En la visión futurista decadente que retrata Anthony Burgess en su novela “A Clockwork Orange” (Naranja Mecánica), adaptada cinematográficamente en una obra maestra de Stanley Kubrick, Alex, el protagonista de la historia de Ultra-Violencia, es un pandillero obsesionado con el sexo gratuito y la violencia física y psicológica que no escucha música “electrónica” ni pop industrial y en ningún momento se detiene en la tienda de discos en la sección de THRASH-DEATH METAL, el diseñador de arte de la película no colocó póster de grupos del futuro (La historia se desarrolla en 1996, la cinta es de 1971). ALEX es fan de… ¡LUDWIG VAN BEETHOVEN! La música que lo estimula para cometer terribles crímenes despiadados es de Beethoven (cuando quiere ser menos solemne canta el clásico “Singin’ in the Rain”). De acuerdo con textos extraídos del diario argentino El Clarín, el nuevo Papa, Joseph Ratzinger, es fan de Beethoven. Dicen que lo escucha durante varias horas al día. Ratzinger estudió música en su Alemania natal y sabe tocar el piano bastante bien. Obviamente también le gusta Mozart y… WAGNER (el favorito de HITLER).
Pero desde hace 11 años, el nuevo “pontífice” , asegura que “el rock debe ser purificado de los mensajes diabólicos". ¿Se imaginan versiones pasteurizada de Black Sabbath o Mercyful Fate aprobadas por Ratzinger? Si realmente la cultura estuviera en manos de la Iglesia, Freddy Krueger y Jason Voorhes (sí, el asesino de Viernes 13) serían como los villanos de la serie sesentera de Batman. ¿A qué se refiere cuando habla de “purificar”? ¿Será lo mismo a lo que se refería “el padre Maciel” cuando violaba niños y los obligaba a que lo masturbaran argumentando que “necesitaba ser purificado o exorcizado de los demonios”? Repetimos la frase: “El rock debe ser purificado de los mensajes diabólicos". Eso sostuvo el día de Santa Cecilia, protectora de los músicos (¿¿¿protectora de los músicos???), durante una misa celebrada en la iglesia de San Carlo en Roma, el 22 de noviembre de 1994. En la misa, añadió: "Hay muchas cosas buenas, pero ocurre, en ciertas ocasiones, que el rock duro no es apto para las iglesias". Eso sí pa’ que vean, no lo entendí. ¿El rock no es para las iglesias? Pues no… ¿Alguien dijo que lo fuera? Puede ser que P.O.D. Stryper o Jars of Clay quieran hacer toquines en los “templos de oración” pero… son excepciones. Probablemente a Marilyn Manson le encantaría FILMAR un video en algún templo religioso. Cuando Ratzinger era prefecto de la “Congregación para la Doctrina de la Fe” escribió en el libro Introducción al Espíritu de la Liturgia, en febrero de 2001: “el rock es la expresión de pasiones elementales, que en las grandes reuniones de música tienen una relación de carácter cultural, esto es de contracultura, que se opone al culto cristiano", mientras que el pop es "un culto de la banalidad".
Tal vez el “nuevo” Papa se clavó viendo un concierto de Mötley Crüe o el Behind The Music de Poison, pero probablemente las pasiones más genuinas y puras sean las elementales. Efectivamente, en el rock, podemos encontrar grupos que exaltan su primitiva conducta y su obsesión con el sexo, algo, TOTALMENTE saludable (siempre y cuando sea sexo “seguro”), de algo sirve para contrarrestar SIGLOS Y SIGLOS de represión sexual promovida por la Iglesia. Esa represión ha provocado traumas irreparables en individuos que se convierten más tarde en violadores de niños (¿suena familiar?) o en asesinos (¿suena todavía más familiar?).
El rock, añadió: "Quiere liberar al hombre de sí mismo en el evento de masas y en el desarreglo mediante el ritmo, el rumor y los efectos luminosos, haciendo precipitar a quienes participan en el poder primitivo del Todo, mediante el éxtasis de la laceración de los propios límites". Parece una reseña de algún crítico de música pretencioso fan de los Héroes del Silencio. Vamos a diseccionar el párrafo. “Quiere liberar al hombre de sí mismo en el evento de masas”, Perdón ¿y la Iglesia Católica qué hace? Reúne cientos, miles y a veces millones de personas en concentraciones masivas para sus ritos para liberar al hombre de sí mismo y convertirlo en un cordero obediente y manipulable.
“Mediante el ritmo, el rumor y los efectos luminosos” ¿Recuerdan la penúltima vez que El Papa Juan Pablo II visitó México? EL ESTADIO AZTECA tenía LUCES Y AUDIO como para una presentación de MADONNA. “haciendo precipitar a quienes participan en el poder primitivo del Todo, mediante el éxtasis de la laceración de los propios límites". ¿Acaso en los ritos católicos no cantan? ¿No se emocionan? ¿Los TV evangelistas gringos acompañados de sus grupos afroamericanos de gospel (muchos de ellos MUY BUENOS), no rebasan los límites de la solemnidad? Los niveles de “éxtasis” que alcanzan son envidiables, algunos llegan a desmayarse como si fueran adolescentes fanáticas de alguna “boy band”.
El pop, "no es más sostenido por el pueblo en el viejo sentido, sino ordena a un fenómeno de masas, producido por métodos a escala industrial y debe ser definido como culto de la banalidad". Tal vez tendría que profundizar un poco más para saber a qué se refiere con “pop”. Es probable que en estos aspectos varios podríamos coincidir con él. Pero la “banalidad” puede interpretarse de muchas maneras. El pop puede ser un arma comercial infalible, siempre y cuando sea parte del llamado “corporate pop”, eso no sólo es un culto a banalidad, sino un culto al enriquecimiento ilimitado de los depredadores financieros, de las “corporaciones” con las que la Iglesia se entiende perfectamente bien, porque al igual que la Iglesia, las Corporaciones trasnacionales se han convertido en instituciones. Pero millones de artistas genuinos, con niveles de espiritualidad infinitamente más elevados que los de muchos “sacerdotes”, realizan obras muy respetables que nada tienen qué ver con banalidad y mucho qué ver con lo opuesto.
Ratzinger afirma que: “La música que se inspira en el espíritu parece tener pocas posibilidades en el mundo del rock, donde el Yo se transformó en una cárcel, donde el espíritu se convierte en una cadena y la rotura violenta de ambas parece ser la verdadera promesa de liberación, de quien, al menos por algunos instantes, cree haber probado el sabor". Nusrat Fateh Ali Khan era un músico de Pakistán que componía y ejecutaba VERDADERA música inspirada en el espíritu y en La Vida. El último gran maestro del Qawalli ha tenido un gran espacio en la llamada “contracultura” y desde luego en LA CULTURA. Es interesante analizar el trasfondo de esa declaración o afirmación.
Para la mayoría de los católicos de perfil ortodoxo-conservador (como Ratzinger), el rock es un enemigo importante que LIBERA a sus semejantes de la hipnosis religiosa, eso puede ocurrir, pero al mismo tiempo rompe las cadenas que lo tienen amarrado a las tradiciones destructivas que obligan al ser humano a mantenerse ignorante y obediente. La Iglesia Católica no quiere que sus millones de seguidores cuestionen “La Biblia” y sus múltiples contradicciones. No quieren que cuestionen los hábitos y costumbres secretas del sacerdote local, no quiere que la gente se preocupe por la pobreza que ha causado la ignorancia alimentada en gran parte por su institución… en pocas palabras, NO QUIERE QUE LE QUITEN CLIENTES. La Iglesia es UN NEGOCIO. ¿Acaso Rage Against the Machine hablaba de “banalidades”? NO, hablaba de realidades, ATROCIDADES, muchas de ellas avaladas o permitidas por la Iglesia (y sí, Rage también ha sido un buen negocio, pero no apoyaban o cometían crímenes ecológicos o contra la humanidad).
Una de las canciones que más ha atacado la Iglesia Católica (y miles de sectas que han copiado su modelo de negocio con algunas variaciones) es “STAIRWAY TO HEAVEN”, de Led Zeppelin. La canción ha sido “satanizada” desde que se editó el álbum IV. “Stairway to Heaven” menciona a una mujer que quiere comprar una escalera que la lleve al cielo.
Para muchos habla sobre la diferencia entre el camino espiritual y el material, despreciando sutilmente este último. El ocultismo, GRACIAS a la iglesia es relacionado con “magia diabólica” y otros conceptos que más que nada han inspirado a guionistas de cine de serie B, cuando en realidad se le llama “ocultismo” debido a que ha tenido que ser oculto a lo largo de la historia principalmente por las persecuciones religiosas. El ocultismo inspiró a un segmento importante de la generación de Zeppelin para “liberarse” de traumas innecesarios y creencias manipuladas por grupos de poder.
El movimiento hippie buscaba respuestas que la Iglesia no podía proporcionarles y, en el caso de Estados Unidos, el gobierno sólo atendía a los jóvenes si estaban interesados en ingresar al ejército. Pero los hippies NO tenían nada que ver con la adoración a LUCIFER o “El Diablo” (invento de las religiones). Ya para terminar, los dejo con esta reflexión: El concepto inventado de Lucifer por la Iglesia es de: el ángel más perfecto de todos, el cual empezó a cuestionar las decisiones de Dios. Al ver esta actitud, dios (vayamos quitándole la mayúscula, no?) lo expulsó del Cielo, junto con sus seguidores.
No quiero dar imagen de "experto en simbología y metáforas religiosas" (ni que fuera El Código Da Vinci jaja), pero desde mi muy particular punto de vista, es un llamado a la MEDIOCRIDAD, a no cuestionar, a ser uno más de los seguidores ciegos, a no tratar de desafiar a la autoridad. Algo muy común en esta era de cero criterio y puro borreguismo. ¿Y que pasa si cuestionas, si tratas de superarte, de ir contra la corriente? Pues que te tachan de "el enemigo". Es terrible que la mayor parte de la sociedad haya perdido esa característica que nos define como humanos: la curiosidad, el deseo de ver más allá. Con eso me despido pues, como dijo Rimbaud en una carta al partir de París en busca de una realidad mejor (como deberíamos hacer todos en este mundo atroz); : "LA VIDA ESTÁ EN OTRA PARTE".