Los camioneros griegos, cuando están cargando los camiones o el depósito de cajas de mercadería, de repente pegan el grito que se pasa como eco entre los trabajadores: "Anarquía, anarquía". Anarquía quiere decir simplemente "no hay más lugar". Eso es precisamente el extremo más ideológico de la libertad. En la anarquía se señala que ya no hay lugar en el mundo, que es necesario desarmarlo, que debemos olvidar nuestras costumbres de llenado. Hay que irse del propio lugar, correrse, vaciar de significados el mundo. Cuando no tienes más lugar y no puedes estudiar ni tiene sentido trabajar, ni hacer revistas, ni tener familia, ni andar por las calles, entonces comienza tu peligroso viaje hacia la libertad. No eres nadie, ni haces nada, estás aquí sólo para sabotear, para desarmar este mundo que es una máquina equivocada. Porque el mayor enemigo de la libertad es el factor civilizatorio. Tu única aventura será enfrentarte a los distintos sistemas carcelarios en que consisten las instituciones: la familia, la madre de todas las instituciones, la más siniestra y efectiva; y después la escuela y todo el sistema educativo, la salud y el sistema hospitalario, las fuerzas policiales y tribunalicias, los pabellones de las cárceles donde serás confinado por tus "errores". Nadie que viaje según las marcaciones de las manecillas del reloj o las determinaciones del calendario es libre. La libertad te extravia del tiempo. El tiempo es de los sacerdotes, ese tiempo es un viaje entre horas exactas y lugares comunes. La construcción del universo es el resultado de un combate entre el Plan Cosmos y el Plan Caos. El Plan Caos inventa nebulosas, misteriosas enredaderas existenciales, laberitos conductuales. Pero el Plan Cosmos las explica, les da ruta, las encierra en sus explicaciones. El alma del hombres esta atada al miedo de la libertad. Dice Sartre en su trilogía de Los caminos de la libertad que el Ser teme tanto a la libertad que se asfixia a si mismo con tal de negar su existencia. Estamos atrapados en el infierno de la otredad. El infierno son los otros. El infierno es la mirada. Una mirada que vigila, designa, controla, juzga y te somete a sus definiciones. El filósofo ruso Gurdjieff es más contundente: no existe ningún grado de libertad. Al hombre "todo le sucede" como sucede el viento y la lluvia. Nada elige. El hombre es un tubo que ingresa alimento, aire y estímulos por su extremo superior e inferior. El hombre no es una maáquina diferente a un lavarropas. Lo cierto es que el mecanismo de adaptación forzosa obliga a todos los seres vivos a someterse a los instintos de conservación y de reproduccón, covirtiendo el libre albedrío en un juego frívolo o un descanso del sometimiento. Alberto Moravia, un autor italiano, propone el aburrimiento como el mayor grado de la expresión libertaria. En el tiempo del aburrimiento, el hombre se enfrenta a la verdadera angustia: la nade de todos los haceres. El filósofo argentino Romero Brest oponía a la libertad su mayor enemigo: El amor. El amor, efectivamente, limita nuestro accionar con sus ansias de protección, cariño, afecto. Como dicen los guerreros japoneses: "Si quieres ser un guerrero, no debes tener ni siquiera un gato". El amor nos obliga a quedarnos alrededor de lo que amamos. El más poderoso y absurdo gesto de la libertad es el del enriquecimiento. No hay límites para la ambición porque no lo hay para el impulso de liberarse de las leyes económicas del mundo. La autonomía es quizás la mayor conquista de la libetad. Ser autónomos nos independiza de las exigencias de los demás y nos convierte en dueños de nosotros mismos. Pero la verdadera pregunta que hay que hacerse es si existe la dicha. No hablo de la felicidad, que es un estado tan ficticio como el de la libertad. No existen como estados totales o permanentes. La dicha, en cambio, es un fulgor de la plenitud, una luz que nos ilumina momentáneamente. La dicha es un halo que nos envuelve debido a nuestras acciones. Si tal estado existe, entonces los actos de libre albedrío deberán conducirnos hacia esa iluminación. Liberar es el verbo a conjugar con nuestra vida. Liberar energías y soledades. La libertad como estado permanente y llano no existe. La libertad pura es una entelequia que almas bohemias son condenadas a perseguir. Sin embargo por momentos durante el trayecto en este mundo al cual abstractamente llamamos vida, se puede sentir que la tenemos apretada entre nuestros brazos. Pero es solo una ilusión que nos engaña la mente. La libertad es aire, el aire es libertad y nadie ni nada puede esposar al aire. Tratar de alcanzarla y poder vivirla como un estado continuo y regular es imposible. Pero si se puede vivir bajo su estela, se puede vivir en una constante carrera por alcanzarla, Bob Dylan lo dijo: "Nadie es libre, hasta los pájaros están encadenados al cielo". Y allí mismo es donde se esconde el valor de la libertad en romper esas cadenas para sumergirnos en una busqueda utopica de un factor X posiblemente inalcanzable, sin rendirse a las ataduras de lo cotidiano ni de lo impuesto. La libertad es tan pura y tan perfecta que excluye de su tacto a las simples yemas mortales de las personas. Sin embargo una vida dedicada a ella permite que a lo largo del camino se pueda sentir cierta liviandad en nuestro caminar, esa liviandad son las alas que nos da la libertad. Texto mitad propio, mitad sacado de la revista THC. Comentar es agradecer
La libertad:
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