exportación o cultivos de contra estación y de alto valor para abastecer los supermercados occidentales. Hoy, aproximadamente el 70% de los llamados países en desarrollo son importadores netos de alimentos.[5] Y de las 845 millones de personas con hambre en el mundo, 80% son pequeños agricultores y agricultoras.[6] Si a esto se le agrega la readecuación del crédito y los mercados financieros para crear una enorme industria de la deuda, sin control sobre los inversionistas, la gravedad del problema queda clara. La política agrícola ha perdido total el contacto con su objetivo más fundamental de alimentar a la gente. El hambre lastima y la gente está desesperada. El Programa mundial de alimentos de Naciones Unidas estima que hay unas 100 millones de personas más que no pueden comer debido al espectacular alza de precios reciente.[7] Esto tiene a los gobiernos buscando frenéticamente cómo protegerse del sistema. Los afortunados que tienen existenciaspara exportar están retirándose del mercado mundial para separar sus precios internos de los astronómicos precios internacionales. Con el caso del trigo, la prohibición de exportarlo o las restricciones aplicadas en Kazajstán, Rusia, Ucrania y Argentina, significa que un tercio del mercado mundial ha sido clausurado. La situación con el arroz es aún peor. China, Indonesia, Vietnam, Egipto, India y Camboya han prohibido o restringido severamente las exportaciones, dejando unas pocas fuentes de suministro para la exportación, principalmente Tailandia y Estados Unidos. Países como Bangladesh ni siquiera pueden comprar el arroz que hoy necesitan debido al alto precio del mismo. Después de que el Banco Mundial y el FMI aconsejaran durante años a los países que un mercado liberalizado les aportaría mayor eficiencia en la producción y distribución de alimentos, los países más pobres del mundo se encuentran inmersos en una intensa puja contra especuladores y comerciantes, que están viviendo una verdadera época de bonanza. Los fondos de cobertura y otras fuentes de fondos especulativos están volcando millones de dólares a los commodities, para escapar de los resbaladizos mercados de valores y de la contracción del crédito; con ello alejan aún más las existencias de alimentos del alcance de los sectores pobres.[8] De acuerdo con algunas estimaciones, los fondos de inversión controlan ahora entre el 50% y el 60% del trigo comercializado en los más grandes mercados mundiales de commodities.[9] Una empresa estima que el monto de dinero especulativo en futuros de commodities –mercados en los que los inversionistas no compran o venden un commodity tangible, como el arroz o el trigo, sino que apuestan a las variaciones del precio– fue menor a US$ 5.000 millones en 2000 y trepó a US$ 175.000 millones en 2007.[10] Esta situación no es accidental –y sus efectos son insostenibles. Miren a Haití. Pocas décadas atrás se autoabastecía de arroz. Pero las condiciones de los préstamos externos, en particular un programa del FMI de 1994, lo forzó a liberalizar su mercado. Así, desde Estados Unidos comenzó a llegar arroz barato, con el apoyo de subsidios y corrupción, y la producción local fue erradicada.[11] Ahora los precios del arroz aumentaron un 50% desde el año pasado, y el haitiano medio no puede comerlo. Por esta razón están saliendo a las calles o arriesgando sus vidas en un viaje en bote hasta los Estados Unidos. Las protestas por la crisis alimentaria también han estallado en África Occidental, desde Mauritania hasta Burkina Faso. También allí los programas de ajuste estructural y el dumping de la ayuda alimentaria destruyeron una larga historia de producción de arroz de la región, dejando a la gente a merced del mercado internacional. En Asia, el Banco Mundial aseguró reiteradamente a Filipinas, incluso hasta el año pasado, que autoabastecerse de arroz era innecesario, y que el mercado mundial se haría cargo de sus necesidades.[12] En la actualidad el gobierno se encuentra en una situación desesperada. Las reservas nacionales de arroz subsidiado están prácticamente agotadas y no puede completar sus pagos por importaciones debido a que los precios solicitados por los comerciantes son demasiado elevados. El hambre como asesinato Nunca como ahora ha resultado tan obvia la cruda verdad sobre quién gana y quién pierde en nuestro sistema alimentario mundial. Analicemos el elemento más básico de la producción de alimentos: la tierra. Podría decirse que el sistema alimentario industrial sufre de una drogodependencia de fertilizantes químicos. Necesita más y más para mantenerse vivo, erosionando suelos con el costo de destruir su potencial de sustentar cultivos alimenticios. Entre 1992 y 2003, la utilización de fertilizantes aumentó un 3% anual en la región Asia-Pacífico, mientras que, como resultado, el rendimiento del principal cultivo al cual se aplicaron, el arroz, sólo creció un 0,7% por año. En el contexto actual de ajustadas existencias de alimentos, la pequeña camarilla de empresas que controlan el mercado mundial de fertilizantes puede cobrar lo que quiera –y eso es exactamente lo que está haciendo. Las ganancias de Mosaic Corporation, empresa de Cargill que controla gran parte de la oferta de potasa y fosfato, aumentaron más del doble el año pasado.[13] La mayor empresa productora de potasa del mundo, Potash Crop, de Canadá, obtuvo más de mil millones de dólares de ganancias, lo que equivale a más de un 70% con relación a 2006.[14] Enfrentados al pánico de la crisis mundial, los gobiernos han comenzado a desesperarse por aumentar sus cosechas, con lo cual le han dado a esas empresas la potestad de subir aún más la apuesta. En abril de 2008, la filial comercial offshore conjunta de Mosaic y Potash aumentó los precios de la potasa en un 40% para los compradores del sudeste asiático y en un 85% para los de América Latina. India tuvo que pagar un 130% más que el año pasado. Pero fue China quien se llevó la peor parte, fustigada con un alza de un 227% en su cuenta de fertilizantes con respecto al año anterior.[15] Tabla 1. Aumento de las ganancias de algunas de las principales empresas de fertilizantes del mundo Si bien se está haciendo mucho dinero con los fertilizantes, para Cargill es tan solo un negocio secundario. Sus mayores ganancias provienen del comercio mundial de commodities agrícolas, el cual monopoliza en gran parte junto con algunas otras empresas gigantes. El 14 de abril de 2008, Cargill anunció que las ganancias que había obtenido del comercio de commodities en el primer trimestre de 2008 aumentaron un 86% con respecto al mismo periodo del año anterior. “La demanda de alimentos en las economías en desarrollo y de energía en todo el mundo está haciendo crecer la demanda de los productos agrícolas, a la vez que la inversión se ha enfocado en los mercados de commodities”, declaró Greg Page, presidente de Cargill y uno de sus principales ejecutivos. “Los aumentos de los precios están alcanzando nuevas marcas y los mercados son extraordinariamente volátiles. En este contexto, el equipo de Cargill ha realizado un trabajo excepcional midiendo y evaluando el riesgo de los precios y manejando el enorme volumen de granos, semillas oleaginosas y otras commodities que circulan por nuestras cadenas de suministros para clientes de todo el mundo”.[16] La administración y la evaluación no son tan difíciles para una compañía como Cargill, con su posición casi monopólica y un equipo mundial de analistas que tiene las dimensiones de un organismo de las Naciones Unidas. En realidad, todos los grandes comerciantes de granos están logrando ganancias récord. Bunge, otro gran comerciante de alimentos, en el último trimestre fiscal de 2007 tuvo un aumento en sus ganancias de 245 millones de dólares, o 77%, con respecto al mismo periodo el año anterior. ADM, el segundo mayor comerciante de granos del mundo, experimentó un aumento del 65% en sus ganancias de 2007, llegando a un récord de 2.200 millones de dólares. Charoen Pokphand Foods, de Tailandia, es una importante empresa asiática; para este año anuncia un aumento impresionante de sus ingresos, que calcula en 237%. Tabla 2. Aumento de las ganancias de algunos de los principales comerciantes mundiales de granos No está en esta lista Louis Dreyfus (Francia), un comerciante privado de commodities agrícolas, con ventas anuales que superan los US$ 22.000 millones, que no aporta información acerca de sus ganancias. * Los datos son solo de la sección Agri-Maine de Marubeni Las grandes firmas mundiales procesadoras de alimentos, algunas de las cuales actúan además en la comercialización, también se están llenando los bolsillos. Las ventas mundiales de Nestlé crecieron un 7% el año pasado. “Lo veíamos venir, así que nos protegimos comprando materias primas por anticipado”, dice François-Xavier Perroud, vocero de Nestlé.[17] Los márgenes están subiendo también en Unilever. “Las presiones sobre los commodities han aumentado radicalmente, pero hemos logrado compensarlas con medidas en materia de precios adoptadas oportunamente y con los réditos permanentes que nos han dado nuestros programas de ahorro”, dice Patrick Cescau, miembro del Directorio de Unilever. “No sacrificaremos nuestros márgenes ni nuestra participación en el mercado”.[|8] Las empresas de alimentos no parecen estar sacando su tajada a costa de las grandes empresas de venta al público. El rey de los supermercados del Reino Unido, Tesco, dice que sus ganancias aumentaron un 12,3% con respecto al año anterior, un récord alto. Otros almacenes importantes, como Carrefour de Francia y Wal-Mart de los Estados Unidos, dicen que las ventas de alimentos son el principal factor que contribuye al incremento de sus ganancias.[19] La división mexicana de Wal-Mart, Wal-Mex, que maneja un tercio del total de ventas de alimentos en México, informó de un aumento del 11% en sus ganancias para el primer trimestre de 2008, mientras la gente hace manifestaciones callejeras porque no puede costearse más las tortillas.[20] Parece que casi todos los actores empresariales de la cadena mundial de alimentos están ganando una fortuna con la crisis alimentaria. A las compañías de semillas y agroquímicas también les está yendo bien. Monsanto, la mayor firma de semillas del mundo, declaró que las ganancias generales aumentaron un 44% en 2007 con respecto al año anterior.[21] DuPont, la compañía mundial de semillas número dos, dijo que sus ganancias por la venta de semillas en 2007 aumentó 19% con relación a 2006, mientras que Syngenta, la empresa número uno de plaguicidas y número tres de semillas, obtuvo un 28% más de ganancias en el primer trimestre de 2008.[22] Esos récords de ganancias no tienen nada que ver con algún valor nuevo que estén produciendo esas empresas y tampoco son ganancias inesperadas recibidas de algún brusco cambio de la oferta y la demanda. Es un reflejo del poder extremo que esas intermediarias han acumulado con la globalización del sistema alimentario. Íntimamente vinculadas con la formulación de las normas de comercio que rigen el sistema alimentario actual y con un estrecho control de los mercados y de los sistemas financieros cada vez más complejos a través de los cuales opera el comercio mundial, esas empresas están en una posición perfecta para convertir la escasez de alimentos en pingües beneficios. La gente tiene que comer, cualquiera sea el costo. La imperiosa necesidad de cambiar las políticas El telón de fondo de esta situación perversa del mercado alimenticio es el sistema financiero mundial, que en este preciso momento se tambalea en su endeble eje. Lo que el año pasado comenzó como una crisis localizada de préstamos hipotecarios en los Estados Unidos, se ha manifestado ahora en una situación en la que se ha tomado conciencia de que los emperadores del sistema financiero mundial no tienen ropas. La economía mundial vive en base a una deuda que nadie puede pagar. Mientras los banqueros centrales y los ejecutivos de Lear Jet tratan de improvisar parches para revertir la desconfianza, el mensaje subliminal es que el sistema está en bancarrota y nadie en el poder quiere tomar las riendas. Ni el FMI, ni el Banco Mundial, y del Grupo de los 8 en junio no esperemos mucho más que el oropel de las relaciones públicas. Es el mismo tema con los alimentos: una elite ideológica ha obligado a nuestros países a abrir drásticamente los mercados y dejar que rija el libre mercado, para que unas pocas megaempresas, inversionistas y especuladores puedan hacer mucho dinero. El neoliberalismo, acompañado de la corrupción galopante que azota a nuestros países y los sistemas comerciales, ha perdido todo viso de legitimidad en tanto ha causado estragos en el centro mismo de nuestras necesidades más básicas: la capacidad de alimentarnos. El ejemplo más aberrante de cuán fuera de lugar están esos ideólogos es que muchos están comenzando a reclamar abiertamente mayor liberalización del comercio como solución a la crisis alimentaria, y llegan incluso a proponer que se cambien las normas de la OMC para impedir que los países impongan restricciones a las exportaciones de alimentos.[23] El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, intentó convencer al mundo con su exhortación de establecer un “Nuevo Acuerdo” para resolver la crisis alimentaria. Pero el sonsonete de sus relaciones públicas, replicado entusiastamente por otros organismos, representa tan solo más de lo mismo: más liberalización del comercio, más tecnología y más ayuda. La crisis alimentaria actual es el producto directo de décadas del tipo de políticas que ahora debemos erradicar. Si bien es necesario aplicar medidas inmediatas para bajar los precios de los alimentos y hacer que los alimentos lleguen a quienes los necesitan, también es imperioso dar un giro radical en la política agrícola de manera que los pequeños agricultores de todo el mundo tengan acceso a la tierra y puedan vivir de lo que ella les da. Necesitamos políticas que apoyen y protejan a los agricultores, pescadores y otros sectores que producen alimentos para sus familias, para los mercados locales y para la gente de las ciudades, en lugar de un mercado de commodities internacional abstracto y un minúsculo clan de ejecutivos de empresas. Y necesitamos fortalecer y promover el uso de tecnologías basadas en el conocimiento y el control de quienes saben cómo hacer crecer los alimentos: las comunidades locales. Dicho de otra manera, necesitamos soberanía alimentaria, ya –del tipo de la que definen y dirigen los propios pequeños agricultores y pescadores. En todo el mundo ha habido movimientos sociales que han estado luchando durante décadas para promover ese cambio de estrategia; pero en respuesta han sido desoídos y calificados de obsoletos –cuando no a menudo reprimidos violentamente-- por quienes detentan el poder. Si hay algún atisbo de esperanza en esta crisis, es que esta situación pueda revertirse. En algunos países los gobiernos ya están recurriendo a las organizaciones campesinas para trabajar con ellas en la reformulación de sus políticas agrícolas. Otros están comenzando a cuestionar el argumento fundamental de impulsar una mayor libertad de comercio. Los halcones neoliberales que están en la cima de la pirámide de la política alimentaria mundial han perdido la credibilidad que de alguna manera pudieron haber tenido alguna vez. Es hora de que salgan del camino para que las visiones de soberanía alimentaria y reforma agraria, que surgen de las bases, puedan ocupar su lugar y sacarnos de este lío infernal. Para más información: * Overview: FAO, World Food Situation: http://www.fao.org/worldfoodsituation * Overview: Financial Times, “The global food crisis”, interactive map, last updated 21 April 2008: http://tinyurl.com/6knmy8 * Overview: Stefan Steinberg, "Financial speculators reap profits from global hunger", Global Research, Centre for Research on Globalisation, Montreal, 24 April 2008. http://globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=8794 * Overview: Confédération Paysanne, “Les révoltes de la faim dans les pays du Sud : l’aboutissement logique de choix économiques et politiques désastreux”, Press release, 18 April 2008: http://tinyurl.com/5glx8u (French only) * Structural Adjustment Programmes: “UNCTAD official blames food crisis on structural adjustment programme,” This Day, Lagos, 23 April 2008: http://allafrica.com/stories/200804230375.html * Food sovereignty: http://www.viacampesina.org and http://www.nyeleni2007.org * Agrofuels: GRAIN, Agrofuels special issues, Seedling, July 2007, http://www.grain.org/seedling/?type=68 * Rice in the Philippines: GRAIN, Philippines and beyond: rice crisis – reaping the 'fruit' of market capitalism, Hybrid rice blog, 22 April 2008, http://www.grain.org/hybridrice/?lid=201 Referencias 1 Bloomberg, quoted by the BBC, London, 14 April 2008, http://news.bbc.co.uk/2/hi/business/7344892.stm 2 BBC, “Action to meet Asian rice crisis”, London, 17 April 2008, http://news.bbc.co.uk/2/hi/business/7352038.stm 3 See http://www.riceonline.com for daily repor
Datos archivados del Taringa! original
0puntos
101visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
4visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

q
quaoar1987🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts3
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.