El Uso de Placebos En La Medicina
Eduardo del Carmen López López.
*En la terapéutica clínica, se utilizan varios procedimientos para obtener cambios fisiopatológicos en el individuo que padece; entre ellos los aspectos higiénico-dietéticos con un enfoque preventivo y de educación para la salud. En otras ocasiones es a través de la dietética que se ejerce una acción directa sobre el proceso del enfermar; tal es el caso de la desnutrición o en el control de la obesidad.
La ingesta o aplicación de substancias que farmacológicamente han demostrado que afectan las reacciones naturales mediante la fisiología normal y propician de alguna manera el restablecimiento de la homeostasis, justifican el uso de los líquidos y electrolitos por vía oral o parenteral para el control y cura de la deshidración y el desequilibrio iónico, presente en algunas entidades clínicas.
Con el advenimiento de los tratamientos antimicrobianos, desde las sulfas hasta las más recientes quinolonas de cuarta generación, la medicina curativa avanzó exponencialmente, pero hay necesidad de demostrar experimentalmente, en diversas especies de animales su beneficio y máxima tolerancia para el control de los microrganismos que invaden la economía y son causa, por su toxicidad y multiplicación de llevar al individuo a la muerte. Para ello debe establecerse una dosis terapéutica muy lejos de la dosis letal mínima y generalmente se precisa de acuerdo a la edad, estado fisiológico, talla y peso del individuo.
Sin embargo, cuando se lleva a la práctica en el humano, las primeras veces surge duda, si el beneficio al controlar síntomas subjetivos es real o únicamente se está actuando sobre el inconsciente y gran parte del efecto benéfico no podría ser reproducido igualmente en individuos en diferentes circunstacias.
Para ello se hace uso de los estudios “doble ciego”, donde a dos grupos se les administra un medicamento de igual aspecto y por la misma vía, pero en uno se excluye el principío activo y se sustituye el medicamento por azúcar, harina o agua bidestilada con color que simula al verdadero, ignorando ambos grupos cual es cual.
Según el Diccionario de la Real Academia Española, placebo, proviene del latín placere: que significa agradar o dar gusto, describe una tableta, comprimido, gragea, etc. que con apariencia de medicamento, no contiene ningún principio activo y sólo obra a veces por sugestión.A primera vista, evidentemente se trata de un engaño que el terapeuta realiza en quien confía en él. Sin embargo, es un procedimiento válido en la práctica médica .
El Diccionario de Terminologías Médicas de Salvat, dice que es una preparación medicamentosa más agradable que útil.
El Pequeño Larousse precisa que es una píldora de azúcar sin valor terapéutico alguno, que se administra a veces a los enfermos para producir un efecto psicológico. También que son substancias inactivas que se emplean en estudios controlados para compararlas con fármacos presuntamente activos y por último también cualquier maniobra terapéutica, incluyendo técnicas quirúrgicas o psicológicas.
Aunque desde 1783, el placebo se consideró medicina simulada, inerte e inofensiva, no lo es del todo, pues la actitud del paciente ante la prescripción médica es muy variable y la confianza que él tiene en las prescripciones del médico desencadenan en su interior mecanismos mentales que aún hoy escapan al escrutinio consciente de quien la prescribe o quien la ingiere.
Entre las manifestaciones de intolerancia a algunos fármacos, se registran náuseas, cefalea, somnolencia, vértigo, insomnio, fatiga, depresión, parálisis, alucinaciones, escozor, vómitos, temblores, diarrea, palidez, erupciones, ataxia y otros síntomas subjetivos y objetivos, deseados y no deseados.
Aquellos pacientes con mayor o menor grado de ansiedad, que viven tensionados o son melancólicos, dan mucha importancia a los síntomas que presentan, sean éstos cefaleas, dolores de cualquier localización, tos, insomnio, mareos, pudiendo hacer pensar al médico en entidades clínicas como bronquitis crónica, resfriado común, artritis, úlcera péptica o hipertensión arterial.
Es en ellos, principalmente, en quienes la administración de placebos podría ser el responsable del inicio de síntomas reales, aunque con una fisiopatología dudosa, dado que el medicamento que se administra no es en sí capaz de desencadenar tales reacciones.
El estudio integral del paciente, fundamentado en una buena historia clínica, como es obligación de todo profesional de la salud, orientará hacia la aplicación de tal o cual protocolo de tratamiento. De primera intención, el buen médico no debe atribuir los síntomas a fingimiento de parte del paciente. Es evidente que sufre los síntomas que expresa y habrá que comprobar si es de índole orgánica o emocional, tan válidos aquellos como éstos y mediante la entrevista y haciendo uso de la psicología general, se orientará el clínico para la toma de decisiones y si lo considera indicado, proceder a estudios de laboratorio y gabinete que corroboren o descarten una sospecha diagnóstica.
Cualquier procedimiento que se realice en un paciente tiene un alto grado de efecto placebo, desde la entrevista hasta la prescripción médica.
Los pacientes, cada vez más informados de lo que pueden esperar de la actuación médica, fácilmente entran en sospecha y tienen el derecho de acudir a una segunda o tercera opinión, de tal suerte que podría quedar muy pronto en evidencia cuándo se actúa en forma deshonesta, perdiéndose así credibilidad.
Por otra parte, existen algunos inconvenientes en la práctica médica que hacen más difícil el juicio con respecto al resultado obtenido con la prescripción de un placebo:
a) Si se tomó antes de la mejoría espontánea, el paciente lo atribuirá al placebo.
b) Si se presenta cefalea o algún otro síntoma desagradable, el medicamento inerte será el responsable.
c) Los pacientes con personalidades histriónicas que tienden a querer complacer a sus médicos, obtendrán mejores resultados.
d) Un paciente con dolor agudo, manifestará actitud más favorable que un enfermo con dolor crónico.
e) Aquellos pacientes que consideran a los medicamentos como productos químicos peligrosos, podrían tener reacciones imprevisibles.
f) Si el médico, en el momento de prescribir, está malhumorado o parece indeciso, obtendrá, obviamente, resultados muy pobres, aunque el medicamento realmente sea activo y esté bien indicado.
g) Existen casos extremos como el caso de un paciente que ingirió 10,000 medicamentos placebos en un año.
h) Otro mostró características de verdadera adicción.
Por lo tanto podría tenerse infinidad de manifestaciones individuales a las que el médico debe estar preparado para actuar éticamente, si es que consideró justificado el uso del placebo:
a) Aquellos pacientes que tienen tendencia a aumentar las dosis prescritas.
b) Quienes son incapaces de detener la toma del “medicamento” sin ayuda del psiquiatra.
c) La manifestación de deseos compulsivos de ingerir la tableta.
d) Casos de verdadero síndrome de abstinencia al privarlo del compuesto.En la investigación farmacológica, seguirán realizándose aquellos estudios “doble ciego”. Sin embargo el fármaco debe demostrar que es mejor que el placebo, descartando los casos de sugestión, la aparición de cambios espontáneos en los que la mejoría registrada debe ser mayor del 50%, es decir, descartar la casualidad por medio de la ley de probabilidades. Resulta pues difícil demostrar la eficacia de un medicamento.
Algunos aspectos más a considerar serían:
a) El efecto placebo positivo cuando el médico y el paciente creen que el fármaco proporcionará un efecto beneficioso, como la prescripción de Vitamina B12 en pacientes con artritis.
b) Un medicamento moderadamente activo puede provocar un efecto aumentado, como es el caso de los vasodilatadores periféricos en un enfermo con claudicación intermitente.
Finalmente, hay que tomar en cuenta que los placebos pueden tener riesgos:
a) Alterar la relación médico-paciente si se entera éste último que hubo engaño por parte del médico.
b) El médico etiqueta al paciente de neurótico o patología de origen psicógeno, si logró mejoría mediante algún medicamento poco activo farmacológicamente hablando.
c) En los centros de atención médica, están implicados varios miembros del equipo de salud y alguno podría expresar una opinión negativa al paciente con respecto al uso de estos procedimientos. El médico debe estar preparado para otorgar una buena explicación al paciente, cuando éste lo cuestione al respecto.
Los medicamentos más comunes a los que se acude en la terapéutica y que podríamos llamar placebos incluyen: Tónicos, Vitamínicos, inyecciones de B12, tabletas de lactosa, inyecciones de agua estéril o bidestilada.
Cuando un paciente ha sido atendido por muchos años por su médico de cabecera y cuando éste dejara de ejercer, hereda sus pacientes a un médico joven, si sistemáticamente le niega los medicamentos por considerarlos innecesarios y aquel los ha tomado siempre con gran fe y los ha considerado de efectos benéficos, podría sufrir graves alteraciones.
Existen aquellos que prefieren las inyecciones a la vía oral, pues mejora con aquellos y no con éstas.
Por último recordar que los pacientes afectados por enfermedades crónicas malignas, obtienen de los placebos, la esperanza requerida. “El médico, pocas veces cura, pero consuela siempre”.
Bibliografía:
1. Benson H, Friedman R. Harnessing the power of the placebo effect and renaming it “remembered wellness”". Annu Rev Med 1996;47:193-199.
2. De Deyn PP, Dhooge R. Placebos in clinical practice and research”. J Med Ethics 1996; 22(3):140-146.
3. Kienle GS, Kiene H. “Placebo effect and placebo concept: a critical methodological and conceptual analysis of reports on the magnitude of the placebo effect. Altern Ther Health Med 1996;2(6):39-54.
4. Vase L, Riley JL, Price DD. A comparison of placebo effects in clinical analgesic trials versus studies of placebo analgesia. Pain 2002;99:443-52.
5. Andrews G. Placebo response in depression: bane of research, boon to therapy.Br J Psychiatry 2001;178:192-4.
6. Walach H, Maidhof C. Is the placebo effect dependent on time? A meta-analysis. In: Kirsch I (ed). How expectancies shape experience. Washington, DC: American Psychological Association Books, 1999:321-32.
7. Hróbjartsson A, Gotzsche P. Is the placebo powerless? An analysis of clinical trials comparing placebo with no treatment.. N Engl J Med 2001;344:1594-602.
8. Hyland ME. Using the placebo response in clinical practice. Clin Med. 2003 Jul-Aug;3(4):347-5.
*Dr. Eduardo del Carmen López López.
Médico Cirujano Angiólogo, egresado de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco.
Subcomisionado médico de la CECAMET.
Profesor Investigador Titular A de la División Académica de Ciencias de la Salud de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco.
Eduardo del Carmen López López.
*En la terapéutica clínica, se utilizan varios procedimientos para obtener cambios fisiopatológicos en el individuo que padece; entre ellos los aspectos higiénico-dietéticos con un enfoque preventivo y de educación para la salud. En otras ocasiones es a través de la dietética que se ejerce una acción directa sobre el proceso del enfermar; tal es el caso de la desnutrición o en el control de la obesidad.
La ingesta o aplicación de substancias que farmacológicamente han demostrado que afectan las reacciones naturales mediante la fisiología normal y propician de alguna manera el restablecimiento de la homeostasis, justifican el uso de los líquidos y electrolitos por vía oral o parenteral para el control y cura de la deshidración y el desequilibrio iónico, presente en algunas entidades clínicas.
Con el advenimiento de los tratamientos antimicrobianos, desde las sulfas hasta las más recientes quinolonas de cuarta generación, la medicina curativa avanzó exponencialmente, pero hay necesidad de demostrar experimentalmente, en diversas especies de animales su beneficio y máxima tolerancia para el control de los microrganismos que invaden la economía y son causa, por su toxicidad y multiplicación de llevar al individuo a la muerte. Para ello debe establecerse una dosis terapéutica muy lejos de la dosis letal mínima y generalmente se precisa de acuerdo a la edad, estado fisiológico, talla y peso del individuo.
Sin embargo, cuando se lleva a la práctica en el humano, las primeras veces surge duda, si el beneficio al controlar síntomas subjetivos es real o únicamente se está actuando sobre el inconsciente y gran parte del efecto benéfico no podría ser reproducido igualmente en individuos en diferentes circunstacias.
Para ello se hace uso de los estudios “doble ciego”, donde a dos grupos se les administra un medicamento de igual aspecto y por la misma vía, pero en uno se excluye el principío activo y se sustituye el medicamento por azúcar, harina o agua bidestilada con color que simula al verdadero, ignorando ambos grupos cual es cual.
Según el Diccionario de la Real Academia Española, placebo, proviene del latín placere: que significa agradar o dar gusto, describe una tableta, comprimido, gragea, etc. que con apariencia de medicamento, no contiene ningún principio activo y sólo obra a veces por sugestión.A primera vista, evidentemente se trata de un engaño que el terapeuta realiza en quien confía en él. Sin embargo, es un procedimiento válido en la práctica médica .
El Diccionario de Terminologías Médicas de Salvat, dice que es una preparación medicamentosa más agradable que útil.
El Pequeño Larousse precisa que es una píldora de azúcar sin valor terapéutico alguno, que se administra a veces a los enfermos para producir un efecto psicológico. También que son substancias inactivas que se emplean en estudios controlados para compararlas con fármacos presuntamente activos y por último también cualquier maniobra terapéutica, incluyendo técnicas quirúrgicas o psicológicas.
Aunque desde 1783, el placebo se consideró medicina simulada, inerte e inofensiva, no lo es del todo, pues la actitud del paciente ante la prescripción médica es muy variable y la confianza que él tiene en las prescripciones del médico desencadenan en su interior mecanismos mentales que aún hoy escapan al escrutinio consciente de quien la prescribe o quien la ingiere.
Entre las manifestaciones de intolerancia a algunos fármacos, se registran náuseas, cefalea, somnolencia, vértigo, insomnio, fatiga, depresión, parálisis, alucinaciones, escozor, vómitos, temblores, diarrea, palidez, erupciones, ataxia y otros síntomas subjetivos y objetivos, deseados y no deseados.
Aquellos pacientes con mayor o menor grado de ansiedad, que viven tensionados o son melancólicos, dan mucha importancia a los síntomas que presentan, sean éstos cefaleas, dolores de cualquier localización, tos, insomnio, mareos, pudiendo hacer pensar al médico en entidades clínicas como bronquitis crónica, resfriado común, artritis, úlcera péptica o hipertensión arterial.
Es en ellos, principalmente, en quienes la administración de placebos podría ser el responsable del inicio de síntomas reales, aunque con una fisiopatología dudosa, dado que el medicamento que se administra no es en sí capaz de desencadenar tales reacciones.
El estudio integral del paciente, fundamentado en una buena historia clínica, como es obligación de todo profesional de la salud, orientará hacia la aplicación de tal o cual protocolo de tratamiento. De primera intención, el buen médico no debe atribuir los síntomas a fingimiento de parte del paciente. Es evidente que sufre los síntomas que expresa y habrá que comprobar si es de índole orgánica o emocional, tan válidos aquellos como éstos y mediante la entrevista y haciendo uso de la psicología general, se orientará el clínico para la toma de decisiones y si lo considera indicado, proceder a estudios de laboratorio y gabinete que corroboren o descarten una sospecha diagnóstica.
Cualquier procedimiento que se realice en un paciente tiene un alto grado de efecto placebo, desde la entrevista hasta la prescripción médica.
Los pacientes, cada vez más informados de lo que pueden esperar de la actuación médica, fácilmente entran en sospecha y tienen el derecho de acudir a una segunda o tercera opinión, de tal suerte que podría quedar muy pronto en evidencia cuándo se actúa en forma deshonesta, perdiéndose así credibilidad.
Por otra parte, existen algunos inconvenientes en la práctica médica que hacen más difícil el juicio con respecto al resultado obtenido con la prescripción de un placebo:
a) Si se tomó antes de la mejoría espontánea, el paciente lo atribuirá al placebo.
b) Si se presenta cefalea o algún otro síntoma desagradable, el medicamento inerte será el responsable.
c) Los pacientes con personalidades histriónicas que tienden a querer complacer a sus médicos, obtendrán mejores resultados.
d) Un paciente con dolor agudo, manifestará actitud más favorable que un enfermo con dolor crónico.
e) Aquellos pacientes que consideran a los medicamentos como productos químicos peligrosos, podrían tener reacciones imprevisibles.
f) Si el médico, en el momento de prescribir, está malhumorado o parece indeciso, obtendrá, obviamente, resultados muy pobres, aunque el medicamento realmente sea activo y esté bien indicado.
g) Existen casos extremos como el caso de un paciente que ingirió 10,000 medicamentos placebos en un año.
h) Otro mostró características de verdadera adicción.
Por lo tanto podría tenerse infinidad de manifestaciones individuales a las que el médico debe estar preparado para actuar éticamente, si es que consideró justificado el uso del placebo:
a) Aquellos pacientes que tienen tendencia a aumentar las dosis prescritas.
b) Quienes son incapaces de detener la toma del “medicamento” sin ayuda del psiquiatra.
c) La manifestación de deseos compulsivos de ingerir la tableta.
d) Casos de verdadero síndrome de abstinencia al privarlo del compuesto.En la investigación farmacológica, seguirán realizándose aquellos estudios “doble ciego”. Sin embargo el fármaco debe demostrar que es mejor que el placebo, descartando los casos de sugestión, la aparición de cambios espontáneos en los que la mejoría registrada debe ser mayor del 50%, es decir, descartar la casualidad por medio de la ley de probabilidades. Resulta pues difícil demostrar la eficacia de un medicamento.
Algunos aspectos más a considerar serían:
a) El efecto placebo positivo cuando el médico y el paciente creen que el fármaco proporcionará un efecto beneficioso, como la prescripción de Vitamina B12 en pacientes con artritis.
b) Un medicamento moderadamente activo puede provocar un efecto aumentado, como es el caso de los vasodilatadores periféricos en un enfermo con claudicación intermitente.
Finalmente, hay que tomar en cuenta que los placebos pueden tener riesgos:
a) Alterar la relación médico-paciente si se entera éste último que hubo engaño por parte del médico.
b) El médico etiqueta al paciente de neurótico o patología de origen psicógeno, si logró mejoría mediante algún medicamento poco activo farmacológicamente hablando.
c) En los centros de atención médica, están implicados varios miembros del equipo de salud y alguno podría expresar una opinión negativa al paciente con respecto al uso de estos procedimientos. El médico debe estar preparado para otorgar una buena explicación al paciente, cuando éste lo cuestione al respecto.
Los medicamentos más comunes a los que se acude en la terapéutica y que podríamos llamar placebos incluyen: Tónicos, Vitamínicos, inyecciones de B12, tabletas de lactosa, inyecciones de agua estéril o bidestilada.
Cuando un paciente ha sido atendido por muchos años por su médico de cabecera y cuando éste dejara de ejercer, hereda sus pacientes a un médico joven, si sistemáticamente le niega los medicamentos por considerarlos innecesarios y aquel los ha tomado siempre con gran fe y los ha considerado de efectos benéficos, podría sufrir graves alteraciones.
Existen aquellos que prefieren las inyecciones a la vía oral, pues mejora con aquellos y no con éstas.
Por último recordar que los pacientes afectados por enfermedades crónicas malignas, obtienen de los placebos, la esperanza requerida. “El médico, pocas veces cura, pero consuela siempre”.
Bibliografía:
1. Benson H, Friedman R. Harnessing the power of the placebo effect and renaming it “remembered wellness”". Annu Rev Med 1996;47:193-199.
2. De Deyn PP, Dhooge R. Placebos in clinical practice and research”. J Med Ethics 1996; 22(3):140-146.
3. Kienle GS, Kiene H. “Placebo effect and placebo concept: a critical methodological and conceptual analysis of reports on the magnitude of the placebo effect. Altern Ther Health Med 1996;2(6):39-54.
4. Vase L, Riley JL, Price DD. A comparison of placebo effects in clinical analgesic trials versus studies of placebo analgesia. Pain 2002;99:443-52.
5. Andrews G. Placebo response in depression: bane of research, boon to therapy.Br J Psychiatry 2001;178:192-4.
6. Walach H, Maidhof C. Is the placebo effect dependent on time? A meta-analysis. In: Kirsch I (ed). How expectancies shape experience. Washington, DC: American Psychological Association Books, 1999:321-32.
7. Hróbjartsson A, Gotzsche P. Is the placebo powerless? An analysis of clinical trials comparing placebo with no treatment.. N Engl J Med 2001;344:1594-602.
8. Hyland ME. Using the placebo response in clinical practice. Clin Med. 2003 Jul-Aug;3(4):347-5.
*Dr. Eduardo del Carmen López López.
Médico Cirujano Angiólogo, egresado de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco.
Subcomisionado médico de la CECAMET.
Profesor Investigador Titular A de la División Académica de Ciencias de la Salud de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco.