InicioApuntes Y Monografiasamistad entre el hombre y la mujer imposible: teoría propia

amistad entre el hombre y la mujer imposible: teoría propia

Fundamento de imposibilidad de la existencia de amistad entre el hombre y la mujer

Dedicatoria: “a la íntima trilogía y a los geminianos natos, que guardan con recelo su gemelo más privado”

Desarrollo:

Como consideración primera debemos tomar que aquella persona que no esté dispuesta a autoanalizarse y a analizar objetiva y sinceramente a los que lo rodean, no le será de ningún provecho la lectura de lo aquí escrito. Por el contrario, y si se está dispuesto a cambiar las percepciones (en algunos casos solo a reafirmarlas) le será de mayor utilidad lo expuesto.

Como base fundamental de las afirmaciones que realizaremos, tenemos la experiencia, es decir, aquel conocimiento adquirido gracias a las vivencias (de algunas partícipes y de otras simples “espectadores” y “aprendices externos”), que una y otra vez nos demostraron una premisa que tomamos como centro y parte medular de la exposición, esta es, que LA AMISTAD ENTRE EL HOMBRE Y LA MUJER NO EXISTE, YA QUE SIMPLEMENTE NO ES POSIBLE, NI LO SERÁ.

A continuación vamos a desmenuzar la afirmación, por demás trillada y polémica, pero no por eso menos interesante de analizar.
Cuando hablamos de amistad, no nos referimos a aquel vínculo agradable y de estima que muchas veces reducimos a esta palabra por mera practicidad en la descripción de la relación con otra persona, sino que al hablar de ella, hacemos referencia y especial énfasis en la verdadera amistad, en su estado más puro e incondicional, donde el otro representa un verdadero “sostén emocional” y es considerado únicamente como esto, y no como una “potencial pareja” (llamaremos de ahora en adelante con éste término a todas las personas del sexo opuesto al nuestro que en un futuro puedan llegar a ser nuestra pareja) ya sea de forma consciente (al evaluar esa posibilidad en un determinado momento) o inconscientemente, esto es, bajo la influencia de la primera etapa que rige la aparente amistad entre el hombre y la mujer: la ley de atracción (figura que detallaremos más adelante).

Antes de proseguir, haremos la siguiente aclaración: las personas homosexuales serán tomadas como un miembro más del sexo con el cual se sienten identificados, por ejemplo, un hombre homosexual será incluido dentro del grupo de las mujeres. Esto es debido a que afirmamos que efectivamente sí puede haber amistad entre un hombre homosexual y una mujer heterosexual (o viceversa), ya que ambos comparten la potencial pareja (en el caso citado un hombre) y de forma ficticia también comparten el mismo sexo.
Concluida la precisión, continuaremos afirmando por consiguiente que la verdadera amistad solamente se consigue entre personas del mismo sexo (realmente o ficticiamente hablando, como aclaramos anteriormente).

La gran pregunta que se nos viene a la mente es: ¿Por qué? Y para contestarla recurriremos a la experiencia, a la observación y al razonamiento posterior, el cual nos muestra que: en primer término, no solemos tener amigos (mejor dicho “amigos”, ya que nos referimos a los del sexo opuesto) que consideremos “inaceptables” físicamente, ya que inconscientemente intentamos el acercamiento y el comienzo del vínculo amistoso cuando la persona nos atrae por algo (y ese primer algo suele ser la apariencia física, pudiendo ser también sus palabras en un primer momento, siempre y cuando no nos “horrorice” su imagen anulando la recepción de éstas) lo que denominaremos “ley de atracción”; y en segundo término, suponiendo que pasamos con éxito la etapa de la atracción, poco a poco iremos acrecentando el vínculo (sin poder calificarlo como verdadera amistad todavía) hasta que, y de forma indetectable o cuantificable en tiempo, se nos presentará una encrucijada: o las circunstancias (principalmente alejamientos físicos o elementos que surgen de la razón) obligan a que la otra persona quede considerado para nosotros como un “buen conocido”, al cual le tenemos mucho aprecio, respeto y estima (elementos que no alcanzan para afirmar la existencia de verdadera amistad), cosa que sucede en la mayor parte de los casos, o bien acontece que, de forma instantánea y de un momento a otro, nos damos cuenta de que comenzamos a extrañar a esa persona, a necesitar de ella, a disfrutar de su compañía (hechos que indiscutiblemente no constituyen síntomas de amistad cuando de hacer referencia al sexo opuesto se trata) y finalmente todo nos lleva a darnos cuenta y a concluir que dicha persona nos gusta, nos atrapa y que por consiguiente la queremos junto a nosotros, pasando de ser potencial pareja inconsciente a potencial pareja consciente.

Quizás ahora sea oportuno analizar un típico caso de aparente amistad entre el hombre y la mujer, que pueda estar constituyendo su último argumento para negar toda afirmación expuesta anteriormente, y que las líneas posteriores se encargarán de demostrar que simplemente están mal interpretando un vínculo de reracionamiento.
Muchas veces, (y esto es de pleno conocimiento popular), las mujeres “aceptan” o más bien conforman un vínculo con un hombre y luego de un tiempo interpretan y llaman a este como su amigo; dicho hombre se va ganando la confianza de la mujer, hasta que en determinado punto de la relación se decide a confesarle sus verdaderos sentimientos (los cuales son de potencial pareja consciente), provocando la “histórica” y “clásica” reacción verbal y bienintencionada de “te quiero como amigo”, lo cual lleva a una enorme confusión de las dos partes; la mujer debido a que nunca miró al hombre “con otros ojos” y éste último porque no concibe otro procedimiento para llegar a ser su pareja (el mismo consiste en “aparente amistad pactada tácitamente - confesión mutua de sentimientos - concreción de la pareja”. Procedimiento bastante razonable si tenemos en cuenta que no se asumió previamente la posibilidad de decirle desde el comienzo y al momento de darse la situación que la amistad es sencillamente imposible, pero fallido e incorrecto la mayor parte de las ocasiones por la omisión en cuestión. He aquí un problema de interpretación de relación y objetivos que se da a menudo)

Algunas personas todavía pueden argumentar que su “amigo” del sexo opuesto, a pesar de hacer ya un tiempo de establecido el vínculo, no le han confesado ningún tipo de deseos o sentimientos “amorosos”, a lo cual debemos contestarles que, y claramente predecible, eso tendrá un solo desenlace, siempre dentro de éstas dos posibilidades: o el vínculo deriva en “buenos conocidos” (debido a circunstancias antes mencionadas), o bien está sucediendo que la otra parte de la relación no se anima (por miedo a desgastar o deformar la confianza y los “privilegios” ganados con tiempo y esfuerzo al recibir una respuesta contraria a su objetivo) a confesar sus verdaderos sentimientos, claramente resumidos en la concreción de la potencial pareja.
Es así como surge una nueva figura, la cual hemos llamado la “potencial pareja reprimida”. La misma es el último escalafón al cual un hombre (y se viene distinguiendo el sexo desde el comienzo del ejemplo debido a que mayoritariamente se da del hombre a la mujer y no al revés) puede llegar, ya que con tal de no enfrentarse a la manifestación de sus sentimientos por miedo al fracaso, camufla el vínculo con la apariencia de aquel “compañero fiel de todas las horas”, constituyendo esto nada más y nada menos que un acto de cobardía, un recurso que denota debilidad y falta de autoestima, prefiriendo de esta manera “pagar el precio” de la represión de su potencial pareja a costa de mantener una relación falsa, imposible y ficticia, que muchos confunden con la amistad entre el hombre y la mujer.
Creer en esto último es signo de que nuestra ingenuidad e inocencia no nos permiten ver más allá de lo que queremos o nos conviene ver.

Luego de este conjunto de afirmaciones, quizás se nos venga la siguiente pregunta: “y ahora, ¿cómo me paro frente a una persona de distinto sexo con la cual tengo un vínculo o puedo tenerlo en un futuro, sabiendo y/o asumiendo todo esto?” La respuesta es fácil: como siempre, como toda la vida, pero asimilando y siendo conscientes de que más tarde o más temprano nos veremos en la encrucijada, y asumiendo de igual o mayor manera que es biológica y metafísicamente imposible la verdadera amistad entre un hombre y una mujer, ya que estos están predeterminados naturalmente a atraerse y seducirse, en pos de perpetuar la especie y también como complementación emocional del uno sobre el otro, dándose solo el último factor en caso de homosexualidad.


Resumen y conclusiones generales:

- La amistad verdadera solo es posible entre personas del mismo sexo (ficticio o natural).

-Entre el hombre y la mujer solo hay dos posibilidades de desenlace de una relación, y las dos están igualmente alejadas del concepto de amistad.

-La amistad es un pacto bilateral interpretado de igual forma por las dos partes, por tanto donde una parte difiere en la interpretación de la otra no se puede hablar de amistad, sino de aparente amistad.

-La persona del sexo opuesto con la cual comenzamos un vínculo consciente, es debido a que nos atrae de alguna forma o por alguna causa, por más indetectable que parezca.

-Para hacer “legítima” una relación con una persona del sexo opuesto, dada la situación y el grado mínimo de confianza, debemos dejarle en claro la imposibilidad de amistad, no como una negación a un hecho posible en el futuro, sino como un reconocimiento fundado racionalmente de una imposibilidad natural de algo que por predeterminación es nulo


ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO, OPINEN Y COMENTEN!!!
Datos archivados del Taringa! original
0puntos
344visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
3visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

I
Usuario
Puntos0
Posts5
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.