Las Crónicas de Mayo

Los Huecos, así eran llamados los terrenos baldíos que más tarde se convirtieron en plazas y paseos porteños.


En el Buenos Aires colonial muchas actividades se desarrollaron en estos espacios sin edificar, propiedad del municipio. Fueron quintas, hornos de ladrillos, corrales o mataderos. Otros fueron altos de carretas, mercados y hasta improvisados cementerios. Algunos fueron destinados a la acumulación de desperdicios, basurales que pretendían sanear el insalubre estado de las calles.

Casi la totalidad de las plazas que tiene Buenos Aires, con excepción de Plaza de Mayo, surgieron de estos huecos. Por ejemplo la actual Plaza Dorrego, páramo emblemático del barrio de San Telmo, fue originalmente el lugar donde llegaban las carretas, que hacían su parada obligatoria antes del cruzar el Arroyo Tercero del Sur, hoy calle Defensa, en su viaje a la ciudad. Con el tiempo no se les permitió cruzar el arroyo, porque sus pesadas ruedas de madera de dos metros de diámetro y las pezuñas de los bueyes que la arrastraban dejaban las barrosas calles intransitables, debiendo quedarse en el Hueco del Alto.


Plaza Dorrego, antiguamente llamada Hueco del Alto ó Alto de las Carretas.


Otro hueco fue conocido como de "La Convalescencia", por su proximidad al hospital de los padres Betlemitas. Este hueco de profusa actividad comercial, donde llegaban las mercaderías que proveían a gran parte de la ciudad, estaba rodeado de locales que funcionaban como depósitos, y dio origen a la que hoy conocemos cómo Plaza Constitución.


Plaza Constitución, antiguamente llamada "Hueco de la Convalescencia".



El llamado hueco de Zamudio, era un terreno yermo donde en el siglo XVIII se hallaba una laguna. Uno de los arroyos que atravesaban la ciudad, el Tercero del Medio, fluía por la calle Libertad y se orientaba al este en Viamonte; para cruzarlo se construyó el Puente de los Suspiros. En 1822 se instaló un parque de artillería, que tenía una factoría de armas y un depósito de pólvora, y se lo llamó Plaza del Parque. Hoy rodeado por los Tribunales y el Teatro Colón, emplazado donde funcionó la primera Terminal Ferroviaria, lleva el nombre del prócer que la mira desde lo alto de una columna, donde no llegan las venganzas, el General Lavalle.


Plaza Lavalle, llamado antaño "Hueco de Zamudio".


Y nos quedan otros Huecos devenidos en plazas porteñas, a las que acudiremos más adelante, para descansar y evocar el escenario que dio marco a las Crónicas de Mayo.

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Gentileza de www.olmoediciones.com para NOTIAR

Fuente:
http://www.notiar.com.ar/contenido/Historia/Historia_326.htm#1
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