La Red
De pronto me doy cuenta que estoy sujeto contra el suelo por una red que no me permite moverme ni un centímetro. Esta red está formada por formas-pensamiento mías, del pasado y de presente. Está también creada por ideas preconcebidas y por innecesarios procesos mentales rutinarios que se llevan día a día mi preciosa energía mental.
Desde donde estoy veo el cielo. El ciclo de los días y de las noches -símbolo del tiempo humano, el mas valioso tesoro-, es un hermoso espectáculo al que no puedo prestarle atención. El sentimiento de estar atado a mi circunstancia y a mi rutina le quita todo el goce a cada momento pues me siento atrapado por esa red que yo mismo he creado, la misma que me mantiene rígido, inmóvil y quieto.
Es ahí que en un fugaz momento de conciencia, me acuerdo de rezar. Lo hago con mis propias palabras y dirigiéndome a algo que no comprendo realmente bien pero que sé que existe y que está allí, y que es un Ser espiritual que ha estado siempre conmigo y que también está, de alguna manera, relacionado con la fuente de donde emana todo lo que Es. Acaso existen los ángeles? yo elijo pensar que si, que existen, y a él le rezo. Y le pido por favor que me ayude a salir de esa posición tan difícil en la que estoy, inmovilizado y sin poder seguir avanzando.
Y entonces el ángel aparece. El es, simplemente, un Ser hecho de Luz. Al verlo tengo la sensación de conocerlo de antes, de que es un viejo amigo, alguien a quien conozco desde siempre, alguien en quien confío y a quien yo quiero mucho.
Se acerca a mí y me agradece cortésmente por haberlo llamado. Luego desliza, por entre entre los agujeros de la red, un hermoso cuchillo de empuñadura de oro tachonada de piedras preciosas con una pequeña hoja muy afilada. Ya con ese instrumento fuertemente aferrado en mi mano, empiezo a cortar esa red que me mantiene inmóvil y apretado contra el suelo. Primero libero la mano y luego continúo liberando el brazo y cortando poco a poco todo el perímetro de mi cuerpo. Y así bajo por el abdomen, luego todo el borde de mis piernas, el otro lado del abdomen, el otro brazo, el hombro, la cabeza y el otro hombro.
Ya estoy libre al fin. Aparto la red, me levanto y le devuelvo al ángel su cuchillo, agradeciéndole por su ayuda. El ríe y me dice que no me deje atrapar nuevamente por la misma red y agrega, que si así fuera, el está dispuesto a venir a auxiliarme con gusto otra vez y siempre. Se despide y se vuelve una luz brillante, desaparece.
Contento ya de recuperar mis normales capacidades humanas, retomo el dificil trabajo que he elegido, el de hacerme a mi mismo tal como quiero ser.
Extraído de mi libro "Daleth".