InicioApuntes Y MonografiasSi los Beatles no se hubieran separado, Capitulo 13 y 14

Si los Beatles no se hubieran separado, Capitulo 13 y 14

CAPÍTULO 13



Hacía tiempo que no pasaban por allí. Cuando llegaron a Liverpool, John y Ringo decidieron visitar a unos amigos, Paul prefirió pasear y George, que no tenía nada mejor que hacer, decidió acompañar a McCartney antes que volver a ver a gente con la que ya tenía poco en común.

Ambos caminaron durante un buen rato. Hasta que llegaron a aquel lugar. Speke. George y Paul leyeron aquel cartel que rezaba en desgastadas letras “Bus Stop”.

-”Ha llovido mucho desde entonces…”, susurró George…
-”Sí… ¿catorce?, ¿quince años?”
-“Joder, Paul… eres una maldita enciclopedia Beatle…”, dijo George riendo.
-”Supongo que sí”

Ambos se miraron en silencio. Aguantaron la mirada apenas unos segundos. Parecieron horas. Años atrás George acostumbraba a coger el autobús en esa parada, Paul solía subirse en la anterior. En la escasa media hora que duraba el trayecto hablaban de guitarras, discos, de sus sueños… El tiempo siempre se les hacía corto. Ahora apenas podían mantenerse la mirada…

-”Recuerdas a Pete?”, dijo Harrison intentando romper la tensión.
-”¿Shotton?”
-No, no…, me refiero a Pete, a Pete Best”
-”¡El viejo Pete!”, exclamó Paul abriendo mucho los ojos, ”¡Joder!, ¿qué habrá sido de él?”
-“A veces pienso en lo que le hicimos…”
-“¿En serio?”, se interesó Paul a sabiendas de que aquella podía ser su primera conversación en meses.
-”Ya sabes…, creo que, a veces, tengo cierto remordimiento…, tuvo que ser duro bajarse del barco justo antes de que todo esto explotara…”
-“Pero no tocaba demasiado bien…, Ringo es mucho mejor”
-“¡Joder Paul!, ¡Ya lo sé!”, dijo Harrison subiendo la voz, ”¡Ese es tu puto problema!, ¡sólo te importa el grupo!,… te da igual si los que formamos parte estamos jodidos o no…, ¿Quién soy yo para ti?, ¿el beatle-george?, ¡soy George, Paul, George!, …el grupo se puede ir al demonio por lo que a mí respecta.

McCartney mantuvo la mirada fija en Harrison. Sabía que estaba en lo cierto. El grupo era su vida, y no tenía claro cómo subsistir si algún día dejaba de ser un “beatle”.

-”Touché”, susurró.
-”Bueno…, ya estamos acostumbrados. Eres así…, y, en algunos momentos, esa actitud mantuvo el grupo unido pero…, ahora estamos cansados Paul…, yo por lo menos. Estoy muy cansado de esto. Tengo ganas de andar solo”.
-“¿Sabes una cosa George?,… a veces, yo también”.

Harrison quedó boquiabierto. Nunca hubiera pensado que Paul, tan opuesto a él, pudiera compartir ese sentimiento de hastío. En cierto modo, esto le entristeció…, por otro lado, por primera vez se volvió a sentir cerca de antiguo amigo.

-”¿Damos un paseo?”, dijo George, ”Podíamos hacer andando la vieja ruta que nos llevaba a la escuela…”
-“Me parece bien”

Llevaban caminando apenas unos metros cuando George pasó el brazo por encima del hombro de Paul. Lo estrechó contra sí mismo, mientras le revolvía el pelo con la otra mano.

-”Paulie, Paulie…, el círculo se cierra”

***



John y Ringo aparcaron el coche. Lennon paró el motor y mantuvo las manos en el volante.

-“Se hace raro volver”, dijo Ringo rompiendo el silencio.
-“Quizás nunca nos fuimos de aquí…”
-“¿Qué quieres decir”
-“No sé…, a veces pienso que todo, ya sabes, el grupo, la gloria…, que todo ha sido un sueño… Y ya va siendo hora de despertar”.
-“Creo que todos nos sentimos así, en cierto modo…”
-“Paul no…”.
-“No lo tengo tan claro…, Paul es como es pero tampoco creo que se sienta demasiado bien tal y como estamos”.
-“Ya…, supongo que no…”
-“¿Y tú?,…¿Cómo estás John?”
-“¿Respecto al grupo?”
-“¡Al demonio el grupo!, ¡Quiero saber cómo estás tú!, …estoy preocupado por ti, creo que todos lo estamos. Ya sabes,…desde que conociste a Yoko no eres el mismo…”

John comenzó a reír.

-”¿Aún no lo entendéis?, ¡Yoko no tiene nada que ver!, Ritchie, ya no tenemos veinte años. Llevo quince años de mi vida comiendo, durmiendo, riendo, llorando con Paul, después con George y luego contigo…, y simplemente quiero pasar página. ¿Aún te hace feliz el grupo?, ¿qué más podemos hacer?, ¡se acabó!, …necesito empezar algo nuevo. Si no hubiera encontrado a Yoko, hubiera sido otra cosa…, y creo que, en cierto modo, todos os sentiréis igual más tarde o más temprano. Sé que Yoko es un blanco fácil, pero ella no tiene ninguna culpa…, supongo que de alguna forma quiere apartarme del grupo, pero simplemente porque está enamorada… ¿tan difícil es de entender?, ¡quiere tener una familia!, … quiere que estemos juntos. No hay más…

Ringo quedó perplejo. Sabía que, por doloroso que fuera, el discurso de John no carecía de sentido.

-”Te entiendo John, pero me da pena que todo acabe”
-“No puedo hacer nada para remediar eso…, pero no deberías sentirte mal. Hemos sido la banda más jodidamente grande del mundo. Y , quién sabe…, quizás dentro de veinte años volvamos a vernos”

Ringo sonrió pero, durante un momento, sintió un escalofrío, un frío helador… No sabía el porqué, pero sabía que aquello no ocurriría.

-”Paul lo está pasando mal…”
-“Lo sé Ringo, y, lo creas o no, me duele…, me duele mucho. Quiero a ese cabrón, pero está ciego… Tiene su maldita familia, tiene talento… ¡Maldita sea! ¡Que monte “The Maccas” y salga a la carretera”

Ringo rompió a reír.

-“Eres incorregible John… Vamos, salgamos del coche”
-“Vamos, me pregunto cómo estará el viejo Pete” dijo John abriendo la puerta del coche.

Estaban a punto de tocar el timbre de la puerta de Pete Best, cuando vieron a lo lejos a dos personas corriendo, parecían dos adolescentes echando una carrera.

Eran Paul y George.

-”¡Qué demonios!”, dijo John sorprendido. ”¿Qué leches hacen aquí?, ¿no habían ido a pasear por ahí?”
-“Ya ves Johnny…, parece que aún tenemos cosas en común…”


CAPÍTULO 14



Pete nunca fue alguien que destacara. Era tímido, uno de esos tímidos que saben que lo son y no hacen nada por remediarlo. Había sido uno de ellos, eso nadie podría quitárselo, rozó la gloria y eso es más de lo que muchos podían decir. El resentimiento estaba allí, no podía negarlo, pero con el tiempo había conseguido aparcarlo y ver el lado positivo del asunto.

Y allí estaba él, el eslabón perdido del mundo Beatle, preparando el té en la que había sido casa de sus padres. Su tranquilidad se vio turbada por el insistente timbre de la puerta. Posó la tetera sobre la alacena de su ordenada cocina y caminó con paso cansino hacia la puerta. John.

-”Hmmm…”, dijo mientras olisqueaba el ambiente, “¿té?, supongo que tendrás una taza para los viejos amigos”, inquirió John forzando su ahora matizado acento de Liverpool.

Best quedó paralizado, hacía casi diez años que no lo veía en persona.

-”Claro, claro…, pasa”, contestó sin saber demasiado bien qué hacía y terminando de abrir la puerta.

John entró en la casa. La sorpresa de Pete pasó a convertirse en pasmo cuando vio que John no venía solo…, Ringo, George y Paul estaban detrás de él, sonrientes…

-”¿Y nosotros, y nosotros?”, dijeron los tres restantes imitando sonidos infantiles.

Una vez todos hubieron pasado al interior, Pete cerró y, durante unos segundos apoyó la espalda en la puerta y cerró los ojos. ¿Era aquello un sueño?, ¿qué hacían allí?, cuando volvió a abrir los ojos no vio a nadie. Suspiró. Pero entonces escuchó a John gritando desde la cocina…

-No me digas que no tienes unas pastas…

Sentados en la mesa, Pete repasó sus caras. John había cambiado mucho, estaba mucho más delgado y su otrora cuidado cabello había dado paso a una melena descuidada de aspecto grasiento; sus redondas gafas le daban un aspecto amable y cercano.

-“Bueno, Sr. Best, ¿qué ha sido de su vida?”
-“Ya sabes, cuando ocurrió “aquello” intenté seguir con la música…, pero no terminó de cuajar. Ahora estoy pensando en abrir un negocio, quizás una panadería…”

Paul, también había cambiado. Su cara aniñada le acercaba, en mayor medida que al resto, a la imagen que Pete conservaba de él, pero algo en su mirada le decía que no era el mismo.

-“¿Una panadería?”, dijo Paul, ”No sabía que te interesaba…”
-“Ni yo…”, contestó Pete con una forzada sonrisa.

George parecía otra persona, Pete lo conoció cuando era apenas un niño. El bigote añadía unos cuando años a sus veintinueve primaveras.

-“¿Sabes que vamos a tocar en “The Cavern” de nuevo?”
-“¿Cómo no saberlo?, ¡la jodida ciudad está empapelada!”



Ringo no había compartido banda con Pete, era su sustituto. Se conocían de Hamburgo, Ringo militaba por aquel entonces en la banda de Rory y, aunque habían compartido, juergas nocturnas nunca habían llegado a intimar.

-“Bueno…¿Y tú que tal estás?, dijo Ringo ante la absorta mirada de Pete Best, que no dejaba de sorprenderse de que fuera la persona con quien menos compartió la que más se interesara por su situación personal.
-“Sobrevivimos como podemos, ya sabes, la gente de Liverpool somos duros de roer…”

Llevaban una media hora charlando sobre anécdotas de antaño cuando Paul, mirando su reloj, interrumpió la conversación.

-“Chicos, es hora de irse. Deberíamos ensayar un poco”
-“Veo que sigues siendo igual de pesado con el trabajo, Paul, bromeó Pete
-“Supongo que sí…, pero va a ser la última vez y queremos que sea memorable”
-“¿La última?”
-“Sí, después de esto los Beatles dejarán de existir”, cortó John.

De alguna forma aunque sin maldad, Pete se alegraba de escuchar aquella noticia.

-”Igual te pedimos trabajo en tu panadería”, bromeó Ringo.
-”¡Ni hablar!” dijo John, ”Seguro que nos echaba antes de hacerse famoso en el mundo de los panaderos”

Tras tres segundos de silencio, la habitación estalló en carcajadas. Pete se despidió de todos con abrazos y rechazó la invitación de George para asistir al concierto…”Sería demasiado doloroso”.

Best cerró la puerta una vez hubieron salido. Caminó con paso cansino hacia la cocina. Recogió los restos de pastas que habían quedado en su mantel. Limpió las tazas y la tetera.

La cocina estaba limpia.

Arrastró los pies hasta el cuarto de baño y se miró en el espejo. Sus ojos claros estaban enrojecidos. Cogió un peine e intentó posar su flequillo sobre la frente. Se resistía. Metió la cabeza bajo el grifo y consiguió un perfecto peinado Beatle. Con el pelo chorreando se dirigió al salón y puso un disco que llevaba una década sin sacar del cajón… “Tony Sheridan and The Beatles”

Cerró los ojos…, una sonrisa asomó a su siempre seria cara.

-“No lo hacía tan mal”, susurró



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