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Neil Harbisson: el mundo en blanco y negro



"Soy un ser que está en el limbo legal"



Neil Harbisson (1982) y su ojo electrónico, ayer en Palma minutos antes de pronunciar una conferencia en el Quarter de Intendencia

Neil Harbisson, artista y primer ciborg reconocido por un gobierno - Nació con acromatopsia: el mundo lo ve en blanco y negro - Escucha los colores a través de un ojo electrónico.

Neil Harbisson. Artista y primer ciborg reconocido por un gobierno. Nació con acromatopsia: el mundo lo ve en blanco y negro. Pero la cibernética le echó un cable (lo lleva detrás de las orejas) para poder escuchar los colores a través de un ojo electrónico. En invierno le implantarán un chip en la cabeza. Vive en Barcelona y hoy, en el marco del Festival Neotokyo, creará retratos sonoros a partir de las caras de quienes se acerquen a Es Baluard a las 23 horas.

—¿Cómo me ve ahora?
—En blanco y negro, y en escala de grises. Pero te oigo en color.

—¿A qué color suena mi voz?
—Usas la frecuencia naranja.

—¿Cuándo empezó a convertirse en ciborg?
—Fue en 2004. Fui a una conferencia de cibernética en el Dartington College of Arts, donde estudié. Después de la conferencia fui a hablar con el ponente, Adam Montandon, para pedirle que me creara algún aparato para poder percibir el color.

—¿Cuándo se quita el dispositivo?
—Nunca me quito el ojo electrónico. Para ducharme me lo retiro un poco. No estaba planeado que fuera a llevarlo siempre. Pero al final decidí utilizarlo permanentemente. Ahora el dispositivo va a presión con el hueso de la cabeza. Dentro de unos meses, en invierno, lo llevaré incrustado en el cráneo. El mío será el primer implante sonocromático del mundo.

—Usted tiene pasaporte británico. ¿Cómo consiguió que Inglaterra le reconociera como ciborg?
—Eso sucedió meses después de 2004. Me tocaba renovarme el pasaporte. Al enviar la foto con el ojo electrónico, me lo denegaron. Me dijeron que era ilegal llevar algo en la cabeza. Yo les contesté que ese dispositivo se había convertido en una extensión de mis sentidos, porque mi cerebro y el software están unidos. Ha llegado un punto en que no sé qué es lo que me dice el cerebro y qué es lo que me dice el software. Les justifiqué esto en distintas ocasiones, me pidieron un certificado médico y también otro de la universidad que me hizo el dispositivo. Al final aceptaron reconocerme como ciborg.

—¿Se ha sentido alguna vez discriminado por ser un ciborg?
—Sí. Muchos se ríen cuando lo digo. La palabra ciborg la relacionan con películas del siglo XX, con Terminator y tal. Es un término que aún tiene algo de ciencia ficción y crea extrañeza. Los problemas me vienen sobre todo porque en algunos lugares me echan por llevar algo en la cabeza. Se creen que me río de ellos. O que grabo o tiro fotos.

—En los aeropuertos le deben parar siempre.
—A veces tengo problemas. Pero yo no me quito el ojo. Les muestro el pasaporte y se lo explico. Hoy [por ayer] en Barcelona, en el control, han llamado al jefe y han venido hasta tres personas.

—¿Evitaba antes las conversaciones donde aparecían colores?
—Sí. No me gustaban porque era un tema del que no podía hablar. Ahora, aunque no vea el color azul, sí puedo percibir y entender qué es el color azul, como percepción abstracta que es.

—¿Cómo se imagina los colores?
—Visualmente me los imagino como una energía que se mueve deprisa, tan deprisa que yo no la puedo ver.

—¿Cómo se diferencian mejor los colores: con el oído o con la vista?
—Yo creo que con el oído. Mi ojo electrónico es objetivo y más preciso que el ojo humano. Ante el turquesa, por ejemplo, mucha gente discute si es azul o verde. Yo no puedo discutir sobre ello porque detecto el color exacto. Con el software que llevo instalado distingo 360 tonos. Mucha gente es incapaz de diferenciar tantos.

—¿Cómo se escuchan los colores?
—A través de microtonos [de sonido]. Existen 12 notas musicales, pero entre Do y Re yo tengo por ejemplo sesenta tonos. En cambio, en la música sólo está el Do sostenido. En cuanto a lo que yo escucho, son ondas sinusoidales, que son como las que se escuchan cuando cogemos el teléfono o el bip cuando se da la hora en la radio.

—En su web dice: "No somos blancos ni negros, somos naranjas".
—Eso lo digo porque los negros son en realidad de un naranja muy oscuro. Y los blancos de un naranja muy claro. Pero en realidad no existen pieles negras o blancas. Para el ojo electrónico no existen las razas.

—A nivel ético, ¿qué límites debería tener la cibernética?
—Ninguno. Todos deberíamos querer crecer en capacidades, igual que queremos hacerlo en conocimientos. Esta actitud no tiene por qué ser mal vista. Querer crecer es muy humano. Me sorprende que la gente no quiera implantarse aparatos electrónicos para percibir más. Por ejemplo, creo que debería interesarnos percibir el color ultravioleta porque es peligroso. En breve, yo podré percibirlo.

—¿Ampara la ley a los ciborgs?
—No. Yo soy un ser que está en el limbo legal. Con la Fundación Ciborg que hemos creado queremos ayudar a otras personas que tienen este mismo problema.


—Usted es conocido por haber creado numerosos retratos sonoros. ¿Quién le sonó mejor?
—Lo de mejor es relativo. El príncipe Carlos de Inglaterra sonaba muy bien. Alguien que físicamente no es atractivo, puede sonar armonioso.

—¿El himno del Barça suena azulgrana?
—Tiene una parte en medio que sí, pero la mayoría del himno no es azulgrana.

—¿Y el del Real Madrid?
—Aún no lo he escuchado. Pero como el blanco no es ningún sonido para mí, está claro que su himno no me sonaría a blanco.

—¿Suena Zapatero a réquiem?
—No lo sé porque nunca hago retratos sonoros directos de la televisión o de fotografías.

—¿Cómo se combina usted la ropa?
—Busco que suene bien la combinación que me voy a poner. A veces me pongo Do Mi Sol o Re Fa La, acordes. Hoy voy de Fa sostenido y Do [camiseta azul y pantalón burdeos].

—Por cierto, ¿hay más ciborgs aparte de usted?
—Sí. Pero que hayan tenido problemas con el gobierno, no. Stephen Hawking es un ciborg también, por lo que usa para hablar. Pero no lleva encima nada electrónico. En la fundación conocemos a gente que lo es de manera temporal. Conozco a un hombre que lleva grabando su vida desde los años setenta. Siempre lleva una cámara encima. Las personas que se implantan cosas electrónicas por razones médicas son ciborgs. Los ancianos que llevan audífonos en parte lo son.

—¿Se llegará alguna vez al nivel de los ciborgs de Blade Runner?
—Seguramente la cibernética se usará para cuestiones que no son éticas. Pero estamos más preocupados por lo que puede pasar en el futuro que por lo que pasa ahora.
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