EEUU alerta sobre la llegada de la "tormenta solar del siglo"
La NASA sostiene que, en 2013, el Sol llegará a una etapa de su ciclo natural durante la cual los grandes eventos, como llamaradas y tormentas solares son más probables. El Congreso de Estados Unidos hizo un llamamiento a los ciudadanos para que desarrollen un plan de emergencias de cara a estar preparados para la tormenta solar del siglo. Además, en Alemania, Francia, Reino Unido y otros países europeos se están tomando "importantes medidas en la misma línea preventiva".
En una resolución parlamentaria, actualmente en trámite, el Congreso estadounidense ha pedido a las comunidades locales que se doten de los recursos necesarios para abastecer a la población de un mínimo de energía, alimento y agua.
Del mismo modo, la resolución destaca la importancia de una prevención adecuada ante este tipo de fenómenos por parte de las comunidades de vecinos, ya que se necesita coordinación entre los diferentes agentes.
El texto también cita los distintos informes previos elaborados por Protección Civil de Estados Unidos (FEMA), en los que se informa sobre la forma de actuar ante estos eventos, así como los informes del regulador eléctrico estadounidense (NERC) y los del Departamento de Seguridad Nacional del Gobierno.
Además, en Alemania, Francia, Reino Unido y otros países europeos se están tomando "importantes medidas en la misma línea preventiva".
Este mes la NASA alertaba de que, en 2013, el Sol llegará a una etapa de su ciclo natural durante la cual los grandes eventos, como llamaradas y tormentas solares son más probables
¿Cuáles serían los efectos de “la tormenta del siglo”?
Los sistemas eléctricos sufrirían un derrumbe total, dejando las casas, las industrias, las refinerías o las plantas químicas sin energía.
Pero los más afectados serán los sistemas de comunicación: teléfonos móviles, ordenadores, radios y televisiones se caerían en cadena, dejando a la población aislada y sin información de cómo responder al caos.
Por qué surge y cuáles son sus efectos
“Hay que tener claro que es una esfera de gas y genera campos magnéticos, como un gran imán. Cuando estos campos cambian su configuración -cada once años aproximadamente- se libera energía de forma muy rápida y violenta, que es lo que se conoce como ‘eyección de masa coronal’, o CME por sus siglas en inglés. Esto hace que se lance el gas a su atmósfera y se libere luego en el espacio”, explica Luis Ramón Bellot, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
Si esta ráfaga está dirigida a la Tierra, entonces se trata de una tormenta geomagnética (la popular tormenta solar). En ese momento, pueden ocurrir dos cosas: que el campo magnético terrestre –el “salvavidas” natural del planeta contra la radiación solar– lo repela o que parte de las partículas que contiene este fenómeno penetren en la atmósfera de la Tierra a través de los polos, las zonas más sensibles del escudo terrestre.
“La Tierra está muy bien protegida, y este campo se deforma pero nunca se rompe. Si hay tormentas pequeñas, se forman las auroras boreales y australes. Si es un fenómeno más intenso, entonces se pueden dar fallos en las comunicaciones y la red eléctrica”, expone Bellot, que además forma parte del Instituto de Astrofísica de Andalucía.
Este suceso provocó daños por primera vez en 1856 en Inglaterra. Richard Carrington, un astrónomo aficionado vio a través de su telescopio lo que él definió como “una inmensa bola de fuego que sobresalía del Sol”. Consciente de su hallazgo, fue a buscar algún testigo que pudiese corroborar el hecho, pero cuando volvió, las enormes erupciones habían desaparecido.
Días más tarde, auroras boreales eran visibles desde ciudades como Roma, Madrid, La Habana o las islas Hawai, latitudes un tanto extrañas, ya que este tipo de fenómenos afectan a zonas cercanas a los polos.
El incipiente sistema de telégrafo en Estados Unidos e Inglaterra se llevó la peor parte y sufrió cortes y cortocircuitos que colapsaron las comunicaciones de la época. Es la mayor tormenta geomagnética registrada de la historia.
Otra de las consecuencias de las tormentas solares extremas es la generación de corrientes adicionales a las que viajan por conducciones metálicas con gran longitud, como el tendido eléctrico. Este es el caso ocurrido en Quebec (Canadá) en 1989, donde se quemaron centenares de generadores eléctricos y se fundieron las líneas de alta tensión, afectando a miles de personas que se quedaron sin luz durante un día.
“Las corrientes de este tipo tienen que ser enormes”, apunta Bellot. También afecta a gasoductos y oleoductos, ya que, al ser de metal, oxida con gran rapidez las vías, con el consiguiente coste que supone para las empresas. Por eso la industria está invirtiendo dinero en saber cuándo se darán este tipo de fenómenos y como combatirlos”, agrega.
FUENTE