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El cambio del poder (primera parte)


"El control del conocimiento es el punto capital de la lucha mundial por el poder que se entablará en todas y cada una de las instituciones humanas"

A. Toffler


Las estrategias del poder
Por María J. Regnasco


¿Qué es el poder? ¿Cuáles son sus formas y estrategias?
En primer lugar, debemos aclarar la diferencia entre el poder ejercido como dominio sobre los hombres, objetos o medios de producción, del poder como actualización de potencialidades.
Esta segunda aceptación del término remite al poder como creatividad, dirigida hacia los ámbitos del arte, la ciencia, la técnica, o bien como capacidad de aprendizaje.
También hay otras formas de entender el poder: el poder como servicio, como liderazgo, y el poder de autocontrol, - poder sobre uno mismo, en el sentido de poder hacer frente a las circunstancias, liderar un proyecto de vida de acuerdo a principios, y no dejarse arrastrar por intereses mezquinos -. (A estas formas de entender el término "poder" nos referiremos más adelante).
El poder como dominio es un factor presente en todas las sociedades con diferentes estratos sociales, en que se desata una lucha por controlar las fuentes de riqueza, los recursos y los medios de producción.
El uso de la violencia puede decidir los términos de esta lucha. Las guerras fueron una forma de apoderarse de territorios y de imponer tributos a los pueblos vencidos, como en el caso del Imperio Romano.
Pero la violencia no es el único recurso de ejercicio del control social. El dinero y el conocimiento también constituyen fuentes de poder.

La tríada del poder

Violencia, dinero y conocimiento constituyen la tríada del poder, y, en términos generales, están siempre presentes, pero según los períodos históricos, alguno de estos tres factores se transforma en el vehículo hegemónico de ejercicio del control social y del poder, y esta preeminencia no es caprichosa ni casual.
La violencia no siempre es explícita. El orden jurídico de todo Estado descansa sobre el ejército o la policía para hacer cumplir las leyes. El estado monopoliza la violencia en las sociedades modernas, donde ya no es lícito recurrir a la venganza personal, a los duelos y otras formas de dirimir conflictos propios de las sociedades pre-industriales.
La omnipresente amenaza de violencia oficializada en leyes y decretos es lo que hace exigible el cumplimiento de los contratos mercantiles y pone un margen a la delincuencia. En última instancia, la amenaza de violencia es la garantía del orden social.
Pero la violencia no es el único instrumento de poder, ni el más efectivo. En primer lugar, genera resistencia. El incapacitar al adversario para ofrecer resistencia es el objetivo de toda guerra, afirma C. von Clausewitz.01
Y no siempre la superior tecnología bélica es una condición de éxito en las batallas. La fuerza de la motivación es un factor decisivo, y ha permitido la victoria de ejércitos en situaciones sumamente desventajosas en armamentos, como en el célebre triunfo de los vietnamitas sobre los franceses en Dien-Vien-Phu, en 1954, y la pérdida de la guerra de Vietnam por los EE.UU. en 1970, a pesar del poderío militar de esa potencia.
Pero, como afirma Toffler, la principal debilidad de la fuerza o la violencia es su absoluta inflexibilidad. Sólo es posible utilizarla para castigar.02
El dinero o la riqueza es una herramienta de poder mucho más dúctil. Permite ofrecer recompensas en una amplia gama de gradaciones, formales e informales.
Cuando se comenzó a pagar un salario a los obreros se instaló una forma de control mucho más efectiva que el látigo con que se manejaba a los esclavos.
Sin embargo, el poder más efectivo es el que se deriva de la aplicación del conocimiento.
Como observa Toffler: "Se puede usar el conocimiento para hacer que a la otra parte le guste nuestro programa de actuación. Incluso se puede llegar a persuadir a la otra parte de que fue ella quien lo propuso".03
Usando de este modo el conocimiento como forma de control social, no sólo no se genera resistencia, como en el caso de la violencia, sino que las personas a las que se somete a un poder lo obedecerán por propia voluntad.
Se habrá logrado "desarmar" a los que se someten, sin necesidad de usar la fuerza ni ningún otro mecanismo de coacción. Como también afirman los estrategas, la mejor batalla es la que se gana sin lucha.
Al persuadir a quien se quiere manipular de que es él mismo quien propone lo que un sistema de poder exige, se llega también a la total invisibilidad de la dominación. Un poder que se oculta a sí mismo como sistema de dominio logra su efecto con el menor gasto de energía, sin generar resistencia. Al contrario, las personas estarán convencidas de que no hacen más que satisfacer sus deseos y seguir su voluntad.
Durante el siglo XX el sistema capitalista desarrolló estrategias de poder sumamente sutiles, invisibles, intangibles y totalmente internalizadas. La publicidad, el discurso mediático, los sistemas de crédito se articulan creando un nuevo tipo de sociedad: la sociedad de consumo, en que refinadas estrategias de persuasión y manipulación se enmascaran bajo la apariencia de la libre elección de los individuos.

Internalización de los dispositivos de poder

. La violencia es un poder exterior. Actúa sobre los cuerpos, no sobre la mente. Es totalmente visible y se puede identificar a quien la ejerce. Crea resistencia, no siempre es efectiva.
. El dinero es un poder menos visible. Actúa sobre la mente y sobre la voluntad. Las recompensas, los salarios altos, los premios, son bien recibidos. Es algo que, en general, en las sociedades industriales se desea poseer. Como forma de poder, está más interiorizado, es más difícil hacerle frente.
. Pero si el sistema de poder logra convencer a quienes somete de que éstos no hacen sino satisfacer sus propios deseos, no sólo seguirán complacientes los requerimientos del poder, sino que harán voluntariamente lo que el poder requiera de ellos. Quien puede manipular el deseo no necesita imponer obligaciones.
Se habrá logrado la máxima interiorización del poder, una forma de poder invisible, por completo disimulada.
Es fácil para el esclavo identificar el poder del amo. Pero cuando los dispositivos de poder se han interiorizado de tal forma, hace falta una toma de distancia, reflexión crítica y dominio de sí para ejercer una auténtica libertad. La libertad exige así lucidez y voluntad, a fin de desactivar los mecanismos sutiles de persuasión que nos envuelven diariamente.

La hegemonía de la violencia

A partir de las sociedades agrícolas, en la medida en que se comienzan a acumular granos, animales domésticos y otros bienes, la sociedad comienza a dividirse en clases sociales. Surge entonces la cuestión acerca de quiénes controlarán las riquezas producidas y su distribución en la sociedad.
La formación de una clase política, de un Estado, exige al mismo tiempo la construcción de códigos jurídicos, de normas contractuales, y genera formas de control social a través de las cuales se ejercerá el poder. En sociedades en que no hay circulación monetaria, salvo en ciertos segmentos de la población como los mercaderes, la forma más frecuente de ejercicio del poder es por medio de la violencia.
El temor es entonces la motivación principal de la obediencia.
Con el fin de que la violencia se transforme en el lenguaje del poder, el castigo debía hacerse público, para que su efecto ejemplarizador actuara también sobre los posibles infractores.
En estas sociedades, el poder está fuertemente personalizado y localizado. En el feudo medieval, el castillo del señor está en un lugar elevado, visible desde casi cualquier ángulo del territorio sometido a su poder, y todos saben quién es el que lo habita.
La violencia y el terror no son la única forma por la que estos señores ejercen el poder. También lo son la magnanimidad y la prodigalidad. En efecto, ningún orden social puede controlarse exclusivamente por la fuerza. La violencia nunca fue el único factor de poder en ninguna sociedad o Estado.
Así, por ejemplo, Maquiavelo (1469-1527), a comienzos del Renacimiento, aconseja al príncipe estos distintos modos de poder según las circunstancias.
Maquiavelo es consciente de la reacción que provoca la violencia en quienes la sufren, y en consecuencia, distingue entre "el uso bueno o malo de las crueldades". La crueldad está bien empleada, afirma, cuando se ejerce de una vez, para proveer la propia seguridad, y cuando no se insiste en la violencia por mucho tiempo, y está mal empleada cuando, aunque al principio sea poca, aumenta rápidamente en vez de disminuir.04
Por ello aconseja al príncipe que, al conquistar un Estado, "debe el ocupador pensar en todos los actos de rigor que es necesario hacer, y hacerlos todos de una sola vez, para no tener que renovarlos todos los días, y poder así tranquilizar a los hombres y ganárselos haciéndoles el bien".05
Y agrega: "Los actos de rigor se deben hacer todos juntos, a fin de que, habiendo menos distancia entre ellos, ofendan menos; en cambio los beneficios se deben hacer poco a poco, a fin de que se saboreen mejor".
En síntesis, Maquiavelo sabía que ningún Estado se puede gobernar exclusivamente mediante la violencia. Si bien la violencia permite llegar a la victoria, el solo recurso de la fuerza no es suficiente para conservarla.
Por ello, "ningún príncipe puede estar seguro si tiene al pueblo por enemigo, y si no tiene al pueblo de su lado, no tiene remedio en la adversidad.06 Y debe ser tenido por clemente y no por cruel, pero no debe usar mal esa clemencia".07
Estas observaciones de Maquiavelo, sin embargo, no invalidan la importancia que da al status guerrero del príncipe: "Un príncipe no debe tener otro objeto ni otro pensamiento, ni cultivar otro arte más que la guerra, el orden y la disciplina de los ejércitos, porque éste es el único arte que se espera ver ejercido por el que manda".08
Si no ejerce por sí mismo el oficio de las armas, lo acosan el menosprecio y el desprestigio. Y en la paz, continúa Maquiavelo, se debe ejercitar más que en la guerra. El salir de caza es una de las actividades mediante las cuales el príncipe "acostumbra el cuerpo a la fatiga, y por otra parte observa la naturaleza de los lugares y conoce cómo surgen los montes, cómo desembocan los valles, cómo yacen las llanuras y comprende la naturaleza de los ríos y de los lagos, en todo lo cual debe poner la mayor atención".
En este fragmento Maquiavelo pone de manifiesto otro componente de la tríada del poder: el factor conocimiento. Saliendo de caza, el príncipe aprende a conocer el propio país y adecuar mejor su defensa. El conocimiento del territorio es un factor crucial para disponer las tropas y dirigir las batallas.
Por ello también aconseja Maquiavelo al príncipe el estudio de la historia, examinar las causas de las victorias o derrotas, y también razonar en forma condicional sobre situaciones posibles: "Si los enemigos estuviesen en aquella colina y nuestro ejército en tal lugar, ¿de quién sería la ventaja?... Si tuviéramos que retroceder, ¿cómo tendríamos que hacerlo? 09
Maquiavelo se pregunta si vale más ser amado que temido, y responde: "se debe querer las dos cosas; pero, como es difícil conseguir ambas a la vez, es mucho más seguro ser temido primero que amado, cuando se tienen que carecer de una de las dos cosas".10
Maquiavelo antepone el temor al dinero como factor de poder, porque la gratitud de los hombres, según él, no es constante, en cambio "el temor se mantiene como un miedo al castigo que no abandona nunca a los hombres".11
Sin embargo, diferencia entre ser temido y ser odiado, y esto siempre que no pueda lograr ser amado, que sería el estado más perfecto.
Pero si quiere tener un ejército disciplinado, es necesario que "no se preocupe de la reputación de crueldad, sin la cual no podría manejar a sus soldados.12
Conclusiones:
De estas observaciones de Maquiavelo acerca del ejercicio del poder debemos destacar:
1 - Si bien en Maquiavelo, como también en su tiempo, el uso de la violencia está legitimado, Maquiavelo es consciente de su insuficiencia como único recurso para gobernar durante largo tiempo a un Estado.
Constantemente gradúa el uso de la violencia según las circunstancias, y si bien aconseja que, si se debe elegir con exclusividad, "es preferible ser temido que amado", nunca considera equivalente "ser temido" que "ser odiado", por lo que la violencia también deber ser limitada a lo estrictamente necesario.
2. - El príncipe es, primordialmente, guerrero, pero la guerra requiere del conocimiento: del territorio, de la historia, de la deducción lógica.
3 - No descarta el poder del dinero, pero considera a esta fuente de poder como inconstante, y la compara con el "temor al castigo", que está presente siempre entre los hombres.
Encontramos entonces en Maquiavelo, como representante del temprano Renacimiento, la tríada del poder, pero en un contexto histórico en que 1 - la violencia, el temor y la crueldad son los medios de poder hegemónicos, 2 - el poder de la violencia está legitimado, 3 - pero se reconoce la limitación de la violencia como factor exclusivo de poder.

Las transformaciones de la violencia

La fuerza, la riqueza y el conocimiento siguen siendo las principales herramientas de poder, pero es necesario ver de qué forma están cambiando.
El sistema agrícola que comenzó hace unos 10.000 años estaba impregnado de violencia. El látigo con que se controlaba el trabajo de los esclavos en los campos y en las minas era una forma aceptada de poder.
El capital era escaso, y no había economías "desarrolladas" a las que solicitar préstamos.
Entonces, pregunta Toffler, ¿de dónde salieron las primeras fortunas que financiaron las primeras industrias de la segunda ola?
Muchas de ellas, directa o indirectamente, habían sido conseguidas merced al pillaje, el saqueo y la piratería, los trabajos forzados de los indios en las minas de oro y plata, las enormes extensiones de terreno otorgadas por monarcas en retribución a guerreros y generales. "Estas acumulaciones de riqueza, manchadas de rojo sangre, fueron tornándose color de rosa, y más tarde se volvieron blancas como la nieve, a medida que fueron pasando de padres a hijos, durante tantas y tantas generaciones. Por Último, crearon aquellas primeras fundiciones de hierro, fábricas textiles, líneas de navegación y fábricas de relojes que empezaron a cobrar vida a fines del siglo XVII y principios del XVIII. La violencia siguió desempeñando un papel nada despreciable en la creación de riqueza en aquellas tempranas fábricas, cuando los niños eran obligados a trabajar a palos, literalmente atados a aquellas horribles máquinas, las mujeres, en las minas, brutalizadas o violadas, los hombres, resignados a fuerza de palizas".13
El uso de la fuerza para producir riqueza no terminó con el advenimiento de la máquina de vapor. La violencia se ha usado a escala verdaderamente monstruosa durante el siglo XX, desde la violencia intrínseca de los métodos taylorianos, de opresión temporal y embrutecimiento intelectual de miles de trabajadores, hasta la violencia represiva sobre los obreros que pretendían organizarse para luchar por sus derechos.
Esta violencia manifiesta no es lo normal en la actualidad. Pero, según Toffler, aunque las transacciones comerciales de la actualidad no entrañan violencia directa, no significa que la violencia haya desaparecido. La realidad es que la violencia ha sido objeto de un proceso de transformación y de ocultación.14
Con el paso del tiempo, las empresas, en vez de ejercer su propia violencia, han transferido esa función al gobierno. En todos los países industrializados, la violencia estatal reemplaza a la violencia privada.
El Estado monopoliza la violencia - policía y ejército.15 Cuando las corporaciones controlan políticamente al Estado, la línea que separa el ejercicio de los poderes privados y público es casi invisible.
Detrás de toda ley, buena o mala, encontramos el cañón de un arma. Se hace sentir "la fuerza de la ley".
La noción de economía libre del poder y de la violencia, en el contexto actual, afirma Toffler, es pueril.16
Pero se ha encontrado un instrumento mejor para controlar a las personas: el dinero.
Tanto las costumbres como las leyes reprimen el uso ostensible de la fuerza en el mundo moderno. El dinero, como hemos visto, no suprime la violencia: la enmascara. Como vehículo del poder, es más versátil y flexible: mientras la fuerza sólo puede ser utilizada para castigar, el dinero permite una gradación de premios y castigos.
El dinero no pudo convertirse en el principal instrumento de control social en épocas anteriores porque la inmensa mayoría de los seres humanos no formaba parte del sistema económico-monetario mundial, observa Toffler.
Tan pronto como las fábricas sustituyeron a las explotaciones agrarias, la gente no produjo ya sus propios alimentos y dependió desesperadamente del dinero par su supervivencia. Esa total dependencia del sistema económico, tan distinta de la propia producción, transformó todas las relaciones de poder.
La violencia no desapareció, lo que ocurrió es que su forma y su función cambiaron al pasar a ser el dinero la principal herramienta de control social desde la era industrial.
El cambio de poder, por lo tanto, no es sólo una transferencia de poder de una persona a otra, sino un cambio fundamental en la combinación de violencia, dinero y conocimiento usado por las clases dirigentes para mantener el control.

El poder del dinero - manipulación a través de la categoría de "mercancía"

La palabra "mercado" apareció por primera vez en la lengua inglesa durante el siglo XII y hacía referencia al espacio físico establecido de manera precisa para que vendedores y compradores intercambiaran bienes y ganado. A fines del siglo XVI11 el término ya se había desligado de cualquier tipo de referencia física y se utilizaba para describir el proceso abstracto de comprar y vender cosas. Es tan enorme la parte del mundo que está vinculada a las relaciones de mercado, que parecería que no podemos imaginar otra manera de estructurar los asuntos humanos. El mercado se ha convertido, de ser un proceso manejado por los hombres, a ser una fuerza omnipresente en nuestras vidas. Se ha autonomizado con referencia al control social, y hasta se ha antropomorfizado. Escuchamos con demasiada frecuencia que los mercados "están intranquilos", "están nerviosos", que hay que "mostrar signos de amabilidad" hacia ellos, porque, como los antiguos dioses, pueden enojarse y su furia es temible. Los mercados deponen gobiernos (acaban de impedir la asunción de Sonia Gandhi como primera ministra electa de la India), y en nuestro país tenemos varios ejemplos de su poder sobre la política.
No sólo se amplía la gama de productos que entran en el circuito de compra-venta, sino que cada vez más los diferentes espacios vitales se constituyen en mercancías. .
La salud, la educación, la cultura, que tradicionalmente eran espacios que cumplía la sociedad, y que configuran parte de los derechos humanos, entraron rápidamente a configurar la categoría de "mercancías".
Esta vorágine hace del mercado no sólo una instancia económica, sino una fuerza que tiende a arrastrarnos y a invadir todos los espacios de nuestra vida.
La mercantilización de la cultura no es algo nuevo. Para las culturas aborígenes, el arte era una expresión de la vida. La música, la danza, las expresiones plásticas (dibujos, esculturas) eran espacios en los que participaba toda la comunidad, que acompañaban a los rituales o a las labores cotidianas.
En la Edad Media, las pinturas, los vitraux y las esculturas de las catedrales tenían la función de acercar a personas analfabetas las historias religiosas.
Pero ya en el Renacimiento el arte es promovido por duques, príncipes y burgueses adinerados como una demostración de poder, opulencia y refinamiento.
Los grandes mecenas, los Médici, Ludovico Sforza, Francisco I, los Papas, se disputaban a los pintores y escultores. El arte comienza rápidamente a convertirse en mercancía, y en símbolo de poder y prestigio.
Van Gogh murió en la pobreza, pero sus cuadros se cotizan actualmente en el mercado del arte en millones de dólares.
El mercado no sólo compra y vende las obras de los artistas. Marca tendencias, dirige el gusto de los clientes y condiciona la creatividad de los artistas.
El artista plástico Gerardo Ramos Gucemas, español radicado en Tucumán, habla en estos términos del mercado de arte:
Si nos referimos al arte de éxito, absolutamente si,... es generalmente el mercado el que marca las pautas. ¿Pero a qué mercado nos referimos? Hay muchos niveles de mercado. Si hablamos del mercado llamado global, sin duda que determina las tendencias de actualidad. Improvisa artistas, los hace gigantes, los promociona a niveles espectaculares. Y los induce a seguir las pautas que garanticen éxito en las ventas. A grandes rasgos, esta dinámica es uno de los ingredientes que más les bajaron los niveles de calidad a las obras. Después de todo, para los mercados la obra es lo menos importante. Es más importante la imagen del artista excéntrico, "rebeldoso", pintoresco [...] El mercado no debe perder tiempo, así que presiona a los artistas para que vayan rápido. El éxito los espera. Y pocos artistas pueden escapara a eso, que por otro lado les reporta también a ellos ingentes beneficios.17
La mercantilización del espacio del arte marca una tendencia del capitalismo, la "universalización de la categoría de mercancía", que se va extendiendo desde la esfera productiva a la esfera total de la experiencia humana.

La experiencia humana, ¿una mercancía? 18


Actualmente la tendencia expansiva del mercado abarca también la comercialización del tiempo del ocio.
Se está realizando la transición a lo que los economistas llaman un "economía de la experiencia". Se trata de la mercantilización de cada fragmento de vida de cada persona, de tal manera que, en palabras de Rifkin, "la gente adquiere su misma existencia en forma de pequeños fragmentos comerciales".19 De manera creciente la vida personal se convertirá en una experiencia por la que se paga.
La industria cultural refleja la etapa final del modo de vida capitalista, cuya tendencia se dirige hacia la incorporación cada vez mayor de la actividad humana al terreno del comercio. La mercantilización del espacio de los productos del trabajo prosigue con la mercantilización del tiempo y de la dimensión de la vida humana.
Cuando cada vez mayor número de personas están inmersas en redes comerciales, suscripciones, cuotas,... todo el tiempo de vida se convierte en tiempo comercial.
Estas redes electrónicas están controladas por pocas y muy poderosas compañías multinacionales de medios, que son las propietarias de los canales de distribución, y que controlan gran parte de los contenidos culturales.

El dinero: poder virtual - proceso de fetichización

Esta economía global sustentada en redes electrónicas se ve impulsada por una tremenda aceleración en la innovación tecnológica. El ciclo de vida de los productos es cada vez más corto.
De tal modo, empresas como Intel trabajan simultáneamente en tres generaciones diferentes de microprocesadores. Mientras que una está todavía en producción, se prepara para la producción de la segunda generación de microprocesadores y se avanza en el diseño de la tercera generación.20
Las "economías de velocidad" configuran el nuevo paradigma económico. Esta economía se presenta en paquetes de información y en activos intelectuales. La economía aumenta su "inmaterialidad". Lo que hace el valor de un fármaco no es el material con que está hecho, sino el conocimiento tecno-científico que encierra.
También el dinero se hace cada vez más "intangible". De las pesadas monedas metálicas se pasó a los billetes, pagarés, tarjetas de crédito, convirtiendo al dinero en algo cada vez más móvil y más inmaterial.
En la economía cibernética circula cada día un volumen de dinero que supera los 1,9 billones de dólares cada dos semanas: "el producto mundial anual pasa por la red de Nueva York sin adquirir nunca forma concreta".21
La nueva forma intangible del dinero, señala Kurtzman 22, "no es sino un conjunto de unos y ceros, las unidades fundamentales de la informática, que se desplazan por las autopistas de fibra óptica, se remiten por los satélites, y van pasando de uno a otro centro repetidor de ondas", sin tomar alguna vez alguna forma material. El dinero se ha convertido en una sombra.
¿Sombra de qué? ¿Símbolo de qué?
El dinero debía tener algún respaldo en metálico, ya que no es más que un símbolo convencional de un capital que se supone real. Pero no es así.
El 15 de agosto de 1971, el presidente Richard Nixon puso fin a la relación entre dólar y reservas de oro, en el caso de Estados Unidos, las reservas de Fort Nox.
Desde entonces, el dólar circula sin ningún respaldo tangible del dinero en forma de oro.23
Esta economía intangible no podría existir sin las computadoras, de las que depende totalmente.
Como observa Toffler, si durante treinta segundos se detuvieran las computadoras del mundo, la economía colapsaría. El 90 % del dinero mundial se desmaterializa en forma de bits electrónicos, que se desplazan a la velocidad de la luz.
El capital está pasando a ser "supersimbólico": "El dinero de la Tercera Ola consiste, cada vez más, en impulsos electrónicos. Es evanescente,... se transfiere al instante y es supervisado en una pantalla de un terminal informático. En realidad, resulta casi un fenómeno visual en sí mismo. Parpadeando, destellando y zumbando de parte a parte del Planeta, el dinero de la tercera ola es información: la base del conocimiento"... Nuestra riqueza es una riqueza de símbolos. Y así también, en un grado sorprendente, es el poder que se basa en ella".24
El dinero, pues, es pura información, símbolo puro.'¿Cuál es su poder?
El poder primario del dinero era la cantidad de oro, o bien objetos valiosos o productos que directamente representaba. El dinero permitía comprar artículos necesarios para la vida, pero también objetos suntuarios símbolos de status, de opulencia y de poder económico.
También permitía el ahorro para inversiones futuras.
Pero una nueva forma de poder se añade paulatinamente: el crédito.
El crédito al consumo alcanzó popularidad por primera vez a partir de 1880. Un ciudadano norteamericano puede ir al centro de la ciudad con su cartera vacía y regresar a casa nadando en lujo.25
Ya para los años '20, los norteamericanos estaban ahogados en deudas. Se compra a crédito automóviles, lavarropas, heladeras...
Durante los años '50, con la introducción de la tarjeta de crédito se incrementó con mayor rapidez la deuda de los consumidores.
De acuerdo con un estudio realizado por la Federación de Consumidores de EE.UU., entre 56 y 60 millones de hogares tienen en su tarjeta de crédito una deuda de 6.000 dólares y pagan más de 1.000 dólares anuales en concepto de intereses y pagos sobre esa deuda.
La deuda también se acrecienta en las empresas, que han pasado de una deuda d 53.000 millones de dólares, a una deuda de 7,6 billones de dólares.
Pero lo más sorprendente es que las anexiones, privatizaciones, también s concretan con deudas.
En la imaginación de los argentinos, comenta Luís Maas26, las empresas que se disponen a invertir en un país llegan con una gigantesca bolsa llena de dinero. El realidad, llegan con una gigantesca bolsa llena de...deudas. Ninguna empresa, en ningún lugar del mundo, financia sus proyectos de inversión con capital propio en su totalidad.
El principal activo de una empresa es su capacidad de administrar un negocio que conoce bien, pero con el dinero de otros.
En Argentina, YPF, Aerolíneas, y otras empresas fueron privatizadas según esta tendencia.
En 1991 Aerolíneas Argentinas fue privatizada totalmente libre de deudas. Pero poco tiempo después, en los balances de la compañía aparecieron pasivos financieros por 800 millones de dólares. La deuda estaba garantizada con los propios aviones de Aerolíneas.
Entre 1991 y 1999, las deudas de empresas privatizadas pasaron de 984 millones de dólares a 17.555 millones de dólares, es decir, se multiplicaron por 18.
Este endeudamiento fue acompañado por una salida de fondos no menos considerable: en ese período, las empresas giraron al exterior 5.830 millones de dólares solamente en conceptos de intereses por sus deudas. Y también remitieron a sus casas matrices otros 7.500 millones en utilidades y dividendos. Otros 1.556 millones de dólares se fueron en conceptos de "servicios de gerenciamiento". En resumen, el egreso de capitales totalizó en ese período casi 15.000 millones de dólares.
Las empresas pronto descubrieron que todas las nuevas deudas que habían tomado para financiar sus inversiones en Argentina tenían una gran ventaja: los intereses de la deuda podían desgravarse de impuestos. Es decir, los pagos de intereses son considerados como cualquier otro costo, por ejemplo, alquileres, salarios o publicidad.
Los fondos de inversiones actúan de manera similar: cuando se disponen a comprar una empresa, consiguen inversionistas del exterior que aportan capital, y que algún banco les adelante una parte del precio de compra (crédito "puente" ). Una vez concretada la adquisición, emiten bonos a nombre de la empresa por una cantidad sustancial, e hipotecan sus bienes como garantía de pago del bono.
Así, mediante el flujo de fondos de la empresa adquirida se pagan los intereses, comisiones y honorarios, y cancelan el crédito-puente. En síntesis, compran una empresa en gran parte con el propio dinero de ella.
Estos ejemplos permiten ver el poder del dinero: es, en gran medida, un poder "virtual": el de acrecentarse a sí mismo.
En los comienzos de la economía monetaria se partió de la idea de que el dinero era un símbolo del intercambio: se venden mercaderías, y con el dinero obtenido se compran nuevos bienes y nuevas mercancías: el esquema de este intercambio sería:

. 1 - Mercancías => 2 - Dinero => 3 - Mercancías (M => D => M')

Pero con la creación de los bancos y la evolución de los préstamos a interés, compra y venta de acciones, tarjetas, etc., se llega a esta insólita fórmula: Dinero => más Dinero (D => más D') El dinero produce más dinero.
Se llega a la fetichización casi absoluta del símbolo. El dinero, de símbolo de riqueza, adquiere una realidad más poderosa que la producción de bienes: la capacidad de multiplicarse.
Para la mirada de los economistas, estas prácticas especulativas se registran como normales. Son legales, responden a la calculabilidad matemática, reportan beneficios.
Sin embargo, cabe preguntarse: ¿son racionales? ¿La racionalidad económica admite el absurdo hasta estos niveles? ¿Estos conceptos económicos se encuadran en el espacio de la ética? ¿Se puede identificar la ética con lo meramente legal? ¿Con qué criterio de racionalidad se formulan las leyes? ¿Tienen estas especulaciones financieras algo que ver con el bienestar social, o tenemos que aceptar que la economía es un espacio autónomo, a espaldas de las comunidades humanas?

La deuda externa

Estos interrogantes se mantienen abiertos cuando se examina el tema de la deuda externa.
Según Mario Rapoport, director del Instituto de Investigación de Historia Económica y Social de la UBA, la cuestión de la deuda soslaya las verdaderas zonas por las cuales los flujos de capitales llegan a un país.
Las causas deben situarse en los dólares que comienzan a circular en el mundo después de la ayuda económica que para Europa significa el Plan Marshall, en los eurodólares que provienen de los países del este, y los petrodólares que, desde 1973, aumentan la sobreabundancia de capitales en busca de mayor rentabilidad.
El capital, como sabemos, no puede permanecer ocioso. Si no circula, si no se reproduce, deja de funcionar como tal. El capital exige ser colocado, y los mercados financieros del tercer mundo aparecen como sitios ideales: el endeudamiento externo se convierte en una sofisticada herramienta para estructurar las economías periféricas de acuerdo a las necesidades de los países desarrollados.
Así, se colocan en América Latina excedentes financieros en coincidencia con las dictaduras de Videla y de Pinochet.
El FMI y el Banco Mundial incitan a los países del sur a tomar préstamos, aplicar políticas de ajuste y ejercer políticas aperturistas y de desregulación financiera.
Pero a fines de los años '80, se produce una segunda etapa de recesión en la economía mundial. Para hacer frente al déficit fiscal, la Reserva Federal de los EE.UU. promueve una suba significativa de las tasas de interés. De este modo, se vuelven a captar capitales del exterior para la economía estadounidense.
Estas medidas crean una serie de crisis en América Latina, al incrementar notablemente el endeudamiento externo, al tener que pagar intereses mucho mayores.
La deuda de los países periféricos es entonces funcional a los intereses de los capitales del norte. Se realiza con la conformidad de las clases dirigentes locales, y se convierte en la nueva forma de condicionamiento y de sujeción económicos.
Sin embargo, el tratamiento del problema de la deuda externa desde el marco de la economía no es el único posible. Entre algunos juristas se abre paso la idea de llevar el problema de la deuda externa a la Corte Internacional de la Haya, para que se expida sobre la legalidad de los montos exigidos.
Uno de los juristas que lideran esta corriente, el italiano Sandro Schipani, y el Decano de la Facultad de Derecho de la UBA, Atilio Alterini, han promovido este punto de vista, e incluso han visitado al Senado para informar a los legisladores.
La opción consiste en pedir una "opinión consultiva" al Tribunal Internacional sobre la legalidad de la deuda y sus onerosos intereses, de acuerdo con los principios del derecho, que, según los impulsores de esta iniciativa, han sido violados por los Estados más poderosos en detrimento de los deudores de los países más pobres.
La tesis es afirmada, desde 1984, por el embajador argentino Miguel Espeche Gil.
La opinión de la Corte Internacional sería vinculante para los organismos de las Naciones Unidas, el FMI y el Banco Mundial.
El Dr. Schipani recuerda que la reserva Federal "aumentó unilateralmente las tasas para la deuda externa, que en 1980 pasaron del 6 al 22 %". Los esfuerzos para pagar la deuda, afirma, impide a los gobiernos atender las necesidades básicas de sus pueblos.
El Dr. Alterini, autor de un documento con ideas similares y firmado por 30 juristas argentinos, considera que si las tasas se hubieran mantenido, "la deuda se habría terminado de pagar en 1998". Pero en cambio, se piden nuevos préstamos para pagar los intereses, por lo que el monto adeudado no deja de crecer.
Senadores de distintos partidos dieron en esa oportunidad su apoyo. Por otra parte, la deuda comenzó durante la dictadura, cuando el FMI y otros organismos y gobiernos del norte seguían prestando dinero, con la complicidad del establishement, pese a la violación de los derechos humanos. Por otra parte, tal como consta en la Constitución, es el Congreso quien debe tomar el control de las negociaciones.27
También el prestigioso catedrático italiano Víctor Uckman, profesor de derecho tributario en la Universidad Bocconi, de Milán, se pronuncia en este sentido: Primero: creo que antes que nada - afirma - hay que hacer una investigación desde el punto de vista constitucional. La Constitución argentina ampliamente dispone que los préstamos desde el exterior deben ser aprobados por el Congreso. Algo justo porque la deuda puede llevar a situaciones de sumisión y servidumbre. Al principio los préstamos fueron aprobados por el Congreso, pero no me consta que los últimos préstamos hayan sido aprobados".28
El profesor Uckman considera que hay que modificar también el artículo 9 del estatuto del FMI, que excluye cualquier tipo de jurisdicción sobre este organismo.
Es posible, sin embargo, que un tratamiento de la deuda desde la perspectiva jurídica no tenga la suficiente fuerza para imponerse si es presentada por un solo país. Haría falta un acuerdo multilateral de países deudores para poder impulsar un cambio de perspectiva.
Pero es importante advertir que nunca hay un solo camino posible para resolver los problemas, que existen alternativas. Pero se necesita un cambio en la dirección de la mirada para advertir, en muchos casos, que la irracionalidad, la injusticia y la prepotencia toman la forma de procedimientos contables o de normas legales aceptados sin critica Es necesario un esfuerzo de toda la ciudadanía, y no sólo de los funcionarios, para comenzar a elaborar propuestas que recuperen la justicia y la racionalidad.

Criterios de legitimación

Como hemos visto, la tríada del poder, (fuerza, dinero y conocimiento), configuran desde la primera ola los resortes de las estrategias de dominación, pero, de acuerdo al desarrollo de las fuerzas productivas de cada período económico, hay un factor hegemónico que se destaca, sin invalidar a los dos restantes.
En la época agraria, de escasa circulación monetaria, la fuerza es un factor preponderante, y está legitimada.
La legitimación del poder es un factor primordial. Ningún poder puede desarrollar la totalidad de su potencial si no se legitima. Esto ocurre cuando el espacio del poder se recubre bajo la forma del espacio del derecho.
La legitimación también sufrió una transformación: en los antiguos imperios y monarquías, la legitimación del poder del monarca se basaba en la creencia de que éste era un representante de la divinidad en la Tierra. Su poder derivaba de la delegación del poder de Dios. La coronación del monarca se realizaba en las iglesias, y el mismo Papa, o el obispo de mayor jerarquía era el encargado de colocar la corona en la cabeza del rey, como símbolo de esta delegación del poder divino en el cuerpo del monarca. El poder se encarnaba en el cuerpo del rey, lo que legitimaba a su vez la delegación del poder a su descendencia.
Con el advenimiento de la modernidad, la legitimación se seculariza. El derecho divino da lugar a un derecho laico: el poder se considera emanando del derecho natural o de la racionalidad. La ideología liberal elabora desde el siglo XVII los argumentos por los que se legitiman el derecho de propiedad, los principios de la representatividad política y los derechos civiles de los ciudadanos. Pero también se construyen estrategias de legitimación del poder colonial.

El poder en la era de la información: el poder del conocimiento

Desde la segunda ola la economía industrial requiere telares, máquinas, motores, sistemas automatizados como la línea de montaje, sistemas de producción de energía, la máquina de vapor, la electricidad, etc. Esta exigencia creciente impulsa el acelerado desarrollo no sólo de técnicas, sino del andamiaje teórico de la ciencia, que desde el siglo XVII revoluciona los conceptos de espacio, de tiempo, de materia, de causalidad, en coherencia con los requerimientos del sistema industrial.
En efecto, la física galileo-newtoniana reemplaza la concepción jerarquizada y cualitativa del tiempo y del espacio de la física aristotélico-escolástica por una concepción del espacio y del tiempo lineal, homogéneo, matemáticamente divisible, cuantificable y cronometrable. De este modo proporciona a la naciente sociedad industrial la llave de la automatización de la fábrica y del aumento de la productividad. La administración científica de Taylor aplicará estos criterios a la división del trabajo, a la adaptación de los movimientos del obrero a los ritmos de las máquinas y al control jerárquico de la organización.
Taylor perfecciona las tendencias inscriptas en la producción, que desde el siglo XVII avanzaba sobre la división del trabajo, ya presente en la famosa fábrica de alfileres de la que habla Adam Smith en La riqueza de las naciones.
Pero Taylor también explícita el sistema de poder implícito en estos métodos: se trata de centralizar y concentrar el poder de decisión en la cúpula gerencial de la administración, y neutralizar cualquier indicio de iniciativa, inteligencia, creatividad o voluntad en los obreros. La mente del obrero debía quedar en la puerta de la fábrica. El resultado fue la automatización total de los trabajadores, el embrutecimiento y la deshumanización de miles de hombres y mujeres, situación ya denunciada por Adam Smith, Marx, y también por escritores, como Dickens.
El conocimiento científico-técnico presente en la producción, como vemos, da lugar a nuevas formas de control social.
En la tercera ola, el factor conocimiento no se limita a máquinas y motores. La competitividad y la saturación creciente de los mercados exigen la aceleración de la producción, y la transnacionalización de la economía requiere de sistemas de comunicación instantáneos. La nueva economía no sería posible, por consiguiente, sin el desarrollo de la informática. Ambas instancias, economía de avanzada e informática, se potencian en una dialéctica en que cada una de ellas es a la vez producto y productora de la otra.
Como observa Toffler: "La economía avanzada no podría funcionar durante 30 segundos sin la ayuda de las computadoras... y la integración de muchas tecnologías diferentes en constante cambio.29
La organización de las industrias de la era informática no pueden tolerar los tiempos muertos, presentes todavía en la administración tayloriana. Tampoco puede desaprovechar la productividad del trabajo mental, intelectual de los obreros, que el taylorismo había dejado "en el umbral de la fábrica".
En efecto, las nuevas formas de gestión empresarial incentivan las iniciativas y las innovaciones que los trabajadores puedan aportar al proceso productivo. Se anima a los trabajadores no sólo a que utilicen su mente, sino que también viertan sus emociones, intuiciones e imaginación en la producción.
La exigencia sobre el trabajador es mucho mayor, ya que la totalidad de su personalidad, y no sólo su cuerpo, es ahora convertida en una fuerza productiva.
El conocimiento tecno-científico se convierte en el factor principal de la economía y de la mayor productividad. Ya Marx había advertido que la tendencia intrínseca del capital es darle a la producción un carácter científico.
Pero el conocimiento mismo se transforma. Para la antigüedad griega, la función del conocimiento se dirigía hacia la aspiración de alcanzar la excelencia humana, que a su vez requería realizar la excelencia de la comunidad. Pero en la nueva era industrial, lo que importa es la productividad del saber. A su vez, el conocimiento que no puede ser traducido al lenguaje de las computadoras se considera irrelevante. De este modo, la hegemonía de los postulados productivistas van limitando la racionalidad científica a los criterios cuantitativos y pragmáticos de la lógica de los mercados.
Pero el pasaje a la economía informática requirió ciertas condiciones de funcionamiento.
La Unión Soviética, que había realizado en menos de medio siglo el pasaje acelerado de la primera a la segunda ola, encontró enormes obstáculos para pasar a la industria informatizada de la tercera ola. La enorme centralización de su economía, entre otros factores, fue un obstáculo para inaugurar una nueva forma de gestión que exigía instantaneidad de las respuestas y ritmo ultrasónico. Si durante la guerra fría pudo competir con los EE.UU., su ímpetu se desmoronó al no poder adecuar su sistema industrial a los nuevos imperativos del mercado.
Tenemos aquí, en el colapso de la Unión Soviética, un primer efecto del poder del conocimiento incorporado en la producción: el desmoronamiento de un imperio que poco antes estaba en condiciones de competir con la potencia industrial más poderosa del planeta.
En la tercera ola, la producción no empieza en la fábrica ni termina en ella. La información recogida por el personal de ventas y marketing es elaborada por ingenieros, operadores financieros, programadores, y deberá revertir en nueva información sobre gustos y tendencias de clientes actuales y futuros. 30
El proceso económico siempre requirió del conocimiento. De hecho, muchas de las técnicas que hoy se dan por supuestas en el ámbito industrial y empresarial son el producto de milenios de desarrollo cultural acumulado.31
Las matemáticas provenientes del desarrollo de los árabes, la escritura de los fenicios, el alfabeto, el cero, la lógica y la invención de nuevas herramientas son una parte no reconocida de la herencia cultural e intelectual con la que cuentan hoy en día los ejecutivos y empresarios.
Sucesivas generaciones han aprendido estas técnicas, las han adaptado, transmitido, y han producido en base a ellas.
Durante la segunda ola, el conocimiento se instaló en la producción en serie, en el ahorro de tiempo y la masificación de la producción, y también en la creación de demanda y en métodos de distribución. El incentivo fue la exigencia de aceleración, que culmina en la tercera ola con los tiempos medidos en nanosegundos, y el imperativo del mercado de producir una oferta diversificada frente a la saturación de la demanda. A estos factores se suma el carácter transnacional de la economía, con nuevas exigencias de comunicación instantánea entre las filiales de todo el mundo.
Se invierte cada vez más en investigación y desarrollo que en bienes de capital. El conocimiento pasa a ser la fuerza productiva hegemónica, desplazando al trabajo físico.
Esta nueva economía no sería posible sin la tecnología informática.
A su vez, la tecnología informática, cuyo desarrollo exponencial se debió en primer término a las necesidades de la industria bélica y la investigación espacial, no hubiera tenido la expansión global sin las crecientes exigencias de la economía globalizada.
Con esta nueva relevancia del conocimiento técnico, administrativo, informático, se va produciendo un desplazamiento del poder de toma de decisiones desde los propietarios de las fábricas a la "tecnoestructura": (staff de técnicos, ingenieros, contadores, expertos en marketing, etc.). Esto no significa meramente que ellos toman la última decisión, sino que fijan los criterios a través de los cuales se decide finalmente.
Los propietarios pueden tener en muchos casos la última palabra, pero lo que importa es el asesoramiento previo que inclina la decisión hacia una determinada dirección.
Sin embargo, estos criterios no hacen más que seguir la tendencia dominante del mercado y de los negocios. Ninguna decisión que no esté dirigida a maximizar las ganancias, extender las redes económicas y ampliar los mercados podrá ser viable en este nuevo modelo de producción. De hecho, no lo hubiera sido tampoco en ningún modelo económico de la segunda ola.
Por lo que, en rigor, debemos preguntarnos: ¿quién fija los criterios de decisión? Pues ellos son los que detentan el poder. Pero los criterios no los fijan ni los empresarios, ni los jefes, ni los tecnócratas. Ellos no hacen más que obedecer las tendencias economicistas de un sistema productivo que no puede estabilizarse, que no puede dejar de expandirse sin entrar en crisis, y que ya está fuera de control.
Se trata, en suma, de un simulacro de poder: el poder de obedecer las exigencias del mercado.
Si bien los empresarios, tecnócratas y operadores financieros toman decisiones, no se trata de decisiones autónomas, sino fuertemente condicionadas por las exigencias de un sistema que no controlan.

Todo esto que está en juego (el saqueo de! planeta) queda eclipsado por la economía, que ahora está globalizada y sobre la cual hemos perdido el control.32

El conocimiento: lenguaje nuevo para la violencia

Como observa Toffler, el poderío militar en la primera ola era una prolongación del brazo del guerrero. En las batallas, el uso del arco y las flechas, la espada o la lanza requería de una considerable fuerza muscular.
En la actualidad, el poderío militar se basa casi por completo en el conocimiento tecno-científico presente en las armas. Los submarinos, los satélites, los misiles teledirigidos son artefactos repletos de información. Los aviones de combate actuales son sistemas informáticos volantes.
Los sistemas de defensa eficaces necesitan reaccionar en unas 10 milésimas de segundo. No es el soldado ni el piloto el que decide el momento de reaccionar ante una amenaza, sino que es el sistema informático el que evalúa los datos y dispara los dispositivos.
La informática, la lógica, la tecnociencia son hoy la condición del poderío militar.
La industria bélica es la de mayor importancia en los EE.UU., y absorbe el 90 % del presupuesto en investigación aplicada en ingeniería eléctrica, y el 88 % de la investigación en informática, emplea el 24 % de los físicos y el 30 % de los matemáticos.
El conocimiento es hoy, como afirma Toffler el multiplicador del poder de la riqueza y de la fuerza.

La lucha por el control del conocimiento

"La futura lucha por el poder irá evolucionando cada vez más hacia el acceso y el control del conocimiento".33
Con esta frase, Toffler pone de relieve la importancia estratégica del conocimiento como factor hegemónico de la producción en el escenario global. Si anteriormente las guerras se libraban por el control territorial, en la actualidad la ocupación territorial tiende a ser reemplazada por una lucha por el control de la información. Esto no significa que la ocupación territorial no sea aún una de las formas de ejercer el poder. La ocupación de Irak por las tropas de los EE.UU. muestra claramente la importancia del control de aquellos territorios donde abundan yacimientos de petróleo.
Pero, como señala Toffler, a menos que comprendamos cómo fluye el conocimiento y hacia quién lo hace, no podremos protegemos contra los abusos de poder. Por ello, Insiste, "el control del conocimiento es el punto capital de la lucha mundial por el poder que se entablará en todas y cada una de las instituciones humanas".
Un ejemplo de estas luchas por el control del conocimiento, se produce actualmente en torno a las patentes y la propiedad intelectual.
Veamos el caso de la biotecnología.34
En la industria de la biotecnología, las materias primas dejan de ser los metales o los recursos fósiles, y su lugar lo ocupan los genes.
Cuarenta años de investigación y desarrollo en genética han producido un verdadero Vuelco en las tendencias de! mercado.
El desciframiento del código genético de microorganismos, plantas y animales, incluyendo nuestra propia especie, es propiedad de gobiernos, universidades y empresas de biotecnología.
Laboratorios como Monsanto, Novartis, Du Pont y Aventis han concentrado todos sus esfuerzos en la investigación genética.
La empresas biotecnológicas realizan prospecciones biológicas en todos los rincones del mundo para localizar genes desconocidos en plantas, animales y seres humanos, que puedan tener valor comercial para desarrollar nuevos tipos de cultivos o de drogas.
Cuando se localizan estos genes, se patentan como si se tratara de invenciones humanas.
Anteriormente, si los científicos descubrían nuevos elementos químicos en la naturaleza, se autorizaba el patentamiento del proceso por el cual se aislaban estas sustancias, pero no se patentaban los elementos químicos mismos.
Se trata, en rigor, no de inventos, sino de "descubrimientos", como en el caso de los descubrimientos geográficos de islas desconocidas.
EI hidrógeno, el helio, no son invenciones de los científicos. En el año 1928 se formuló una demanda para patentar el tungsteno y fue rechazada por la Oficina de Pátenles y Marcas de los EE.UU.
Por el contrario, en 1987, la misma Oficina estableció una norma completamente diferente. Desde ahora, los componentes de los seres vivos se pueden patentar y considerar propiedad intelectual de quien primero consiga aislar sus propiedades, descubrir sus funciones y encontrar aplicaciones industriales.
Desde ahora, los organismos vivientes, multicelulares, los animales, son potencialmente patentables.
Un año más tarde, la misma oficina otorgaba una patente por una rata que contenía un gen humano que la predisponía al cáncer. Y desde entonces se han patentado otros animales.
La generalización del sistema de patentes, ratificado por la Organización Mundial de Comercio, permite patentar no sólo el procedimiento que ha permitido obtener el organismo modificado, sino además la información genética que contiene, y todas sus aplicaciones permitidas.
Esta situación crea un conflicto entre las multinacionales del Norte y los países del Sur.
La historia de las luchas coloniales ha sido la de usurpación continua de las riquezas biológicas nativas en beneficio de los países centrales. Los conocimientos agrícolas y el trabajo nativo fueron explotados para cultivar alimentos que se exportaban a los mercados mundiales. Mandioca, calabazas, azúcar, maíz, caucho, eran explotados por los imperios coloniales, con grandes ventajas comerciales.
Hoy los recolectores de plantas están dejando paso a los recolectores de genes.
Casi 3/4 partes de todos los fármacos basados en plantas que se recetan hoy se derivaron de los usados por la medicina indígena.
Los países del Sur sostienen que lo que las empresas del Norte llaman "descubrimientos" son en realidad actos de piratería, por los que las transnacionales se apropian de los conocimientos indígenas acumulados por los pueblos y culturas nativos. 35
Aunque los laboratorios someten a ingeniería y modifican el código genético de las plantas, la ligera modificación que se añade en el laboratorio es algo insignificante comparado con los siglos de desvelo de las culturas nativas necesarios para reproducir y preservar los organismos que contienen esos caracteres singulares.
El debate se instaló con respecto al empeño de W.R. Grace por patentar ciertos procesos que modifican el neem, árbol de la India. Las patentes del neem causaron indignación en la India y en el resto del mundo.
El neem es un símbolo de la India, y ya los antiguos textos se refieren a él como "el árbol que cura todos los males". Durante siglos se lo ha usado como base de medicinas, tiene usos higiénicos y desinfectantes por sus propiedades antibacterianas, además de los usos rituales.
Se lo usa para curar infecciones, y para tratar una serie de enfermedades como la diabetes. También se usó el neem durante siglos como pesticida natural para proteger las cosechas de las plagas.
Grace aisló el ingrediente más potente de la semilla de neem, la azadiractina, y consiguió de la Oficina de Patentes el permiso para patentar unos procesos para la producción de extracto de neem.
Pero los científicos indios dejaron claro que ya muchos años antes, los investigadores y las empresas indias habían estado tratando las semillas de neem con los mismos procesos patentados por Grace.
Además, los investigadores y las empresas indias nunca habían pretendido la protección de una patente porque consideraban que esa información era el resultado de siglos de innovación y desarrollo indígenas, y debía ser patrimonio común.
Al aprobarse las patentes, los indios deberán pagar por el uso de un conocimiento y un producto que les ha pertenecido desde tiempos ancestrales.
Efectivamente, los acuerdos internacionales sobre la propiedad intelectual (como los establecidos por el GATT) no tienen en cuenta los conocimientos indígenas.
Estos acuerdos crean un marco uniforme para el patentamiento de la propiedad intelectual, y fueron redactados en buena parte por las firmas más poderosas en el marco de la biotecnología, tales como Bristol, Myers, Merck, Pfizer, Monsanto, Du Pont.
El Dr. Vandana Shiva, director de la Fundación para la Investigación de la Ciencia, la tecnología y la Política de Recursos Naturales de la India, al oponerse a este acuerdo, señala que con él "los derechos de propiedad intelectual se reconocen sólo como derechos privados, y por lo tanto excluyen todo tipo de conocimiento, ideas e innovaciones de los "patrimonios intelectuales comunales" de los campesinos en los pueblos y de las tribus en las selvas".
El arroz, el trigo o las papas fueron plantas silvestres que se domesticaron a lo largo de muchísimos siglos y fueron mejoradas con paciencia por generaciones de agricultores. Pero las leyes de patentes sólo reconocen las innovaciones individuales de los laboratorios científicos. Los esfuerzos anteriores, transmitidos por varias generaciones, son ignorados.
Los ejemplos como el del neem se multiplican. Las empresas multinacionales piratean los tesoros genéticos, y los venden a un precio astronómico en una forma un poco modificada por la ingeniería genética y patentados.
En algunos casos, se compensa a los pueblos nativos cuando se comercializan fármacos derivados de organismos que se encuentran en sus territorios, o acuerdan compartir una parte de las ganancias.
Pero cuando empresas como Merck, que tienen ingresos por más de 4.000 millones de dólares sólo ofrece un millón de dólares por el derecho de bioprospección sobre las reservas de vida vegetal y animal más ricas de la tierra, no hace sino guardar las apariencias.
Lo que se está produciendo es la conversión acelerada del acervo genético a una mercancía.

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