InicioApuntes Y MonografiasLas funciones del sexo

EL PLACER DE AMAR

En la especie humana, el sexo cumple tres funciones. Puede ser reproductivo (tener hijos), relacional (expresión de amor y vinculación), o recreativo (juego y diversión). La mayor parte de los problemas que se les plantean a los humanos relativos al sexo nacen de la confusión entre las tres modalidades y de la angustia consiguiente.

Si la sexualidad humana estuviese “destinada a la procreación” no podríamos aparearnos durante todo el año ni durante el embarazo, sino una o dos veces al año, como algunos teólogos nos quieren hacer creer. Hasta muy recientemente, la religión, que en nuestra cultura rechaza tradicionalmente el placer como motivación, enseñaba que la reproducción era el único fin decente de la sexualidad. Luego, al desarrollarse el concepto romántico del matrimonio, se cambiaron las tornas y hoy día, con el apoyo de la psiquiatría criptorreligiosa y de las clínicas de asesoramiento sexual, se afirma que la única sexualidad merecedora de este nombre es la recreativa.


No ha habido ninguna época de la historia de la humanidad en que una cualquiera de estas valoraciones haya sido totalmente cierta, pero así y todo han servido para reforzar la manipulación a que se ha sometido a la familia. Incluso en las culturas basadas en la procreación se dejaron “huecos” donde cabían las actividades sexuales que no fuesen expresión del anhelo de paternidad ni una convivencia personal absoluta que todo lo abarcase. Normalmente, estos “huecos” se concedían solamente a los hombres; como ellos eran los que legislaban, se atribuían el derecho a practicar la sexualidad no relacional, al tiempo que prohibían a sus mujeres el mismo derecho mediante los códigos de moralidad, las celosías de los harenes o, más sutilmente, inculcando a las niñas que la única sexualidad de que es capaz una mujer es la relacional porque, al revés que el hombre, es incapaz de gozar fuera de la posesión total. (Para que esta trama diese resultado era necesaria, evidentemente, la existencia de mujeres más orientadas al recreo sexual, pero que quedaban fuera de la buena sociedad. Sin embargo, el tiro les salió por la culata, porque muchos hombres resultaban impotentes con su esposa “respetable“, al no ser el placer sexual cosa propia de las chicas decentes.)

La “pildora” ha cambiado totalmente el panorama. La mujer, liberada del embarazo obligatorio, ha descubierto que su capacidad para experimentar el placer sexual en los tres niveles, conjuntamente o en ocasiones y contextos diferentes, es igual, si no mayor, que la del hombre. El adulto de hoy tiene las tres opciones, sin que el ejercicio de una excluya a las demás: sexo para la procreación, sexo como relación total y sexo como diversión, acompañado de afecto, no de amor. Las personas de más edad que son sensatas, al observar a los jóvenes de hoy, comprenden lo mucho que se perdió en su juventud a causa de las manipulaciones de la sociedad para lograr que se confundieran esas tres modalidades: el simple juego amoroso entre un chico y una chica obligaba al matrimonio, aunque sólo se conociesen superficialmente, y no era raro que una persona interpretara erróneamente las intenciones de otra o simulara amor y desinterés para llevarse a la cama a alguien que estuviese más interesado en el aspecto relacional del sexo.


Toda relación sexual positiva es parcialmente relacional. Cuando es auténticamente positiva genera una relación, aunque sólo sea de compañerismo y gratitud, pues nadie quiere el placer sexual, ni siquiera entendido como juego, con alguien que no sea considerado y no muestre cariño. Al mismo tiempo, puede expresar prácticamente cualquier cosa, desde la compenetración total hasta el simple retozo entre amigos. Lo importante es que todos estos aspectos son perfectamente válidos como interacción humana siempre que los participantes compartan la noción del nivel de relación en que se desenvuelven. Dada su capacidad de reforzar intensamente la vinculación, la actividad sexual puede modificar la actitud de la pareja y unirla más; es decir, puede convertirse en una experiencia sin trayectoria predeterminada y sin final previsto. Correspondientemente, abre una serie de opciones lógicas ante las que el individuo adquiere la responsabilidad de evitar perjudicar a las personas más vulnerables. Hay gente con la que no se atrevería uno a practicar el montañismo. Para una persona de sólida constitución psicológica y con un alto nivel de autoestimación, el sexo entendido como actividad recreativa y con una cierta dosis de ternura, es ciertamente positivo. Tratándose de una pareja, lo mejor es que esa actividad recreativa se incorpore a la propia relación de modo que se instaure una relación recreativa que abarque a los dos. Por encima de todo, no debe interpretarse mal el aspecto recreativo creyéndolo frívolo o abusivo. Más bien significa juego, cariño y ternura.


http://juanmago.com/2008/06/13/las-tres-funciones-del-sexo/
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