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Cuento propio de Zombies II

Paranormal12/18/2013
hola amigos aquí les dejo la segunda parte de mi cuento " nuevo mundo" relacionado con el género de zombies.

por si no han leído la primera parte aquí se las dejo:


espero que les guste, comenten para dar su opinión recibo todas sus críticas constructivas.

Nuevo Mundo segunda parte

Cuento propio de Zombies II

Habian pasado 4 días desde que había dejado mi hogar para no volver jamás, la horda de zombies que siguió aquel disparo era inmensa, la pude ver a distancia y era algo tan aterrador como haber presenciado tal acto de canibalismo de mi padre. Los suministros en los supermercados escasean, los saqueos no se dejaron esperar y al demorarme entrar en la ciudad me han dejado solo las migajas, casi deambulo sin fuerzas tratando de huir de las bestias que se percatan de mi presencia y sin cansancio me siguen hasta que pierden el interes.
El revólver de mi padre me pesa y es un estorbo, su sombrero molesta mi vista, apenas puedo caminar, menos puedo huir de todas las bestias que se encuentran en la ciudad.
Encontré un hostal abandonado extrañamente sin bestias y entre en él, lo que ví en una de sus habitaciones fue algo que me remeció por completo, jamás en la vida esperé que ello pudiera ocurrir: En una de las habitaciones habia una niña en los brazos de una bestia. Rapidamente saqué mi arma apuntandole a la bestia que lanzó un gruñido hacia donde yo estaba, pude percatarme de que la niña dormía placidamente en los brazos de aquel animal y no se inmutó ante el ruido de aquel gruñido:
- niña - le dije - niña, despierta.
La bestia continuó gruñendome sin parar observandome con ganas de abalanzarse sobre mi, pero algo la tranquilizó: la voz de la niña.
- tranquila, tranquila mamá.
Quedé perplejo al oir aquello, esa bestia era su madre. ¿Como puede ser que su madre luego de haberse convertido seguía reconociendo a su hija sabiendo que mi padre en las mismas condiciones no dudó en devorar a mi madre?
- niña, ¿ella es tu madre?
- si
- ¿han vivido aquí desde que todo empezó? - le pregunté
-no, llegamos en la mañana - la niña puso su mano en la cara putrefacta de la madre y comenzó a acariciarla - tuvimos un largo viaje desde el otro lado de la ciudad, por eso decidimos descansar aquí antes de seguir nuesto viaje.
- ¿seguir? ¿hacia donde?
La niña se levantó del regazo de su madre, tomó la mano de esta y se acercó a la puerta de la habitación.
- sigame por favor.
Titubie por un momento al oír aquella palabra, miles de teorías de lo que ocurriría pasaron por mi cabeza, tenía miedo. No lo iba a negar. Decidí seguirlas, pero siempre detrás de ellas y observando atentamente a la madre que a simple vista se podía deducir que no estaba nada alegre con mi presencia.
Recorrimos un pasillo muy largo hasta llegar a una escalera que conducía a la azotea de aquel hostal, la niña se detuvo al igual que la madre, ambas se apartaron del camino haciendo el gesto de que subiera las escaleras primero. Al parecer la única razón de que la madre no se abalanzara sobre mi era que no contaba con el consentimiento de la niña, por primera vez en el dia me relajé y confié en la pequeña.
Fue una bofeteada tremenda aquella, si yo no hubiera entrado en el hostal puede que todavia seguiría vagando sin destino alguno aguardando la muerte o aún peor, la transformación en uno de ellos. El Norte estaba ahí, quedé tan impactado que caí de rodillas ante aquella imagen, detrás de mi venia la niña con su madre uniendose a lo que era el mirador mas perturbador de la ciudad, aunque de los 3 solo yo estaba impactado. La niña sonreía emocionada y la madre gruñía por lo bajo como si esa fuera su forma de decir que se encontraba feliz:
- ¿que le ha pasado señor? ¿acaso no está feliz? - la pequeña se acercó a mi y poso su mano en mi hombro.
- no es eso, es solo que... es solo que... - me levanté decidido, ajusté mi sombrero y realinié el cinturón con el arma, me acerqué a la madre observandola fijamente a sus ojos negros, era un vacío total pero que muy dentro de sí algo brillaba, una chispa aún se mantenía dentro de si.
- deberiamos irnos ahora - dijo la niña.
Ella tomó a su madre y ambas bajaron, yo me quedé un rato más que ellas en la azotea observando el paisaje y el camino que nos esparaba a los tres. Puede que fueran solo 6 calles pero eran 6 calles repletas hasta el último lugar de animales, calles totalmente infestadas de aquellas bestias, pero eso no era lo que tanto me impactó. Esas murallas jamás las había visto, tuvieron que haber sido levantadas hace poco, quizás por el gobierno, el ejercito, o lo que fuera. No importa quien las levantó, ese pueblo levantado en medio de esta ciudad de bestias era nuestra única salvación.
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