Cuentan que un alpinista, desesperado por conquistar el Himalaya, el pico nevado mas alto del mundo, inició su travesía después de años de preparación, pero quería la gloria para él solo, por lo tanto subió sin compañeros.

Empezó a subir y tras muchas horas de ascenso se le fue haciendo tarde, y más tarde, y no se preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo decidido a llegar hasta la cima, pero en eso le oscureció. La noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña, ya no se podía ver absolutamente nada. Todo era negro, cero visibilidad, no había luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes.

Subiendo por un acantilado, a sólo 100 metros de la cima, se resbaló y se desplomó por los aires... caía a una velocidad vertiginosa, sólo podía ver veloces manchas más oscuras que pasaban en la misma oscuridad y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad.

Seguía cayendo... y en esos angustiantes momentos, le pasaron por su mente todos sus gratos y no tan gratos momentos de la vida... él pensaba que iba a morir, sin embargo, de repente sintió un fuerte tirón que casi lo partió en dos... Si, como todo alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larguísima soga que lo amarraba de la cintura.

En esos momentos de quietud, suspendido por los aires, no le quedó más que gritar: "Ayúdame Dios mío".

De repente una voz grave y profunda de los cielos le contestó: "¿Qué quieres que haga?"...

"Sálvame, Dios mío" replicó el alpinista. "

¿Realmente crees que te puedo salvar?"...

"Por supuesto Señor", contestó.

Después de una ligera pausa la voz respondió: ";Entonces corta la cuerda que te sostiene"...

Hubo un momento de silencio y quietud... y el alpinista se aferró más a la cuerda y reflexionó... Siempre supe que lo de Dios no era cierto, yo tengo años escalando montañas y lo que he aprendido en todo este tiempo es que nunca uno debe desprenderse de la cuerda que nos esta salvando la vida, esta cuerda es lo único real que tengo y no voy a dejarla por nada.

Cuenta el equipo de rescate que al día siguiente encontraron colgado a un alpinista congelado, muerto, agarrado con fuerza, con las manos a una cuerda... A solo un metro del suelo...

Y tú ¿Qué tan aferrado estás de tu cuerda? y recuerda de que a veces para ver como esta uno no siempre hay que mirar para arriba sino también mirar para abajo


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