Texto de Carlos Caballero Jurado
En el aspecto puramente militar, la Guerra Civil española se desarrolló, en cuanto a tácticas de combate, a medio camino entre las experiencias de la Primera Guerra Mundial y las puestas en práctica en la Segunda. Casi todos los países Europeos aplicaron sus enseñanzas, acertadas o erróneas, en el conflicto siguiente.
Soldados italianos del bando sublevado sirviendo un cañón en la batalla de Guadalajara.
La principal novedad táctica fue el empleo de blindados y, sobre todo, de la aviación como apoyo al avance de la infantería. Esta última seguía siendo el elemento primordial para la conquista y ocupación efectiva del terreno, objetivo que no podían realizar por sí solas las dos armas anteriores, modernas pero insuficientes.
El conflicto español se libró usando armamento obsoleto. Sin embargo, algunas potencias como la U.R.S.S., Italia o Alemania, desplegaron parte de sus armas más modernas (aviones de caza y bombardeo, cañones, tanques) con la intención de probarlas en condiciones de campaña y mejorar su empleo y tácticas.
Al observar que tanto Italia como Alemania utilizaron en España tanques livianos, muy inferiores a los soviéticos y fácilmente destruidos o inutilizados por los cañones antitanque, Francia saco la equivocada conclusión de que podía contar con cierta seguridad en el futuro. Los generales franceses promovieron una contienda defensiva. El coronel De Gaulle, promotor de la creación de grandes unidades blindadas, para ofensivas veloces y batallas de cerco, no encontró nunca el respaldo necesario.
Bombardeo de Guernica, el 26 de abril de 1937.
En España ambos bandos nunca usaron un alto número de tanques en una gran ofensiva, salvo en la batalla de Brunete, donde se emplearon más de cien. Sin embargo, la infantería no siguió de cerca a los carros de combate, con lo cual no sirvió como ejemplo de las nuevas tácticas. Esto si lo hicieron los republicanos en Teruel.
Gran Bretaña tampoco extrajo conclusiones realistas. Su principal tratadista militar, el capitán Liddel Hart, reiteró en sus artículos del Times que la defensiva tendría clara preeminencia sobre la ofensiva.
Por su parte la URSS tomó muy en serio las lecciones. Los mandos militares soviéticos consideraron que las tácticas empleadas eran una muestra fiable y válida de las guerras futuras. El principal teórico sobre el empleo ofensivo de blindados en ataques en profundidad, el mariscal Tujachevsky, fue eliminado en 1937 en las primeras purgas estalinistas, seguido por la flor y nata del generalato y la oficialidad rusa. La muy avanzada y certera doctrina Tujachevsky sobre el uso de grandes unidades blindadas fue abandonada, optándose por una desacertada dispersión de los tanques en pequeñas unidades a lo largo de toda la frontera occidental.
Para el generalato, lo que imperaría sería una guerra eminentemente defensiva, como la de 1914-1918. Se pensaba que erróneamente que unas fuerzas propias menores, bien establecidas en posiciones defensivas, podían resistir ilimitadamente a las fuerzas ofensivas del enemigo, sufriendo además una cantidad mucho menor de bajas.
Voluntarios alemanes de la Legión Cóndor.
El blindado soviético T26, aunque demostró sobradamente en España su superioridad sobre los Panzer I alemanes o las tanquetas Ansaldo italianas, reveló también ciertas carencias. Por añadidura, muchas unidades habían sido capturadas por el enemigo, nutriendo al ejército de Franco, o habían sido examinadas por técnicos alemanes. El T26 ya no tenía secretos para Berlín, por ello Stalin ordeno la producción del T34 que se convertiría en la espina dorsal del ejército soviético en el futuro.
Se limitaron a experimentar algunas de sus mejores armas. Las operaciones con blindados fueron siempre a una escala muy pequeña como para pretender ser un precedente de las importantes ofensivas posteriores en Europa. Los Panzer I sirvieron también para entrenar tripulaciones, pero los modelos posteriores no pisaron suelo Español durante la guerra.
El carguero soviético Kursk desembarcando material militar para la República en el puerto de Alicante.
En el aspecto puramente militar, la Guerra Civil española se desarrolló, en cuanto a tácticas de combate, a medio camino entre las experiencias de la Primera Guerra Mundial y las puestas en práctica en la Segunda. Casi todos los países Europeos aplicaron sus enseñanzas, acertadas o erróneas, en el conflicto siguiente.
Soldados italianos del bando sublevado sirviendo un cañón en la batalla de Guadalajara.
La principal novedad táctica fue el empleo de blindados y, sobre todo, de la aviación como apoyo al avance de la infantería. Esta última seguía siendo el elemento primordial para la conquista y ocupación efectiva del terreno, objetivo que no podían realizar por sí solas las dos armas anteriores, modernas pero insuficientes.
El conflicto español se libró usando armamento obsoleto. Sin embargo, algunas potencias como la U.R.S.S., Italia o Alemania, desplegaron parte de sus armas más modernas (aviones de caza y bombardeo, cañones, tanques) con la intención de probarlas en condiciones de campaña y mejorar su empleo y tácticas.
Al observar que tanto Italia como Alemania utilizaron en España tanques livianos, muy inferiores a los soviéticos y fácilmente destruidos o inutilizados por los cañones antitanque, Francia saco la equivocada conclusión de que podía contar con cierta seguridad en el futuro. Los generales franceses promovieron una contienda defensiva. El coronel De Gaulle, promotor de la creación de grandes unidades blindadas, para ofensivas veloces y batallas de cerco, no encontró nunca el respaldo necesario.
Bombardeo de Guernica, el 26 de abril de 1937.
En España ambos bandos nunca usaron un alto número de tanques en una gran ofensiva, salvo en la batalla de Brunete, donde se emplearon más de cien. Sin embargo, la infantería no siguió de cerca a los carros de combate, con lo cual no sirvió como ejemplo de las nuevas tácticas. Esto si lo hicieron los republicanos en Teruel.
Gran Bretaña tampoco extrajo conclusiones realistas. Su principal tratadista militar, el capitán Liddel Hart, reiteró en sus artículos del Times que la defensiva tendría clara preeminencia sobre la ofensiva.
Por su parte la URSS tomó muy en serio las lecciones. Los mandos militares soviéticos consideraron que las tácticas empleadas eran una muestra fiable y válida de las guerras futuras. El principal teórico sobre el empleo ofensivo de blindados en ataques en profundidad, el mariscal Tujachevsky, fue eliminado en 1937 en las primeras purgas estalinistas, seguido por la flor y nata del generalato y la oficialidad rusa. La muy avanzada y certera doctrina Tujachevsky sobre el uso de grandes unidades blindadas fue abandonada, optándose por una desacertada dispersión de los tanques en pequeñas unidades a lo largo de toda la frontera occidental.
Para el generalato, lo que imperaría sería una guerra eminentemente defensiva, como la de 1914-1918. Se pensaba que erróneamente que unas fuerzas propias menores, bien establecidas en posiciones defensivas, podían resistir ilimitadamente a las fuerzas ofensivas del enemigo, sufriendo además una cantidad mucho menor de bajas.
Voluntarios alemanes de la Legión Cóndor.
El blindado soviético T26, aunque demostró sobradamente en España su superioridad sobre los Panzer I alemanes o las tanquetas Ansaldo italianas, reveló también ciertas carencias. Por añadidura, muchas unidades habían sido capturadas por el enemigo, nutriendo al ejército de Franco, o habían sido examinadas por técnicos alemanes. El T26 ya no tenía secretos para Berlín, por ello Stalin ordeno la producción del T34 que se convertiría en la espina dorsal del ejército soviético en el futuro.
Se limitaron a experimentar algunas de sus mejores armas. Las operaciones con blindados fueron siempre a una escala muy pequeña como para pretender ser un precedente de las importantes ofensivas posteriores en Europa. Los Panzer I sirvieron también para entrenar tripulaciones, pero los modelos posteriores no pisaron suelo Español durante la guerra.
El carguero soviético Kursk desembarcando material militar para la República en el puerto de Alicante.