"SE HA FORMADO UNA PAREJA"... DIRIA FREUD Las alteraciones psicológicas que germinan, se reproducen y combinan por fuera de los muros de los psiquiátricos son muchas. Los especialistas consultados ofrecen una lista de las parejas más frecuentes y aquellas destinadas al fracaso entre el resto de los neuróticos mortales. La ganadora, en primer lugar, es la del obsesivo con la histérica. "El obsesivo es rígido, ritualista; tiende a ser muy ordenado, detallista y meticuloso. Es el que coloca en el mismo ángulo el paquete de cigarrillos sobre el escritorio. Es celoso y, generalmente, muy bueno para los trabajos de precisión: contadores, diseñadores gráficos, pintores. La histérica es exactamente al revés: desordenada, agarra y tira. Es coqueta, cuidada, "aquí estoy, mírenme". Es seductora, graciosa, abierta y sociable. Necesita ser sociable para ser mirada y tenida en cuenta", describe el médico psiquiatra Hugo Marietan, miembro de la Asociación Argentina de Psiquiatría. "A pesar de sus diferencias, es una de las parejas más frecuentes. Se complementan. El mundo del obsesivo es muy seco y sin gracia, y la histérica le pone color a su vida. Lo vi en muchas parejas. Viene el obsesivo y se queja de la pareja por su desorden, y la histérica también. Pero funcionan bien", analiza Marietan, que dirigió por más de veinte años los cursos de Semiología Psiquiátrica en el Borda. Es como si uno buscara en el otro lo que le hace falta. En cambio, contrasta el experto, dos histéricos no pueden estar juntos. "No es tan común. Los dos están compitiendo sobre quién llama más la atención. Hay crisis y peleas. Conozco uno que está obsesionado con la altura y cuando sale con una mujer le pide que no use tacos altos. Una vez me dijo: «Lo que me da bronca es que la miran más a ella que a mí». Es que ellos buscan chicas llamativas, pero después no se lo bancan", señala. Las parejas que tienen las mismas características están destinadas al fracaso, pronostica el experto. "Si los dos son dominantes, autoritarios, pueden andar muy bien en la cama, pero después se matan. Se viven peleando por el territorio. No duran mucho", augura. Otra de las parejas que suelen formarse es la de la mujer dominante con el pasivo agresivo. "La mujer, cuando es dominante -que es el grueso de la población femenina, aunque ninguna mujer dominante reconoce que lo es-, puede convivir con los pasivos agresivos, que son aquellos a los que les gusta que los lleven. Suele suceder que ella le pide que tome una iniciativa y él le responde «sí, querida», pero después cumple las órdenes que él quiere cumplir", revela, entretenido. "A las mujeres así, que resuelven los problemas por sí mismas, se les pegan los pasivos agresivos. Ellos son dóciles, diplomáticos, conciliadores, buenos negociadores; no quieren tener amigos porque tener un amigo es un problema. Tienen un carácter muy agradable. Así es como a la paranoide, la dominante, que es un poco hosca, le viene bien un tipo sociable", resuelve. El amor también puede nacer entre la histérica y el paranoide. "El, muy responsable en el trabajo, un poco líder, es como un papá para la histérica, que tiene una nenita adentro. Se forma mucho esa pareja. Ella lo busca para sentirse segura y él a ella porque es graciosa, muy llamativa. Eso atrae", observa.
Enfermos de amor - Artículo de la revista Nación
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