La mayoría de las civilizaciones antiguas como los mayas y los incas creían en la existencia de una raza de gigantes. Uno de los más famosos es Goliat, el filisteo derrotado por David, el rey de Israel. en cambio, el testimonio de los griegos y los romanos nos hablan de titanes. En este documental conoceremos las diversas leyendas que existen sobre estos personajes míticos.
G i g a n t e s en la antigüedad
¿Quiénes fueron los Gigantes?, esta especie de homínidos de quienes se hace referencia en multitud de crónicas y leyendas griegas, nórdicas, germánicas, hindús, indoeuropeas, mayas, aztecas, toltecas e incas, así como en casi todos los libros sagrados de la antigüedad: el Lebhar Gabhale (libro de las invasiones) irlandés, el Ramayana hindú y hasta en la Biblia.
¿Por qué hablar de unos seres que no existieron en realidad? ¿Son los gigantes únicamente protagonistas de historias fantásticas o, por el contrario, sus hazañas pertenecen a la memoria colectiva de la humanidad y están basadas en relatos de lo que realmente ocurrió en el planeta?
¿Quiénes construyeron las colosales estructuras megalíticas y desplazaron grandes monolitos como si de un juego se tratara?
La Arqueología, hasta el momento, no ha ofrecido ninguna respuesta convincente. Resulta incómodo para los arqueólogos reconocer que hoy día no existen grúas ni aparatos elevadores capaces de mover y levantar titánicos bloques de piedra de 1500 toneladas, como es el caso de las terrazas de Baalbek (actual Líbano). Parece que bloques de estas dimensiones tuvieron que ser puestos allí por gigantes o miembros de una civilización que conocía los secretos de la levitación y la antigravedad.
Las construcciones de la isla de Pascua, Tiahuanaco, el yacimiento megalítico de Ollantaytambu, Cuzco, Machu Picchu, las islas Marquesas, la isla volcánica de Pohnpei en la Polinesia ... son una pequeña muestra de las muchas construcciones de estas características que existen en nuestro planeta, atribuidas por los habitantes locales a los gigantes.
En México, por ejemplo, existieron historiadores de gran prestigio que se preocuparon por la cuestión de la existencia de los gigantes. Francisco Javier Clavijero, narra en su Historia Antigua de México lo siguiente: “Hubo algunos autores que apoyados en la tradición de los pueblos americanos y en el descubrimiento de huesos, cráneos y esqueletos enteros de tamaño desmesurados que en diversos tiempos y en algunos lugares de la Nueva-España se han desenterrado (Atlancatepec, Tlaxcala, Texcoco, Toluca, Quauhximalpan, y California, por ejemplo), creyeron que los primeros habitadores de aquella tierra habían sido gigantes.
Yo, a la verdad, no dudo de la existencia de ellos, así en éste como en otros países del Nuevo Mundo, pero ni podemos adivinar el tiempo en que vinieron, aunque tenemos razón para creerlo muy antiguo, ni podemos persuadirnos que hubiese habido una nación entera de gigantes, como imaginaron aquellos autores, sino solamente algunos individuos extraordinarios de las naciones conocidas, o también de otra más antigua y enteramente desconocida.
Bien sé que muchos filósofos de Europa, que se ríen de los que creen en los gigantes, se burlarán también de mí, o al menos se compadecerán de mi demasiada credulidad; pero yo no debo hacer traición a la verdad por evitar la censura. Yo sé que entre los pueblos cultos de la América corría la tradición de la existencia en aquellos países de ciertos hombres de una altitud y corpulencia desmesurada, y no me recuerdo que en alguna nación americana haya memoria de los elefantes o hipopótamos, o de otros cuadrúpedos de semejante tamaño.
Yo sé que se han encontrado cráneos humanos y esqueletos enteros de un tamaño sorprendente, por la deposición de innumerables autores, y principalmente de dos testigos oculares mayores de toda excepción, el doctor Hernández y el padre Acosta, a los que no faltaba ni doctrina, ni crítica, ni sinceridad; y no sé que hasta ahora entre tantas excavaciones hechas en la Nueva-España, se haya descubierto un esqueleto de hipopótamo, y lo que es más, si un diente de elefante.
Yo sé que algunos de dichos huesos se han encontrado en sepulcros fabricados de intento, y no sé que se fabriquen sepulcros para enterrar hipopótamos o elefantes. Todo esto, y aún mucho más debería considerarse antes de decidir por aquellos autores que afirmaron sin dudar, que todas las osamentas descubiertas en la América eran de aquéllos o de no sé qué otros animales desenterrados.
Algunos autores del reino de México dicen que los gigantes fueron muertos a traición por los tlaxcaltecas; a más de que no tiene otro apoyo que ciertas poesías de los mismos tlaxcaltecas no se conforma en la cronología de los referidos historiadores, pues hacen a los gigantes muy antiguos y a los tlaxcaltecas muy modernos en el país de Anáhuac”.
Hasta aquí, Francisco Javier Clavijero (Historia Antigua de México).
Por otro lado, contamos también con la narración sobre el tema de otro eminente historiador; Don Mariano Veytia, quien al respecto nos dice en su también Historia Antigua de México: “La noticia de haber sido gigantes los antiguos habitadores de estas tierras, es tan común en todos los autores que han escrito en cosas de Indias, que apenas se hallará alguno que no la refiera, y al tiempo del ingreso de los españoles en estos países la hallaron universalmente recibida y contestada entre los naturales; pero cuando así no fuese, la multitud de huesos que posteriormente se han hallado y cada día se descubren en el terreno mismo en que afirman haber estado sus poblaciones, que no hay animal alguno conocido cuyo cuerpo puedan adaptarse, y al mismo tiempo no hallarse otros iguales ni semejantes en otros terrenos que no habitaron, verifica esta noticia que nos conservaron los indios, y quita enteramente toda duda el hallazgo de esqueletos enteros que en estos últimos años se han descubierto.
En las riberas del río Atoyac hallaron algunos gigantes que vivían en ellas, más como brutos que como racionales. Les dan el nombre de Quinametli, y en plural Quinametzin; no dan las medidas de sus cuerpos, pero ponderan mucho su estatura, y con razón porque los muchos huesos que se han sacado, y todos los días se encuentran en este terreno donde estuvieron poblados, se conoce haber sido muy corpulentos.
Su alimento eran las carnes crudas de las aves y fieras que cazaban sin distinción alguna, las frutas y yerbas silvestres porque nada cultivaban; pero sabían el modo de extraer de la planta del maguey la bebida del pulque con que se embriagaban; andan enteramente desnudos, suelto y desgreñado el cabello, y aunque para la caza de volatería usaban el arco y la flecha, para la montería se valían más frecuentemente de su ligereza y fuerzas, sirviéndose de aquélla en su gran corporatura para seguir y alcanzar a las fieras, y de ésta para combatir con ellas, y para este efecto usaban de gruesas porras, de ramas de árboles que desgajaban con tanta facilidad como pudiéramos nosotros desgajarlas. El año de la destrucción de los gigantes, que como llevo sentado fue el de tres mil novecientos setenta y nueve del mundo, ciento y siete años de la era cristiana, y por consiguiente tiene la gloria de ser la más antigua de toda la Nueva-España.
Supongo la existencia de los gigantes constante, y el día de hoy se manifiesta evidente con la multitud de osamenta y esqueletos enteros que se han descubierto en este reino, y supongo también, como de fe, que éstos no tuvieron distintos progenitores que los mismos Adán y Eva, padres comunes de todo el linaje humano, y que esta diversidad de estaturas, como la de los colores, es provenida de las varias disposiciones de la naturaleza, temperamento, clima y semejantes accidentes como a cada paso nos lo manifiesta la experiencia, viendo nacer de los mismos padres unos hijos altos y otros pequeños, unos blancos y otros morenos, unos rubios y otros pelinegros.
Con que no hay dificultad en que los gigantes de este nuevo mundo procediesen de aquellas siete familias primeras, y todas las historias de los indios contestan que la nación tolteca, que indudablemente procede de ellas, fue siempre señalada en estatura, tanto, que aún después de muchos siglos que salieron de su patria y establecieron su monarquía en la tierra de Anáhuac, y casi hasta los tiempos en que entraron los españoles, eran conocidos los toltecas por su corpulencia; y todos los que han entrado a la tierra dentro por el Nuevo México, que fue donde hicieron sus primeras poblaciones, aseguran haber todavía algunas naciones de sobresaliente estatura, especialmente en las poblaciones de la costa del Sur”. Mariano Veytia. Historia Antigua de México.
Existen evidencias contundentes descubiertas por arqueólogos de todo el mundo sobre la verdadera existencia de esta especie de gran tamaño con la que nuestros ancestros compartieron el planeta, sin embargo, desconocemos el porqué se oculta celosamente toda esta evidencia y se desmiente cuando se les cuestiona sobre tales hallazgos, como si el reconocer su existencia trajera consigo terribles consecuencias en nuestra actual sociedad, cambios tal vez que cimbrarán las bases de nuestra ciencia y religiones.
Diseminados en los cinco continentes, se han descubierto restos arqueológicos de esqueletos humanos que demuestran que en la Tierra habitaron seres gigantescos. Además de desorientar a la comunidad científica, estos restos avalan las leyendas y tradiciones que el folclore popular ha recogido sobre “Los Gigantes” con el paso del tiempo.
Hallazgos por todo el mundo, las pruebas:
Que en el planeta habitaron gigantes lo demuestra el hallazgo de restos humanos de extraordinarias dimensiones en la India, Tibet, China, Sudamérica, África ... algunos con una edad aproximada de 45,000 años. Y no solamente huesos, sino también espadas, hachas, lanzas y otros instrumentos como picos de tal envergadura que para poder usarlos habría que tener una estatura de, por lo menos, tres metros. Pero veamos algunos ejemplos:
En una gruta de Atyueca, cerca de Mangliss (antigua Unión Soviética), se encontraron esqueletos de hombres que medían entre 2.80 y 3 metros. Éstos presentaban seis dedos en sus extremidades. Otros hallazgos científicamente admitidos son el gigante de Java (sur de China) y el gigante de China meridional. El primero con una antigüedad de medio millón de años y el segundo también con seis dedos en sus extremidades.
En Chenini (Túnez) se encontraron restos de tumbas de gigantes con esqueletos que medían más de tres metros. Transval (Sudáfrica) es otro ejemplo similar al anterior.
Más recientemente, en Marruecos, se han hallado en una cueva de la región de Nador, en el norte del país, restos de tres esqueletos de niños pertenecientes a una raza desconocida de gigantes. Se trata de una zona próxima a las míticas columnas de Hércules, considerada patria del bíblico gigante Goliat. El gigante más grande hallado hasta el momento tenía un esqueleto de 5.18 metros de alto, y fue desenterrado en 1956 en Gargayan, Filipinas. Cada uno de sus dientes incisivos, tenía cinco centímetros de ancho por quince de largo. Se estima que en vida, este hombre pudo haber alcanzado los 5.40 metros.
Aparte de leyendas (que por cierto abundan), herramientas y huesos de gigantes, hay otro factor que los partidarios de la teoría de las tres razas proponen como argumento válido de la existencia de gigantes; los monumentos megalíticos de tamaños descomunales que pueden encontrarse erigidos en casi todos los continentes de la Tierra. Si tomamos en cuenta que en la actualidad no existen medios para mover rocas de magnitudes como las que conforman las pirámides de Egipto, el Stonehenge o los moai de la isla de Pascua, en Chile, podemos empezar a caer en una escalofriante incertidumbre. Es verdad que algunas de estas enormes rocas podrían moverse mediante la maquinaria que hemos logrado desarrollar en estos tiempos, pero ... ¿cómo lo lograron antiguos humanos? Tal vez en la existencia de esta raza de Goliat puede encontrarse la respuesta.
Pero aceptar el hecho de que los humanos modernos hayan coexistido hasta hace muy poco tiempo con pares enanos y gigantes significaría derrumbar una cantidad de teorías arraigadas y comenzar de cero. De hecho, las pruebas existen, pero al parecer aún no hay un gran número de científicos dedicados a estudiarlas.
La historia parece haber mostrado una y otra vez a mitos populares encerrar una gran realidad, pero la pseudociencia de la parcialidad aún persiste.
En conclusión, las leyendas de gigantes que se narran en el folclore de prácticamente todas las etnias del mundo han trascendido a pruebas veraces de su existencia.
¿Cuántos mitos más existentes en la historia esperan para revelarse con pruebas concretas en este mundo humano? La verdad es que esto parece imposible de saber. Mientras tanto, sólo podemos seguir caminando muy despacito, por el angosto camino de la ciencia. Eso sí, cuidándonos de no caer de bruces al tropezar con algún otro “mito” que pueda ser real.
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