Platón Sirvióse mucho del poeta cómico Epicarmo, del cual copió muchas cosas, como dice Alcimo en los cuatro libros que dedicó a Amintas. En el primer libro dice así: «Consta que Platón toma muchas cosas de los escritos de Epicarmo». Dice Platón: «Se ha de considerar qué cosas sensibles son aquellas que nunca permanecen en un estado mismo en cualidad ni en cantidad, sino que se mudan y corren continuamente. Al modo que si de una suma se quita un número, no quedará la misma en cantidad ni en cualidad. Y éstas son las cosas cuya generación no se interrumpe; pero nunca vemos nacer la sustancia. Las inteligibles son aquellas a quienes nada se añade o quita. Así es la naturaleza de las cosas eternas, que siempre es una misma». Y Epicarmo, acerca de las cosas sensibles e intelectuales, dice expresamente:
-Los dioses existieron
siempre, sin que de ser jamás dejasen:
Y lo que siempre fue, siempre es lo mismo,
puesto que existe por esencia propia.
-Pero dicen que el caos
fue engendrado el primero de los dioses.
-¿Cómo, si no es posible
sea el primero quien proviene de otro?
Así que no hay primero ni segundo.
Pero en aquellas cosas que a nosotros
competen, establezco lo siguiente:
Quien al número par o impar añada
una parte o la quite, ¿por ventura
quedará el mismo número primero?
-No quedará, por cierto.
-Y si uno añadiese a la medida
de un codo, otra medida fija y cierta,
o bien la sustrajese,
tampoco quedaría el codo mismo:
¿No es así? Ahora bien, pues considera
con atención los hombres,
verás que uno creciendo, otro menguando,
todos están en mutación continua;
y aquello que se muda,
según naturaleza,
y en un estado mismo no persiste,
va siendo diferente de lo que era.
Aun tú y yo fuimos otros
ayer, mas hoy ya somos diferentes,
y aun otros mañana. Así, que nunca,
por la dicha razón, somos los mismos.
siempre, sin que de ser jamás dejasen:
Y lo que siempre fue, siempre es lo mismo,
puesto que existe por esencia propia.
-Pero dicen que el caos
fue engendrado el primero de los dioses.
-¿Cómo, si no es posible
sea el primero quien proviene de otro?
Así que no hay primero ni segundo.
Pero en aquellas cosas que a nosotros
competen, establezco lo siguiente:
Quien al número par o impar añada
una parte o la quite, ¿por ventura
quedará el mismo número primero?
-No quedará, por cierto.
-Y si uno añadiese a la medida
de un codo, otra medida fija y cierta,
o bien la sustrajese,
tampoco quedaría el codo mismo:
¿No es así? Ahora bien, pues considera
con atención los hombres,
verás que uno creciendo, otro menguando,
todos están en mutación continua;
y aquello que se muda,
según naturaleza,
y en un estado mismo no persiste,
va siendo diferente de lo que era.
Aun tú y yo fuimos otros
ayer, mas hoy ya somos diferentes,
y aun otros mañana. Así, que nunca,
por la dicha razón, somos los mismos.




Tenia cerebro Epicarmo