
LAS FOTOS DE BERGEN-BELSEN
Habéis visto esas imágenes cientos, miles de veces. Unos judíos esqueléticos, tristes, enfermizos posan para las cámaras de los fotógrafos aliados que, con las fuerzas invasoras, llegaron a Belsen en abril de 1945, cuando faltaban solo unos dias para el fin del conflicto armado. Son imágenes que se utilizan continua, reiterativa e insistentemente como ejemplo y “prueba” del “Holocausto”. Se diría que no tienen otras. Y, de hecho, no las tienen. Son unas imágenes lo suficientemente impactantes como para impresionar al espectador sensible y para, convenientemente utilizadas, crear una falsa idea de lo que fueron los campos de concentración alemanes. A partir de esas fotos y filmaciones Bergen-Belsen, que en realidad era un campo de muy escasa importancia, alcanzó notoriedad universal, la cual se vería luego multiplicada merced al uso abusivo y torticero de aquellas. Pero, ¿quiénes eran aquellos escuálidos internados que alcanzaron el estrellato?. Hagamos historia.

Hasta muy entrado 1944, Belsen, situado en las proximidades de Hannover, era un tranquilo campo que, habilitado
desde 1943 para el internamiento de judios que iban a ser canjeados a los aliados, gozaba de las mejores condiciones
posibles, mucho mejores que, por ejemplo, cualquier carcel yanqui de la época. La judía húngara Marika Frank
Abrams, llegada en 1944 a Belsen, afirma que “las condiciones eran tan buenas que se sentían como en un sanatorio”.
De Belsen salieron varios contingentes, documentados, de judios con distintos destinos, Suiza, Turquia y Palestina
entre ellos (nótese que si hubiera habido intención de exterminio no se hubiera efectuado canje ni deportación
alguna). A medida que la guerra avanza y el territorio del Eje va siendo invadido, varios millares de judíos van
llegando a Belsen procedentes de los campos del este, Auschwitz incluido (es curioso el caso de los muchos miles de
judíos que, voluntariamente, prefirieron acompañar a sus “crueles verdugos” en la retirada antes de aguardar a los
“liberadores” soviéticos). Así, si en diciembre de 1944 habia 15.000 prisioneros en Belsen, viviendo en unas
condiciones relativamente aceptables, a primeros de marzo de 1945 ya habia 42.000 y un mes después casi 55.000.
Para entonces, claro, las condiciones no eran las mismas.
Es importante señalar que casi un tercio de los reclusos evacuados hacia Belsen en febrero y marzo de 1945
fallecieron durante el viaje, lo que ya nos permite saber, como primera aproximación, que los de las fotos de abril de
ese mismo año no fueron los que lo pasaron peor. A principios de 1945, dadas las condiciones reinantes en Europa
(bombardeos, derrumbe de los frentes, corte de comunicaciones, ataques aliados contra efectivos y transportes
alemanes, acumulación y bloqueos de individuos en un espacio cada vez mas reducido, etc), el suministro de viveres
y medicinas a Belsen se vio interrumpido, por lo que hubo que organizar el envio de camiones a los pueblos cercanos
para requisar alimentos para los presos (cualquiera que no sea imbecil comprende que no se alimenta, y menos con
tanto esfuerzo, a quien, presuntamente, se pretende exterminar). Y en febrero de ese mismo año se produjo un serio
brote de tifus motivado por el ingreso de un numeroso contingente de judios húngaros. El comandante Josef Krämer,
de quien dependía el campo, puso a este rápidamente en cuarentena (en un nuevo intento de salvar a los que,
presuntamente, se va a exterminar), pero la continua llegada de evacuados del este que huian de los rusos impidió
mantener el campo cerrado, llegando a producirse cuatrocientos fallecimientos diarios por tifus y disentería.
Para colmo de males, se habia declarado a Bergen-Belsen campo hospital (Krankenlager), con lo que los enfermos de
los demás campos se irian concentrando en una cada vez mas atestado y peor abastecido campo de Belsen. Sobre ello
es conocida la circular de Heinrich Himmler para que se hiciera uso de inmediato de “todos los recursos médicos
necesarios para combatir la epidemia” (obviamente, se quería exterminar a unos reclusos en el mejor estado de salud
posible). Y tampoco es un secreto el contenido de la carta que el 1 de marzo de 1945 dirigió el comandante Krämer al
Gruppenführer SS Richard Glücks, en la que, además de informar de forma detallada de la angustiosa situación en
que se encontraba el campo, solicitaba la ayuda urgente y necesaria para mantener vivos y, en la medida de lo
posible, saludables a los reclusos. Las condiciones del momento no permitieron hacer todo lo que se pretendía ni
aplicar todas las medidas solicitadas por Krämer, pero, entre otras cosas, se consiguió que el cuerpo de bomberos
llevara agua potable al campo y, además, se organizo la recuperación de los suministros que habían quedado
bloqueados por los ataques aliados a los convoyes de víveres alemanes.
Esto es, los “malvados” alemanes se juegan la vida y distraen medios y personal para alimentar a los judios
prisioneros, mientras que los bondadosos aliados impiden violentamente el suministro de los campos. Cuando los
aliados llegaron a Belsen, Krämer no huyo, sino que se sintió contento y aliviado, y asi lo expreso en sus
interrogatorios, por poder entregar a sus internados, esperando que la nueva coyuntura les permitiera mejorar su
situación. Al entregar se el campo había ya 60 mil prisioneros en el y se procuro por parte de las autoridades
alemanas, que no por las aliadas, que no hubiera combate en la zona para salvaguardar la integridad de los internos
convalecientes. Los aliados les correspondieron torturando, maltratando y asesinado a tiros y a palos al personal del
campo, como señalo, entre otros y horrorizado, el corresponsal ingles Alan Moorehead. El pago que por sus desvelos
recibió el comandante Krämer fue el denuesto y la posterior ejecución.
Para completar su trabajo, los aliados expulsaron a todos los habitantes de los pueblos vecinos a Belsen, para, después
de saquearlos con ayuda de los reclusos sobrevivientes y sanos gracias al esfuerzo de los guardianes alemanes,
reducirlos a cenizas. Posteriormente, estando ya el campo bajo control ingles, se produjeron 14.000 muertes de judíos
sobre los 55 mil internados que se quedaron en Belsen. Según reconoce el profesor Helmut Diwald, durante los dos
años que el campo funciono bajo control aleman solo hubo 7.000 decesos. Parece que a los judios les fue peor en la
paz que en la guerra, y muchísimo peor aun con los ingleses que con los alemanes. ¿Y aquellos tios raquíticos de las
fotos?. Pues eran lo lógico y normal en un hospital en tiempo de guerra y en esas circunstancias: enfermos de tifus y
disentería que, además, no podian ser alimentados correctamente gracias a la acción aliada. ¿Qué esperaban encontrar
allí?.
Tomado de “Orden Nuevo” de Granada, nº40