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Una gran pregunta para el 2012

Ciencia Educacion12/29/2011

¿Está condenado el oso polar?



En septiembre de 1965, 46 especialistas participaron en el Primer Encuentro Científico sobre el Oso Polar en Fairbanks, Alaska. El evento pretendía discutir el destino del oso polar ante la creciente amenaza humana. En aquella época, la amenaza que enfrentaban estos animales era la caza comercial que utilizaba aviones para dirigir a los osos polares en dirección a los hombres armados – un deporte que el New York Times describió como “tan deportivo como ametrallar a una vaca”.

El resultado más significativo de este encuentro fue la firma del Acuerdo Internacional para la Conservación de los Osos Polares y de su Hábitat, en 1973, que marcó el fin de la caza comercial. Otra consecuencia fue el estímulo hacia una mayor comprensión científica de los osos polares, ya que el encuentro de Fairbanks reconoció que "los conocimientos científicos sobre el oso polar se encuentran lejos de ser suficientes para la creación de políticas de manejo adecuadas”. En aquella época, no se sabía si había una o más poblaciones, ni tan sólo cuántos osos polares se encontraban distribuidos por el Ártico (hoy se calcula que existen entre 5.000 y 25.000).

Cuarenta y seis años después, la población global del oso polar se estima entre 20.000 y 25.000 ejemplares. Con propósitos de investigación, los cientitificos los dividieron en 19 sub-poblaciones. De estas 19 sub-poblaciones, ocho parecen estar disminuyendo, tres se encuentran estables y únicamente una está aumentando. Pero una vez más, la supervivencia de la especie se encuentra en riesgo, aunque la amenaza actual, obviamente, radica en el cambio climático.

En varios idiomas europeos, el oso polar es conocido como “oso del hielo”, ya que son de hecho criaturas glaciales. Desde las particularidades de su cuello y cabeza hasta sus orejas pequeñas y su gruesa capa de grasa, todo lo que diferencia a los osos polares de sus parientes más cercanos, los osos pardos, es una adaptación a la vida en los hielos del Ártico. Pero las temperaturas están aumentando, su hábitat está desapareciendo y las noticias del 2011 no parecen alentadoras.

En el 2011, la extensión del hielo marino en el Ártico alcanzó su segundo nivel más bajo, de acuerdo con las imágenes facilitadas por satélite, un nivel a su vez ligeramente más alto que el récord de 2007. Hace cuatro años, una “tormenta perfecta” de factores causó la reducción brusca del hielo marino, algo que sin embargo no se repitió este año. El hielo del Ártico lucha cada vez más para recuperarse cada invierno, lo que se ha comenzado a llamar como “la espiral de la muerte”.

Esto ocurre porque la extensión del hielo marino tan sólo cuenta una parte de la historia; la otra parte, de igual importancia, es su densidad. La pérdida continua del hielo más antiguo y espeso impidió la recuperación significativa del área mínima en el verano; el hielo del primer y del segundo año componía el 80% de la cubierta glacial en el Ártico, comparado con el 55% de promedio desde 1980 hasta el año 2000. Como resultado de ello, el volumen total del hielo marino sufrió una nueva reducción por segundo año consecutivo. Además de ello, un estudio publicado en la revista Nature a finales de noviembre reveló que el descenso del hielo marino fue el mayor de los últimos 1.450 años.

Por lo tanto, era de esperar que el 2011 también arrojara nuevas evidencias sobre el impacto de la reducción del hielo marino sobre los osos polares. En julio, un estudio presentado en la Conferencia de la Asociación Internacional del Oso Polar, facilitó “el primer análisis para identificar una tendencia plurianual significativa de ampliación de la distancia recorrida a nado por los osos polares”. Los autores del estudio descubrieron que 20 osos nadaron distancias superiores a 50 kilómetros en 50 ocasiones diferentes. La jornada más corta fue de 53,7 km, y la más larga que duró 13 increíbles días, fue de 687,1 km. Según el coautor del estudio, Geoff York, del Programa del Ártico del Fondo Mundial para la Naturaleza, los osos polares están siendo obligados “a nadar distancias más largas para encontrar alimento y hábitat. El cambio climático está empujando el hielo marino que se encuentra bajo los pies de los osos polares”.


A comienzos de año, un ensayo publicado en la revista Nature Communications concluyó que el tamaño de las camadas de los osos polares y las oportunidades de éxito reproductivo está estrechamente relacionado con la cantidad de peso que la hembra consigue acumular antes de invernar. Cuanto mayor cantidad de grasa, más energía es almacenada para sustentar a la madre y a sus crías. Está claro que cuanto menos tiempo tenga la hembra para comer, menor oportunidades tendrá de acumular energía. En algunas partes de su territorio, los osos polares gozan de menos tiempo para comer porque el hielo se derrite más temprano en el verano y se congela más tarde en el otoño. Una de estas aéreas se encuentra al oeste de la Bahía de Hudson, en Canadá, en donde los osos polares están siendo obligados a buscar tierra firme dos semanas antes que a comienzos de la década de 1990. Según las previsiones, esto ocurrirá un mes antes en los próximos 50 años. Bajo este escenario los científicos calculan que el 73% de las hembras no conseguirán criar a sus oseznos, una señal que indica que la población de la Bahía de Hudson probablemente no será viable bajo las condiciones climáticas previstas”.

Nada de esto significa que los osos polares estén inexorablemente condenados. La gran mayoría de las previsiones sobre el desaparecimiento del hielo marino plantea un “oasis” de hielo en el noroeste de Islandia y en el nordeste de Canadá. Además de ello, en diciembre de 2010, el científico-jefe de Polar Bears International, Steven Amstrup, calculó que el declive del hielo marino podría ser controlado e incluso revertido si se reducían las emisiones de gases de efecto invernadero.

Una suposición bastante optimitista, por supuesto. Hoy en día, las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera superan las peores proyecciones del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU y las emisiones de carbono están batiendo récords: el salto entre el 2009 y el 2010 es ciertamente el mayor desde la Revolución Industrial.

¿Están finalmente los osos polares condenados? No necesariamente. Pero a menos que veamos cambios drásticos en política, comportamiento y utilización de la energía, las oportunidades de que una población remanente continúe viva, digamos que para el 2112, son cada vez más remotas.
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