Revolución Francesa:
-Introducción
-Antiguo Régimen
-Las nuevas ideas y el iluminismo
-Principales ideas políticas y económicas de la época
-Asamblea constituyente y la declaración de los derechos del hombre y
del ciudadano
-La convención nacional de 1792
-El gobierno de Robespierre
-El gobierno del directorio
-La etapa napoleónica hasta su muerte
CONCEPTO REVOLUCION
Revolución es el cambio radical de la estructura política-social o económica de un país. Generalmente se dice obtenido por medios violentos.
Las revoluciones han producido y producirán trascendentales cambios en la vida social y en la política del mundo moderno
INTRODUCCION
El mundo, con el paso del tiempo, cambia constantemente. Pero, en ocasiones, el hombre ha sido el encargado de forzar los cambios. Esos momentos claves de la historia han sido las revoluciones. Ahora haremos un recorrido por dos de las mas importantes.
REVOLUCION FRANCESA
INTRODUCCION
A fines del siglo XVIII, Francia era un polvorín a punto de estallar. El país vivía bajo un sistema casi feudal donde el todopoderoso rey Luis XVI, su corte y sus ministros no tenían el más mínimo contacto con su pueblo. La nobleza, que contaba con grandes privilegios buscaba aun mas poder, y el alto clero disfrutaba de enormes riquezas, todo esto generaba un enorme resentimiento de la burguesía –que no pasaba penurias económicas, pero reclamaba los mismos derechos que la nobleza- y de la mayoría del pueblo, que vivía aplastado en un sistema que lo mantenía en la pobreza.
En julio de 1789, las pésimas medidas económicas adoptadas por Luis XVI generaron una serie de hechos de violencia en Paris. En la ciudad se extendió el rumor de que el rey iba a enviar tropas para reprimir a la población. El pueblo se levanto en armas y atacó la Bastilla, que era una prisión donde estaban los presos políticos.
ANTIGUO REGIMEN
Absolutismo real, ausencia de representación popular y papel privilegiado de la nobleza y el clero son las tres características que definen al Antiguo Régimen. Este sistema, que se había desarrollado en Europa desde el Renacimiento, comenzó a ser cuestionado durante el siglo XVIII por las ideas de la ilustración. Pero mientras los nobles limitaban sus aspiraciones a conseguir una monarquía similar a la inglesa, en la que el poder real estaba mediatizado por la nobleza, la burguesía iría más lejos, pretendiendo la implantación de gobiernos verdaderamente representativos, basados en dos derechos fundamentales: libertad, para expresar las opiniones, e igualdad de todos los hombres ante la ley. En los países católicos se lucharía también por apartar a la Iglesia de la intervención en la vida política y en la enseñanza. A finales del siglo XVIII estas ideas fructificarían primero en América, con la independencia de las Trece Colonias inglesas de América del Norte (1776), y después en Europa, con la Revolución francesa de 1789.
Europa era un continente en el que se detectaban ciertos síntomas de cambio en sus estructuras sociales, políticas y económicas. Su población había aumentado considerablemente a lo largo de toda la centuria y ese crecimiento, ha sido debido más a la disminución de la mortalidad que al aumento de la natalidad, podía estimarse en alrededor de 60.000.000 de almas.
La nobleza constituía, después del clero, el segundo orden del Estado durante el Antiguo Régimen. La nobleza era originariamente el brazo armado de la sociedad, por cuanto tenía como función su defensa frente a los enemigos interiores y exteriores. Tenía la obligación de servir al monarca cada vez que éste reclamase sus servicios y debía colaborar en el mantenimiento de la integridad del reino. La nobleza recibía por parte de los miembros del conjunto social una parte de sus frutos y de su trabajo así como el reconocimiento por la Corona de una serie de exenciones y privilegios. El tercer estamento era el más complejo y heterogéneo por ser aquel que integraba a todo el resto de la sociedad y estaba formado por su inmensa mayor parte. La mayoría de sus miembros eran campesinos, aunque también formaban parte de este grupo los artesanos, los comerciantes y todos aquellos que desempeñaban alguna actividad laboral. Francia durante el Antiguo Régimen- tenía el derecho a ser defendido por la nobleza y a ser instruido por el clero, pero a cambio tenía que sostener a ambos con su trabajo.
LAS NUEVAS IDEAS Y EL ILUMINISMO
Las Ideas de la ilustración francesa se centraban en seis puntos.
1-La rebelión contra las autoridades se dirigía en parte contra el poder de la iglesia, del Rey y la nobleza. En el siglo XVIII estas instituciones eran mucho más poderosas en Francia que en Inglaterra. Esa diferencia tiene sus raíces en la Edad Media. Cuando los británicos hablan del “sentido común”, los franceses suelen hablar de la “evidencia”. La expresión inglesa tiene que ver con la “experiencia común”, y la francesa con “lo evidente”, es decir con la razón.
2-Racionalismo. Al igual que los humanistas de la Antigüedad, como Sócrates y los estoicos, la mayor parte de los filósofos de la ilustración tenía una fe inquebrantable en la razón del hombre. Esto fue tan destacable que muchos llaman a la época francesa de la ilustración simplemente “Racionalismo”.
Las nuevas ciencias naturales habían demostrado que la naturaleza estaba organizada racionalmente. Los filósofos de la ilustración consideraron su cometido construir una base también para moral, la religión y la ética, de acuerdo con la razón inalterable de las personas.
3-La idea de “ilustrar”. Ahora hacía falta “ilustrar” a las grandes capas del pueblo, porque ésta era la condición previa para una sociedad mejor. Se pensaba que la miseria y la opresión se debía a la ignorancia y a la superstición, por lo tanto había que tomarse muy en serio la educación de los niños y del pueblo en general. No es una coincidencia que la pedagogía como ciencia tenga sus orígenes en la Ilustración.
En cuanto se difundieran la razón y los conocimientos, la humanidad haría grandes progresos. Era sólo cuestión de tiempo, pensaron los filósofos de la ilustración.
4-Vuelta a la naturaleza. Alguno de estos filósofos se convirtieron en defensores de “una vuelta a la naturaleza”. Para los filósofos iluministas la “naturaleza” significaba casi lo mismo que la “razón”, porque la razón humana proviene de la naturaleza, al contrario que la Iglesia y la civilización.
5-Cristianismo humanizado. De ahí que había que volver a la naturaleza, a nuestro estado natural, incluso había que convertir la religión en algo natural, lo cual nos lleva a un concepto humanizado del cristianismo.
6-Derechos Humanos. Los filósofos de la ilustración francesa no se conformaron con tener puntos de vista teóricos, sino que lucharon activamente a favor de lo que llamaron “derechos naturales”. En primer lugar se trataba de luchar contra la censura y, consecuentemente, a favor de la libertad de imprenta. Había que garantizar el derecho del individuo a pensar libremente y a expresar sus ideas. Se luchó en contra de la esclavitud de los negros y a favor de un trato más humano a los delincuentes. El principio de “inviolabilidad del individuo” fue finalmente incorporado a la “Declaración de los Derechos Humanos” que fue aprobada por la Asamblea Nacional Francesa en 1789.
Los derechos de la mujer. Una de las que más luchó a favor de los derechos de las mujeres, durante la Revolución Francesa, fue Olympe de Gouges. En 1791 hizo pública una declaración sobre los derechos de la mujer -ya que la declaración de “derechos de los ciudadanos” no contenía ningún artículo sobre los “derechos naturales” de las mujeres- en donde exigía los mismos derechos de los hombres. Esto la llevó a ser ejecutada en 1793, prohibiéndose, además, toda actividad política de la mujer.
CONCEPTO DE ILUMINISMO
El iluminismo, en el sentido más amplio de pensamiento en continuo progreso, ha perseguido siempre el objetivo de quitar el miedo a los hombres y de convertirlos en amos. Pero la tierra enteramente iluminada resplandece bajo el signo de una triunfal desventura. El programa del iluminismo consistía en liberar al mundo. Se proponía, mediante la ciencia, disolver los mitos y confutar la imaginación: Bacon, recoge ya los diversos temas. Desprecia a los partidarios de la tradición, quienes "primero creen que otros saben lo que ellos no saben; luego suponen saber ellos mismos lo que ellos no saben. La credulidad, la aversión respecto a la duda, la precipitación en las respuestas, la pedantería cultural, el temor a contradecir, la indolencia en las investigaciones personales, el fetichismo verbal, la tendencia a detenerse en los conocimientos parciales: todo esto y otras cosas más han impedido las felices bodas del intelecto humano con la naturaleza de las cosas, para hacer que se ayuntase en cambio con conceptos vanos y experimentos desordenados. La imprenta, invención grosera; el cañón, que estaba ya en el aire; la brújula, conocida ya en cierta medida antes: ¡qué cambios no han aportado, la una al estado de la ciencia, el otro al de la guerra, la tercera al de las finanzas, el comercio y la navegación!. La superioridad del hombre reside en el saber, no hay ninguna duda respecto a ello. En el saber se hallan reunidas muchas cosas que los reyes con todos sus tesoros no pueden comprar, sobre las cuales su autoridad no pesa, de las que sus informantes no pueden darles noticias y hacia cuyas tierras de origen sus navegantes y descubridores no pueden enderezar el curso. Hoy dominamos la naturaleza sólo en nuestra opinión, y nos hallamos sometidos a su necesidad; pero si nos dejásemos guiar por ella en la invención, podríamos ser sus amos en la práctica.
PRINCIPALES IDEAS POLITICAS Y ECONOMICAS DE LA EPOCA
Este siglo fue un periodo caracterizado por un extraordinario crecimiento económico. La población pasó de 21 millones en 1700 a 28 millones en 1790. Los ingresos procedentes de la agricultura se incrementaron en un 60%. Los historiadores económicos sitúan los comienzos de la industrialización francesa en el siglo XVIII, fecha en la que el país era la principal potencia industrial del mundo. El Corps des Ponts et Chaussées (Departamento de Puentes y Carreteras), hizo del sistema de carreteras francés el mejor de Europa en 1780. La flota mercante de Francia contaba con más de 5.000 barcos, dedicados al lucrativo comercio con África, América y la India, y enriquecía a los comerciantes de los puertos franceses del Atlántico. Sin embargo, los ingresos de los trabajadores y artesanos de las ciudades difícilmente mantenían el ritmo de la inflación, así como la mayoría de los campesinos, que conseguían pocos excedentes para vender y estaban cargados de fuertes impuestos, diezmos y obligaciones feudales.
ASAMBLEA CONSTITUYENTE Y LA DECLARACION DE LOS DERECHOS DEL HOMBRE Y DEL CIUDADANO
La Asamblea Nacional toma el nombre de Asamblea Constituyente el 9 de julio de 1789, porque su finalidad era redactar una Constitución, es decir, una ley fundamental que organizase de otro modo la monarquía francesa. El rey no tiene más remedio que claudicar, invitando al clero y a la nobleza a unirse al Tercer Estado en la recién constituida Asamblea. En julio de 1789 se encargó a una comisión de la Asamblea Constituyente la preparación de un borrador sobre los principios fundamentales en los que debía basarse la Constitución. Esa comisión, después de amplios debates en los que se cuestionó su oportunidad, decidió encabezar la Constitución con una declaración de derechos.
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Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano
La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano se basó en la teoría de la voluntad general de Rousseau y en la división de poderes de Montesquieu así como en los derechos naturales que defendían los enciclopedistas. Compuesta por 17 artículos y un preámbulo, pretendía constituir una declaración de principios de alcance o validez universal. Su contenido se resumía en la famosa divisa “libertad, igualdad y fraternidad”. Sin embargo, Olimpia de Gouges, militante y protagonista de la revolución, fue guillotinada por sus compañeros de lucha por publicar en 1791 en respuesta a la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, en la que Gouges reivindicaba la igualdad de derechos de las mujeres.
En 1793, se redactó una nueva Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, precediendo a la constitución francesa del 24 de junio de ese año. Compuesta por 35 artículos, reconocía la propiedad como derecho natural del hombre, estableciendo la mayor importancia de los derechos individuales sobre los sociales. Bastante más democrática que la de 1789, esta declaración prohibía la esclavitud y señalaba como deber el derecho a sublevarse contra la tiranía.
Una nueva Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano precedió en 1795 a la constitución francesa del año III. Más parecida a la de 1789 que a la de 1793, pretendía evitar, la posibilidad de instauración de una democracia social. Condenaba la esclavitud y confirmaba la libertad económica.
LA CONVENCION NACIONAL DE 1792
Caído el rey y disuelta la Asamblea, la elección de la nueva Convención Nacional supone un giro del proceso revolucionario que toma un carácter más democrático y popular. La Convención, elegida por sufragio universal agrupa a sus 749 diputados en tres partidos: girondinos, defensores de la legalidad constitucional y representantes de la alta burguesía; la Montaña, entre los que se encontraban los jacobinos de la anterior legislatura, defensores de los principios revolucionarios y más cercanos a la burguesía media y a las clases populares; y La Llanura, una gran masa fluctuante entre girondinos y montañeses, integrada por republicanos y burgueses más moderados. El consenso entre los principales grupos integrantes de la Convención no fue más allá de la aprobación de estas medidas iniciales. Sin embargo, ninguna facción se opuso al decreto presentado por los girondinos y promulgado el 19 de noviembre, por el cual Francia se comprometía a apoyar a todos los pueblos oprimidos de Europa. Las noticias que llegaban del frente semanalmente eran alentadoras: las tropas francesas habían pasado al ataque después de la batalla de Valmy y habían conquistado Maguncia, Frankfurt del Main, Niza, Saboya y los Países Bajos austríacos.
Escudo de la convención nacional
EL GOBIERNO DE ROBESPIERRE
En 1789 resultó electo para representar a la ciudadanía en los Estados Generales, que se hallaban reunidos en Versalles por convocatoria del Rey Luis XVI, con la finalidad de solicitar dinero que permitiera un desahogo a las finanzas del Estado, duramente golpeadas a causa de las cuantiosas deudas que arrastraba. Ya para entonces, el descontento popular contra la corona era mayúsculo. Los gastos de la realeza crecían, siempre con cargo al pueblo que vivía en un empobrecimiento constante e ignominioso.
El resultado: el Tercer Estado protestó contra la autoridad real y decidió redactar una constitución e implantar la república como sistema de gobierno. El abogado Robespierre fue activo representante ante el Tercer Estado y contribuyó con sus conocimientos para enriquecer no sólo el texto de la constitución, sino también la Declaración de los Derechos Humanos del Hombre.
Maximiliano de Robespierre representaba a la facción de línea dura y su capacidad de liderazgo era indudable. Cuando se tomó la decisión de juzgar al rey Luis XVI, pidió se le aplicara la pena de muerte sin comparecer ante un tribunal... El monarca fue juzgado y guillotinado en 1793.
Y si para los moderados aquello había sido un exceso, los revolucionarios radicales iban por más todavía: querían la cabeza de todos aquellos que fueran en contra de la república.
Por fin, en 1793, logra imponerse el gobierno revolucionario, integrado por un grupo reducido de diputados, con Robespierre a la cabeza, que se hacían llamar Comité de Salvación Pública.
Sin embargo, empezaron a tener diferencias entre ellos. El prestigiado y radical abogado pretendía implantar la política del terror y no estaba dispuesto a detenerse ante nada. Prueba de ello, es que llegó incluso a enviar ejecutar a Danton, su colaborador más cercano, cuando este intentó frenar sus pretensiones.
Una vez sin obstáculos, aplicó las teorías del “ser supremo” que había tomado de Rousseau. En 1794, en menos de dos meses habían muerto en la guillotina alrededor de mil 400 personas y no había ya nadie que pudiera sentirse a salvo ante el poder desatado por una sola persona.
Al cabo de un mes, la Convención decidió que no era posible continuar con aquella política, así que arrestó a Maximiliano de Robespierre y lo condenó a morir guillotinado, bajo a acusación de pretender establecer una dictadura. Robespierre, el hombre honesto pero duro, inflexible aun con sus propias convicciones, murió de la misma manera en que condenó a muchos otros a morir, en julio de 1794.
EL GOBIERNO DEL DIRECTORIO
La burguesía, principal inspiradora del proceso revolucionario, se vió desbordada, y se apresuró a reconducir la situación por causes mas moderados. La llamada Constitución del año III puso el poder legislativo en mano de dos asambleas, y el ejecutivo, en las de cinco directores nombrados por aquellas. Durante este periodo comenzó a destacar la figura del general Napoleón Bonaparte (1769 – 1821), que protagonizo el golpe de estado del 19 de brumario (fecha del calendario revolucionario, correspondiente al 10 de noviembre de 1797), tras el cual se implantó una nueva constitución que entregaba el poder en manos de tres cónsules (1799). Bonaparte se hizo nombrar después primer cónsul con carácter vitalicio (1802), y en este punto puede darse por terminada la agitación revolucionaria.
LA ETAPA NAPOLEONICA HASTA SU MUERTE
Emperador de los franceses. Se encontraba de nuevo en su Córcega natal en 1789 cuando estalló la Revolución Francesa y participó en las luchas políticas de la isla, mostrando simpatías por los jacobinos. En 1793 se trasladó a Provenza con su familia y se distinguió en el asedio y la reconquista de Tolón. Tras sucesivos y fulgurantes asedios, intervino, ya como general de brigada, en la primera campaña de Italia. Un año después, a raíz de la caída de Robespierre, fue encarcelado. Rehabilitado por Barras, fue designado comandante en jefe del ejército y dirigió con éxito la represión contra el alzamiento realista en octubre de 1795. En 1796 se casó civilmente con Josefina Tascher de la Pagerie, poco antes de recibir el mando supremo de las fuerzas destacadas en Italia. En la segunda campaña italiana derrotó a los austriacos en una serie encadenada de brillantes acciones (Arcole, Lode, Rívoli) que evidenciaron su genio militar.
En 1797 firmó con Austria el tratado de Campoformio, por el cual desaparecía el Estado veneciano y se instituía la República Cisalpina, y un año después inició una campaña en Egipto con el fin de yugular las rutas comerciales inglesas hacia Oriente. Ocupó Malta, entró en Alejandría y logró importantes victorias contra los turcos, pero la única derrota que sufrió en la batalla naval de Abukir, frente a la flota británica al mando del almirante Nelson, significó su aislamiento y la imposibilidad de conseguir un resultado global satisfactorio. Reembarcó, pues, hacia Francia, donde aprovechó la impopularidad del Directorio para dar un golpe de Estado el 18 de Brumario (10 de noviembre) de 1799 y proclamarse cónsul, jefe del gobierno y comandante en jefe del ejército, amén de atribuirse todas las potestades ejecutivas y legislativas. En 1800, en una nueva campaña en Italia, venció a los austriacos en Marengo, con lo que desarticuló la segunda coalición de países europeos. Emprendió importantes reformas administrativas, judiciales y económicas (Código Napoleónico, creación del banco de Francia y de la universidad, nueva política aduanera, subvenciones oficiales a la industria y la agricultura, etc.). En 1802 promulgó una nueva Constitución, mientras que en política exterior se proclamaba presidente de las Repúblicas italianas y se anexaba los territorios de Piamonte, Parma y Plasencia. En 1804 fue coronado emperador en Nôtre Dame de París por el papa Pío VII (en realidad, se coronó a sí mismo), y para legitimar su régimen convocó un plebiscito popular que ganó por un amplio margen de votos. Entretanto, en Europa se constituía una tercera coalición entre Gran Bretaña, Suecia, Nápoles, Austria y Rusia. Tras lograr una alianza con España, la escuadra franco-española al mando del almirante Villeneuve fue aniquilada por Nelson en Trafalgar (1805), aunque el mismo año el emperador triunfó sobre Rusia y Austria en Ulm y Austerlitz. En cuanto a Prusia –que había formado con el Reino Unido y Rusia la cuarta coalición-, sufrió en 1806 dos reveses cruciales, en Jena y Auerstadt, que la llevaron a la rendición. La paz firmada en Tilsit con Rusia y Prusia reconocía el dominio de Napoleón sobre Europa, e inauguró un período de relativa paz que le permitió establecer un sistema continental con sus aliados y el bloqueo al Reino Unido. Tras divorciarse de Josefina, impulsado por el afán de tener descendencia, se casó con María Luisa, hija del emperador de Austria, que le daría un hijo (el Aguilucho, futuro duque de Reichstadt). Por otra parte, en su empeño por proteger Francia, procedió a rodearla de Estados más o menos títeres, cuyo gobierno confió a familiares suyos o personas de su confianza. Así, asignó a uno de sus hermanos, José Bonaparte, el trono de España, Corona que había cedido al emperador el rey Carlos IV. El nuevo monarca, con todo, sólo pudo mantenerse con el apoyo tras la invasión de las tropas napoleónicas, que terminaron siendo expulsadas de la península Ibérica en 1813, tras la guerra de Independencia.
Este mismo año, sus tropas –que habían invadido Rusia en junio de 1812–, mal avitualladas y diezmadas por el intenso frío del invierno ruso, tuvieron que desalojar Moscú, de donde el zar Alejandro había huido en primera instancia, y emprender un repliegue (la retirada de Rusia) que acabó por convertirse en una desastrosa desbandada. De regreso en París, Napoleón tuvo que enfrentarse a una nueva alianza de países europeos, a la que pudo vencer en Lützen pero ante la que sus fuerzas, exhaustas y sin capacidad de reacción unas, demasiado bisoñas otras, cayeron derrotadas en Leipzig. Aunque logró retrasar lo inevitable por seis meses, por último, abandonado por todos, Napoleón se vio obligado abdicar en marzo de 1814 y fue desterrado a la isla de Elba. Al año siguiente, sin embargo, consiguió volver a Francia y, aprovechando la nula popularidad de Luis XVIII, el monarca de la restauración borbónica, se hizo de nuevo con el poder en el que ha dado en llamarse gobierno de los Cien Días, el tiempo que medió entre su desembarco y la definitiva derrota. Con el objetivo de asentar su nuevo régimen, quiso evitar nuevos enfrentamientos, pero sus enemigos no le dieron tregua, y hubo de presentar batalla a un ejército angloprusiano en Waterloo (junio de 1815). Vencido, fue destronado y, el 15 de julio del mismo año, enviado a la isla de Santa Elena, posesión británica del Atlántico, a 1 800 kilómetros de la costa africana, donde el que fuera emperador de los franceses falleció en 1821.
Espero que les sirva, me costo mucho trabajo .
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