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La verdad es un arma de doble filo


La información, que puede ser usada para el bien de la humanidad, puede ser usada también para fines egoístas. En el primer caso, eleva a quien la usa; en el último destruye. Vemos la evidencia de esto en toda profesión, en toda tarea, en el artista, el médico, el abogado, el comerciante y el político. Tenemos que estudiar sólo las facies (rostros) para convencernos.


La facie del médico homeópata que ha usado la gran verdad homeopática para el bien del hombre tiene una expresión benigna, mientras que el que ha contado primero cuánto le traerá ésta a su billetera tiene una facie taimada, de la cual los niños huyen. Ambos sonríen si tienen éxito; pero si fracasan, veremos del modo acentuado, dos tipos de expresión. Uno revelará paciencia y el otro profundas líneas de desengaño y odio.


Es importante conocer, cómo es que esta verdad puede volverse una fuerza que cambie la facie de un hombre. La verdad es tan poderosa que elevará a quien la usa para el bien del hombre y degradará al que la use en contra de sus congéneres. Acarrea consigo una penalidad si se la falsifica o se la usa con propósitos impropios.
Cuando uno atiende a una gran verdad, se dice a sí mismo que la verdad debería ser conocida por el mundo, o que puede ser usada para incrementar el bienestar.


La verdad primero se registra en la memoria y puede no llegar más lejos y pronto perderse, o puede ser admitida dentro del entendimiento y fluir dentro de la voluntad, y luego dentro de la vida. Este es el curso aplicado por la Divina Providencia cada vez que le da la verdad al hombre. Es así como éste la usa para el bien común y no para sí mismo. Cada vez que el hombre la pervierte, se destruye a sí mismo, pero cuando lleva a cabo el propósito de la verdad, vuelve sabio. La máxima aspiración del hombre es volverse sabio y la única manera de lograr sabiduría es hacer el bien para los demás.


La verdad entra primero en la mente por la vía de la memoria. Es inspeccionada por el entendimiento y éste establece si es verdad o falsedad o detrimento.
Si es aprobada, el entendimiento la admite en la cámara media, donde es atesorada para su uso.


Cuando la verdad homeopática es así admitida, el artista en curar, espera una oportunidad para confirmarla. Finalmente el paciente viene y la verdad es puesta de manifiesto, la ley y la doctrina acumulada es invocada, usada y confirmada como verdad. El paciente se recobra y está agradecido a su médico. El médico se deleita y sonríe. Muestra sobre su facie sus sentimientos más profundos; una lágrima viene a sus ojos y dice, “Bendito sea Hahnemann, Bendito sea Dios”.


Entonces es que tal verdad pasa del entendimiento a la voluntad _a los efectos_ y se revela sobre el rostro. Ahora la verdad se vuelve viva y puede mantenerse viva mientras el médico continúe usándola. Él, siente ahora su vida, la ama, la conoce y la recuerda. Si no la ama y la usa, no se transforma en sabiduría. Pero cuando la ama, ama usarla y por lo tanto aprende más de ella. Cuanto más la ama, mejor la conoce.


Si alguien conoce la ley, es porque la ama y la obedece. Si es más sabio que otros, es porque la ama más que otros, pero por el hecho del bien que ésta le hará a los hombres. Amarla por el bien que puede traerla a una mismo o amarla por egoísmo, cierra comprime, contrae y distorsiona el entendimiento y la expresión se vuelve taimada. Cualquier violación de la ley acarrea su propia penalidad.


Tiene un infortunio incalculable quien usa la verdad para glorificarse a sí mismo y enriquecer su billetera.
La verdad hará al hombre miserable o feliz. El hombre jamás es feliz excepto cuando está trabajando para los demás. El hombre es de lo más miserable cuando hace lo más para él, y la miseria se muestra en su cara.


Mirad al próspero miserable. Quien tiene más es más miserable. El hombre sabio está siempre feliz. Él, está desarrolla sabiduría mientras ama y es amado mientras adquiere conocimiento. En la expresión de todos los que viven para el amor de la raza humana hay paz, felicidad y contento.


Cuando el hombre no hace uso de lo que conoce, su entendimiento pronto expulsa esto, hacia la memoria y finalmente la memoria no lo retiene por mucho tiempo más. En el entendimiento se atesora sólo lo que es amado y usado.


El amor a la verdad por la verdad en sí de lo voluntario, se conjuga con un equivalente de la verdad del entendimiento; y ésta es la medida de la sabiduría de cualquier hombre.
El hombre ladino memoriza hechos, para usarlo cuando tiene ocasión, con el objeto de adquirir remuneración o fama y debe conocerse que es astuto en proporción éxito de su entendimiento. Esto no es sabiduría.


La sabiduría no puede ser reemplazada por el amor a la utilidad.
El amor, la sabiduría y su uso lo hacen a uno; y en la medida en que están en la vida de un hombre hacen al hombre, y mientras esté falto de éstos, falla pronto como ser humano.
Esto hace que el hombre exista con la imagen de Dios y cuando él hace que la verdad viva en él, se vuelve “realmente libre”.




del Libro HOMEOPATÍA - Escritos Menores Aforismos y Preceptos de James Tyler Kent - Editorial Albatros
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