La identidad es un tópico ya abordado muchas veces por distintos intelectuales, ya sean sociólogos, historiadores, filósofos, entre muchos otros. Vale destacar a Jorge Larraín, sociólogo que habla de un constructivismo histórico, que se ha ido desarrollando a través de los tiempos con los llamados “jaques mate”, que son todos los hechos que han marcado nuestra identidad: Como la dominación española, el golpe militar del 73, las crisis, invasiones, etc.
A pesar de ello, de la multitud de teorías propuestas, de la gran cantidad de doctos, eruditos y estudiosos del asunto, me he visto en la obligación de realizar este ensayo, y de explicar cuál es el sentido que tiene este tema y el porqué de su importancia actual. Es un tema que no deja de ser fundamental aunque muchos no lo asuman. Por lo tanto, mi objetivo principal será dar a conocer la expresión de la identidad en nuestro país y el cómo afecta al desarrollo de la vida de Chile. En consecuencia, parte de mi intención en este ensayo será aportar tal vez algún dato o antecedente que ofrezca algún tipo de aporte a esta temática, aunque ya muchas ideas se hayan planteado antes.





En mis últimas clases de electivo he aprendido el verdadero significado del concepto “identidad”. Reconozco mi falta de conocimiento en el tema, a decir verdad, hace un tiempo atrás no estaba ni un poco cerca de saber qué era identidad.
La identidad se refiere a un conjunto de características trascendentales que se impregnan en nuestra personalidad y no tienen ninguna relación con caracteres físicos, es decir, cuando hablamos de identidad nos referimos a rasgos únicamente internos.

Mi primer punto a destacar será que generalmente, cuando hablamos de identidad, pensamos en singular, una identidad personal. Es curioso, sin saberlo llegamos a uno de los tres tipos de identidad, la “personal”, las otras dos son la “cultural” y la “histórica”.
Es necesario para el desarrollo de este ensayo, definir cada una de estas.


La identidad personal se refiere a las particularidades psicológicas que presenta un individuo, es decir, la personalización del ser íntimo. Esta identidad (así también como las otras dos), traspasa fronteras, porque siempre esta caracterización se puede ver con el tiempo, así puede llegar a transformarse en una “identidad personal colectiva”, que se da cuando la propia identidad del ser en cuestión se contagia por la sociedad.
Por ejemplo: El que un hombre sea tímido puede significar que el resto de las personas con las que tiene contacto presentan la misma característica.
Por lo tanto, cuando se dice que tal persona es solidaria, este rasgo forma parte de la estructura de su identidad personal.

Luego tenemos la identidad cultural, esta tiene otras subdivisiones, pero primero quiero definir el término en general, hacerlo de otro modo confundiría las cosas, tal vez el querer hacer todas las cosas de una sola vez forma parte de mi identidad personal.
La identidad cultural, como término único, tiene relación con la cultura misma, es todo lo que viene del pasado. Todo lo que se nos inculca desde pequeños: valores patrios, moral, reglas, etc. Todo aquello forma parte de la identidad cultural.
Existe una gran diversidad cultural en nuestro país: Modos de vida, credos religiosos, costumbres o simplemente tribus urbanas, (De la cual hablaré más adelante).
Esta misma diversidad cultural también forma parte de los factores que determinan nuestra dinámica poblacional, es decir, las variadas expresiones de diversidad cultural afectan al desarrollo de una población (en este caso de Chile), y por lo tanto influyen en su desarrollo en el tiempo y en el espacio.



Así mismo, existe un tipo de identidad cultural que se define como la cultura del “no querer saber”, está relacionada con la mediocridad: cuando se prefiere realizar algo que es más cómodo o que requiere menos esfuerzo, o simplemente terminar las cosas a la mitad. Por ejemplo: Cuando se prefiere ver la película antes de leer el libro. O no ir a un museo porque las distancias físicas son muy grandes.

La segunda subdivisión de identidad cultural es la identidad de los defectos, se refiere a todas las fallas, lacras o carencias que nos caracterizan como sociedad. Por ejemplo: Cuando hablamos de que las riquezas en Chile están mal repartidas. Hay demasiadas personas viviendo en extrema pobreza mientras que en los sectores ricos abunda el dinero. O simplemente cuando prendemos el televisor y están pasando un reportaje sobre la drogadicción y la pobreza en Chile. Ese es un defecto propio de nuestra sociedad, un problema que debemos cambiar.




Por último nos encontramos con la identidad histórica, esta se relaciona con todo lo que un pueblo ha vivido, y que por lo tanto ha marcado su historia, es decir, hechos que en algún momento destacaron, que quebraron el equilibrio vivido, que han acontecido y terminado pero siguen en la memoria por ser inolvidables ya sea para bien o para mal. Son hechos importantes que resaltan en el tiempo y que nos hacen pensar y actuar de una manera.
Por ejemplo: No es muy original nombrar el golpe militar del año 1973 en Chile, quien nombre este hecho sabe perfectamente que es un claro ejemplo de identidad histórica, pero debe admitir que es un ejemplo muy frecuente de oír en esta temática. Existen multitud de hechos que han marcado este tipo de identidad, pero a pesar de ello se nombra una y otra vez al golpe militar. No obstante, es una buena muestra de identidad, porque podríamos nombrar al interminable conflicto de los mapuches al sur de Chile por recuperar sus tierras, este hecho podría determinar nuestra identidad, y demostrar el cómo en nuestro país se lucha por lo que se cree que es justo, pero no constituiría un ejemplo en general, ya que está mas bien dirigido al grupo étnico de nuestro país, y no tanto a la población en general. En cambio, al nombrar el golpe militar y posteriormente el gobierno de Augusto Pinochet, todos los chilenos se ven involucrados en esta situación, ya sea desde muy lejos: solamente con un punto de vista fuera de haber vivido en ese período. O de lo contrario una opinión propia por haber conocido todo lo que acaeció en aquel gobierno. Por eso, espero justificar con ello mi ejemplo básico y frecuente.

Retomando mi primer punto a destacar, cada vez que nos hablan de identidad pensamos en singular, pero aunque cueste creerlo es posible tomar a todo el país y definirlo, o como se dice vulgarmente tomarlos a todos y meterlos al mismo saco. Las características trascendentales de mi pueblo, de mi país, cómo nos describimos en conjunto, esa es la cuestión.

Partamos por definir al chileno como individuo. ¿Cómo individuo? ¿Se puede tomar a un chileno y decir que él representa al resto? Anteriormente dije que en Chile abunda la diversidad cultural, por lo tanto nuestra dinámica poblacional es exageradamente variada y rica. Entonces me estoy contradiciendo yo misma. Desde hace algunos meses atrás, más específicamente desde marzo, cuando comenzó el año escolar, he estado acostumbrada a oír que el chileno es solidario, competitivo, chistoso… ¿Pero todos son así? Conozco a gente egoísta, poco competitiva, aburrida… ¡Y son chilenos! Entonces faltaba decir que cuando describimos al pueblo chileno, no está de más advertir que existen multitud de excepciones. Un ejemplo más cercano es el hecho de que en otros países se piense que Chile es un país de ladrones, es tanta la exageración de estas personas que se ha llegado al punto de encontrar carteles que dicen: “Cuidado con un chileno”. Nosotros, los compatriotas que vivimos en el país, los que vivimos sumergidos dentro de esta realidad, sabemos que la delincuencia es algo habitual de ver, sobretodo en las clases sociales más pobres, y que es propio de nuestra justicia la falta de mano dura contra ella. Seguramente quien entienda mi punto habrá oído hablar sobre la “puerta giratoria”. Pero además de ver esa fea realidad que acontece, también quienes vivimos aquí sabemos que existen hombres de buen criterio, o sin darle más vueltas al asunto: simplemente hombres que no roban.
En consecuencia, si decimos que el chileno como individuo es inculto, ladrón, infiel, hogareño, pícaro, etc. No quiere decir que todo el país esté repleto de ese modelo de hombre.



Entonces, para definir al chileno como individuo puedo ejemplificar con hechos o situaciones que he presenciado.
Recuerdo que el año pasado, una amiga conoció a una persona que luego comenzó a insinuarse con ella, él era un tipo tímido, de aspecto tranquilo, era tan tímido que apenas hablaba. Después de un tiempo, él comenzó una relación con otra persona. No supimos nada de él, hasta que un día lo vimos con un grupo de amigos en una esquina, totalmente revolucionado, con una actitud de total personalidad. ¿Qué ocurrió? Fueron sólo unas semanas. ¿Se puede cambiar tanto en unas pocas semanas? Me lo cuestioné mucho, y llegué a una probable
respuesta: La diferencia estaba en que lo conocimos solo, sin sus amigos, era una situación distinta. Tal vez se preguntarán el porqué de este breve relato. ¿Qué relación tiene con la identidad? Bueno, para demostrar mi punto, este es un ejemplo de un rasgo destacable dentro de nuestra identidad. Entonces puedo decir que el chileno como individuo se apoya en las masas, se siente más seguro dentro de un grupo, sabe que estando entre más personas estará a salvo de alguna situación humillante, vergonzosa, o incómoda para él.
A pesar de ser una situación más usual en grupos de hombres, las mujeres chilenas no estamos fuera de esa característica. Personalmente me gusta ubicarme frente a varias personas, y hablar frente a ellas, emitir discursos públicos, pero debo reconocer que a veces estoy mucho más cómoda y segura en grupos pequeños.
O un ejemplo más cercano aún: A las cuatro de la tarde se observa un grupo de constructores que trabajan en el arreglo de una calle, de pronto se acerca una mujer de buen aspecto físico, el taladro deja de oírse y en sustitución se oye: “Si la belleza fuera pecado mi reina… ¡Usted no tendría perdón de Dios!
Más tarde, el mismo constructor (ahora solo) ve a la misma mujer, pero ahora no dice nada, sino que camina y una vez que pasa la mujer él se da vuelta para mirarla desde atrás. Él más osado emite un sonido parecido a un beso exagerado pero a una distancia de una cuadra. Eso me permite recordar otro aspecto, el de la jocosidad del chileno, pero creo que será más oportuno hablar de ello más adelante.

Así, puedo concluir que “El chileno muestra la hilacha” cuando está entre grupos de personas, o gente de confianza. Es tímido en algunas ocasiones, mientras que en otras impresiona su osadía.

En Chile existe una gran diversidad étnica. El último censo realizado en el año 2002 presenta los siguientes resultados: Alacalufes 2.662, Atacameños 21.019, Aymará 48.501, Colla 3.198, Mapuches 604.349, Quechua 6.175, Rapa Nui 4.647, Yámana 1.685.
Estos datos demuestran que una parte no menos importante de nuestra población se considera parte o al menos proviene de algún tipo de etnia… ¿Quiere decir que estamos orgullosos de ello?
Para nada, la mayoría de las personas en Chile negamos nuestras raíces. Estoy completamente segura de que si a algún chileno le dieran la posibilidad de elegir su expresión genética diría: “Ojos claros, nazis fina, cabello rubio, castaño (o cualquiera de sus procedentes), estatura alta, delgado… en fin, multitud de rasgos físicos propios de un alemán.


Más aún, al indio chileno no le gusta ser indio chileno, a la chola morena le molesta ser la “negrita”, y al hijo de los dos lo molestan en la escuela por ser bajo y de piel morena.
A pesar de que a lo largo de nuestro país, antes de la llegada de los españoles, existían una gran cantidad de grupos étnicos, los más reconocidos (ya sea por problemas políticos, huelgas de hambre o enfrentamientos con las fuerzas especiales de carabineros al sur) actualmente son los mapuches.
El motivo de nuestra vergüenza frente al hecho de que provenimos de un pueblo indígena son los rasgos físicos poco “elegantes” que ellos presentaban, y que por consecuencia nos heredaron.
¿El chileno mestizo sabrá que estos araucanos se vieron envueltos durante más de 300 años en una guerra interminable en defensa de sus posesiones? Todos los chilenos que tenemos por identidad avergonzarnos de nuestras raíces… ¿Estaremos al tanto de que nuestros “feos” antepasados expulsaron reiteradas veces a los españoles? Lucharon por lo que era justo, y a pesar de ello preferimos un millón de veces ser descendientes de un español con apellido extraño y lindos ojos, español que tal vez puede ser el mismo que pega el letrero en su país de: “Cuidado con un chileno ladrón”.
Es triste para mí tener que decir que parte de la identidad del chileno como individuo es avergonzarse de sus raíces. Tal vez definiendo la identidad cultural del chileno podamos encontrar algún aspecto positivo. Y qué mejor punto que empezar por las llamadas “tribus urbanas”.

Actualmente, no es extraño caminar por la calle y encontrarse con grupos de adolescentes vestidos de una forma muy particular: Cabello de tonalidad obviamente no natural, pantalón ajustado por donde se le vea, extraños pendientes en lugares insólitos, y cómo no mencionar su particular modo de bailar.
A pesar de que a algunos les pese, ellos forman parte de nuestra identidad cultural, y no solo porque vistan o actúen de una forma extraña, sino que son el fiel retrato de algunas generaciones pasadas que copiaban las modas y tendencias de otros países.

Existe un vacío en nuestra cultura, en una clase de humanista aprendí que la cultura va de la mano con la identidad. ¿Pero por qué un vacío? Simplemente porque nuestra identidad se ha ido despedazando con el correr del tiempo, somos una especie de nariz gigante que aspira todo. La idea de que exista un vacío en nuestra identidad no es nueva, no quiero que este ensayo parezca una mala copia de algún renombrado escritor, simplemente me adhiero a este planteamiento, creo estar de acuerdo con eso.
Tomamos aspectos de una cultura extranjera y la unimos a la nuestra, en realidad la unimos a la mezcla de culturas que tenemos en nuestra identidad.
¿Será un rasgo de nuestra identidad el ser una cultura absorbente? Pues alguna tiene que ser la causa de toda esta mezcolanza, y no podemos culpar de todo a la globalización, aunque es una de las claras razones responsables.
A finales de la década de los 60 y principios de los 70 en nuestro país se desató una revolución hippie que estaba contra el sistema, eran personas que se hacían llamar liberales, aunque a veces caían en la drogadicción, el sexo desenfrenado, las fiestas locas, etc.
Un libro que nos puede dar una referencia de esta situación que ocurría en nuestro país puede ser “Palomita Blanca”, de Enrique Lafourcade, que cuenta la historia de una joven adolescente que vive en la realidad chilena de los 70, perteneciente a una clase social baja, se enreda amorosamente con un joven: Juan Carlos, que se considera hippie y que además tiene dinero: “…Y había carpas abajo, y por todas partes estaban cantando y fumando, y los chiquillos nos ofrecieron marihuana, y yo le dije a la Telma: _ Oye, Telma, mejor tenimos cuidado con esto, mira que dicen que es peligroso, y que una se pone a hacer tonteras. Y la Telma me dijo y que hay con eso y fumaba y echando humo por las narices…Y en la noche la pura ya me dio la rabia, la Telma estaba como tonta, ríe que ríe, y la besaban entre dos…”


Sin embargo, estos personajes que hacían un llamado a la no violencia, que vestían de formas tan poco frecuentes, y que incluso llegaron a extremos de renunciar a la higiene y no bañarse nunca más en su vida, estas personas eran una copia de los hippies que desataron la revolución de las flores en la década de los años 50 en Estados Unidos, revolución que surgió como forma de protestar contra la sociedad que recurría a la guerra para resolver sus problemas.
Por lo tanto, aquí claramente tenemos un ejemplo de cómo la identidad cultural del chileno se ve afectada por los modelos o estereotipos extranjeros, una unión de culturas que lamentablemente se sigue repitiendo en la actualidad con las llamadas “tribus urbanas”, que recogen estilos de vestir, peinados, música, etc. De Japón, EE.UU. y tantos otros países que “parecen” ir por delante de nosotros.
Yo creo que principalmente aceptamos moda, música, tecnologías, y otras cosas sólo porque no podemos aceptarnos tal y cual somos. No admitimos que nuestro país es tercermundista, que no tenemos las mismas costumbres, o que en realidad nos parecen más atractivas las tradiciones o modos de otras naciones.
Los hombres prefieren a la mujer “gringa”, así mismo la mujer chilena sueña con el hombre alto y de rasgos alemanes. ¿Por qué tenemos que elegir los modelos que se nos imponen? Elegir siempre estereotipos de vida, de conducta, aquellos que nos han hecho rechazar nuestra cultura, y por eso mismo la identidad de Chile se ha ido agujereando.
Pero ahora que surge el tema de los extranjeros: Nos encanta ser como ellos, nos gusta vestirnos como ellos, escuchar música en idiomas distintos al español, algunos de nosotros soñamos con viajar a un determinado país, mientras que ni siquiera conocemos el norte de nuestro propio Chile. Los amamos, amamos las costumbres yankees, las letras chinas… ¿Pero los amamos a ellos?
Hay una famosa canción que dice: “…Y verás como quieren en Chile al amigo cuando es forastero…”
El 1,2 % de nuestra población la constituyen grupos extranjeros, de mayor a menor cantidad los grupos son: Argentinos, peruanos, ecuatorianos y bolivianos. Algunos de ellos vienen a nuestro país a buscar más oportunidades, pero eso no quiere decir que se les quiera o mucho menos que se les respete en nuestro país. Sobretodo a aquellos que pertenecen a países con los cuales Chile ha tenido alguna especie de conflicto o encuentro: los problemas o aprietos en los que se ha visto envuelto Chile por la posesión del mar, son un ejemplo de ello.

Por lo tanto esa contradicción también forma parte de la identidad cultural del chileno, querer las costumbres de otros países pero no querer a los habitantes de esos países.

Otro aspecto de la identidad cultural de nuestro país se ve a través del humor, y qué mejor ejemplo que “Condorito”. Al escuchar ese nombre creo que a la mayoría de los chilenos le es familiar, a pesar de que en las generaciones más adultas la caricatura es más conocida que en los más jóvenes.
Las caricaturas de “Condorito” connotan o sugieren la identidad del “roto chileno”, del “huaso chileno” y de la ironía con que a veces reaccionamos frente a algunas situaciones.
Así mismo la infidelidad, la picardía, o simplemente el cómo se toman las situaciones a la ligera en nuestro país son rasgos que esta caricatura pone en evidencia de una forma muy humorística.
A veces este personaje aparece vestido de diferentes formas, ejerciendo diversos tipos de trabajos: A veces se le ve de huaso, otras de vendedor o de garzón.
Creo que ello no es un simple recurso estilístico que utiliza la tira cómica, sino que en profundidad representa los tipos humanos que existen en Chile, pasando por todas las clases sociales que podemos encontrar en esta sociedad.
Pienso que Chile se ríe de sí mismo, y le gusta bromear con su propia idiosincrasia, sufre cuando pierde un partido de fútbol contra los argentinos, pero se ríe de lo “malos que somos para el fútbol”. Nos reímos del que está sobrepeso pero sabemos que Chile es un país de gordos. Nos reímos del futbolista que se enreda con la modelo, pero en el fondo sabemos que nuestra farándula criolla es así. Nos enojamos cuando dicen que el pisco no es chileno o que la cueca deriva de un baile peruano, o que el mar no es nuestro… Y cuando ocurre esto estamos todos dispuestos a ir a una posible guerra.
Todo eso da hincapié para reírnos de nosotros mismos. Creo que está bien darle un toque humorístico a algunas situaciones, eso relaja los ánimos y nos hace ser un país tranquilo.

Por último, para hablar de Chile como identidad histórica me referiré al profundo dolor que existe en el sentimiento de algunos chilenos, mientras que en contradicción a ello otros sienten que significó un gran aporte a Chile, ya que si no hubiese sido por ello nuestro país aún estaría en un grado de desarrollo menor. Me refiero a los tiempos de dictadura en los 70.
Me he percatado de que en algunos chilenos el escuchar la palabra “dictadura” o el apellido “Pinochet” provoca una sensación de amargura o enojo. Mientras que otros no reaccionan de forma tan exaltada.
Esa es otra característica de nuestra identidad, el chileno se exalta cuando se habla de alguna época dolorosa. No le gusta recordar. Los años 70 fueron duros tiempos para todos: Persecuciones, exilios, pobreza, conflictos ideológicos, etc.
Ese es un tema que ha originado una multitud de conflictos entre los propios chilenos, y que ha dado hincapié para la formación de partidos políticos, de personajes que destacan de uno y otro bando…etc.

Por todo esto, nuestra identidad individual que cambia de acuerdo a cuantas personas hay, nuestra identidad cultural que copia y se ríe de sí misma, y nuestra identidad histórica que en algunos duele, por todo esto quiero hacer un llamado a través de este ensayo, pidiéndoles a todos, que tratemos de recuperar nuestra cultura, sé que sería imposible volver a vivir como nuestros antepasados indígenas, (aunque para recuperar nuestra identidad original deberíamos hacerlo), es realmente utópico pensar que podríamos volver a hablar nuestro idioma original, volver a los ritos y tradiciones indígenas, pero sí es posible tratar de ser algo más originales, originales en el sentido de ser nosotros mismos, aceptar que somos mestizos, que no celebramos fiestas exóticas como san Valentín o hallowen.

Amemos a nuestros pueblos indígenas, amemos septiembre, amemos a nuestro bello país y a nuestras cuecas con ají. Recuerden que Chile, ese país que dicen que está en el trasero del Mundo, está lleno de humor, de desarrollo y avances en todo aspecto, de historias y de héroes, de poetas y de indígenas.
Viva Chile, y vivan los chilenos.


Por Constanza Basoalto
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