El apéndice vermiforme, (por que tiene forma de lombriz) al igual que las muelas del juicio, se encontraba en nuestros antepasados donde era totalmente funcional. Pero estamos hablando de antepasados de hace miles de años, tan antepasados que no eran humanos sino otros primates herbívoros que almacenaban la hierba allí para que las bacterias fueran digiriendo la celulosa. Era lo que en el caballo, por ejemplo, llamamos el ciego.
Con el paso de los años y la evolución hacia lo que somos ahora, dejamos de comer hierba y el apéndice se fue reduciendo hasta ser el pequeño tubito que es ahora. Nuestros parientes más cercanos, chimpancés, gorilas y orangutanes tampoco se alimentan a base de hierba y también tienen apéndice en lugar de ciego.
La evolución por selección natural actúa sin ningún plan ordenado ni predeterminado. Así, los órganos no aparecen y desaparecen según sirvan o no. La selección natural sólo puede reducir, ampliar o modificar estructuras que existan. En el caso del ciego, al no ser necesario se va reduciendo, pero no llega a desaparecer. Es simplemente eso, un vestigio de una estructura que había antiguamente.