IMPORTANTE Antes de leer esto lea el capitulo1 Parada a varios metros, miraba la PC apagada con la mirada llena de preguntas. No se animaba a encenderla pero no encontraba manera de quitar esa imagen de la mente. Ese cartel espeluznante no podía ser más que una casualidad, de las más inoportunas, pero sólo eso. No pudo vencer su miedo y decidió salir a la calle. Se puso un abrigo y salió sin paraguas decidida a olvidarse de lo sucedido. Caminó varias cuadras hasta darse cuenta de que estaba empapada. Entró a un bar y se sentó en la mesa más cercana a la puerta. El mozo llevaba un par de minutos a su lado hasta que ella se percató de su presencia y lo miró como si no supiera para qué estaba allí. -Está bien señorita? -Si, gracias, estoy bien. -Está muy mojada, ¿quiere pasar al baño? -No, está bien. Quisiera un té de tilo, por favor. -Si, ya le traigo. En esos momentos es que desearía tener algún vicio, ya sea fumar, comer, o lo que sea que pudiera calmar sus nervios. El mozo se acercó con el té, unas tostadas y una toalla. -Sírvase señorita, si desea puede pasar a secarse al baño. Insistió el mozo con una sonrisa por demás amable. -Está bien, muchas gracias. Dijo Marina ensayando una sonrisa. Puso azúcar al té y tomó la toalla, la pasó por sus brazos, su cara y decidió ir al baño, ya que su cabeza estaba empapada y si se secaba necesitaría peinarse. El bar no era de los más destacados por su limpieza ni detalles de construcción. El mozo le hizo una seña mientras ella caminaba indicándole el lugar del baño. Entró y sobre las canillas un espejo decorado por la humedad mostró un rostro muy poco feliz y maltratado por el clima. Ella se secó y peinó un poco tratando de no mirar detrás de sí en el espejo. Sólo miraba su cara y llegó el momento en que no quiso seguir frente a ese espejo. Tenia miedo, miedo que detrás de su reflejo apareciera algo que ella no quería y que no soportaría ver. Estaba volviéndose paranoica, la situación la superaba. Volvió a su mesa y trató de tomar el té, pero su mano temblaba. -Disculpe. Dijo el mozo acercándose. -No es que quiera meterme, pero la noto muy nerviosa ¿podría ayudarle en algo? Ella no esperaba que nadie le hablara y se sobresaltó, pero igual esbozó una sonrisa. -Está bien, es cierto que estoy nerviosa, pero es que hace poco falleció un amigo y algo me lo recordó recién. Es sólo eso, ya se me va a pasar. -La entiendo, nunca es fácil en esos casos, uno piensa que ya lo superó y de repente todo vuelve. -Si, es todo lo que podemos hacer. ¿Le molesta si me siento? -No, por favor, al contrario, es la primera persona con la que hablo en el día y creo que lo necesitaba.. En se sentó frente a ella, mientras limpiaba, la mesa de migas y acomodaba el mantel. -Perdón, es un tic profesional.¿Usted es del barrio no? Porque la veo pasar seguido. -Si, contestó ella mas calmada, vivo a unas cuadras de acá, frente a la plaza que tiene el cañón. -Me encanta esa plaza, de chico jugaba subiéndome a ese cañón. -Quién no, dijo sonriendo, todos los chicos nos subimos alguna vez creo. -Si, supongo que si, aparte lo veíamos enorme. -Mi nombre es Marina y te agradezco mucho, ya me siento mejor, necesitaba despejarme un poco. -Me alegro que estés mejor, yo soy Martín. -Gracias Martín, pero tengo que volver a casa, salí apurada y no se si habré cerrado todo. -Puedo acompañarte si querés, digo, para que no estés sola, yo cierro en un rato. -No, te agradezco. Estoy bien y tengo cosas que hacer. -Está bien, no quiero molestar, ya sabés donde encontrarme. Si esta noche no querés cenar sola, podemos arreglar algo. -Voy a ir a casa a solucionar unas cosas y es posible que a la tarde arreglemos algo. -Me encantaría. -Entonces nos vemos. La lluvia había parado, apenas una leve llovizna desdibujaba el reflejo en los charcos. Ella salió decidida a terminar con esta persecución sin sentido. Cuando llegó fue directo al escritorio, miró por un momento el interruptor de la máquina y la encendió. Los nervios volvieron, notaba sus manos húmedas pero su decisión era tal que no dejaría que eso la frenara. -Vení Felipe, vení. Pero el gato no se inmutó, siguió acostado debajo de la ventana y solo la miraba. -Está bien, quedate ahí. Dijo mientras buscaba entre los marcadores de su navegador, el acceso a sus correos. Su página de correo se abrió, había un correo nuevo. Respiró hondo, seleccionó el botón "Leer" y ante sus ojos estaba la invitación. No podía mantener sus manos firmes, temblaban junto con el mouse, pero no dudó en aceptar la invitación. Tenía que aceptarlo para poder ver de que se trataba. Cuando aceptó, apareció el nombre sin foto, sin otros amigos en su red y ningún dato. Eligió la opción, dejar mensaje y como pudo, conteniendo la respiración, escribió "¿Quien sos?" Soltó el mouse de inmediato como si éste quemara sus manos y se echó hacia atrás en su silla. Cerró los ojos por un instante y se escuchó el sonido de notificación de llegada de un mensaje. Se sobresaltó y su corazón comenzó a acelerarse hasta parecer salirse de su pecho. capitulo 3
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