Registrate y eliminá la publicidad! El aniversario Esta historia me la contó una estudiante de catorce años en un arrebato de intimidad. El suceso lo vivieron sus padres, a los que llamaremos Angela y Martín (recuerdo sus nombres reales pero ya sabéis...) Aquella noche Angela y Martín se acostaron como de costumbre. Martín se durmió rápidamente pero Angela tenía el sueño más flojo, de modo que cuando empezaron los arañazos ella los oyó y se puso alerta. Lo primero que pensó al oir ruidos que no supo identificar debido al miedo, fue que habían entrado ladrones en la casa. Despertó a su marido sin abrir siquiera la luz y le pidió que escuchara y mirara a ver si había entrado alguien al hogar. Martín se despertó, escuchó y dijo: "Son arañazos, será el perro". Sin apenas hacer movimiento encendieron la luz y vieron al animal dormido a los pies de la cama. No había sido él. Volvieron a apagar la luz pero esta vez se reanudaron los arañazos, y cada vez parecía más claro que se estaban haciendo en la puerta cerrada de la habitación. Martín dijo en voz baja a Angela que igual era un ratón, y que si era así, lo pillaría, porque los ratones, al ver una luz, se quedaban inmóviles momentáneamente. Y lo hizo, pero la luz demostró que allí no había ratones. Despertaron al perro, que se puso nervioso. Volvieron a hacer otra prueba y cada vez que apagaban la luz se escuchaban los rasguños sobre la madera de la puerta. Martín decidió abrir la luz y levantarse y, con bastante miedo, según confesaría, se dirigió a la puerta, la abrió y miró ceñudamente a ambos lados. Nada. Se dirigió hacia la cocina con Angela siguiendo sus pasos. Pensaban en los niños, no querían que se despertaran e intentaron caminar en silencio. Al llegar a la cocina Angela tuvo un pálpito. - ¿Qué día es hoy, Martín? Martín le dijo la fecha exacta. - Es el aniversario de la muerte de mi madre!. -Exclamó ella. Angela encendió una vela y rezó y prometió a su madre que por aquel olvido le haría una misa especial para ella. El resto de la noche no se escuchó ni un rasguño más. Los niños de Illfurt En 1864 una familia comenzó a tener lo que se pensó que eran manifestaciones demoníacas. Hoy hubiera sido puesto en duda por científicos y seguido con interés por la iglesia pero en aquella época, que tuvo una duración de cinco largos años, la vida era distinta. Tal era el ambiente que en 1867 se autorizó que se realizara un contundente exorcismo con las consiguientes complicaciones. A los críos "poseídos" se les llamó los endemoniados de Illfurt (Alsacia) Los dos crios protagonistas de esta historia eran hijos de los Burner, que tenían otros tres hijos. Los supuetos poseídos se llamaban Teobaldo y José, y apenas tenían 9 y 8 años respectivamente en 1864. Teobaldo dijo ver al menos treinta veces a un espíritu al que consideraba su maestro, pero no era un ser físicamente humano, sino una imagen con patas de gato, pezuñas de caballo, pico de pato y cuerpo de plumas. Al parecer el fantasma sobrevolaba al chiquillo amenazándole con estrangularle, y el niño, tratando de defenderse, le lanzaba y luchaba contra él ante los ojos atónitos de los espectadores que sólo le veían a él. Lo que hizo creer a los demás que la visión era real aunque ellos no pudieran verla, es que el chiquillo capturaba plumas del cuerpo de su visitante que luego los espectadores veían, tocaban, olían (echaban una peste fétida) e incluso trataban de quemar sin éxito. Las similitudes con otros exorcismos al menos calificados como tal fueron las siguientes: una voz hablaba desde ellos sin necesidad de que movieran su pequeña boca, una voz adulta, masculina, que soltaba improperios contra lo más sagrado (respetando únicamente a la Virgen), y se reía del efecto que sus poderes hacían sobre el personal, como inundar la habitación de un calor sofocante que era insoportable incluso en el más crudo invierno. También producía en los cuerpecitos de los niños bultos terribles, con movimientos horrorosos haciendo de sus estómagos una visión traumática. Cuentan que se hinchaban hasta el límite y vomitaban espuma, musgo y plumas, cubriendo la habitación del olor fétido de las plumas sucias. A veces unía las piernas de los chiquillos como si tuvieran cemento y nadie tenía la fuerza suficiente como para separarlas. Tenían una rapidez nunca vista, y eran capaces de girarse en cuestión de segundos como si estuvieran accionados por un motor a propulsión, de forma que sus giros asustaban y sorprendían a la gente, y también demostraban momentos de rabia y enfado golpeando a destajo todo lo que había ante ellos, sin notar cansancio aunque se pasaran horas haciéndolo. Los chiquillos hablaban y entendían todo tipo de lenguas, latín, inglés, francés, dialectos españoles... Además mostraban conocimiento de lo que pensaban los demás o descubrían dónde había objetos ocultos, o incluso se permitían el lujo de avisar de la muerte de alguien del pueblo con el consiguiente estupor de los familiares. También les hacían partícipes de acontecimientos pasados que todos desconocían. Para enojar a los espectadores solían descubrir sus más oscuros secretos poniéndolos en evidencia. Los cuerpos poseídos reaccionaban ante el agua bendita con furor, y cuando la monja que les alimentaba dejaba caer un agota de agua bendita en sus platos desde otra habitación para no ser vista, los niños miraban el plato y se negaban a comer. Además sus cuerpos, yacidos o sentados, se elevaban por manos invisibles. Los sucesos acontecieron ante unas cien personas entre las que se encontraba gente seria y culta que no daba crédito a sus ojos. Los más incrédulos barajaron cientos de hipótesis pero jamás negaron lo que vieron. Otros hechos que sucedieron en este caso particular fueron los siguientes: Cuando trataron de colocarle a José una cruz, ésta se retorció en forma de equis (x). El primero de los niños en aceptar el exorcismo y librarse el espíritu que le poseía fue Teobaldo y no reconoció a las personas que el estuvieron observando. Volvió a casa y se comportó como un crío cualquiera. No recordaba nada de lo sucedido. Ese mismo mes del año 1869 exorcizaron definitivamente a José. La presencia del abuelo El otro día, hace poco, una amiga mía me contó que llegó de marcha a su casa sobre las 5 de la madrugada y se acostó en su cama. Se acurrucó en un lado de la cama pegada a la pared, mirando hacia ella, y al ratito notó que alguien se metía en su cama. Pensó que era uno de sus hermanos, y como estaba mirando hacia la pared no sabía quién era. Empezó a notar que la empujaban hacia la pared y como se estaba haciendo daño empezó a decir el nombre del hermano que ella creía que era e intentaba darse la vuelta pero no podía. Al final la da y ve que no hay nadie y chilló. Mientras chillaba se encendió la luz sola y la sábana salió volando por los aires. Dice que es su abuelo, porque una vez las pasó una cosa también extraña. La madre dejó el bastón del abuelo arriba del mueble, y yo lo he visto y está alto, no llega cualquiera. El caso es que al día siguiente por la mañana el bastón estaba al lado del sillón en el que se sentaba siempre ese hombre. Otro día les pasó que se fue toda la familia y en la casa no tenían ni una sola flor y cuando llegaron, en la mesilla de noche de la hija, mi amiga, había una rosa. Espíritus de la vida Corría el año 1995, yo solo tenía siete años (y eso no significa que ahora tenga muchos), en mi casa siempre estuvimos enterados que había una presencia espectral en nuestra casa que nos seguía como un amigo, o más bien como un protector. Pues en ese año justo el 25 de mayo en una tarde cálida y soleada llegué a sentir el dolor más grande de mi vida: la muerte de mi madre, ella era una persona amada por todos. Yo lloré, todos lloramos, pero cuando un ser querido se va no hay que llorar ya que lo aferraríamos a nosotros. Desde ese día comenzaron a suceder cosas extrañas. La primera y creo que la más explícita, fue un sueño que tuve esa misma noche con ella: la veía como todos vemos a los que están en el cielo, de blanco y con una mirada de tranquilidad en el rostro. Mi padre siempre estuvo interesado en fenómenos paranormales lo cual yo heredé y cuando algo extraño sucede sé que todo está bien. Aproximadamente dos meses despúes de ese suceso una vecina fue a buscarnos a la casa, nos llamó desde afuera pero la casa estaba sola, y una voz igual a la de mi madre le respondió "Memo no está" (era a mi papá y ése es un diminutivo de su nombre), después unos compañeros de mi hermana vinieron a mi casa, y vieron a una señora de blanco que se asomaba por la ventana ellos salieron a la calle y cuando entramos a la casa con mi papá, el vio la foto de ella y dijo "Esa es la señora que estaba en la ventana". Una vez sentí que alguien me pasaba la mano por la espalda y yo estaba sola en ese momento, otro día mi papá estaba por entrar a mi casa que para variar estaba sola y oía dentro muchas voces, cuando entró eso se calmó. Pero creo que lo más espeluznante de todo fue una noche que mi hermana mayor dormía. Para su cuarto hay un pasillo y ella oyó que por ahí caminaba alguien y se escuchaba a los zapatos de mi mamá al llegar al final del pasillo (y principio de su habitación). La habitación se torno fría y más oscura, y ella sintió que una mano fría le agarraba la boca y no le permitía gritar) después se durmió tranquila. Mi padre, cansado de está situación, rezó para que esto parara y así fue, creemos que el espíritu de nuestra madre se encuentra tranquila y regresa algunas veces a cuidarnos, y yo lo creo ya que poseo un alto sentido de percepción extrasensorial y creo fielmente en los ángeles. fuente:http://kruela.ciberanika.com/rankings/E_Frexpe127.shtml
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