Cuando oramos cada vez menos; le damos oportunidad al Diablo de debilitarnos espiritualmente. Dejar de orar debe ser un pecado para todo el creyente. Este es un gran descuido de parte nuestra, como también como el no congregarnos. Si nos fijamos en las caídas de cada cristiano, nos podemos dar cuenta de que fueron por causa de la poca perseverancia en la oración. Tal es, que la oración, aunque es diaria, se vuelve monótona y no pasa las barreras espirituales para llegar a Dios.
Los Ataques Del Diablo
Nuestro Adversario es sabio y no duerme sino que como León Rugiente anda en busca de a quién devorar. No debemos ignorar sus maquinaciones; nuestro enemigo hace lo imposible para que no podamos orar genuina y continuamente. Y esto porque sabe que la oración es el ingrediente principal de nuestra receta espiritual.
Entre los ataques podemos mencionar:
-Excusas (El tiempo para el trabajo, estudio, la familia, ¨puedo orar acostado¨)
-Interrupciones a la hora de orar (Tocan la puerta, nos buscan)
-Molestias físicas (Enfermedad repentina, tos, gripe, ardor en garganta, etc.)
-Opresión (Molestias inexplicables)
El Enemigo de las Almas usa la presión de decirnos que si no oramos perdemos la salvación o nos pone un temor. Y se le dejamos ponernos temor, entonces perdemos la fe; porque no hay condenación para los que andan en Cristo. Oramos pues, con la necesidad de hablar, adorar, agradecer, pedir e interceder. Pero esto sin temor, pidiendo a Dios antes de orar que no le permita al Diablo molestarnos en el tiempo de oración. Usemos el poderoso nombre de Jesús para orar con fe y tomar las arras del Espíritu Santo para orar en el Espíritu a Dios que es Espíritu. Satanás no se siente complacido cuando algunos de nosotros nos reunimos para orar. Él colocará en nuestro sendero toda clase de lazos y hará toda clase de movimientos para detener la oración. Cosas tales como rumores sin base, relatos irreales, sospechas sin causa, una creciente incomprensión, extraños temores y el terror infundado, son elementos estimulados secretamente por Satanás para crear división, conmover el culto de oración y destruir la unidad en la oración.
Procuremos que al orar lo hagamos con decoro, perseverancia, seriedad y honestidad. No haciendo vanas repeticiones, ni oraciones vacías sino pedirle al Espíritu Santo de Dios que nos guíe a orar sintiendo cada palabra que digamos. Oh cuan hermoso, cuan hermoso es el quebrantamiento a la hora de orar; es tan bello que lloremos naturalmente guiados por el Espíritu. Que cuando intercedamos en ayuno, lo hagamos sintiendo el dolor de estar lejos de Dios, identificándonos con el pecado y el dolor ajeno. Y al pedir, que pidamos que se haga la voluntad de Dios. No nos neguemos a llorar porque el que no se haga como un niño no entrará al Reino de los Cielos. Pensando en esto, lloremos como niños pero con la mente de un adulto. Llorar es identificarse en la fe de lo que se cree. Llorar es el verbo más parecido a orar. Oremos y lloremos.
El Ejemplo De Jesús

Si queremos ser semejantes a Jesús, necesitamos querer hacer lo que él hizo. Y qué hizo El? Leamos:
Mateo 14.23 “Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, (Jesús) estaba allí solo.”
Lucas 5:16 “Más Él se apartaba a lugares desiertos y oraba.” Si Jesús siendo el Rey y Señor, porque era Dios, tuvo que apartarse a orar, nosotros por igual. Jesús se alejaba hasta de sus discípulos para estar orando con Dios. Nosotros debemos de poner primero en nuestra vida, la oración continua y genuina. Ser capaces de decirle a nuestra atareada vida: Espera, ahora voy de rodillas.
Cuando tenemos grandes responsabilidades creemos que es una excelente excusa para no orar. Tomémonos el tiempo de orar antes y no después; porque no podemos poner la oración en la segunda o última parte de nuestro horario. Creemos que las excusas son suficientes, pero sin embargo Jesús no nos enseñó así. Jesús tuvo que orar fervientemente y fue oído por Dios por su temor reverente.
El tiempo en la oración es un tipo de adoración y no debemos tomarlo a la ligera. Si sabemos que Jesús era el Hijo de Dios pero tuvo que orar tanto entonces, que de nosotros? Y sabemos que el oraba porque era diferente aquí en la tierra y esa diferencia era la carne.
La Carne es nuestro enemigo porque se opone a todo lo espiritual, digno y santo que Dios quiere de nosotros. En nuestro ser existe el querer el bien pero no el hacerlo. La ley del pecado que mora en nosotros nos impide que seamos lo que Dios quiere. La oración es para deshacer el sentido de la carne, el cual es muerte, al sentido del Espíritu Santo el cual es el que brinda el amor, la paz, la paciencia, la benignidad, la mansedumbre, la templanza, entre otras. Si recibimos la fe, la confianza y el poder, esto del Espíritu, entonces debemos permanecer en conexión con esa fuente de poder.
Dios sabe qué necesitamos, pero El da, cuando se le pide y esto en Su voluntad. La necesidad de permanecer en comunión es por la comunicación con Dios; esta comunicación es importante pero no olvidemos que es para recibir de Dios amor y amor para echar fuera el temor. Ese temor que nos da cuando sentimos que no hemos orado, a veces Satanás lo usa, pero debemos confiar en Dios.
Si malinterpretamos la oración vamos a creer que solo estamos en la presencia de Dios en medio de ella. Pero oramos para recibir de Dios la unción y el poder del Espíritu Santo para vivir en esa unción después de orar. Oramos y velamos porque al terminar de orar velamos cuando caminamos o hacemos otras cosas seculares.
La Manera Correcta De Orar; La Posición
Nuestra posición, define la intensidad en que oramos; no oramos con la carne, pues la carne se opone a todo lo que es espiritual. Si queremos orar en el espíritu, tenemos que imponer nuestra carne a la forma y intensidad de la oración genuina.
No es adecuado ni conveniente poner el cuerpo en una posición incómoda o en una posición muy cómoda. Por ejemplo: Cuando colocamos la cabeza debajo de la almohada (Cuando oramos para acostarnos) podemos estar seguro que el sueños nos vencerá unas cuantas veces. Si no sentimos incómodos, vamos a sentir la necesidad, en nuestro cuerpo, de pararnos y terminar la oración por la incomodidad. Debemos entonces colocarnos en una posición en la cual estemos buscando, olvidarnos de nuestro cuerpo, para hablar con Dios. Busquémos una posición cómoda, sin que nos durmamos.
De vez en cuando, el cuerpo tiene que participar en la oración con la misma intensidad del espíritu. Extendiendo nuestros brazos un par de veces, en señal de victoria, alabanza, adoración, clamor, proclamación, etc. Osea, obligamos, a el cuerpo que se cansa, a meterse en la alabanza y la guianza del Espíritu Santo.
Concluyendo:
Pero si no ponemos oídos a la ley de Dios, nuestra oración es abominable. Pero si quieres que Dios te oiga cuando oras, tienes que confesar con tu boca, que Jesús es el Señor, Él te dará la salvación y la atención en tus peticiones. Si lo haces te invito a leer los versos siguientes:
Romanos 10.9
Mateo 6.31-33
Proverbios 3.6
Autor: King John