LEVITACIÓN Y TELEKINESIS, RETO AL SENTIDO COMÚN
Se ha hablado tanto de fervor místico de ciertos santos que levitaban ante la mirada perpleja de los testigos, que sería bueno saber si hubo algo de cierto en aquellos milagros, ya que se trata de fenómenos sucedidos en el pasado. Puesto que levantarse del suelo y vencer la fuerza de la gravedad sin ayuda de un soporte material va en contra de las leyes de la naturaleza, los científicos no han vacilado en afirmar que, en los casos de levitación de los que tanto se ha hablado, existía únicamente un acentuado sentimiento religioso que hacía sentirse a los santos como si volarán, siendo realidad que jamás abandonaron sus rodillas el suelo donde rezaban hincados.
Levitación y telekinesis van de la mano
Grabado inglés del año 1681, mostrando un caso de levitación sucedido entre gente no religiosa, de manera espontánea. Esta clase de fenómenos paranormales procuraba ser silen-ciada, porque se le asociaba con Satanás y la brujería. Mostrar discresión y no contar nada a nadie era la mejor manera de no ser enviado de inmediato a la hoguera. La telekinesis, también llamada psicocinesis, es un fenómeno paranormal que algunos aceptan sin hacer preguntas y otros rechazan por muchas explicaciones que se les den. El cine, lo mismo que docenas de novelas, se han ocupado de mostrar el lanzamiento de objetos pesados por parte de adolescentes víctimas de una intensa emoción, sin que los toquen físicamente.
Es lo que sucede en lo fenómeno conocido como poltergeist, que algunos timoratos han querido asociar con la intervención maléfica del demonio y han insistido en identificar con un exorcismo.
Los doscientos santos que volaron
Curiosamente, casi todos los casos de santos que levitaron se produjeron entre los siglos XVI y XVIII. En el siglo XVII le tocó a José de Cupertino protagonizar unas levitaciones que lo tenían contra el techo durante unos minutos o bien unos vuelos que le obligaban a asirse a los muebles para intentar evitarlos. Este grabado francés de San José de Cupertino pertenece al siglo XIX.Se ha logrado reunir más de 200 ejemplares de santos que levitaron en algún momento en su vida, y casi todos sucedieron en los siglos XVI al XVIII. A partir de entonces, disminuyeron en números estos actos, de manera apreciable, como si los santos de antes fueran más y mejores que los de ahora. Se conoce un caso muy curioso sucedido en la Nueva España del siglo XVIII; el venerable Antonio Margil, un franciscano, en cierta ocasión, ante los ojos maravillados del padre Jerónimo García, se puso a dar vueltas como un planeador, los brazos en cruz, en el techo del convento.
Merece la pena recordar la historia de José de Cupertino, también otro clásico de levitación que vivió en el siglo XVII en Asís, patria de San Francisco. Al principio se molestó al darse cuenta de que podía volar y tenía que aferrarse a los muebles, pero se fue acostumbrando, y finalmente ayudaba con sus dones a quienes necesitaba llevar un objeto a lo alto de su convento.
En 1699 murió la venerable Serafina de Dios, religiosa en el convento de carmelitas de Capri. Cuando se arrodillaba para rezar irradiaba de su rostro una luz y brillaban sus ojos. Si alguien la tocaba se quemaba, incluso en invierno. La religiosa decía que a veces la consumía un fuego interior y que le hervía la sangre. También esta mujer santa levitó en alguna ocasión. Lo más asombroso de esta Serafina fue que murió exhausta, de tantos calores, y 24 horas después de su muerte conservaba el cuerpo tal calor que quien pusiese una mano sobre su corazón tenía que retirarla enseguida.
Demostró poseer desde la niñez fabulosos dones
En el cementerio de Saint-Germain- en Laye, cercano a París, hay una tumba con una cruz de mármol blanco con esta inscripción: “Venid a mi los que está fatigados y yo les daré consuelo”. En la parte inferior puede leerse otra leyenda: “Daniel Dunglas Home. Nacido a la vida terrestre cerca de Edimbundo, el 20 de marzo de 1833. Nacido a la vida espiritual el 21 de junio de 1886. A otro corresponderá discernir a los espíritus.
En la familia Home, los poderes extrasensoriales habían sido hereditarios. El tío Machenzie y la madre de Daniel eran videntes. Era natural que el pequeño manifestará dones sorprendentes: a la edad de cuatro años describió a su madre la muerte de una prima. Al confirmarse la noticia, dos días después, la señora Home se asustó. Vio con temor que su hijo superaba al resto de la familia. Por aquellos días, y en vista de que las cosas no iban demasiado bien en la casa, aprovechó el ofrecimiento de una tía que iba a Estados Unidos para confiarle al niño.
A la edad de trece años hizo amistad con un muchacho de nombre Edwin con quien solía leer la Biblia. Convinieron que el primero en morir avisaría al otro. Una noche del mes de junio de 1846, Daniel despertó al sentir la presencia de alguien, al pie de su cama. Era Darwin, rodeado por una aureola luminosa. Sonrió a Daniel y desapareció. La mañana siguiente, Daniel dijo a sus tíos que Edwin acababa de morir. Al confirmarse la noticia, los tíos se trastornaron. A esto siguieron golpes en las paredes y muebles, sillas deslizándose por sí solas por el piso, objetos volando. Era demasiado. Los tíos creyeron que el demonio se había posesionado del sobrino y, sin esperar más, lo echaron de su casa.
Daniel inició entonces una vida errante, por todo el país. En su presencia se movían los muebles más pesados, y el muchacho se elevaba también en el aire. Entonces se encontró con Mrs. Hayden, una médiums muy conocida.
Comienza a adquirir fama de psíquico
Cuando conoció a esta mujer acababa de cumplir 18 años. Ella intuyó en el joven facultades extraordinarias y lo invitó a mostrarles antes los médicos y profesores de la universidad de Harvard. El siguiente año se presentó en el Primer Congreso de Espiritistas, celebrado en Cleveland, y tuvo ocasión de realizar por primera vez en público un acto de levitación. Ya no temía, como al principio, el riesgo de la caída. Sabía subir y bajar ya a su antojo. Además hacía sonar las campanas a distancia, tocar un acordeón y practicar la elongación.
Regresó en 1855 a Inglaterra, enfermo de tuberculosis. Creía que el clima de este país sería más sano para él. La acogida que le dispensaron en Londres fue entusiasta, tanto que Home olvido su enfermedad y siguió prodigándose. William Cox, dueño del hotel donde se hospedaba, se interesaba en el espiritismo y el ocultismo. Para sorprender a este Cox, Home hizo aparecer un botellón de vino de la nada. Impresionado por lo que vio, Cox organizó una velada a la que invitó a Lord Brouham y a sir David Brewster, físico bien conocido. Brewster informaría más tarde a un periodista que vio moverse una mesa, sin que nadie la tocara, y elevarse en el aire.
Cierto Williams White fue a visitar a Home más tarde. Quería invitarlo a acudirá una mesa de Islington, donde lo esperaba una docena de personajes interesados en la metapsíquica. A Home le molestó ver tanta gente. Solían molestarle las muchedumbres. Corrieron las cortinas y encendieron unas velas. Home pidió a los presentes unir las manos. En cosa de cinco minutos oyeron golpes en la mesa, en el piso y en los muros. Home pidió un acordeón y en cuanto lo depositaron sobre la mesa se puso a tocar por sí solo.
Una de las personas tenía la frente cubierta de sudor. White le preguntó si se sentía mal. El hombre contestó que acababa de sentir que alguien le tomaba la mano, igual que hizo su padre al morir. En aquel momento surgió una mano del pecho de aquel hombre y segundos después otro testigo lanzó un grito de terror y se levantó tirando la silla. La misma mano se deslizaba sobre sus cabellos.
Los portentos sucedidos en Francia
En 1857, Home viajó por primera vez a París, invitado por Napoleón III, tan interesado como su esposa Eugenia de Montijo en los misterios del más allá. Home encontró un gentío a su arribo a la corte. Declaró que sus actos no eran espectáculo teatral. Napoleón III comprendió. Mandó a salir la concurrencia y se quedó solo, con su mujer y algunos íntimos. Pudieron ver entonces cómo Home levantaba sin esfuerzo una mesa. Materializó a continuación una mano que apoderó de un lápiz y escribió en un papel la palabra Napoleón. El emperador examinó la palabra y vio que era la firma auténtica de Napoleón Bonaparte. Estaba entusiasmado con las maravillas realizadas por su invitado. Sin embargo, no todos en la corte estimaban al escocés. Y aprovecharon un descuido de éste para lograr su destierro y probar que era un farsante.
Sucedió en la ciudad veraniega de Biarrits –bastante más agradable que Dieppe, donde habían coincidido Home y la pareja imperial-, cuando el barón Morio de L´Isle tenía a su cargo el manejo de las luces. La emperatriz, en el curso de la sesión en que se invitó a comparecer a Luis XVI y a Carlomagno, sintió una mano suave y perfumada acariciar su rostro. Lanzó un grito. El barón se apresuró a encender la luz. Vino a descubrirse que la mano fantasmal era en realidad el pie descalzo de Home paseando sobre el cuerpo de Eugenia.
A pesar de defender la emperatriz al Médiums, éste tuvo que abandonar Francia. Viajó a Italia, país que tuvo que dejar también atrás, después de ser acusado en Florencia de ser un nigromante que utilizaba los sacramentos de la Iglesia para obligar a los muertos a abandonar sus tumbas.
Ser médium resulta a veces buen negocio
Home no pedía nunca dinero por presentarse ante la gente interesada, pero le parecía muy razonable aceptar obsequios, como relojes de oro, tabaqueras valiosas y joyas cuya venta le permitía sostener una vida lujosa. Pero, al aparecer, quiso sacar partido de una viuda y le resultó muy caro.
En 1866, de regreso a Londres, fue objeto de un proceso que perjudicó grandemente a su reputación. Cierta Mrs. Lyon, de 75 años de edad, había entrado en comunicación con el alma de su difunto esposo, gracias a Home. El difunto aconsejó a su viuda adoptar el médium y legarle su fortuna. No solo obedeció la dama la orden venida del más allá, sino que hizo entrega además de 30.000 libras esterlinas al médium. Pero se arrepintió de su generosidad -o alguien que deseaba también esa suma se lo aconsejó- y se dirigió a la policía para relatar lo sucedido. El juez condenó a Home a devolver la suma y lo metió entre rejas.
En diciembre de 1868, Daniel Dunglas Home iban a realizar, olvidada la peripecia de la viuda, el más extraordinario de sus actos, ante varios distinguidos testigos. Gracias a ello recobraría el prestigio perdido. En primer lugar agarró sus carbones encendidos de la chimenea y se los echó a la boca. Los masticó como si fueran bombones. Otra experiencia increíble sería la de levitación que se convertiría en clásica de este fenómeno.
Salió por una ventana y regresó por la otra
Sucedió el 13 de diciembre en la presidencia Ashley, en Victoria Street, y fue presenciada, entre otros, por sir William Crookes (1832-1919), insigne físico inglés descubridor de los rayos catódicos y primero en aislar el tantalio. En 1874 escribió un artículo para el Quaterly Journal of Science en el que decía haber visto a D. D. Home alzarse en tres ocasiones del suelo.
Lástima que este sabio, que había estudiado con admirable seriedad los fenómenos metapsíquicos, cayera más tarde en extremos ridículos, que invalidarían sus declaraciones. Resulta que se enamoró, a sus cuarenta y tantos años, de un fantasma que se hacía llamar Katie King, joven encantadora que murió a la edad de 23 años en tiempos del rey Carlos II. El espíritu de la difunta había aparecido antes Crookes por conducto de Florence Cook, médium de gran belleza pero tan deshonesta como amiga de gastar bromas a los ingenuos.
Otra velada importante fue la celebrada la noche del 16 del mismo mes en la residencia de Lord Adare, en el número 5 de Buckingham Place. Acompañaban al aristócrata su amigo Lord Lindsay y su primo el capitán Charles Wynne. En aquella ocasión, Home cayó en trance y por sus labios se expresó el espíritu de Adah Mencken, actriz recién fallecida que habían conocido bien Home y Lord Adare. Una silla se movió sola. Wynne y Lord Lindsay tuvieron la sensación de que un ser invisible había penetrado en la sala y tomando asiento en la silla. El médium comenzó entonces a hablar, con voz sepulcral. Pidió a los testigos no abandonar sus asientos y que nada temiesen, viesen lo que viesen. A continuación, Home se elevó lentamente en el aire, se dirigió a una ventana abierta y salió por ella, los pies por delante, a pesar de que el aposento se encontraba en el tercer piso.
Segundos después se detuvo frente a una ventana del segundo piso, mientras los testigos se asomaban a la calle y contemplaban el increíble espectáculo. Home estaba golpeando con los pies los cristales de la ventana. Se abrió ésta y penetró en la habitación. Se puso pie y tomó asiento en un sillón. Después de una breve pausa regresó al tercer piso, volando también. Tenía un aspecto de cansancio profundo y se expresaba en una legua que ninguno de los tres hombres conocía.
¿Eran tan sólo un ilusionista excepcional?
Sir William Crookes declaró que Home poseía una singular fuerza psíquica. Charles Darwin, que estaba de moda desde que lanzó su teoría revolucionaria de la evolución, se mostró en cambio muy prudente. No se mostró partidario ni enemigo del médiums. El antropólogo Francis Galton afirmó que Home no era ningún charlatán, y de igual manera se expresarían el matemático August Morgan y el escritor ruso Leon Tolstoi.
Michael Faraday, descubridor de la inducción electromagnética, quien vio en alguna ocasión a Home realizar una experiencia, declaró en cambio que era sólo un hábil ilusionista. Y esta opinión fue compartida por el poeta Robert Browning. ¿Y qué opinaba Daniel Dunglas Home al respecto? Cuando le preguntaban por qué era un caso excepcional, contestaba algo que posee una enorme lógica: a los que, en el pasado, habían sido como él, los habían quemado en la hoguera, por brujos.
¿Era una farsa los poderes de Home? ¿Sería, como él decía, algo que abundó en otros tiempos y que se fue perdiendo a causa de las persecuciones sufridas por esa gente a quien se consideraba poseída por Satanás? ¿Sólo en casos de enfermedad o de mal funcionamiento de un órgano se manifiesta estas facultades tan fuera de lo normal? Recuérdese que si Edgan Cayce se convirtió en profeta fue porque en su niñez recibió un fuerte pelotazo en la cabeza, y que si Peter Hurkos poseía dones muy especiales se lo debió al golpe sufrido en la cabeza de resultas de una caída.
Daniel Dunglas Home había sufrido de tuberculosis desde su infancia. Es decir, que su sistema nervioso era sumamente delicado. Y el hecho de prodigar en exceso sus agotadoras experiencias a lo largo de tantos años, sumado a su salud precaria, lo condujeron a la tumba siendo todavía joven, a la edad de 53 años.
Se ha hablado tanto de fervor místico de ciertos santos que levitaban ante la mirada perpleja de los testigos, que sería bueno saber si hubo algo de cierto en aquellos milagros, ya que se trata de fenómenos sucedidos en el pasado. Puesto que levantarse del suelo y vencer la fuerza de la gravedad sin ayuda de un soporte material va en contra de las leyes de la naturaleza, los científicos no han vacilado en afirmar que, en los casos de levitación de los que tanto se ha hablado, existía únicamente un acentuado sentimiento religioso que hacía sentirse a los santos como si volarán, siendo realidad que jamás abandonaron sus rodillas el suelo donde rezaban hincados.
Levitación y telekinesis van de la mano
Grabado inglés del año 1681, mostrando un caso de levitación sucedido entre gente no religiosa, de manera espontánea. Esta clase de fenómenos paranormales procuraba ser silen-ciada, porque se le asociaba con Satanás y la brujería. Mostrar discresión y no contar nada a nadie era la mejor manera de no ser enviado de inmediato a la hoguera. La telekinesis, también llamada psicocinesis, es un fenómeno paranormal que algunos aceptan sin hacer preguntas y otros rechazan por muchas explicaciones que se les den. El cine, lo mismo que docenas de novelas, se han ocupado de mostrar el lanzamiento de objetos pesados por parte de adolescentes víctimas de una intensa emoción, sin que los toquen físicamente.
Es lo que sucede en lo fenómeno conocido como poltergeist, que algunos timoratos han querido asociar con la intervención maléfica del demonio y han insistido en identificar con un exorcismo.
Los doscientos santos que volaron
Curiosamente, casi todos los casos de santos que levitaron se produjeron entre los siglos XVI y XVIII. En el siglo XVII le tocó a José de Cupertino protagonizar unas levitaciones que lo tenían contra el techo durante unos minutos o bien unos vuelos que le obligaban a asirse a los muebles para intentar evitarlos. Este grabado francés de San José de Cupertino pertenece al siglo XIX.Se ha logrado reunir más de 200 ejemplares de santos que levitaron en algún momento en su vida, y casi todos sucedieron en los siglos XVI al XVIII. A partir de entonces, disminuyeron en números estos actos, de manera apreciable, como si los santos de antes fueran más y mejores que los de ahora. Se conoce un caso muy curioso sucedido en la Nueva España del siglo XVIII; el venerable Antonio Margil, un franciscano, en cierta ocasión, ante los ojos maravillados del padre Jerónimo García, se puso a dar vueltas como un planeador, los brazos en cruz, en el techo del convento.
Merece la pena recordar la historia de José de Cupertino, también otro clásico de levitación que vivió en el siglo XVII en Asís, patria de San Francisco. Al principio se molestó al darse cuenta de que podía volar y tenía que aferrarse a los muebles, pero se fue acostumbrando, y finalmente ayudaba con sus dones a quienes necesitaba llevar un objeto a lo alto de su convento.
En 1699 murió la venerable Serafina de Dios, religiosa en el convento de carmelitas de Capri. Cuando se arrodillaba para rezar irradiaba de su rostro una luz y brillaban sus ojos. Si alguien la tocaba se quemaba, incluso en invierno. La religiosa decía que a veces la consumía un fuego interior y que le hervía la sangre. También esta mujer santa levitó en alguna ocasión. Lo más asombroso de esta Serafina fue que murió exhausta, de tantos calores, y 24 horas después de su muerte conservaba el cuerpo tal calor que quien pusiese una mano sobre su corazón tenía que retirarla enseguida.
Demostró poseer desde la niñez fabulosos dones
En el cementerio de Saint-Germain- en Laye, cercano a París, hay una tumba con una cruz de mármol blanco con esta inscripción: “Venid a mi los que está fatigados y yo les daré consuelo”. En la parte inferior puede leerse otra leyenda: “Daniel Dunglas Home. Nacido a la vida terrestre cerca de Edimbundo, el 20 de marzo de 1833. Nacido a la vida espiritual el 21 de junio de 1886. A otro corresponderá discernir a los espíritus.
En la familia Home, los poderes extrasensoriales habían sido hereditarios. El tío Machenzie y la madre de Daniel eran videntes. Era natural que el pequeño manifestará dones sorprendentes: a la edad de cuatro años describió a su madre la muerte de una prima. Al confirmarse la noticia, dos días después, la señora Home se asustó. Vio con temor que su hijo superaba al resto de la familia. Por aquellos días, y en vista de que las cosas no iban demasiado bien en la casa, aprovechó el ofrecimiento de una tía que iba a Estados Unidos para confiarle al niño.
A la edad de trece años hizo amistad con un muchacho de nombre Edwin con quien solía leer la Biblia. Convinieron que el primero en morir avisaría al otro. Una noche del mes de junio de 1846, Daniel despertó al sentir la presencia de alguien, al pie de su cama. Era Darwin, rodeado por una aureola luminosa. Sonrió a Daniel y desapareció. La mañana siguiente, Daniel dijo a sus tíos que Edwin acababa de morir. Al confirmarse la noticia, los tíos se trastornaron. A esto siguieron golpes en las paredes y muebles, sillas deslizándose por sí solas por el piso, objetos volando. Era demasiado. Los tíos creyeron que el demonio se había posesionado del sobrino y, sin esperar más, lo echaron de su casa.
Daniel inició entonces una vida errante, por todo el país. En su presencia se movían los muebles más pesados, y el muchacho se elevaba también en el aire. Entonces se encontró con Mrs. Hayden, una médiums muy conocida.
Comienza a adquirir fama de psíquico
Cuando conoció a esta mujer acababa de cumplir 18 años. Ella intuyó en el joven facultades extraordinarias y lo invitó a mostrarles antes los médicos y profesores de la universidad de Harvard. El siguiente año se presentó en el Primer Congreso de Espiritistas, celebrado en Cleveland, y tuvo ocasión de realizar por primera vez en público un acto de levitación. Ya no temía, como al principio, el riesgo de la caída. Sabía subir y bajar ya a su antojo. Además hacía sonar las campanas a distancia, tocar un acordeón y practicar la elongación.
Regresó en 1855 a Inglaterra, enfermo de tuberculosis. Creía que el clima de este país sería más sano para él. La acogida que le dispensaron en Londres fue entusiasta, tanto que Home olvido su enfermedad y siguió prodigándose. William Cox, dueño del hotel donde se hospedaba, se interesaba en el espiritismo y el ocultismo. Para sorprender a este Cox, Home hizo aparecer un botellón de vino de la nada. Impresionado por lo que vio, Cox organizó una velada a la que invitó a Lord Brouham y a sir David Brewster, físico bien conocido. Brewster informaría más tarde a un periodista que vio moverse una mesa, sin que nadie la tocara, y elevarse en el aire.
Cierto Williams White fue a visitar a Home más tarde. Quería invitarlo a acudirá una mesa de Islington, donde lo esperaba una docena de personajes interesados en la metapsíquica. A Home le molestó ver tanta gente. Solían molestarle las muchedumbres. Corrieron las cortinas y encendieron unas velas. Home pidió a los presentes unir las manos. En cosa de cinco minutos oyeron golpes en la mesa, en el piso y en los muros. Home pidió un acordeón y en cuanto lo depositaron sobre la mesa se puso a tocar por sí solo.
Una de las personas tenía la frente cubierta de sudor. White le preguntó si se sentía mal. El hombre contestó que acababa de sentir que alguien le tomaba la mano, igual que hizo su padre al morir. En aquel momento surgió una mano del pecho de aquel hombre y segundos después otro testigo lanzó un grito de terror y se levantó tirando la silla. La misma mano se deslizaba sobre sus cabellos.
Los portentos sucedidos en Francia
En 1857, Home viajó por primera vez a París, invitado por Napoleón III, tan interesado como su esposa Eugenia de Montijo en los misterios del más allá. Home encontró un gentío a su arribo a la corte. Declaró que sus actos no eran espectáculo teatral. Napoleón III comprendió. Mandó a salir la concurrencia y se quedó solo, con su mujer y algunos íntimos. Pudieron ver entonces cómo Home levantaba sin esfuerzo una mesa. Materializó a continuación una mano que apoderó de un lápiz y escribió en un papel la palabra Napoleón. El emperador examinó la palabra y vio que era la firma auténtica de Napoleón Bonaparte. Estaba entusiasmado con las maravillas realizadas por su invitado. Sin embargo, no todos en la corte estimaban al escocés. Y aprovecharon un descuido de éste para lograr su destierro y probar que era un farsante.
Sucedió en la ciudad veraniega de Biarrits –bastante más agradable que Dieppe, donde habían coincidido Home y la pareja imperial-, cuando el barón Morio de L´Isle tenía a su cargo el manejo de las luces. La emperatriz, en el curso de la sesión en que se invitó a comparecer a Luis XVI y a Carlomagno, sintió una mano suave y perfumada acariciar su rostro. Lanzó un grito. El barón se apresuró a encender la luz. Vino a descubrirse que la mano fantasmal era en realidad el pie descalzo de Home paseando sobre el cuerpo de Eugenia.
A pesar de defender la emperatriz al Médiums, éste tuvo que abandonar Francia. Viajó a Italia, país que tuvo que dejar también atrás, después de ser acusado en Florencia de ser un nigromante que utilizaba los sacramentos de la Iglesia para obligar a los muertos a abandonar sus tumbas.
Ser médium resulta a veces buen negocio
Home no pedía nunca dinero por presentarse ante la gente interesada, pero le parecía muy razonable aceptar obsequios, como relojes de oro, tabaqueras valiosas y joyas cuya venta le permitía sostener una vida lujosa. Pero, al aparecer, quiso sacar partido de una viuda y le resultó muy caro.
En 1866, de regreso a Londres, fue objeto de un proceso que perjudicó grandemente a su reputación. Cierta Mrs. Lyon, de 75 años de edad, había entrado en comunicación con el alma de su difunto esposo, gracias a Home. El difunto aconsejó a su viuda adoptar el médium y legarle su fortuna. No solo obedeció la dama la orden venida del más allá, sino que hizo entrega además de 30.000 libras esterlinas al médium. Pero se arrepintió de su generosidad -o alguien que deseaba también esa suma se lo aconsejó- y se dirigió a la policía para relatar lo sucedido. El juez condenó a Home a devolver la suma y lo metió entre rejas.
En diciembre de 1868, Daniel Dunglas Home iban a realizar, olvidada la peripecia de la viuda, el más extraordinario de sus actos, ante varios distinguidos testigos. Gracias a ello recobraría el prestigio perdido. En primer lugar agarró sus carbones encendidos de la chimenea y se los echó a la boca. Los masticó como si fueran bombones. Otra experiencia increíble sería la de levitación que se convertiría en clásica de este fenómeno.
Salió por una ventana y regresó por la otra
Sucedió el 13 de diciembre en la presidencia Ashley, en Victoria Street, y fue presenciada, entre otros, por sir William Crookes (1832-1919), insigne físico inglés descubridor de los rayos catódicos y primero en aislar el tantalio. En 1874 escribió un artículo para el Quaterly Journal of Science en el que decía haber visto a D. D. Home alzarse en tres ocasiones del suelo.
Lástima que este sabio, que había estudiado con admirable seriedad los fenómenos metapsíquicos, cayera más tarde en extremos ridículos, que invalidarían sus declaraciones. Resulta que se enamoró, a sus cuarenta y tantos años, de un fantasma que se hacía llamar Katie King, joven encantadora que murió a la edad de 23 años en tiempos del rey Carlos II. El espíritu de la difunta había aparecido antes Crookes por conducto de Florence Cook, médium de gran belleza pero tan deshonesta como amiga de gastar bromas a los ingenuos.
Otra velada importante fue la celebrada la noche del 16 del mismo mes en la residencia de Lord Adare, en el número 5 de Buckingham Place. Acompañaban al aristócrata su amigo Lord Lindsay y su primo el capitán Charles Wynne. En aquella ocasión, Home cayó en trance y por sus labios se expresó el espíritu de Adah Mencken, actriz recién fallecida que habían conocido bien Home y Lord Adare. Una silla se movió sola. Wynne y Lord Lindsay tuvieron la sensación de que un ser invisible había penetrado en la sala y tomando asiento en la silla. El médium comenzó entonces a hablar, con voz sepulcral. Pidió a los testigos no abandonar sus asientos y que nada temiesen, viesen lo que viesen. A continuación, Home se elevó lentamente en el aire, se dirigió a una ventana abierta y salió por ella, los pies por delante, a pesar de que el aposento se encontraba en el tercer piso.
Segundos después se detuvo frente a una ventana del segundo piso, mientras los testigos se asomaban a la calle y contemplaban el increíble espectáculo. Home estaba golpeando con los pies los cristales de la ventana. Se abrió ésta y penetró en la habitación. Se puso pie y tomó asiento en un sillón. Después de una breve pausa regresó al tercer piso, volando también. Tenía un aspecto de cansancio profundo y se expresaba en una legua que ninguno de los tres hombres conocía.
¿Eran tan sólo un ilusionista excepcional?
Sir William Crookes declaró que Home poseía una singular fuerza psíquica. Charles Darwin, que estaba de moda desde que lanzó su teoría revolucionaria de la evolución, se mostró en cambio muy prudente. No se mostró partidario ni enemigo del médiums. El antropólogo Francis Galton afirmó que Home no era ningún charlatán, y de igual manera se expresarían el matemático August Morgan y el escritor ruso Leon Tolstoi.
Michael Faraday, descubridor de la inducción electromagnética, quien vio en alguna ocasión a Home realizar una experiencia, declaró en cambio que era sólo un hábil ilusionista. Y esta opinión fue compartida por el poeta Robert Browning. ¿Y qué opinaba Daniel Dunglas Home al respecto? Cuando le preguntaban por qué era un caso excepcional, contestaba algo que posee una enorme lógica: a los que, en el pasado, habían sido como él, los habían quemado en la hoguera, por brujos.
¿Era una farsa los poderes de Home? ¿Sería, como él decía, algo que abundó en otros tiempos y que se fue perdiendo a causa de las persecuciones sufridas por esa gente a quien se consideraba poseída por Satanás? ¿Sólo en casos de enfermedad o de mal funcionamiento de un órgano se manifiesta estas facultades tan fuera de lo normal? Recuérdese que si Edgan Cayce se convirtió en profeta fue porque en su niñez recibió un fuerte pelotazo en la cabeza, y que si Peter Hurkos poseía dones muy especiales se lo debió al golpe sufrido en la cabeza de resultas de una caída.
Daniel Dunglas Home había sufrido de tuberculosis desde su infancia. Es decir, que su sistema nervioso era sumamente delicado. Y el hecho de prodigar en exceso sus agotadoras experiencias a lo largo de tantos años, sumado a su salud precaria, lo condujeron a la tumba siendo todavía joven, a la edad de 53 años.