Extracto de la definicion de Fascismo del libro "Introduccion a las doctrinas politico-economicas" Walter Montenegro, Fondo de Cultura Economica, 1956.


Fascismo


El término fascismo proviene de la palabra italiana fascio y esta del latin fascis, que signfica haz o conjunto. Servía en Roma para designar al haz de varas con un hacha al centro, símbolo de la autoridad de los lictores y de la fuerza en la unidad.
Por obra del fascismo aparecen y se ponen en práctica conceptos totalmente nuevos en el campo de la política contemporánea.

Es sabido que sistemas de pensamientos tan diferentes y aun antagónicos entre sí como la democracia liberal individualista y las diversas formas de socialismo coinciden en la adopción de ciertas premisas básicas como las siguientes: todos los hombres tienen los mismos derechos ; el gobierno debe constituir la expresión y el ejercicio de la voluntad mayoritaria; la mayoría tiene derecho a imponer su voluntad por los medios que señalaban las leyes; el sistema electoral suministra el mejor camino para expresar esa voluntad; los elegidos son responsables ante los electores y estos gozan de libertad para demandar esas responsabilidades ; hay obligaciones reciprocas entre gobernantes y gobernados, etcétera.

En efecto, háblese del “pueblo” (en la democracia liberal) o de “las masas trabajadoras” (en el socialismo marxista), pasando por una extensa gama de denominaciones, lo que se hace es aludir a la soberanía popular expresada por mayoría.
Además, todas estas doctrinas enuncian como finalidad de sus programas la armonía entre los individuos (para el bienestar de cada uno de ellos o de la colectividad), dentro de normas de justicia igualitaria, y, más allá, la armonía entre los conjuntos sociales (las naciones).

Finalmente, se considera al Estado como a un sirviente más o menos deseable o inevitable, permanente o transitorio, ya sea del individuo (en el liberalismo) o de la colectividad (en las ideologías socialistas).
No son, entonces, ni los principios básicos ni los objetivos los que, en último análisis, superan a dichas doctrinas, sino la forma en que cada una de ellas identifica las causas del malestar social y los métodos que prescribe para remediarlo.

El fascismo en cambio proclama: “La inmutable, benéfica y provechosa desigualdad de clases; el derecho inmanente de los “mejores” a gobernar, la “predestinación” de las elites (los mejores) a manejar los asuntos de la colectividad; el derecho privilegiado de esas elites a ocupar las posiciones de mando; la absoluta e indiscutible supremacía del Estado, encarnado en las elites, sobre el individuo: los principios inviolables de la disciplina, la autoridad y la jerarquía: la misión de “sacrificio y heroísmo de las elites, inspirada en el heroísmo y la santidad” la actitud de renunciamiento a la comodidad y al bienestar, a cambio de “vivir peligrosamente”, en busca de la superación; la supeditación de los valores materiales de la vida a los del espíritu.

De la filosofía de Hegel el fascismo toma la concepción casi mística del Estado, resumida en esta frase de Mussolini: “Todo en el Estado; nada fuera del Estado ni contra el Estado”. Y en esta otra de un expositor del fascismo: “ El Estado es omnipotente, omnipresente y omnisciente” (no existen mejores definiciones del Estado totalitario”).
Si a ello se suma otro enunciado de Mussolini: “El fascismo es una concepción religiosa en la cual aparece el hombre en inmanente relación a una ley superior, a una voluntad objetiva que trasciende lo individual y lo hace miembro consciente de una sociedad espiritual” se deducirá fácilmente la indestructible relación del Estado con el Partido Fascista. En cuanto a la sumisión del individuo al Estado y al problema de la libertad, Giovanni Gentile, “filosofo” del fascismo, dice: “Siempre el máximo de libertad coincide con el máximo de fuerza del Estado… Toda fuerza es fuerza moral porque siempre es una expresión de voluntad; y sea cual fuere el argumento que se emplee –la prédica o el palo- su eficacia no puede ser otra que la de obtener finalmente, el apoyo de un hombre y la de persuadirlo a ponerse de acuerdo con el [la fuerza].
(…) los fascistas son, por autodeterminación, aquella minoría predestinada, aquella elite cuya misión es regir el destino de la nación, el Estado fascista es, por una parte, el instrumento político, institucional y administrativo para cumplir ese destino y, por otra, la materialización suprema de ese mismo destino.


No se tolera la existencia de otros partidos. ¿Por qué y para que, si ya se sabe de antemano quienes deben gobernar y no se concibe que existan otros capaces de hacerlo?
(…) El Partido Fascista suministra la alquimia perfecta para destilar las mejores esencias de la capacidad humana, tampoco se justifica ni admita la división de poderes que constituye una de las bases fundamentales de la teoría democrática liberal. Por el contrario, el Estado Fascista es una pirámide cuya base la forman la masa y los organismos de menor jerarquía. Conforme asciende la estructura pirámide, es jerarquía se hace más estrecha; y sube gradualmente hasta la cúspide donde está situado el jefe supremo, el Duce, síntesis del concepto y ejercicio de la autoridad



(…) La injerencia del Partido cubre todos los campos. La educación política se inicia desde la infancia, mediante agrupaciones especiales (las balillas), en que se inculca a los niños normas de valor y disciplina. Se hace luego una selección gradual para ir formando los cuerpos superiores de la organización fascista. La literatura, la ciencia, la prensa, la radio, el cine, tiene que seguir las normas del Partido. “Nada fuera del Estado… Nada fuera del Partido.” El Estatuto del Trabajo, de 1927, dice por una parte, que el Estado Corporativo (así llamado dentro de la doctrina fascista) considera a “la empresa privada el mas efectivo y útil instrumento para los intereses de la nación”, lo que parecería concordar con los principios del liberalismo individualista. Pero, a continuación, el mismo documente establece que “en vista de que la organización privada de la producción es una función de trascendencia nacional, los organizadores de la empresa son responsables ante el Estado del sentido que den a esa producción.


La teoría fascista de las elites ofreció perspectivas muy atrayentes, no solo dentro de Italia. Los militares y grupos políticos militaristas, así como las oligarquías, la acogieron con especial beneplácito… Se expandió particularmente en aquellos países donde el bajo nivel de educación de las masas pudo ser utilizado como justificativo par el “derecho inmanente” de las “minorías selectas” a regir los destinos de la colectividad. Y más de un mandón vulgar, aquí y allá, se sintió predestinado.


Informacion ampliada en el libro, compren un libro,o el Partido los castigara como corresponde.




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