Esto es algo que escribio un muy amigo mio, no es trabajo hecho por mi, pero es que me gusto tanto, me parecio tan pero tan bueno que, despues de pedirle permiso obvio, quise compartirlo para que todo el mundo pueda leer la genialidad del texto. El lo escribio por algo que el vivio, o esta viviendo con un familiar suyo.. Bueno ahi va espero que les guste tanto como a mi! El ser y el parecer Consiguieron cambiarla entre dos, se sabe lo difícil que es cambiar a una bebé. Le pusieron la ropa que más le gustaba, o eso creían quienes su vestimenta tenían a cargo y la ayudaron a caminar, complicada empresa es para una bebé dar sus primeros pasitos. Llegó a la puerta, amagó con caerse, pero la atenta respuesta de sus custodias evitaron la tragedia, epa, dijo una para minimizar el hecho, muy bien, dijo la otra sonriendo y acariciándole la cara. Costaba eso si sacarle palabras de su boca, aunque sea una mínima silaba, un mínimo “ago” que tanto significa en los bebé, quién sabe porqué se les dará por decir justo eso. Vamos a ver a la familia, le preguntaban esperando que responda de la forma que nunca lo haría, acaso apenas alcanzaba a sonreír, o eso creían ver, la percepción, se sabe, es en base a necesidad y urgencia. Sonó el teléfono de la casa, voy yo, no ya voy yo, se pelaban, el teléfono seguía sonando, anda vos dale, antes que corten, se rindió una. Preguntan en cuando llegamos, gritó desde la cocina, deciles que ya está lista, en cinco minutos salimos y en diez llegamos, si pueden que nos esperen abajo, concluyó al estratega del dueto. Bueno ahora sí vamos que nos están esperando para el brindis, dijo apenas colgaba el teléfono, no para ahora aguántame que me dieron ganas de ir al baño, dijo la estratega, no podrías haber ido recién, preguntó nerviosa víctima del apuro, acaso querías que la deje sola, no hizo falta responder. Fue al baño, volvió, se arreglaron frente al espejo y salieron, a paso lento para no perjudicar a la estrella de la noche. Iban caminando y la tos de la bebé hizo que cunda el pánico, me parece que está desabrigada, te dije que le llevemos el saquito, se lavaba las manos la guardaespaldas derecha, está bien abrigada, es una simple tos, no te asustes, tranquilizaba la otra mostrando siempre estar un paso mas adelante que su compañera, los años nos viene solos, el diablo por diablo sabe, pero por viejo mucho mas. Mirá quien está ahí, le decían sonriendo mientras le señalaban el rostro de una mujer, idéntica a ella, salvo por los rasgos inevitables que delatan aproximadamente la edad, años mas, años menos, cremas mas, cremas menos. Llegó a los brazos que la esperaban, recibió el abrazo y se quedó por un momento entre la contención de ese ser que tanto la amaba. Vamos subamos, les dijo a quienes la traían, nos están esperando para brindar. Abrió la puerta y, miren quien llegó, hooooolaaaa, bienveniiiiiida, y un sinfín de formas de saludos, para nada tímidos, que puedan imaginarse para recibir a la agasajada de la noche. A la cumpleañera. En un comienzo se perdió entre los miles y miles de besos, abrazos, caricias que recibía, por momentos le molestaban, pero poco podía hacer para demostrarlo, las palabras, si es que lograban salirle, lo hacían de una forma poco coordinada y de difícil comprensión. Cesaron un poco las muestras de cariño físico para dar lugares a las demostraciones artísticas que todo bebé puede realizar. Donde esta la nariz, muuyyy bieen, respondía una tras ver el acierto de la encuestada. Quien le compró esa camisa, decía presumida una prima, ooo ooo, respondía dando a entender lo obvio, vos, vos. Quién soy yo, preguntaba una de las tantas a quién la bebe no lograría reconocer. Recordar. En fin, algunas secuencias como estas repetidas, durante algunos varios minutos, hasta que lograron, por suerte y para descanso de la infanta, desaparecer para dar lugar al siguiente acto, al tercero. La torta. “cumpleaños feliz….”, cantaban a coro mientras apagaban las luces y el comedor se encendía con las luces de las velitas. Si, velitas. Muchas, porque esta bebé cumplía setenta y ocho. Maldito sea el Alzheimer. Hernan J. Molina
Un amigo escribio esta historia.. Y yo se las muestro!
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