Un relato de Pedro Pastor
Extraido de http://paronirium.blogspot.com/ /
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*---Parece que hoy no es tu día de suerte---*
Luis bufó como un gato.
—¿Qué mierda es ésta?¡¡¡Maldita publicidad!!!
Pegó un puñetazo al lado del ratón y apresurose a quitar aquel banner que le impedía seguir jugando.
Sudaba como un cerdo. Llevaba todo el día allí sentado.
Y a decir verdad, no era su día de suerte. Ya llevaba veinte mil euros perdidos.
Lo gracioso, que a la par era lo que le incomodaba; era que sólo mil de aquellos euros eran suyos. Los demás eran de la tarjeta de la empresa.
Tras un clic, el banner desapareció.
—¡¡¡Joder!!!¿Cuántos flops llevo ya sin ver?—lamentose nuevamente, al recibir una mano paupérrima.
La pantalla del ordenador mostraba una típica mesa de póker online.
Luis encendió otro cigarrillo y esperó a recibir una nueva mano.
*--- Fumar no te hará ningún bien---*
Mismo tipo de banner
—¿Qué cojones pasa?
Más banners con mensajes se abrían simultáneamente.
*---Apaga el cigarro---*
Luis se estremeció. Aquello excedíase de lo normal. No tenía webcam y no comprendía como podía estar recibiendo esos mensajes.
Giró en derredor la cabeza, aunque sabía que aquella era su casa y daba por supuesto que allí no había nadie.
Aplastó el Marlboro recién encendido en el cenicero de mármol.
*---Gracias---*
Los mensajes de texto desaparecieron y la mesa de póker volvió a hacer acto de presencia en la pantalla. Justo se estaba repartiendo una nueva mano. Y sería la última, ya sólo le quedaban trescientos euros en fichas, la cantidad mínima de la mesa.
Mientras pensaba en lo sucedido y en como recuperaría aquel dineral, apareció su nueva mano.
Pareja de Ases.
—¡¡¡Sí!!!— Exclamó extasiado y lleno de júbilo.
*---1/251---*
*---Son las probabilidades de esta mano---*
Los mensajes se mostraban ahora en la esquina superior de la pantalla.
Atento a la partida Luis pensó en alto.
—¿Y qué? Ahora solo he tenido suerte.
*---Yo te he dado esa suerte---*
Se volvió a estremecer. No entendía nada.
El ciber-crupier mostró el flop. Dos ases y una reina.
Luis tenía póker de ases.
La alegría se mostró en su rostro. Los otros jugadores fueron aumentando la apuesta sin saber que en la mesa ya había un afortunado ganador. En el river, ganó a siete jugadores. Dos mil cien euros de beneficio, más la ficha inicial.
—¡¡¡Sí!!!
Una nueva mano se estaba repartiendo. A Luis le brillaban los ojos.
Pareja de Ases.
Volvió a arrasar, ganado diez mil setecientos euros.
*---¿Aún crees en la suerte, amigo?---*
—¿Quién eres?
*--- Digamos que soy tu amigo. Tu amigo de Internet.---*
Por tercera vez consecutiva, recibió pareja de ases.
Tres horas después, ya en plena madrugada; Luis tenía en la cuenta cerca de medio millón de euros.
Todas las manos que le habían repartido eran parejas de ases.
Cuando se disponía a recibir una nueva y triunfal mano, volvieron a aparecer los mensajes. Ya casi habíase olvidado de ellos.
*---¿Qué tal va la partida?---*
—Muy bien, no entiendo nada de lo que me dices, pero la verdad es que va bien.
*---Me alegro---*
*---Ahora necesito que me devuelvas el favor---*
—¿Y qué puedo hacer por tí?
*---¿Ves el cenicero donde apagaste aquel cigarrillo?---*
Luis miró aquel trozo de mármol con una oquedad llena de ceniza y restos de tabaco.
—Si. ¿Qué pasa con ese cenicero?
*---Quiero que lo cojas, y te rompas con él la cabeza---*
Al leer el último párrafo, Luis quedó paralizado. El terror lo invadió, como el agua invade un transatlántico abocado al naufragio. Aunque había ganado mucho dinero, aquello le resultó extremadamente macabro.
—Oye, no se quien coño eres ni que pretendes.
*---Si supieses lo sólo que me encuentro aquí dentro...---*
*---A veces me gustaría salir y hacerlo yo mismo---*
—¿De qué estas hablando?
*---Por favor, hazme feliz y devuélveme el favor---*
—¡¡¡Que te den por culo, gilipollas!!!— Llevó su mano al botón de apagar el ordenador.
*---Mala decisión---*
Luis recibió una descarga dolorosa que le hizo retirar el brazo de inmediato.
Asustado, contempló como sus dedos se movían azarosamente mientras el miembro superior derecho permanecía paralizado, pegado al cuerpo.
El escritorio del ordenador mostró una ventana donde se estaba cargando un vídeo.
Cuando empezó a reproducirse, Luis bramó, con lágrimas en los ojos.
—¡¡¡Hijo de puta!!!
El vídeo mostraba una mujer desnuda, que con un gran cuchillo se estaba abriendo las tripas en canal, postrada en un camastro de metal oxidado.
Aquella mujer era su madre.
Impotente, vio como su brazo se alargaba y sus dedos prensaban con fuerza el cenicero.
*---Es hora de devolverme el favor---*
—¡No!¿Por qué haces esto?¡¡¡No!!!
El brazo se contrajo sobre sí mismo y golpeó con el cenicero la base superior del cráneo, cubierto de un suave manto de cabello negro.
Un golpe sordo, un borbotón de sangre.
Luis gritaba, mientras su brazo golpeaba una y otra vez con furia y fuerza sobrehumana su ensangrentada cabeza.
Murió en la segunda decena de golpes, cuando varios fragmentos del cráneo se alojaron en su córtex. La siguiente y última decena de golpes esparció por toda la moqueta grumos cerebrales. Segundos después, reinó una calma áfona.
La pantalla del ordenador mostró la silueta de un rostro humano durante unos segundos hasta que por fin se apagó. En la esquina de la habitación, el router estalló; y sólo la suerte quiso que las cortinas se mantuvieran a escasos centímetros de las llamas, que tras fundir el plástico, se extinguieron para siempre.
Mas relatos del mismo autor en: http://paronirium.blogspot.com/
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Esto es poder: tomar en tus manos el miedo de otra persona y mostrárselo.
Amy Tan
Amy Tan
*---Parece que hoy no es tu día de suerte---*
Luis bufó como un gato.
—¿Qué mierda es ésta?¡¡¡Maldita publicidad!!!
Pegó un puñetazo al lado del ratón y apresurose a quitar aquel banner que le impedía seguir jugando.
Sudaba como un cerdo. Llevaba todo el día allí sentado.
Y a decir verdad, no era su día de suerte. Ya llevaba veinte mil euros perdidos.
Lo gracioso, que a la par era lo que le incomodaba; era que sólo mil de aquellos euros eran suyos. Los demás eran de la tarjeta de la empresa.
Tras un clic, el banner desapareció.
—¡¡¡Joder!!!¿Cuántos flops llevo ya sin ver?—lamentose nuevamente, al recibir una mano paupérrima.
La pantalla del ordenador mostraba una típica mesa de póker online.
Luis encendió otro cigarrillo y esperó a recibir una nueva mano.
*--- Fumar no te hará ningún bien---*
Mismo tipo de banner
—¿Qué cojones pasa?
Más banners con mensajes se abrían simultáneamente.
*---Apaga el cigarro---*
Luis se estremeció. Aquello excedíase de lo normal. No tenía webcam y no comprendía como podía estar recibiendo esos mensajes.
Giró en derredor la cabeza, aunque sabía que aquella era su casa y daba por supuesto que allí no había nadie.
Aplastó el Marlboro recién encendido en el cenicero de mármol.
*---Gracias---*
Los mensajes de texto desaparecieron y la mesa de póker volvió a hacer acto de presencia en la pantalla. Justo se estaba repartiendo una nueva mano. Y sería la última, ya sólo le quedaban trescientos euros en fichas, la cantidad mínima de la mesa.
Mientras pensaba en lo sucedido y en como recuperaría aquel dineral, apareció su nueva mano.
Pareja de Ases.
—¡¡¡Sí!!!— Exclamó extasiado y lleno de júbilo.
*---1/251---*
*---Son las probabilidades de esta mano---*
Los mensajes se mostraban ahora en la esquina superior de la pantalla.
Atento a la partida Luis pensó en alto.
—¿Y qué? Ahora solo he tenido suerte.
*---Yo te he dado esa suerte---*
Se volvió a estremecer. No entendía nada.
El ciber-crupier mostró el flop. Dos ases y una reina.
Luis tenía póker de ases.
La alegría se mostró en su rostro. Los otros jugadores fueron aumentando la apuesta sin saber que en la mesa ya había un afortunado ganador. En el river, ganó a siete jugadores. Dos mil cien euros de beneficio, más la ficha inicial.
—¡¡¡Sí!!!
Una nueva mano se estaba repartiendo. A Luis le brillaban los ojos.
Pareja de Ases.
Volvió a arrasar, ganado diez mil setecientos euros.
*---¿Aún crees en la suerte, amigo?---*
—¿Quién eres?
*--- Digamos que soy tu amigo. Tu amigo de Internet.---*
Por tercera vez consecutiva, recibió pareja de ases.
Tres horas después, ya en plena madrugada; Luis tenía en la cuenta cerca de medio millón de euros.
Todas las manos que le habían repartido eran parejas de ases.
Cuando se disponía a recibir una nueva y triunfal mano, volvieron a aparecer los mensajes. Ya casi habíase olvidado de ellos.
*---¿Qué tal va la partida?---*
—Muy bien, no entiendo nada de lo que me dices, pero la verdad es que va bien.
*---Me alegro---*
*---Ahora necesito que me devuelvas el favor---*
—¿Y qué puedo hacer por tí?
*---¿Ves el cenicero donde apagaste aquel cigarrillo?---*
Luis miró aquel trozo de mármol con una oquedad llena de ceniza y restos de tabaco.
—Si. ¿Qué pasa con ese cenicero?
*---Quiero que lo cojas, y te rompas con él la cabeza---*
Al leer el último párrafo, Luis quedó paralizado. El terror lo invadió, como el agua invade un transatlántico abocado al naufragio. Aunque había ganado mucho dinero, aquello le resultó extremadamente macabro.
—Oye, no se quien coño eres ni que pretendes.
*---Si supieses lo sólo que me encuentro aquí dentro...---*
*---A veces me gustaría salir y hacerlo yo mismo---*
—¿De qué estas hablando?
*---Por favor, hazme feliz y devuélveme el favor---*
—¡¡¡Que te den por culo, gilipollas!!!— Llevó su mano al botón de apagar el ordenador.
*---Mala decisión---*
Luis recibió una descarga dolorosa que le hizo retirar el brazo de inmediato.
Asustado, contempló como sus dedos se movían azarosamente mientras el miembro superior derecho permanecía paralizado, pegado al cuerpo.
El escritorio del ordenador mostró una ventana donde se estaba cargando un vídeo.
Cuando empezó a reproducirse, Luis bramó, con lágrimas en los ojos.
—¡¡¡Hijo de puta!!!
El vídeo mostraba una mujer desnuda, que con un gran cuchillo se estaba abriendo las tripas en canal, postrada en un camastro de metal oxidado.
Aquella mujer era su madre.
Impotente, vio como su brazo se alargaba y sus dedos prensaban con fuerza el cenicero.
*---Es hora de devolverme el favor---*
—¡No!¿Por qué haces esto?¡¡¡No!!!
El brazo se contrajo sobre sí mismo y golpeó con el cenicero la base superior del cráneo, cubierto de un suave manto de cabello negro.
Un golpe sordo, un borbotón de sangre.
Luis gritaba, mientras su brazo golpeaba una y otra vez con furia y fuerza sobrehumana su ensangrentada cabeza.
Murió en la segunda decena de golpes, cuando varios fragmentos del cráneo se alojaron en su córtex. La siguiente y última decena de golpes esparció por toda la moqueta grumos cerebrales. Segundos después, reinó una calma áfona.
La pantalla del ordenador mostró la silueta de un rostro humano durante unos segundos hasta que por fin se apagó. En la esquina de la habitación, el router estalló; y sólo la suerte quiso que las cortinas se mantuvieran a escasos centímetros de las llamas, que tras fundir el plástico, se extinguieron para siempre.
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