hola amigos..estive pensando que les podria gustar ..asi que se me paso por la cabeza una leyendas de terror..seggun lois que cuentan..reales disfruten
enterrada viva:
Mi madre jura que esto que os voy a contar es cierto:
Mi tatarabuela, venía arrastrando durante algún tiempo una horrible enfermedad que finalmente, y a pesar de su fortaleza, le logró arrebatar la vida después de un intenso coma de varios días. Mi tatarabuelo, se sintió vacío, ni sus creencias lograron mantenerle firme en sus convicciones. Después de 50 años de matrimonio, su verdadero amor le había sido arrebatado. Aquella mujer que miró una vez pareciendo que se conocieran desde siempre se había ido para siempre. Con sólo mirarse a los ojos era suficiente para saber que pasaba por la cabeza del otro.
Después de que el médico pronunciara la palabra muerta, mi tatarabuelo insistía una y otra vez que no lo era. Tuvieron que apartarlo del cuerpo de su esposa para iniciar los preparativos de su entierro.
Aquellos días fueron especialmente duros para la familia, especialmente para mi tatarabuelo, tuvieron que retrasar los preparativos hasta tener un lugar donde dar descanso al cuerpo en el cementerio, y mientras, para interrumpir la descomposición del cadáver tuvieron que drenar los fluidos corporales y así mantener el cuerpo materialmente fresco.
Durante este desagradable proceso mi tatarabuelo protestó tan ferozmente que tuvieron que sedarlo y acostarlo en cama. Ese mismo día enterraron a su esposa.
Aquella noche se despertó de una horrible pesadilla, la escalofriante visión en la que aparecía su mujer, histérica, tratando de salir del ataúd lo levantó de la cama. Llamó inmediatamente al médico y le pidió que el cuerpo de su esposa fuera exhumado inmediatamente. El médico se negó.
Esta pesadilla perseguía noche tras noche a mi tatarabuelo, durante una semana sufría la misma visión.
Por fin, y después de muchos ruegos, el médico cedió y juntamente con las autoridades locales exhumaron el cuerpo. Al abrir el ataúd, el horror se apoderó de todos los allí presentes. Los dedos de las manos de mi tatarabuela ya no tenían uñas, se las había arrancado intentando salir de la caja, en el interior de la tapa podían verse las marcas de los arañazos.
Entonces creyeron a mi tatarabuelo. Tenía razón…
la llamada:
Domingo alrededor de las dos y media de la tarde. A Juan y Teresa se les presentaba un bonito día al levantar las persianas de salón de su casa baja, situada a las afueras de una ciudad mediana, cuando vieron aquel sol tan reluciente.
La pareja había estado cenando con unos amigos la noche anterior y se habían levantado de la cama muy tarde. Teresa deambuló por la casa sin rumbo fijo hasta despabilarse un poco y fue entonces cuando su estómago dijo: ¡hambre!, ¡comer!
Se dirigió a la nevera inmediatamente y enseguida vio algo precocinado y algunas sobras de la comida del sábado. Llamó a Juan, que estaba mirando la televisión en el saloncito, y le apremió a que viniera. Teresa cayó en la cuenta de que lo único que faltaba para aplacar su apetito era el pan, así es que mandó a su marido para comprarlo. Juan, a regañadientes, se puso el pantalón del chandal, una camiseta y su reloj y salió en su busca.
Juan era un tipo alto, delgado, más bien desaliñado, con gafas y de unos treintaytantos. Caminaba calle abajo a velocidad de crucero (para cualquiera de los demás mortales a paso rápido) y ya llevaría unos diez minutos así, cuando se dio cuenta que no sabía, con las prisas de su salida, a ciencia cierta que tipo de barra y cuantas debía comprar. Así que pensó en llamar a su mujer y confirmarlo para no meter la pata ni en un solo detalle ya que llevaban una temporada en que las cosas entre ellos andaban un poco tensas y saltaban chispas por cualquier tontería.
Juan, buscó inmediatamente en los dos únicos bolsillos que llevaba el chándal pero no llevaba el móvil, algo raro en el, ya que nunca se separaba del cacharro sobre todo por cuestiones de trabajo. El domingo, la juerga de la noche anterior y las prisas jugaron en su contra.
Alzó la vista y a poca distancia vio la plaza cuasi circular en la que había unos bancos para sentarse a descansar, árboles y dos o tres personas deambulando por allí. Además vio una cabina telefónica. Inmediatamente pensó en llamar a Teresa para que le confirmara el tema.
Metió la mano en su bolsillo derecho otra vez y saco su contenido: tres euros, lo cual era suficiente para el pan fuera cual fuese y también para la llamada.
Se acercó a la puerta de la antigua cabina telefónica, abrió la perta y de repente, como surgiendo de la nada y a galope tendido, se introdujo, sin mas, en la misma un animal enorme que, inmediatamente se sentó como pudo pegado a el. Era una bestia de unos 50 kilos. Negro zaino y de una raza que identificó enseguida como un inconfundible Rottweiler. Justo al mismo tiempo, ante la estupefacción y sorpresa del hombre por el acontecimiento, la puerta de la cabina se cerró para siempre.
Juan estaba desconcertado, pasaron unos tensos y angustiosos segundos y comenzó a reaccionar (o eso pensaba). Comenzó, como poseído a dar golpes a los cristales de la cabina, a gritar, a chillar…pero en rápidamente observó con pavor que no había ni un alma en la plazuela. Miró su reloj y eran las tres. Hora de comer y mas en domingo. Pero ¿y el dueño del perro? ¿De donde ha salido este animal? ¿Porqué ha entrado aquí?...estas cuestiones agobiantes pasaron en un segundo alrededor de su cabeza sin encontrar sentido ninguno ni respuesta alguna.
Entre tanto, el perro se mostraba cada vez más inquieto e impaciente a medida que Juan se alteraba cada vez mas y mas, era como si contagiara al animal su nerviosismo y desesperación por triplicado, hasta el punto en que se irguió sobre sus patas y le lanzó una mirada amenazante o tal vez de idéntica desesperación y confusión a Juan, al tiempo que enseñaba sus tremendos colmillos. Esto causó pavor en el hombre, que ál tiempo de comprender en cierto modo el comportamiento del animal, decidió calmarse un poco e intentar reflexionar. Así el Rottweiler se fue relajando poco a poco, hasta que por fin retornó a su posición original.
A los pocos segundos la lógica le indicó que introdujese la maldita moneda para llamar a su mujer. Pero no para consultar acerca del pan, sino para pedir ayuda. Marcó el número fijo de su casa porque no se acordaba del móvil de Teresa con los nervios y en pocos segundos esta contestó.
¿Si? —dijo ella—
¿Tere?, soy yo, soy yo (repitió), escúchame bien y no hables —contesto nervioso Juan— No te lo vas a creer, pero estoy atrapado en la cabina de la plaza, ¡no puedo salir! Y dentro tengo un perro enorme mirándome…Tere, no preguntes y llama a los bomberos, a la policía y a la perrera…¡corre por Dios!...no preguntes nada, ¡hazlo! —finalizó casi colgado ya el auricular—
¡Estoy alucinando Juan!, ¿Estas bien?...¿Oye?...¿Juan?
Había colgado el teléfono. Teresa, después de un momento de vacilación, no lo pensó más e hizo lo que su marido le dijo y exactamente por ese orden. Mientras, Juan, pegaba su cara contra el cristal de la cabina dando la espalda al animal, deseoso y desesperado por sentir la llegada de los bomberos. Se giró un cuarto de vuelta y miro al perro, el cual no le quitaba ojo, y le dijo pausadamente; —Tranquilo chico, pronto nos sacarán de aquí—. Ante lo cual el bicho pareció, tal vez, comprender en parte la angustiosa situación de impotencia por parte de ambos y agachó las orejas en señal de asentimiento.
Pasaron 10 minutos de tensa espera y de repente el Rottweiler comenzó a inquietarse.
Al principio era solo un ligero movimiento de cabeza y una inusitada atención dirigida hacia una dirección concreta. Instantes después se incorporó como pudo, casi aplastando a Juan contra el cristal y comenzó a gruñir y a ensenar sus incisivos mirando al hombre a los ojos. Juan no comprendía este cambio de actitud tan repentino y aparentemente violento del animal. El perro alzaba su enorme cabeza y estiraba sus orejas con el paso de los segundos. En un minuto Juan comenzó a escuchar una sirena, sin duda de los bomberos, aún en la lejanía. ¡Se trata de la maldita sirena! —masculló Juan para sus adentros!...¡que la apaguen por Dios! ¡O este perro…!—
Aproximadamente 2 ó 3 calles después y en unas décimas de segundo, la bestia negra se levantó sobre sus patas y de un pequeño impulso se elevó sobre si mismo, mordiéndole con inusitada rabia y furia su delgado cuello. Jamás le soltó. Exactamente 3 minutos después llegaron los bomberos.
el subte:
Sección: Leyendas Urbanas | Votos: 204 | Puntos: 1679 | Ver Comentarios: 17
Votar Relato 10987654321
Mito I:
En Capital Federal, mas precisamente en Congreso, en la línea “A” del Subterráneo, se corre una leyenda urbana conocida como “La Media Estación”
Entre las estaciones Pasco y Alberti, corre un rumor que habla de que cuando se apagan las luces del subte, muchas personas han visto una misteriosa estación más. Pero, no es cualquier estación, esta tiene compañía, dos obreros que formaron parte de los trabajadores empleados en la construcción de esa línea. Sentados en el andén, miran pasar a los viajantes. Pero, hay un detalle, ellos están muertos, fallecieron a causa de un desprendimiento del terreno. Según dicen las autoridades del Subte, el terreno no daba y tuvieron que realizar las estaciones de esa manera.
Las obras de creación de las estaciones en su mayoría habrían estado realizadas por trabajadores inmigrantes. Se dice que los que fallecieron durante el derrumbe eran inmigrantes italianos; no extrañaría por eso que no haya datos de los mismos y que nadie haya reclamado nada…
El arquitecto que estuvo a cargo de la obra, se dice que oculto todo bien, como para que no haya sospechas…
Según las personas que dicen haber visto la “media estación”, todas coinciden en lo mismo… Estaban atravesando un pésimo momento sentimental… Será que la carga negativa de las personas atraerá a las entidades del lugar ¿?
Mito II:
Otra historia de aparecidos tiene como escenario el tramo comprendido entre las estaciones Alberti y Pasco, aunque su figura central esta vez es una extraña mujer en traje de novia. Cuentan los dichos que se trata del fantasma de una joven a la que su prometido abandonó ante el altar, circunstancia por la cual la muchacha habría salido intempestivamente de la iglesia y se habría arrojado a las vías del tren. Otra versión, más romántica aún, señala que la ceremonia del casamiento se realizó pero al tratarse de una unión concertada por los padres de los novios, la muchacha prefirió suicidarse al salir de la iglesia antes de contrariar su propia voluntad.
Mito III:
Otra de las historias cuenta que un antiguo operario de la estación Sáenz Peña concurrió a los sanitarios en horas de servicio y encontró en ellos a un hombre degollado sobre un charco de sangre. De inmediato el atribulado empleado dio el alerta al personal de seguridad de la estación, quien acudió rápidamente a inspeccionar el lugar, encontrando el sitio en perfectas condiciones y sin ningún rastro de violencia. El veredicto fue unánime: se trataba de una alucinación. Al día siguiente, volvió a repetirse la situación, aunque el protagonista fue esta vez otro empleado. Durante largo tiempo, muchos fueron los trabajadores que afirmaban haber visto al degollado en el baño de esa estación.
leviatan:
La leyenda de una gran serpiente marina, es una de las más conocidas del folklore marino. Se supone que el Leviatán hebreo, que aparece en la Biblia, es esta serpiente mitológica.
Este monstruo marino figura en varios pasajes bíblicos. En el libro apócrifo de Enoc, es mencionado como una hembra que vive en el abismo, sobre el manantial de las aguas.
El Leviatán aparece en el Génesis, donde aparece una hembra y un macho, y Dios mató a la hembra, para evitar que procrearan, pues nadie podría detenerlos. También figura en el libro de Isaías.
En el Talmud, también es mencionado, en el Avoda Zara.
La leyenda habla sobre el banquete posterior al Armagedón, donde el caparazón de esta criatura, será servido como comida junto al Behemoth y el Ziz.
También se lo puede identificar con el mar en sí mismo, y sus contrapartidas, Behemoth, la tierra, y Ziz, el espacio y el aire.
Algunas leyendas judías, consideran al Leviatán como un dragón andrógino, que habría seducido a Adán y a Eva, tomando alternadamente formas femenina y masculina.
El cristianismo lo identifica con un demonio, en algunos casos, lo asocian con el monstruo Rahab.
Las leyenda bíblica podría tener origen en una leyenda canaanita, que habla de la confrontación entre Hadad (Baal) y un monstruo marino de siete cabezas, al que derrota.
También recuerda a la creación babilónica de Enuma Elish, donde el dios tormenta Marduk, mata a su madre (Tiamat, diosa del caos y la creación representada por un monstruo marino), y crea la tierra y los cielos con las dos mitades de su cuerpo.
El temor del hombre hacia los monstruos marinos es generalizado. Las serpientes marinas gigantes han atemorizado a los marinos desde la antigüedad.
Avistamientos de monstruos marinos y la leyenda del Leviatán:
Olaus Magnus, un arzobispo de Uppsala (Suecia) del siglo XVI, describía a la serpiente marina como un animal de 60m de largo y 6m de ancho, color negro, con escamas filosas y pelo en el cuello. La consideraba muy peligrosa, como un presagio de desastres.
Hans Egede, un misionero noruego, testificó la visión de un monstruo marino en las costas de Groenlandia, el 6 de julio de 1734. Así también, el obispo Eric Pontoppidan, de Bergen, publicó en 1752, un libro con relatos de avistamientos de serpientes marinas, una de las serpientes tenía cabeza gris, similar a la de un caballo y ojos y boca, negros, con una melena larga blanca. Detrás de la cabeza del monstruo, se divisaron ocho promontorios que sobresalían del agua, el cuerpo de la bestia se retorcía formando espirales.
Los marinos europeos identificaban al Leviatán como una ballena gigantesca y monstruosa, o una serpiente marina, que atacaba las naves, creando un torbellino en torno a ellas y devorándolas luego.
Hay quienes identifican al Leviatán con otras criaturas marinas de la mitología, como los Nafa de siete cabezas, de la mitología de Oriente Medio.
Los testimonios más confiables son los pertenecientes a embarcaciones de guerra, como el buque británico HMS Daedalus, que en 1848, protagonizó el avistamiento de una serpiente marina, que los científicos de la época atribuyeron a un plesiosaurio, o ictiosaurio, o cualquier reptil gigante que pudiese haber sobrevivido.
El 15 de mayo de 1833, cuatro oficiales británicos y un intendente militar, vieron una serpiente de cerca de 24m de largo, mientras pescaban. La serpiente nadaba a unos 180m del sitio donde se encontraban, en Mhone Bay, a unos 65km de Halifax, en Nueva Escocia.
y para escuchar con voz aqui:
http://www.pasarmiedo.com/audiorelatos_de_miedo.php
enterrada viva:
Mi madre jura que esto que os voy a contar es cierto:
Mi tatarabuela, venía arrastrando durante algún tiempo una horrible enfermedad que finalmente, y a pesar de su fortaleza, le logró arrebatar la vida después de un intenso coma de varios días. Mi tatarabuelo, se sintió vacío, ni sus creencias lograron mantenerle firme en sus convicciones. Después de 50 años de matrimonio, su verdadero amor le había sido arrebatado. Aquella mujer que miró una vez pareciendo que se conocieran desde siempre se había ido para siempre. Con sólo mirarse a los ojos era suficiente para saber que pasaba por la cabeza del otro.
Después de que el médico pronunciara la palabra muerta, mi tatarabuelo insistía una y otra vez que no lo era. Tuvieron que apartarlo del cuerpo de su esposa para iniciar los preparativos de su entierro.
Aquellos días fueron especialmente duros para la familia, especialmente para mi tatarabuelo, tuvieron que retrasar los preparativos hasta tener un lugar donde dar descanso al cuerpo en el cementerio, y mientras, para interrumpir la descomposición del cadáver tuvieron que drenar los fluidos corporales y así mantener el cuerpo materialmente fresco.
Durante este desagradable proceso mi tatarabuelo protestó tan ferozmente que tuvieron que sedarlo y acostarlo en cama. Ese mismo día enterraron a su esposa.
Aquella noche se despertó de una horrible pesadilla, la escalofriante visión en la que aparecía su mujer, histérica, tratando de salir del ataúd lo levantó de la cama. Llamó inmediatamente al médico y le pidió que el cuerpo de su esposa fuera exhumado inmediatamente. El médico se negó.
Esta pesadilla perseguía noche tras noche a mi tatarabuelo, durante una semana sufría la misma visión.
Por fin, y después de muchos ruegos, el médico cedió y juntamente con las autoridades locales exhumaron el cuerpo. Al abrir el ataúd, el horror se apoderó de todos los allí presentes. Los dedos de las manos de mi tatarabuela ya no tenían uñas, se las había arrancado intentando salir de la caja, en el interior de la tapa podían verse las marcas de los arañazos.
Entonces creyeron a mi tatarabuelo. Tenía razón…
la llamada:
Domingo alrededor de las dos y media de la tarde. A Juan y Teresa se les presentaba un bonito día al levantar las persianas de salón de su casa baja, situada a las afueras de una ciudad mediana, cuando vieron aquel sol tan reluciente.
La pareja había estado cenando con unos amigos la noche anterior y se habían levantado de la cama muy tarde. Teresa deambuló por la casa sin rumbo fijo hasta despabilarse un poco y fue entonces cuando su estómago dijo: ¡hambre!, ¡comer!
Se dirigió a la nevera inmediatamente y enseguida vio algo precocinado y algunas sobras de la comida del sábado. Llamó a Juan, que estaba mirando la televisión en el saloncito, y le apremió a que viniera. Teresa cayó en la cuenta de que lo único que faltaba para aplacar su apetito era el pan, así es que mandó a su marido para comprarlo. Juan, a regañadientes, se puso el pantalón del chandal, una camiseta y su reloj y salió en su busca.
Juan era un tipo alto, delgado, más bien desaliñado, con gafas y de unos treintaytantos. Caminaba calle abajo a velocidad de crucero (para cualquiera de los demás mortales a paso rápido) y ya llevaría unos diez minutos así, cuando se dio cuenta que no sabía, con las prisas de su salida, a ciencia cierta que tipo de barra y cuantas debía comprar. Así que pensó en llamar a su mujer y confirmarlo para no meter la pata ni en un solo detalle ya que llevaban una temporada en que las cosas entre ellos andaban un poco tensas y saltaban chispas por cualquier tontería.
Juan, buscó inmediatamente en los dos únicos bolsillos que llevaba el chándal pero no llevaba el móvil, algo raro en el, ya que nunca se separaba del cacharro sobre todo por cuestiones de trabajo. El domingo, la juerga de la noche anterior y las prisas jugaron en su contra.
Alzó la vista y a poca distancia vio la plaza cuasi circular en la que había unos bancos para sentarse a descansar, árboles y dos o tres personas deambulando por allí. Además vio una cabina telefónica. Inmediatamente pensó en llamar a Teresa para que le confirmara el tema.
Metió la mano en su bolsillo derecho otra vez y saco su contenido: tres euros, lo cual era suficiente para el pan fuera cual fuese y también para la llamada.
Se acercó a la puerta de la antigua cabina telefónica, abrió la perta y de repente, como surgiendo de la nada y a galope tendido, se introdujo, sin mas, en la misma un animal enorme que, inmediatamente se sentó como pudo pegado a el. Era una bestia de unos 50 kilos. Negro zaino y de una raza que identificó enseguida como un inconfundible Rottweiler. Justo al mismo tiempo, ante la estupefacción y sorpresa del hombre por el acontecimiento, la puerta de la cabina se cerró para siempre.
Juan estaba desconcertado, pasaron unos tensos y angustiosos segundos y comenzó a reaccionar (o eso pensaba). Comenzó, como poseído a dar golpes a los cristales de la cabina, a gritar, a chillar…pero en rápidamente observó con pavor que no había ni un alma en la plazuela. Miró su reloj y eran las tres. Hora de comer y mas en domingo. Pero ¿y el dueño del perro? ¿De donde ha salido este animal? ¿Porqué ha entrado aquí?...estas cuestiones agobiantes pasaron en un segundo alrededor de su cabeza sin encontrar sentido ninguno ni respuesta alguna.
Entre tanto, el perro se mostraba cada vez más inquieto e impaciente a medida que Juan se alteraba cada vez mas y mas, era como si contagiara al animal su nerviosismo y desesperación por triplicado, hasta el punto en que se irguió sobre sus patas y le lanzó una mirada amenazante o tal vez de idéntica desesperación y confusión a Juan, al tiempo que enseñaba sus tremendos colmillos. Esto causó pavor en el hombre, que ál tiempo de comprender en cierto modo el comportamiento del animal, decidió calmarse un poco e intentar reflexionar. Así el Rottweiler se fue relajando poco a poco, hasta que por fin retornó a su posición original.
A los pocos segundos la lógica le indicó que introdujese la maldita moneda para llamar a su mujer. Pero no para consultar acerca del pan, sino para pedir ayuda. Marcó el número fijo de su casa porque no se acordaba del móvil de Teresa con los nervios y en pocos segundos esta contestó.
¿Si? —dijo ella—
¿Tere?, soy yo, soy yo (repitió), escúchame bien y no hables —contesto nervioso Juan— No te lo vas a creer, pero estoy atrapado en la cabina de la plaza, ¡no puedo salir! Y dentro tengo un perro enorme mirándome…Tere, no preguntes y llama a los bomberos, a la policía y a la perrera…¡corre por Dios!...no preguntes nada, ¡hazlo! —finalizó casi colgado ya el auricular—
¡Estoy alucinando Juan!, ¿Estas bien?...¿Oye?...¿Juan?
Había colgado el teléfono. Teresa, después de un momento de vacilación, no lo pensó más e hizo lo que su marido le dijo y exactamente por ese orden. Mientras, Juan, pegaba su cara contra el cristal de la cabina dando la espalda al animal, deseoso y desesperado por sentir la llegada de los bomberos. Se giró un cuarto de vuelta y miro al perro, el cual no le quitaba ojo, y le dijo pausadamente; —Tranquilo chico, pronto nos sacarán de aquí—. Ante lo cual el bicho pareció, tal vez, comprender en parte la angustiosa situación de impotencia por parte de ambos y agachó las orejas en señal de asentimiento.
Pasaron 10 minutos de tensa espera y de repente el Rottweiler comenzó a inquietarse.
Al principio era solo un ligero movimiento de cabeza y una inusitada atención dirigida hacia una dirección concreta. Instantes después se incorporó como pudo, casi aplastando a Juan contra el cristal y comenzó a gruñir y a ensenar sus incisivos mirando al hombre a los ojos. Juan no comprendía este cambio de actitud tan repentino y aparentemente violento del animal. El perro alzaba su enorme cabeza y estiraba sus orejas con el paso de los segundos. En un minuto Juan comenzó a escuchar una sirena, sin duda de los bomberos, aún en la lejanía. ¡Se trata de la maldita sirena! —masculló Juan para sus adentros!...¡que la apaguen por Dios! ¡O este perro…!—
Aproximadamente 2 ó 3 calles después y en unas décimas de segundo, la bestia negra se levantó sobre sus patas y de un pequeño impulso se elevó sobre si mismo, mordiéndole con inusitada rabia y furia su delgado cuello. Jamás le soltó. Exactamente 3 minutos después llegaron los bomberos.
el subte:
Sección: Leyendas Urbanas | Votos: 204 | Puntos: 1679 | Ver Comentarios: 17
Votar Relato 10987654321
Mito I:
En Capital Federal, mas precisamente en Congreso, en la línea “A” del Subterráneo, se corre una leyenda urbana conocida como “La Media Estación”
Entre las estaciones Pasco y Alberti, corre un rumor que habla de que cuando se apagan las luces del subte, muchas personas han visto una misteriosa estación más. Pero, no es cualquier estación, esta tiene compañía, dos obreros que formaron parte de los trabajadores empleados en la construcción de esa línea. Sentados en el andén, miran pasar a los viajantes. Pero, hay un detalle, ellos están muertos, fallecieron a causa de un desprendimiento del terreno. Según dicen las autoridades del Subte, el terreno no daba y tuvieron que realizar las estaciones de esa manera.
Las obras de creación de las estaciones en su mayoría habrían estado realizadas por trabajadores inmigrantes. Se dice que los que fallecieron durante el derrumbe eran inmigrantes italianos; no extrañaría por eso que no haya datos de los mismos y que nadie haya reclamado nada…
El arquitecto que estuvo a cargo de la obra, se dice que oculto todo bien, como para que no haya sospechas…
Según las personas que dicen haber visto la “media estación”, todas coinciden en lo mismo… Estaban atravesando un pésimo momento sentimental… Será que la carga negativa de las personas atraerá a las entidades del lugar ¿?
Mito II:
Otra historia de aparecidos tiene como escenario el tramo comprendido entre las estaciones Alberti y Pasco, aunque su figura central esta vez es una extraña mujer en traje de novia. Cuentan los dichos que se trata del fantasma de una joven a la que su prometido abandonó ante el altar, circunstancia por la cual la muchacha habría salido intempestivamente de la iglesia y se habría arrojado a las vías del tren. Otra versión, más romántica aún, señala que la ceremonia del casamiento se realizó pero al tratarse de una unión concertada por los padres de los novios, la muchacha prefirió suicidarse al salir de la iglesia antes de contrariar su propia voluntad.
Mito III:
Otra de las historias cuenta que un antiguo operario de la estación Sáenz Peña concurrió a los sanitarios en horas de servicio y encontró en ellos a un hombre degollado sobre un charco de sangre. De inmediato el atribulado empleado dio el alerta al personal de seguridad de la estación, quien acudió rápidamente a inspeccionar el lugar, encontrando el sitio en perfectas condiciones y sin ningún rastro de violencia. El veredicto fue unánime: se trataba de una alucinación. Al día siguiente, volvió a repetirse la situación, aunque el protagonista fue esta vez otro empleado. Durante largo tiempo, muchos fueron los trabajadores que afirmaban haber visto al degollado en el baño de esa estación.
leviatan:
La leyenda de una gran serpiente marina, es una de las más conocidas del folklore marino. Se supone que el Leviatán hebreo, que aparece en la Biblia, es esta serpiente mitológica.
Este monstruo marino figura en varios pasajes bíblicos. En el libro apócrifo de Enoc, es mencionado como una hembra que vive en el abismo, sobre el manantial de las aguas.
El Leviatán aparece en el Génesis, donde aparece una hembra y un macho, y Dios mató a la hembra, para evitar que procrearan, pues nadie podría detenerlos. También figura en el libro de Isaías.
En el Talmud, también es mencionado, en el Avoda Zara.
La leyenda habla sobre el banquete posterior al Armagedón, donde el caparazón de esta criatura, será servido como comida junto al Behemoth y el Ziz.
También se lo puede identificar con el mar en sí mismo, y sus contrapartidas, Behemoth, la tierra, y Ziz, el espacio y el aire.
Algunas leyendas judías, consideran al Leviatán como un dragón andrógino, que habría seducido a Adán y a Eva, tomando alternadamente formas femenina y masculina.
El cristianismo lo identifica con un demonio, en algunos casos, lo asocian con el monstruo Rahab.
Las leyenda bíblica podría tener origen en una leyenda canaanita, que habla de la confrontación entre Hadad (Baal) y un monstruo marino de siete cabezas, al que derrota.
También recuerda a la creación babilónica de Enuma Elish, donde el dios tormenta Marduk, mata a su madre (Tiamat, diosa del caos y la creación representada por un monstruo marino), y crea la tierra y los cielos con las dos mitades de su cuerpo.
El temor del hombre hacia los monstruos marinos es generalizado. Las serpientes marinas gigantes han atemorizado a los marinos desde la antigüedad.
Avistamientos de monstruos marinos y la leyenda del Leviatán:
Olaus Magnus, un arzobispo de Uppsala (Suecia) del siglo XVI, describía a la serpiente marina como un animal de 60m de largo y 6m de ancho, color negro, con escamas filosas y pelo en el cuello. La consideraba muy peligrosa, como un presagio de desastres.
Hans Egede, un misionero noruego, testificó la visión de un monstruo marino en las costas de Groenlandia, el 6 de julio de 1734. Así también, el obispo Eric Pontoppidan, de Bergen, publicó en 1752, un libro con relatos de avistamientos de serpientes marinas, una de las serpientes tenía cabeza gris, similar a la de un caballo y ojos y boca, negros, con una melena larga blanca. Detrás de la cabeza del monstruo, se divisaron ocho promontorios que sobresalían del agua, el cuerpo de la bestia se retorcía formando espirales.
Los marinos europeos identificaban al Leviatán como una ballena gigantesca y monstruosa, o una serpiente marina, que atacaba las naves, creando un torbellino en torno a ellas y devorándolas luego.
Hay quienes identifican al Leviatán con otras criaturas marinas de la mitología, como los Nafa de siete cabezas, de la mitología de Oriente Medio.
Los testimonios más confiables son los pertenecientes a embarcaciones de guerra, como el buque británico HMS Daedalus, que en 1848, protagonizó el avistamiento de una serpiente marina, que los científicos de la época atribuyeron a un plesiosaurio, o ictiosaurio, o cualquier reptil gigante que pudiese haber sobrevivido.
El 15 de mayo de 1833, cuatro oficiales británicos y un intendente militar, vieron una serpiente de cerca de 24m de largo, mientras pescaban. La serpiente nadaba a unos 180m del sitio donde se encontraban, en Mhone Bay, a unos 65km de Halifax, en Nueva Escocia.
y para escuchar con voz aqui:
http://www.pasarmiedo.com/audiorelatos_de_miedo.php