InicioApuntes Y Monografias"Los Silencios y las voces en America Latina"
“Los silencios y las voces en América latina”
(Alcira Argumedo)
“Modelos educativos en la historia de América Latina”
(Gregorio Weinberg)



Ledesma Rocío





El descubrimiento y colonización de América implico el aniquilamiento de las estructuras sociales y económicas indígenas, así como el inicio de un inexorable proceso de desvalorización de las culturas prehispánicas.
“El ingreso de las sociedades latinoamericanas a la modernidad a partir del Siglo XVI iba a producir un mapa socio cultural de características desgarrantes.”
Esta afirmación de Alcira Argumedo, se puede estipular, por un lado por la llegada de los europeos a América que imponiendo sus modelos produjeron una ruptura en los procesos de desarrollo por las que estaban pasando las culturas de estas tierras. Los indígenas se vieron totalmente obligados a dejar sus propios modelos y ser sometidos a los modelos impuestos.
Gregorio Weinberg lo desarrolla de la siguiente manera: “(…) la imposición de sus propios modelos por parte de los conquistadores se realizó violentando los estilos de vida de los aborígenes, quienes de todos modos, continuaron siendo participes de la historia (su peso puede reputarse decisivo, por ejemplo, en la producción de bienes y servicios, sea como encomendados, mitayos, yamaconas, peones, etc.), y por siglos constituyeron la abrumadora mayoría de la población. Dicho sea esto, sin olvidar tampoco el exterminio al que fueron sometidos por diversos factores, de todas maneras quedaron marginados como protagonistas, desbaratados sus instituciones, desarticulados sus formas de organización, perseguidas sus creencias como idolatrías abominables, subvertidos sus valores.(…)”
Weinberg hace referencia en esta cita a la importancia de los aborígenes, (“quienes constituyeron la gran masa de la población”), para, por ejemplo, desenvolver la mano de obra para trabajar en la producción de bienes y servicios; y aquí se encuentra otro fundamento de la tesis de Argumedo, ya que la economía de explotación a la que fueron subordinados los nativos del “Nuevo Mundo”, con el fin de producir excedentes en su mayoría destinados a Europa, es un factor importante para explicar el nivel desmedido de mortalidad de indígenas después de la llegada de los conquistadores a América.
Los aborígenes sufrieron una explotación sistematizada a través del régimen de encomiendas, pues se los obligaba a trabajar en las minas. El trabajo excesivo al cual no estaban habituados, combinado con la destrucción social y las nuevas enfermedades transportadas por los españoles. Acarrearon un abrupto descenso demográfico, lo cual preocupaba a España, no por la perdida de personas, sino porque estas personas funcionaban como mano de obra, pero, a este problema llegaría una efectiva y rápida solución, el plan era reemplazarlos por esclavos de África, tema que desarrollaremos mas adelante.
Refiriéndonos nuevamente al aprovechamiento minero, en muchos casos el mal trato hacia los indígenas obedeció a una ira destacada e incontrolable, el principal motivo de la crueldad de algunos conquistadores provino de la codicia por acopiar oro y otros metales nobles.

Gregorio Weinberg, “Modelos Educativos en la historia de América latina”, UNESCO CEPAL PNUD. AZ editora 1995. Pág. 23

Nombramos a las enfermedades como un factor importante para justificar el descenso demográfico. Los indígenas sufrieron por las enfermedades desde el primer momento. La viruela o la gripe causaron la muerte de millones de aborígenes, y redujeron drásticamente la población nativa. Datos relevantes son los son los que pone en evidencia Weinberg: “(…) en México: en 1520 cocolitzli (viruela); en 1530 topitonzahuatl (sarampión), en 1541 matlalzuhualt (tabardillo o tifus), solo a esta ultima se atribuyeron dos millones de victimas. (…)”
A todas estas cusas de mortalidad de indígenas, se le suma también las muertes provocadas por las guerras desatadas por los españoles, para dominar a los aborígenes. En estas circunstancias podemos poner como ejemplo la conquista del Imperio Azteca de Méjico, emprendida en 1519 por Hernán Cortés y la conquista del Imperio Inca por Pizarro en 1531. Este último, con una reducida tropa llego a aniquilar el imperio en solo el término de dos años. Los abusos cometidos durante la conquista llevaron a un debate en España. La voz de alarmar fue dada por Bartolomé de las Casas, quien denunció que los abusos cometidos atentaban contra el plan de Dios de evangelizar a los indígenas.
Por ultimo vamos a enunciar el tema que dejamos pendiente de los esclavos africanos. Debido a la falta de mano de obra indígena, causada por el desmesurado nivel de mortalidad, se introdujeron esclavos africanos, principalmente para trabajar en las zonas de cultivo de algodón. Esta exordio de africanos a América constituyo una sociedad compuesta por indígenas, negros (africanos) y blancos, lo que llevó al mestizaje.
Como conclusión podemos decir que a raíz de la conquista y la colonización, los aborígenes sufrieron grandes transformaciones culturales. Sus concepciones del tiempo y el espacio cambiaron radicalmente, tomando elementos europeos que combinaron con sus propias tradiciones. Se produjo cambios también en la relación con la tierra, asimilando la noción de propiedad.
El indígena fue marginado del poder, pues desde la presencia europea perdió totalmente cualquier protagonismo en cualquier forma de gobierno.

Gregorio Weinberg, “Modelos Educativos en la historia de América latina”, UNESCO CEPAL PNUD. AZ editora 1995. Pág. 48

Historia Universal, “La época de los grandes descubrimientos”



“Esta ruptura catastrófica inaugura nuevas perspectivas, cierto es, y de ellas se adueñará la nueva sociedad, clausurando simultáneamente las pretéritas alternativas. Y además, la historia, como siempre ocurre, la hicieron y la escribieron los vencedores. (…) la existencia, o mejor dicho la coexistencia de manifestaciones cultas (de ardua elaboración racional) y otras tradicionales (de franca filiación mítica) en la antigüedad clásica o en el medioevo europeo y donde las disparidades de nivel no excluían una “conexión histórica interior y una constante incorporación de motivos e impulsos”. Pero en cambio, la crisis a la que estamos aludiendo revela que los nuevos elementos son “contrarios a la tradición de la cultura anterior y a las formas subsistentes de ella que nutren a las grandes masas indígenas”.
Sin duda alguna Argumedo y Weinberg, nos hacen un simple reflejo, una alusión a ciertos términos, a la cuestión de la Identidad, el sujeto en sí y una plena resistencia que resultan tópicos interrelacionados y complejos en su abordaje. El estudio de la identidad, el sujeto y la resistencia encuentra puntos de inflexión a lo largo de la Historia de América Latina.
El encuentro entre españoles e indígenas, el avasallamiento político, económico y cultural, la llegada y el sometimiento de grandes contingentes africanos constituyó, sin lugar a dudas, un espacio de choque que puso en duda, la identidad propia de los pueblos indígenas y negros. Estos procesos de esclavitud cultural establecieron arbitrariamente para todos la constitución de una identidad que privilegiaba el elemento español y desconocía el bagaje cultural de los pueblos sometidos.
Paralelamente a los procesos de subyugación cultural acaecidos sobre los pueblos indígenas y los contingentes negros, se fueron configurando en América Latina nuevas matrices, sujetos colectivos responsables de la transformación social en la praxis misma, que demostrarían una importante energía materializada en la resistencia.
“Ante el empuje español, los indios pierden su libertad y su sentido de identidad original, una nueva matriz cultural empieza a formarse, y en ella la construcción del indio como un “otro” inferior, por parte de los españoles, juegan un papel importante”.
Sin embargo, la historia de América Latina reconoce momentos de reconstrucción étnica. Cuauhtémoc en México, las generaciones tupamarus en Perú, Lautaro en Chile entre otros, y las rebeliones de negros en Brasil y las Antillas son antecedentes de las primeras luchas por la dignidad, la igualdad y el reconocimiento de estos pueblos latinoamericanos en los siglos subsiguientes a la conquista.

Gregorio Weinberg, “Modelos Educativos en la historia de América latina”, UNESCO CEPAL PNUD. AZ editora 1995. Pág. 23

Jorge Larraín Ibáñez.”Modernidad, razón e identidad en América latina”. Editorial Andrés bello, santiago de chile, 1996, Pág. 130


Podemos afirmar que se constituyó en aquellos siglos, para América Latina, un sujeto de denuncia que resulta antecedente para la larga historia de levantamientos populares que se reproducirán hasta la actualidad.
Alcira Argumedo dice al respecto:
“Resistencias y rebeldías que dan cuenta de la reivindicación de identidades, de la profunda vocación de autonomía y libertad, de la defensa de una condición humana negada, de mandatos culturales subterráneos que durante la larga etapa de la conquista y la colonización alimentaría las memorias, valores y significados de las clases subordinadas de América Latina.(…) ”
Un segundo momento de inflexión es menester ubicarlo en los procesos acaecidos en la etapa independentista. Las luchas por la Independencia y la posterior conformación de los Estados Nacionales, pusieron énfasis en la constitución de un sujeto político para América Latina. Bolívar, San Martín, Hidalgo y Morelos movilizaron las bases de la sociedad constituyendo sujetos colectivos que liderados por dichas mentalidades buscaban reacomodamientos a nivel político que, a largo plazo, incidirían en la creación de proyectos culturales, diferentes a los implementados en los siglos de dominación colonial.
Más allá, del debate que puede surgir alrededor de quiénes eran los sujetos de cambios y cuáles eran los proyecto que pretendían impulsar, ciertamente estos momentos de resistencia comprometieron al pueblo en su conjunto, viendo en las nuevas configuraciones étnicas, producto de la heterogénea fusión, sujetos protagonistas de la resistencia pero no así de los proyectos emancipatorios. La pregunta sobre Identidad no giró en torno a la reivindicación de una cultura propia, se trató de adoptar una cultura lo más similar a la francesa.
Sin embargo, si bien no hubo una pregunta sobre la originalidad y autenticidad de la cultura latinoamericana que reconociera la diversidad étnica de quienes poblaban el continente, hubo importantes esfuerzo por lograr, en el plano político, una organización que naciera de la necesidad de nuestras Naciones.
Simón Bolívar reconoció la diversidad racial de nuestro continente aunque su perspectiva histórica no le hiciera revalorizar a los pueblos indígenas, negros y mulatos como actores necesarios y protagonistas del proyecto emancipatorio, no obstante, como dice Martí: “Bolívar no defendió con tanto fuego el derecho de los hombres a gobernarse a sí mismo, como el derecho de América a ser libre”.
Pasados algunos años el proyecto “civilización o barbarie” ocuparía las mentes de muchos ideólogos, que como Sarmiento, veían en el indígena, el gaucho, el cholo los signos del atraso y el límite para la modernización urgente de América Latina. No obstante, y más allá de cual fue el modelo político y cultural a seguir, existió firmemente en estas generaciones una pregunta sobre el quiénes somos y una praxis política que determinaría una Identidad propia aunque todavía excluyente de los pueblos indígenas y negros.
Fue el momento de reafirmación mestiza es decir de este nuevo elemento que pobló el largo continente que no era español ni indígenas sino producto de ambos.


Alcira Argumedo, “Los Silencios y Las Voces en América latina: notas sobre el pensamiento nacional y popular”. Ediciones del pensamiento nacional 1996. Pág. 17

José, martí, “Tres Héroes”.en: La edad de oro. Editorial pueblo y educación, cuba, 1994

cholo: Díc., especialmente en el ámbito andino, del indígena aculturado y del mestizo.



La realidad latinoamericana fue distorsionada y entendida de diversos modos, en diversos relatos y concepciones, por lo que Alcira Argumedo en principio referirá a una matriz autónoma de pensamiento popular latinoamericano por un lado, y a una concepción totalmente eurocentrista, por otro con el fin de dejar en evidencia de cómo, paradójicamente una misma realidad es concebida de manera tan distinta desde una posición como desde otra. La autora referirá en el texto a la matriz autónoma de pensamiento popular de la siguiente manera:
“… La existencia de una matriz autónoma de pensamiento popular latinoamericana supone interrogarse acerca de potencial teórico inmerso en las experiencias históricas y en las fuentes culturales de las clases sometidas (…). Implica reconocer la legitimidad de las concepciones y los valores contenidos en las memorias sociales procesando la “visión de los vencidos”, una visión diferente de la historia iniciada con la edad moderna europea…”
Es decir, que los pueblos latinoamericanos desarrollaran su matriz autónoma de pensamiento según como reivindiquen su historia, su cultura, cuando afirman su dignidad, de ahí en más ellos buscarían manifestarse política, social y culturalmente. Pero para ello tendrían que lograr sistematizar esa matriz propia, con fundamentos lógicos y contundentes que se opongan a la concepción eurocéntrica. “El explicito o implícito desprecio por los “condenados de la tierra” perceptible en las matrices dominantes en las ciencias sociales y en el pensamiento político del occidente central, plantean a los latinoamericanos la reivindicación de una concepción del mundo asentada en su propia versión de esta historia”
La autora citará a Emmanuel Kant, ferviente partidario del ideal eurocentrista, y destacará la afirmación de este. En 1775: “El pueblo de los americanos no es susceptible de ninguna forma de civilización. No tiene ningún estímulo, pues carece de afectos y pasiones.
Los americanos no sienten amor, y por eso no son fecundos. Casi no hablan, no se hacen caricias, no se preocupan de nada y son perezosos...incapaces de gobernarse, están condenados a la extinción"
Con la ilustración como la liberación del hombre de su incapacidad, mediante el uso de la razón, el análisis del proceso de progreso y civilización ha sido realizado con propuestas teóricas que poseen una perspectiva eurocéntrica que entienden el desarrollo histórico como un proceso evolutivo lineal en el que los pueblos pasarían por tres etapas distintas: de salvajismo a barbarie, y de esta a la civilización, el nivel superior.


Alcira Argumedo, “Los Silencios y Las Voces en América latina: notas sobre el pensamiento nacional y popular”. Ediciones del pensamiento nacional 1996. Pág. 18

Alcira Argumedo, “Los Silencios y Las Voces en América latina: notas sobre el pensamiento nacional y popular”. Ediciones del pensamiento nacional 1996. Pág. 19

Alcira Argumedo, “Los Silencios y Las Voces en América latina: notas sobre el pensamiento nacional y popular”. Ediciones del pensamiento nacional 1996. Pág. 19


Por supuesto que estas ideas no hacían otra cosa que justificar el saqueo y el exterminio en las regiones periféricas, lo más grave de estos razonamientos se produce cuando logran captar mentalidades en esos lugares remotos, y los propios intelectuales se convierten en denostadores profesionales de su propio pueblo y cultura, anhelando una "civilización" que es sólo posible por la expoliación de su continente.
Argumedo realiza un interesantísimo paralelo, casi simultáneamente a la frase de Kant, en América se produce el levantamiento de Tupac Amaru para refutar las ideas del europeo, combatiendo la esclavitud impuesta por los "civilizadores", los que reprimieron salvajemente la rebelión indígena. Pero lo que no entendieron los filósofos europeos, sí lo comprendía cabalmente el indio Tupac Amaru cuando en una sencilla fórmula dijo a un funcionario español: "Aquí no hay sino dos culpables: tú, por oprimir a mi pueblo, y yo por querer liberarlo..."
Desde ahí en adelante se confrontarán dos sistemas de ideas, la de los sectores populares que muchas veces se transmiten oralmente de generación en generación, y por otro lado los sectores nativos permeables al pensamiento colonial europeo, conformados por los criollos de mejor posición económica y ciertas capas intelectuales que pudieron vivir al calor de la cultura oficial permitida por el poder.
Hegel fue otro filósofo europeo crítico de las poblaciones americanas: "Los aborígenes americanos son una raza débil en proceso de desaparición. Sus rudimentarias civilizaciones tenían que desaparecer necesariamente a la llegada de la incomparable civilización europea. Y así como su cultura era de calidad inferior, así quienes siguieron siendo salvajes lo fueron en grado sumo; son las muestras más acabadas de la falta de civilización...A los europeos les tocará florecer una nueva civilización en las tierras conquistadas… Mansedumbre e inercia, humildad y rastrera sumisión frente al criollo y más aún frente al europeo, son el carácter esencial de los americanos, y hará falta un buen lapso de tiempo para que el europeo consiga despertar en ellos un poco de dignidad”
Bajo estos conceptos los americanos quedaban al margen del mundo y por lo tanto el colonialismo se justificaba bajo el disfraz de la mentirosa civilización. A ese proyecto colonial se enfrenta otro que surge desde las mismas profundidades del pueblo americano y la encarnación de ese proyecto en los sucesivos líderes que lucharon contra los intereses imperiales. Bolívar comandó ese proyecto americanista, que se fundaba en la democrática participación de todas las clases sociales y razas interesadas en sacudir el yugo. En México, Hidalgo y Morelos, lucharon no sólo por la independencia sino también por la igualdad social, esta última fue uno de los objetivos primordiales de José Gervasio de Artigas, convertido por obra de la desfiguración histórica en prócer uruguayo, cuando fue uno de los más importantes caudillos americanos, que realizó una auténtica revolución social y por eso se ganó el odio de la oligarquía porteña.


Alcira Argumedo, “Los Silencios y Las Voces en América latina: notas sobre el pensamiento nacional y popular”. Ediciones del pensamiento nacional 1996. Pág. 23

Alcira Argumedo, “Los Silencios y Las Voces en América latina: notas sobre el pensamiento nacional y popular”. Ediciones del pensamiento nacional 1996. Pág. 29


Artigas comprendió el sentido de la democracia como pocos en su época, siendo mucho más progresista, para usar una palabra actual, que muchos supuestos revolucionarios europeos, democratizó la sociedad no sólo con la integración de indios y negros, sino que delineó una democracia económica con el reparto de tierras, que aún hoy resulta muy evolucionado para los timoratos políticos latinoamericanos. Aún el pensamiento europeo más avanzado como el de Karl Marx no logró comprender el problema colonial, Marx tuvo expectativas por el rol civilizador que pudiera tener el imperialismo en determinadas colonias, aunque también es justo señalar, que supo modificar algunos de sus puntos de vistas. Lo que no modificó fue su desprecio hacia Bolívar en un olvidable trabajo sobre el gran caudillo americano.
Las primeras décadas del siglo XX también mostraron el ímpetu transformador en las masas populares que tuvieron su más alta expresión en la Revolución Agraria mexicana, liderada por Zapata y Villa. En tanto en Argentina, el yrigoyenismo en tanto expresión de las clases medias introdujo la democracia y las primeras leyes sociales colocando un límite al poder oligárquico. En el Perú, el aprismo daba contención a las rebeliones campesinas con un programa social y antiimperialista. En tanto Nicaragua mostraba al mundo el ejemplo de Augusto César Sandino en una lucha desigual contra el imperialismo norteamericano. Lo que nos muestra la autora que a pesar de la existencia de una ideología liberal y falsamente modernizante adoptada por las clases gobernantes y por cierta intelectualidad de clase media, a lo largo de toda la historia de América Latina, los sectores populares y los líderes surgidos de su seno, lejos estuvieron de aceptar mansamente las imposiciones imperiales. Además de aquellas luchas y de las actuales surge una riqueza de ideas que deben ser el combustible de nuestra presente reflexión y la búsqueda de la identidad.
Por su parte, Gregorio Weinberg, en “Modelos Educativos” manifiesta asimismo una realidad desigual, en su concepción y contenido.
La historia oficial española en cuanto a la interpretación de la conquista americana deja ocultos muchísimos actos sangrientos, aberrantes y humillantes que han cometido los españoles, con su llegada y su fin de colonizar, parea con las poblaciones indígenas que habitan las nuevas tierras de grandes riquezas. La ardua decisión de la corona por “Evangelizar” se fue opacando ante la vista de muchos al intentar, lograr despojar a los pueblos sedentarios de su cultura por la fuerza, empleando violencia, arrasando con su historia, y hasta con sus vidas sin dar más explicaciones que escudarse en la necesidad de “evangelizar”, invertirlos al cristianismo. Este sojuzgamiento impartido con la brutalidad y ocultada en la versión española es dada a conocer como la leyenda negra.
La existencia de la leyenda rosa, es por consiguiente, aquella historia narrada que abunda en apreciaciones éticas y religiosas y trata de mostrar cierto carácter benévolo de la colonia con el único fin de evangelizar, además de proteger al indio y preservar su número en cantidad por sobre todas las cosas. Este primer proceso civilizatorio presentará estas dos posibles lecturas de una realidad misma. La leyenda negra se presentará entonces como una hecatombe demográfica y la leyenda rosa como un encuentro entre dos culturas.










Bibliografía:

 Argumedo, Alcira. “Los silencios y las voces de América Latina”. Ediciones del Pensamiento Nacional, Buenos Aires, 1996.

 Weinberg Gregorio. "Modelos Educativos en la Historia de América Latina". UNESCO CEPAL PNUD. AZ editora 1995

 Artículo; “La fuerza viva de América Latina” Revista “Ñ” 13-05-06

 Ribeiro, Darcy. “Indianidades y Venutopias”. Ediciones del Sol, Buenos Aires, 1988.

 www.gestion.dinediciones.com

 Martí, José. “Tres Héroes”. En: La Edad de Oro, Editorial Pueblo y Educación, Cuba, 1994.

 Larraín Ibañez, Jorge.“Modernidad, Razón e Identidad en América Latina”. Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile, 1996, p.130

 En AA. VV, “Océano uno color”, Editorial Océano, Barcelona, España, 2000.




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