Esta historia es de un amigo mio, en el cual la queria compartir con ustedes y oir sus opiniones. No es una historia muy larga, es corta y sencilla. Pero me gustaria que me digan sus opiniones y criticas, porfavor. Gracias y difruten el relato...
Cristofer
Se trata de un chico, de no más de 17 años llamado Cristofer. Tenía una vida normal se podría decir, con amigos, con padre-madre y un hermano mayor.
Cristofer vivía con Fausto Willigan (padre) y Maria Curer de Willigan (madre) en una casa tipo que mas adelante va a ser relatada. Su hermano Eustafio
Willigan (si, feo nombre) vivía ya hace tiempo con su novia llamada Lisa en un departamento que le había quedado por herencia en San Yupon (un pueblo poco conocido) . Hace mucho que Eustafio no tenía contacto con sus padres, digamos que nunca fue lo que los padres esperaban de él. Eustafio era más bien perezoso, que trabajaba en un local que vendía películas para adultos al sur de su departamento, a no más de media hora en auto.
Aparte de esto, Cristofer no tenía otra familia, sus abuelos -de parte de los dos padres- estaban "desaparecidos". Fausto y Maria nunca le contaron a Cristofer lo que paso con sus abuelos, pero Cristofer presentía algo, algo raro con respecto a su desaparición, que una vez se lo insinuó a Fausto, pero a este, se le cambio la cara, cara de horror, cara de esas que no te las olvidas más, guardó silencio y se fue. Después de esto no le habló a Cristofer en semanas (otro motivo para pensar, en ese algo malo de su supuesta desaparición).
En el ámbito escolar, no tenía muchos amigos, tenía dos o tres. Antes de entrar al colegio, se juntaba en una esquina, que tenía un árbol particular, -era el único árbol que sacaba flores de color esmeralda- con Jamie Pettit (sus padres eran franceses) y Osman Fusenecco. Los tres eran compañeros de aula, y se sentaban casi juntos, en el medio de la fila, cerca de la ventana. Después del colegio se iban a un pub, a tomar un par de "birras" (denominada así por ellos) y a conocer chicas.
Se quedan ahí un par de horas, y después cada uno se va a su casa. Así más o menos, son los días de Cristofer.
Los padres
Fausto, hombre aproximadamente de unos 50 años 1,78 de altura, robusto con una barba blanca que le hace juego con su cabellera. Trabaja de plomero por el condado. Conduce una F-100 que la cuida como si fuera su tercer hijo. Bueno casi como su segundo hijo, ya que con Eustafio nunca se llevaron del todo bien.
Era un hombre conocido en el pueblo por su carácter. Estaba casado con Marie. Marie era la mujer que todo esposo quiere tener, atenta, cuidadosa y que tiene un carácter que se hace llevar bien con todos. Esto tambien se hace posible con su voz, tiene una voz tan agradable que hasta el más duro caería ante sus pies con solo escucharla hablar.
Marie de vez en cuando hablo con Eustafio, -a escondidas de Fausto-. Se arrepiente tanto de lo sucedido, por eso lo llama casi todos los días, pero como dice el dicho, lo hecho, hecho está.
La casa
Esta casa era un casa "tipo" espaciosa, que se encontraba en Carrera y Urian (street) en el pueblo de Curton, en el "condado" de Tenfor. Construcción de antaño, con material y ladrillos, de un color vistoso, pero maltratada por la humedad. Dos plantas. Abajo disponía de tres habitaciones, una cocina g rande, un living-comedor, una habitación que no se abría desde que Eustafio se fue a los 18 años, y un baño para los huéspedes. Arriba, tenía 3 habitaciones, y un baño con yacuzzi.
Era una casa un poco "oscura", no entraba mucho la luz, y la que provenía de la casa, no ayudaba. Algunos focos pedían a gritos que los cambien.
Tenía un sótano, que desde que se instalaron en la casa, la familia Willigan nunca había usado, ni siquiera habían entrado. Nunca se supo porqué, pero es hasta el día de hoy que sigue cerrado.
En la parte de atrás, tenía un patio, descuidado, con una ligustrina que enmarcaba la casa. A la derecha de la casa, se encuentra la casa de Marcos Marcowen, era un hombre muy cerrado, decayó en un agujero después de la muerte de su esposa en un accidente de auto muy recordado por el la gente del pueblo. A la izquierda, hay una casa -casi una mansión- abandonada, donde nunca se supo nada de los anteriores dueños.
El suceso
Era un 23 de Octubrea, día nublado casi lluvioso. Cristofer volvía del "pub", había conocido a una chica que parecía ser un "amor" de esos que no se olvidan tan fácilmente.
Estaba mas contento de lo común, y al llegar a la casa, no tardaron en darse cuenta.
-Hola Cris. Fuiste al pub?
- Hola pa.. em si, si fui.
-Y? como estuvo? Alguna novedad?
-(silencio) No.. me voy a la pieza que tengo que terminar tarea..
Miradas cómplices entre Fausto y Maria. A Fausto le molestaba que Cris (como lo denominaban de chiquito) no tenga confianza en él, no le contara las cosas, tal vez porque no pasó tanto tiempo con él en su niñez, tendría que haber estado mas presente, y eso es de lo que se arrepentía Fausto.
Obviamente, Cristofer no fue a hacer tarea, se fue a acostar a su cama, con la puerta cerrada y el sol tenue que entraba por la ventana. Ve el reloj, las 15hs. Se acostó con la intención de no dormirse, pero los ojos y el cansancio le ganaron.
Después de horas de dormir -que obviamente Cristofer todavía no sabía- empezaba a abrir los ojos. No sabía ni donde estaba, se levanta de la cama y se sienta en su silla de escritorio. Pasaron un par de minutos hasta que se despabilo y reconocer el tiempo y espacio en donde se encontraba. Miró el reloj, las 18:13. Había dormido más de 3 horas, no sabía porqué había dormido tanto, si tan cansado no estaba.
Bajó al living-comedor, se sirvió un poco de jugo en un vaso, y se dio cuenta que sus padres no se encontraban en casa -algo raro, nunca se iban a esta hora- al instante divisó en la heladera un papel, -sostenido por un imán de una pizzería del pueblo, muy buena, por demás esta decirlo- en el cual decía:
Cris, nos fuimos al cine con mamá, volvemos mas tarde
Al cine pensaba Cris, algo fuera de lo común, pero le pareció bien que salgan a distenderse. La casa estaba para él solo, y no sabia que hacer. Estaba dubitativo, se sentaba en el escritorio a hacer cosas del colegio y no se podía concentrar, pensó en juntarse con Jamie y Osman, pero ya los había visto a la tarde, y como que no había nada interesante para hacer con ellos. En ese momento se acordó de una puerta, -fue uno de esos recuerdos que no se saben porqué vienen a la mente- de la puerta que daba al sótano, al pensar eso, le recorrió en el cuerpo un escalofrío, nunca le había pasado, fue algo "anormal".
Sin más preámbulos, Cris fue a la puerta. En ella se leía un cartel de "NO ENTRE", bien remarcado y en color rojo. Nadie de la familia le había hablado del sótano y cuando tocaba el tema cambiaban de tema hasta una vez le preguntó a su hermano y el nunca le respondió.
Siempre le intrigó esa puerta, tenía como algo "especial". La protegía un candado grande.
Cris ni siquiera podía suponer donde se encontraba la llave. Recordó la caja de herramientas, que su padre usa para el trabajo. (Algún martillo, o un corta fierro tendría que haber).
Entró a la habitación, buscó abajo de la cama, en el placard, en la mesita de luz y seguía sin encontrarla. Hasta que se acordó de la fuga del bidet y que su padre la arregló.
-Acá están, por fin- gritó cuando las vió.
Agarro un martillo y un fierro y una linterna del armario y fue a la puerta. Al llegar Cris se quedó perplejo, el candado estaba abierto. No entendía como había pasado, pensó que tal vez haya visto mal, y el candado ya estaba abierto. Pero una parte de él sabía que no era así, sabía que atrás de esa puerta, ese "algo especial" era algo maligno, y que si entraba ahí capaz no regrese.
-Abre la puerta- Mientras bajaba, seguía pensando en lo del candado, estaba "retraído" por ese suceso. Cristofer empezaba a sentir miedo, mucho miedo, pero la intriga le ganaba.
Ese sótano, tenía una atmosfera diferente, no se parecía nada a la atmosfera de su casa, o del colegio en donde asistía. Era como otro mundo, como un portal hacia otro lado.
No había luz, estaba todo oscuro, sacó la linterna. Y empezó a avanzar, había muebles de antaño, obviamente todos sucios con telarañas y otras cosas, lleno de platos, cubiertos.
-Que olor- dijo Cris. Y era verdad, era olor a putrefacción, era ese olor que nadie quiere sentir. Cada vez que seguía caminando, se adentraba a un lugar desconocido.
-Auch- se habia tropezado con un sillón.-Sillón de mier..- Gira la linterna hacia el sillón, y entre la suciedad divisó un mesa, que se destacaba entre las demás. Estaba limpia, casi reluciente, tenía un plato (blanco ,de una vajilla especial, muy fina) con restos de comida, con tenedor y cuchillo sucios y con una copa que contenía vino (o eso parecía) por la mitad.
Cristofer estaba boqui-abierto, y en ese momento se dió cuenta de que no estaba solo, había alguien o algo más en ese sótano. Tenía que salir inmediatamente, como sea.
Hizo un giro de 380 grados en sí, se preparó para correr. Veia la luz que salia de puerta, a lo lejos.
-Cris, ya llegamos- Se escuchó esa voz tan dulce de Marie.
Cris esbozó una sonrisa. Por un momento se ilusionó. Empezó a correr, como nunca en la vida. Cada cuanto más corría, mas parecía que la puerta se alejaba.
-Cris? Dónde estás?- Preguntaba la dulce voz de Marie de nuevo.
-MAMA, aca estoy! mamaaaa- Grita Cris.
De pronto se encontró al pie de la escalera, tenía que subir 19 escalones nada más. Puso su pie derecho en el segundo escalón y seguía gritando -MAMA, estoy en el sótano!-
Estaba a punto de poner su pie izquierdo en el cuarto escalón, pero no fue así. Algo lo agarró, una mano, pero estaba fría, muy fría. No era una mano "corriente". Cris no quería mirar a ver que era, hacia cada vez mas fuerza para soltarse, pero no había caso.
No sabía que hacer, y empezó a ver menos luz en el sótano. La puerta se estaba cerrando, cada vez un poco más. Fue una fracción de segundos, en que el sótano quedó en oscuridad total. No se escuchaba ni un ruido ni nada. Cristofer sollozó por un segundo, la mano que lo sostenía lo jaló. Se golpeó las manos contra los escalones. Algo lo arrastraba hasta el fondo del sótano. Era algo que nunca había visto la luz. Mientras lo arrastraba a Cris, este pudo sentir a la pasada, una mano con los dedos y uñas, algo arrugada y estaba mojada.
Se ilusiono que hubiera alguien más que pueda ayudarlo, pero nunca lo va a saber. Esa era una mano desprendida de un cuerpo, y ese mojado era sangre.
Seguía arrastrándolo, hasta que se desmayó y desapareció en lo profundo de ese sótano, árido y lúgubre por donde se lo vea.
El final
En un par de días nadie escuchó hablar de los Willigan, habían desaparecido. Una patrulla del condado fue a la casa, a ver que pasaba. Los inspectores Manson y Churran. La puerta principal estaba abierta. Estaba todo acomodado, nada fuera de lugar, estaba todo limpio, como se diría casi impecable. No había explicación posible de porque o cuando se fueron. Cercaron la casa con el cordón policial, investigaron de arriba abajo, en todos los lugares.
Todos los lugares? no todos, el sótano no lo revisaron. Ni le dieron un vistazo, nada. Contactaron al otro hijo de la familia, Eustafio. Le contaron lo sucedido. A los pocos días, su novia lo deporto desaparecido.
Nadie habló de lo sucedido, ni los vecinos ni los policías. Pasaron varios días, y la casa se dió a una inmobiliaria para que la venda.
El presente
Han pasado mas de 2 años, y la casa sigue sin encontrar dueño. Nadie supo que paso con la familia Willigan, y creo que tampoco quieren saberlo. La casa todavía está como la dejaron los Willigan, con sus muebles, vajillas y su ropa. El sótano sigue con su cartel y su candado esperando a que alguien quiera averiguar lo que pasa ahí dentro.
Atte: Lucas Agustin
El Sótano
Esta historia está basada en una historia real. Hay muchas narraciones, pero está es la original. Nadie sabe quien la contó, o como hizo para llegar hasta que acá, solo dicen que el que la contó la vivió.
Esta historia está basada en una historia real. Hay muchas narraciones, pero está es la original. Nadie sabe quien la contó, o como hizo para llegar hasta que acá, solo dicen que el que la contó la vivió.
Cristofer
Se trata de un chico, de no más de 17 años llamado Cristofer. Tenía una vida normal se podría decir, con amigos, con padre-madre y un hermano mayor.
Cristofer vivía con Fausto Willigan (padre) y Maria Curer de Willigan (madre) en una casa tipo que mas adelante va a ser relatada. Su hermano Eustafio
Willigan (si, feo nombre) vivía ya hace tiempo con su novia llamada Lisa en un departamento que le había quedado por herencia en San Yupon (un pueblo poco conocido) . Hace mucho que Eustafio no tenía contacto con sus padres, digamos que nunca fue lo que los padres esperaban de él. Eustafio era más bien perezoso, que trabajaba en un local que vendía películas para adultos al sur de su departamento, a no más de media hora en auto.
Aparte de esto, Cristofer no tenía otra familia, sus abuelos -de parte de los dos padres- estaban "desaparecidos". Fausto y Maria nunca le contaron a Cristofer lo que paso con sus abuelos, pero Cristofer presentía algo, algo raro con respecto a su desaparición, que una vez se lo insinuó a Fausto, pero a este, se le cambio la cara, cara de horror, cara de esas que no te las olvidas más, guardó silencio y se fue. Después de esto no le habló a Cristofer en semanas (otro motivo para pensar, en ese algo malo de su supuesta desaparición).
En el ámbito escolar, no tenía muchos amigos, tenía dos o tres. Antes de entrar al colegio, se juntaba en una esquina, que tenía un árbol particular, -era el único árbol que sacaba flores de color esmeralda- con Jamie Pettit (sus padres eran franceses) y Osman Fusenecco. Los tres eran compañeros de aula, y se sentaban casi juntos, en el medio de la fila, cerca de la ventana. Después del colegio se iban a un pub, a tomar un par de "birras" (denominada así por ellos) y a conocer chicas.
Se quedan ahí un par de horas, y después cada uno se va a su casa. Así más o menos, son los días de Cristofer.
Los padres
Fausto, hombre aproximadamente de unos 50 años 1,78 de altura, robusto con una barba blanca que le hace juego con su cabellera. Trabaja de plomero por el condado. Conduce una F-100 que la cuida como si fuera su tercer hijo. Bueno casi como su segundo hijo, ya que con Eustafio nunca se llevaron del todo bien.
Era un hombre conocido en el pueblo por su carácter. Estaba casado con Marie. Marie era la mujer que todo esposo quiere tener, atenta, cuidadosa y que tiene un carácter que se hace llevar bien con todos. Esto tambien se hace posible con su voz, tiene una voz tan agradable que hasta el más duro caería ante sus pies con solo escucharla hablar.
Marie de vez en cuando hablo con Eustafio, -a escondidas de Fausto-. Se arrepiente tanto de lo sucedido, por eso lo llama casi todos los días, pero como dice el dicho, lo hecho, hecho está.
La casa
Esta casa era un casa "tipo" espaciosa, que se encontraba en Carrera y Urian (street) en el pueblo de Curton, en el "condado" de Tenfor. Construcción de antaño, con material y ladrillos, de un color vistoso, pero maltratada por la humedad. Dos plantas. Abajo disponía de tres habitaciones, una cocina g rande, un living-comedor, una habitación que no se abría desde que Eustafio se fue a los 18 años, y un baño para los huéspedes. Arriba, tenía 3 habitaciones, y un baño con yacuzzi.
Era una casa un poco "oscura", no entraba mucho la luz, y la que provenía de la casa, no ayudaba. Algunos focos pedían a gritos que los cambien.
Tenía un sótano, que desde que se instalaron en la casa, la familia Willigan nunca había usado, ni siquiera habían entrado. Nunca se supo porqué, pero es hasta el día de hoy que sigue cerrado.
En la parte de atrás, tenía un patio, descuidado, con una ligustrina que enmarcaba la casa. A la derecha de la casa, se encuentra la casa de Marcos Marcowen, era un hombre muy cerrado, decayó en un agujero después de la muerte de su esposa en un accidente de auto muy recordado por el la gente del pueblo. A la izquierda, hay una casa -casi una mansión- abandonada, donde nunca se supo nada de los anteriores dueños.
El suceso
Era un 23 de Octubrea, día nublado casi lluvioso. Cristofer volvía del "pub", había conocido a una chica que parecía ser un "amor" de esos que no se olvidan tan fácilmente.
Estaba mas contento de lo común, y al llegar a la casa, no tardaron en darse cuenta.
-Hola Cris. Fuiste al pub?
- Hola pa.. em si, si fui.
-Y? como estuvo? Alguna novedad?
-(silencio) No.. me voy a la pieza que tengo que terminar tarea..
Miradas cómplices entre Fausto y Maria. A Fausto le molestaba que Cris (como lo denominaban de chiquito) no tenga confianza en él, no le contara las cosas, tal vez porque no pasó tanto tiempo con él en su niñez, tendría que haber estado mas presente, y eso es de lo que se arrepentía Fausto.
Obviamente, Cristofer no fue a hacer tarea, se fue a acostar a su cama, con la puerta cerrada y el sol tenue que entraba por la ventana. Ve el reloj, las 15hs. Se acostó con la intención de no dormirse, pero los ojos y el cansancio le ganaron.
Después de horas de dormir -que obviamente Cristofer todavía no sabía- empezaba a abrir los ojos. No sabía ni donde estaba, se levanta de la cama y se sienta en su silla de escritorio. Pasaron un par de minutos hasta que se despabilo y reconocer el tiempo y espacio en donde se encontraba. Miró el reloj, las 18:13. Había dormido más de 3 horas, no sabía porqué había dormido tanto, si tan cansado no estaba.
Bajó al living-comedor, se sirvió un poco de jugo en un vaso, y se dio cuenta que sus padres no se encontraban en casa -algo raro, nunca se iban a esta hora- al instante divisó en la heladera un papel, -sostenido por un imán de una pizzería del pueblo, muy buena, por demás esta decirlo- en el cual decía:
Cris, nos fuimos al cine con mamá, volvemos mas tarde
Al cine pensaba Cris, algo fuera de lo común, pero le pareció bien que salgan a distenderse. La casa estaba para él solo, y no sabia que hacer. Estaba dubitativo, se sentaba en el escritorio a hacer cosas del colegio y no se podía concentrar, pensó en juntarse con Jamie y Osman, pero ya los había visto a la tarde, y como que no había nada interesante para hacer con ellos. En ese momento se acordó de una puerta, -fue uno de esos recuerdos que no se saben porqué vienen a la mente- de la puerta que daba al sótano, al pensar eso, le recorrió en el cuerpo un escalofrío, nunca le había pasado, fue algo "anormal".
Sin más preámbulos, Cris fue a la puerta. En ella se leía un cartel de "NO ENTRE", bien remarcado y en color rojo. Nadie de la familia le había hablado del sótano y cuando tocaba el tema cambiaban de tema hasta una vez le preguntó a su hermano y el nunca le respondió.
Siempre le intrigó esa puerta, tenía como algo "especial". La protegía un candado grande.
Cris ni siquiera podía suponer donde se encontraba la llave. Recordó la caja de herramientas, que su padre usa para el trabajo. (Algún martillo, o un corta fierro tendría que haber).
Entró a la habitación, buscó abajo de la cama, en el placard, en la mesita de luz y seguía sin encontrarla. Hasta que se acordó de la fuga del bidet y que su padre la arregló.
-Acá están, por fin- gritó cuando las vió.
Agarro un martillo y un fierro y una linterna del armario y fue a la puerta. Al llegar Cris se quedó perplejo, el candado estaba abierto. No entendía como había pasado, pensó que tal vez haya visto mal, y el candado ya estaba abierto. Pero una parte de él sabía que no era así, sabía que atrás de esa puerta, ese "algo especial" era algo maligno, y que si entraba ahí capaz no regrese.
-Abre la puerta- Mientras bajaba, seguía pensando en lo del candado, estaba "retraído" por ese suceso. Cristofer empezaba a sentir miedo, mucho miedo, pero la intriga le ganaba.
Ese sótano, tenía una atmosfera diferente, no se parecía nada a la atmosfera de su casa, o del colegio en donde asistía. Era como otro mundo, como un portal hacia otro lado.
No había luz, estaba todo oscuro, sacó la linterna. Y empezó a avanzar, había muebles de antaño, obviamente todos sucios con telarañas y otras cosas, lleno de platos, cubiertos.
-Que olor- dijo Cris. Y era verdad, era olor a putrefacción, era ese olor que nadie quiere sentir. Cada vez que seguía caminando, se adentraba a un lugar desconocido.
-Auch- se habia tropezado con un sillón.-Sillón de mier..- Gira la linterna hacia el sillón, y entre la suciedad divisó un mesa, que se destacaba entre las demás. Estaba limpia, casi reluciente, tenía un plato (blanco ,de una vajilla especial, muy fina) con restos de comida, con tenedor y cuchillo sucios y con una copa que contenía vino (o eso parecía) por la mitad.
Cristofer estaba boqui-abierto, y en ese momento se dió cuenta de que no estaba solo, había alguien o algo más en ese sótano. Tenía que salir inmediatamente, como sea.
Hizo un giro de 380 grados en sí, se preparó para correr. Veia la luz que salia de puerta, a lo lejos.
-Cris, ya llegamos- Se escuchó esa voz tan dulce de Marie.
Cris esbozó una sonrisa. Por un momento se ilusionó. Empezó a correr, como nunca en la vida. Cada cuanto más corría, mas parecía que la puerta se alejaba.
-Cris? Dónde estás?- Preguntaba la dulce voz de Marie de nuevo.
-MAMA, aca estoy! mamaaaa- Grita Cris.
De pronto se encontró al pie de la escalera, tenía que subir 19 escalones nada más. Puso su pie derecho en el segundo escalón y seguía gritando -MAMA, estoy en el sótano!-
Estaba a punto de poner su pie izquierdo en el cuarto escalón, pero no fue así. Algo lo agarró, una mano, pero estaba fría, muy fría. No era una mano "corriente". Cris no quería mirar a ver que era, hacia cada vez mas fuerza para soltarse, pero no había caso.
No sabía que hacer, y empezó a ver menos luz en el sótano. La puerta se estaba cerrando, cada vez un poco más. Fue una fracción de segundos, en que el sótano quedó en oscuridad total. No se escuchaba ni un ruido ni nada. Cristofer sollozó por un segundo, la mano que lo sostenía lo jaló. Se golpeó las manos contra los escalones. Algo lo arrastraba hasta el fondo del sótano. Era algo que nunca había visto la luz. Mientras lo arrastraba a Cris, este pudo sentir a la pasada, una mano con los dedos y uñas, algo arrugada y estaba mojada.
Se ilusiono que hubiera alguien más que pueda ayudarlo, pero nunca lo va a saber. Esa era una mano desprendida de un cuerpo, y ese mojado era sangre.
Seguía arrastrándolo, hasta que se desmayó y desapareció en lo profundo de ese sótano, árido y lúgubre por donde se lo vea.
El final
En un par de días nadie escuchó hablar de los Willigan, habían desaparecido. Una patrulla del condado fue a la casa, a ver que pasaba. Los inspectores Manson y Churran. La puerta principal estaba abierta. Estaba todo acomodado, nada fuera de lugar, estaba todo limpio, como se diría casi impecable. No había explicación posible de porque o cuando se fueron. Cercaron la casa con el cordón policial, investigaron de arriba abajo, en todos los lugares.
Todos los lugares? no todos, el sótano no lo revisaron. Ni le dieron un vistazo, nada. Contactaron al otro hijo de la familia, Eustafio. Le contaron lo sucedido. A los pocos días, su novia lo deporto desaparecido.
Nadie habló de lo sucedido, ni los vecinos ni los policías. Pasaron varios días, y la casa se dió a una inmobiliaria para que la venda.
El presente
Han pasado mas de 2 años, y la casa sigue sin encontrar dueño. Nadie supo que paso con la familia Willigan, y creo que tampoco quieren saberlo. La casa todavía está como la dejaron los Willigan, con sus muebles, vajillas y su ropa. El sótano sigue con su cartel y su candado esperando a que alguien quiera averiguar lo que pasa ahí dentro.
Atte: Lucas Agustin