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Uruguay: leyendas urbanas y lugares embrujados parte 2

Paranormal•12/12/2011
Antes de empesar les digo, si por alguna razon se deciden a dejarme puntos dejenmelosn en el post de legendas urbanas parte 1 para ser NFU gracias


AULLIDOS EN PLAZA LAFONE

La silenciosa madrugada comienza a despuntar tímidamente en el barrio La Teja, sin lograr disipar aún la oscuridad que se cierra como un puño hermético sobre la Plaza Lafone. Hace frío, y una pareja joven que regresa de un café céntrico debe apurar el paso para calentar las piernas, dejando atrás la parada del ómnibus y la fuente que asoma a la distancia como una silueta apenas delineada.

La pareja se sorprende al descubrir la compañía de un perro delgado, que bajo la noche fría y estrellada en plenilunio gime en busca de un poco de calor. El novio parece desinteresarse del asunto, pero el aspecto lastimoso y descarnado del can enternece a la joven. A pesar de que él desoye sus súplicas, el infatigable perro acompaña fielmente a ambos, gimiendo en forma desamparada. La chica logra finalmente convencer al novio, a tal punto que le pide su corbata para usar a modo de lazo, y llevar al animal hasta el portón de su casa. En su jardín, protegido del viento, el perro podría encontrar reposo y abrigo frente al frío invernal de Montevideo.

Cuando llega la mañana la joven despierta y corre hasta el jardín, donde queda muda de asombro ante lo que ve. Allí permanece aún la corbata de su novio, pero el cuello que rodea la tela ya no es el del perro de la noche anterior: un hombre delgado y desnudo, de barba, cabello largo y entrado en años, tirita de frío mientras la mañana se abre paso en la barriada de La Teja.
(gracias a Marcelo)


Comentarios

Si bien es una historia con rasgos muy particulares, trae reminiscencias (y sin duda rastrea sus orígenes) en el folklore de los hombres-lobo en todo el mundo. Desde tiempos remotos la figura del licántropo está asociada a las transformaciones o metamorfosis de hombres ocurridas en días determinados o bajo la luz de la luna (en la leyenda del perro también se trata de una noche con luna llena). Su origen más antiguo es en leyendas escandinavas aunque no demoró en extenderse a otras zonas geográficas.

La cultura popular está tan impregnada del antiguo mito de los lobizones, que logró infiltrarse en infinidad de películas y libros. En nuestro país forman parte de las leyendas rurales populares: por ejemplo, las innumerables historias de séptimos hijos varones, que en las noches de los viernes de luna llena metamorfosean su cuerpo por el de un lobo. El caso de Plaza Lafone es un curioso ejemplo de su traslado original al ámbito urbano.


MENTIRAS CASERAS
Accidentes míticos y mitos accidentales

Las leyendas urbanas no siempre tratan de fenómenos espeluznantes o apariciones misteriosas que ocurren en determinados puntos de la ciudad. Pequeñas historias que circulan como ciertas, referidas a accidentes o determinados sucesos comunes, frecuentan el folklore urbano desde hace tiempo en variantes bien uruguayas. Aquí va un popurrí de algunas de las más populares, que todos hemos sentido alguna vez.


El microondas secador

Cuando los hornos microondas recién habían llegado al mercado y la gente desconocía bien su funcionamiento (junto a las dudas y posibles riesgos que presentaba un sistema innovador de calentamiento) se hizo popular la siguiente macabra historia. Una joven se lava la cabeza antes de salir a bailar, y en su apuro por llegar a tiempo a su cita decide secárselo con el maravilloso y ultra rápido horno microondas. Gracias a un destornillador logra burlar el sistema de seguridad e introduce su cabeza en el horno mientras lo pone en funcionamiento. Pocos minutos después fallece, ya que como es sabido los microondas calientan los objetos de adentro hacia fuera, causándole daños irreparables en el cerebro al secarlo completamente.
(gracias Silvia y Hugo)


Los magníficos secuestradores

Si bien los secuestros configuran en la Sudamérica de hoy una realidad triste, allá por las décadas del ’80 y ’90 circuló en Uruguay una leyenda que jamás pudo probarse y cuyos detalles eran demasiado cuidados para ser verosímiles. La historia aconsejaba tener especial cuidado con las camionetas negras (al estilo Los Magníficos) y de vidrios polarizados, ya que se dedicaban al secuestro organizado de niños con equipos muy sofisticados. Se decía que rondaban las escuelas, lo que en su momento generó un cuidado especial en madres y padres, a pesar de no comprobarse jamás la existencia de dichas supercamionetas.
(gracias Carlos, María)


El perro dientudo

Una persona compra un perrito pequeño y extraño (pero de aspecto simpático) en la feria de Tristán Narvaja. Lo lleva para su casa y le dispensa el mismo trato que a cualquier can, pero con el tiempo, sin embargo, nota extrañada que el perro no crece. Como se alimentaba en exceso para su tamaño decide llevarlo al veterinario, que luego de examinarlo aclara que se trata de un tipo de rata gigante muy extraña, llegada del África o Asia y traída probablemente por algún tripulante de un barco extranjero. Esta leyenda circula en forma casi idéntica en todas partes del mundo cambiando el origen de la rata peluda (generalmente es de Haití) y la forma en que se adquiere, ya que a veces se la encuentra en las aguas del puerto.
(gracias Mariela y Cecilia)


Las tazas de Piedras Blancas

Un hombre descubre que le robaron una de las cuatro tazas del auto, y como se trata de un coche lujoso pero un poco antiguo descarta la posibilidad de conseguir una nueva. Se decide por ello a ir a la feria de Piedras Blancas, famosa por la venta de objetos viejos y robados. Va hasta allí con su auto, estaciona y comienza a recorrer el lugar. Después de dar vueltas un rato queda maravillado al descubrir entre varios puestos la taza del modelo que busca (de hecho hay más de una). La compra y regresa a su auto, sólo para descubrir que le faltan las tres tazas que aún tenía en su coche y que acaba de comprar justamente una de ellas, robada hace pocos minutos en la misma feria.
Este relato es contado en primera persona (o en formato ADUA) por tantas personas que se constituyó a esta altura en un mito, más allá de las posibilidades de que algo similar ocurra.

La leyenda de la taba

Durazno parece un lugar particularmente apto para la fermentación de leyendas. En Arroyo de los Perros, ubicado en dicho departamento, una historia subsiste desde los tiempos en que la esclavitud aún era permitida.

Un estanciero, que trataba cruelmente a sus esclavos, decidió una noche de alcohol jugar a la taba con su lacayo mulato. Este último estaba con gran suerte esa noche
y fue ganando poco a poco una gran suma de dinero a su patrón. Éste, acongojado por haber perdido contra su propio súbdito jugó una última vez y apostó todo su capital, incluso el campo. El mulato se vio favorecido una vez mas y ganó la propiedad, a lo que el estanciero, hombre fiel a su palabra, entregó sus pertenencias.

A la noche siguiente, sin embargo, el patrón no fue capaz de asumir la afrenta, se presentó en el nuevo aposento del esclavo y lo asesinó a puñaladas. Muda testigo de los hechos, la taba permanecía sobre la mesada de mármol en la cocina de la estancia, donde se consumó el crimen.
Cuando el estanciero recupera sus bienes decide enterrar la taba que tantas penas y apremios había causado. A la mañana siguiente, sin embargo, volvió a parecer en la mesada, imperturbable. Una y otra vez sucedió esto, como acusador recordatorio de lo sucedido.

El hombre optó por guardarla con llave en un baúl y despidió a todo aquel que conociera su historia, desconfiado de una broma recurrente. La taba, no obstante, seguía apareciendo...

Poco tiempo después el estanciero fue hallado muerto, aparentemente por mano propia y a causa de la aparición pertinaz del endemoniado objeto, que desde entonces no volvió a reaparecer.

LA CASA DEL ÁGUILA

La casa del águila, una ruinosa construcción vacía y solitaria, domina un sector del barrio Flor de Maroñas desde hace muchísimos años. Es uno de esos caserones antiguos “cuya sola arquitectura es siniestra”, a decir de Chesterton, rodeada de un parque enigmático y descuidado.

Sobre la fachada añeja se alza la figura monumental de un águila de piedra, con un gesto amenazante y las alas abiertas. Allí permanece desde hace tanto tiempo, que los vecinos más ancianos no recuerdan el barrio sin la casa y el águila enigmática.

De día, la casa parece tan sólo un caserón deshabitado, pero en las noches de tormenta la fachada adquiere un cariz siniestro y la calma se interrumpe en el barrio. Los vecinos denuncian en esas ocasiones que varios ruidos extraños comienzan a sentirse desde dentro de la construcción: aullidos o los aleteos de un enorme animal encerrado.

La policía no suele responder a las innumerables denuncias, sobre todo después de un extraño suceso. Una vez, dos agentes fueron enviados a investigar lo que sucedía: llegaron equipados con linternas, decididos a demostrar que los ruidos no eran más que producto de jóvenes o pura psicosis del barrio. Cuando se estaban por retirar, sin embargo, un ruido de derrumbe los obligó a darse vuelta. A la luz de sus linternas pudieron comprobar cómo el águila caía desde el techo, desmoronándose en el suelo y haciéndose añicos. Se retiraron, no sin antes redactar el parte oficial dejando constancia del acto.

Al día siguiente, ambos policías fueron encerrados por “beber en horario de servicio”. Cuando protestaron, el propio comisario los condujo hasta la casa. Para su estupor, en lo alto de la fachada, con las alas extendidas y el pico abierto, el águila los miraba con sorna y ubicada en el mismo lugar donde siempre estuvo y donde permanece hoy en día.

Los vecinos, mientras tanto, tienen sus propios relatos sobre el águila que cobra vida en las noches de tormenta. La han visto moverse, aletear o levantar vuelo, entre muchas historias que remiten a la “maldición del águila”, cuyo origen es desconocido

Sobre la casa, sin embargo, hay otra historia truculenta pendiente. Fue construida por el edecán del dictador Máximo Santos a fines del siglo XIX, el general Esteban Pollo, masón en grado 33. Según algunos vecinos, dicha casa fue usada también en la década del ’70 como calabozo para prisioneros políticos, siendo testigo de varias torturas y muertes.

En las noches de tormenta, según recrea la leyenda, pueden escucharse los aullidos de los prisioneros de dos siglos, mezclándose con el aleteo monstruoso del águila de piedra, que renace cada vez que se reaviva el horror.
(Gracias Victoria y Guillermo)

Uruguay: leyendas urbanas y lugares embrujados parte 2

EL BUS DE LA PASAJERA ESPECTRAL

En una noche neblinosa de abril, hace ya muchos años, el traqueteo de un coche Leyland se escurría entre los silencios de la penumbra montevideana.
El ómnibus, perteneciente a una línea que ya no circula pero cuyo nombre no mencionaremos, iba rumbo a destino en la penúltima vuelta de la jornada.

A medida que el bus avanzaba en su recorrido, los pasajeros fueron bajando en las distintas paradas hasta dejar completamente solo al conductor, que maniobraba la máquina entre calles oscuras. Súbitamente, un golpe sordo, violento y un grito corto llegaron tras una curva cerrada, inequívocas señales de que el bus, entre la niebla, se había topado con un obstáculo vivo y se lo había llevado por delante. Cuando el chofer desciende, el mal sabor que se anticipaba en su boca se volvió realidad: sobre el pavimento, exangüe, tendida a lo largo en una postura antinatural, yacía una señora mayor. El hombre entró en pánico, comprendiendo a la primera ojeada que la mujer estaba muerta, producto del impacto del ómnibus.

En la histeria del momento, convertido en una masa de nervios y sin saber qué hacer, el conductor atinó a apartar el cuerpo del camino, se subió al ómnibus y sin pensarlo dos veces arrancó y retomó el camino. Después de llegar a destino debió reiniciar el circuito en la última vuelta de la noche, distraído y con la sombra oscura de los sucesos recientes en su mente.

Poco a poco, el bus comenzó a poblarse nuevamente mientras repetía las paradas de su usual recorrido nocturno. Con los nervios a flor de piel, el chofer oteaba su alrededor y esperaba con ansias culminar la jornada laboral. De improviso, una cara conocida pareció asomar a través del espejo, entre los pasajeros sentados en las filas del fondo y con una mueca trágica impresa en el rostro. A pocos metros de la puerta trasera, sentada con toda corrección y con la mirada de espanto que el chofer presenciara, se hallaba la anciana atropellada minutos atrás.

El ómnibus casi vuelca debido a la reacción del hombre, que creyó enloquecer. Volvió a mirar por el espejo y sólo encontró a los pasajeros usuales, por lo que atribuyó la visión a su estado alterado. A la siguiente curva, el rostro de la anciana volvió a repetirse en el reflejo del cristal, más claro y nítido que antes, como la prueba ineludible del crimen cometido.

El coche fue vaciándose nuevamente, pero el chofer casi no prestaba atención a los pasajeros, exceptuando la figura muda que permanecía obstinada en su lugar y se manifestaba a través del reflejo del espejo. Cuando el ómnibus estaba casi desierto, el hombre se animó a mirar hacia atrás, descubriendo que allí no había nadie junto a los dos o tres pasajeros que estaban por bajar. Al volver la vista hacia el espejo, sin embargo, resurgió la imagen clara de la anciana.

Dos paradas antes del destino, el ómnibus quedó finalmente vacío, a no ser por el reflejo insistente que el chofer observaba en el espejo. Esta vez, sin embargo, pudo comprobar a través del cristal que la anciana se levantaba de su asiento y comenzaba a caminar lentamente hacia su lugar. Se dio la vuelta, pero allí no había nadie: a través del espejo, sin embargo, la mujer seguía su marcha impertérrita en dirección a la puerta delantera.
El conductor descuidó la marcha y miró hacia atrás con horror por última vez. No pudo ver la luz brillante, el bocinazo inesperado, el resplandor súbito y el impacto del camión que chocó frontalmente con el ómnibus. Despertó en un hospital narrando esta historia, que repitió con frecuencia hasta su muerte, ocurrida hace ya muchos años.


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