InicioApuntes Y MonografiasUn uruguayo lucho en la 2ª Guerra Mundial
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Este post es en honor de la memoria de el Capitán Julio Gil Méndez piloto-aviador que lucho por la libertad para librarnos de la amenaza de los regimenes fascistas de Europa.



Que en paz descanse tu alma pues tu lucha no fue en vano.


Memorias sobre la batalla dijo:


A cinco mil metros de altura, acunado en la calidez hermética de la cabina, Julio Gil Méndez veía a Italia como una sábana verde y fresca, invitando a dormir. Córcega va quedando atrás y frente al morro del bombardero B 26 de Gil Méndez asoma La Spezia, norte de la bota.

De improviso, el encanto telúrico se rompe: toma forma un enorme depósito de municiones, último bastión de los alemanes en un territorio casi liberado. Julio Gil Méndez, al frente del escuadrón de bombarderos aliados, abre fuego sobre el depósito, que comienza a levantar columnas de humo. Los alemanes responden con un carnaval de fuegos: cañones, granadas anti aéreas y el despegue de aviones caza germanos.

Mientras la fábrica de municiones de Hitler es destrozada, cinco aviones del escuadrón aliado de Gil Méndez, pilotados por norteamericanos y franceses, caen a pique. Julio intenta replegarse y una granada estalla en el flanco de su avión Marauder, averiando un motor y destrozándole parte de la pierna y el brazo.

Escupiendo humo como un pájaro incendiado y funcionando con un solo motor, el B 26 de Julio busca la protección de refuerzos aliados. Allí donde deberían estar, sin embargo, hay una extensión vacía de espacio. Al salir del fuego de los cañones anti aéreos, el piloto descubre que dos cazas Focke Wulfe alemanes lo persiguen. A media máquina el Marauder intenta esquivarlos y salvar el pellejo. En dos minutos de agonía Julio ve pasar el mundo frente a sus ojos: cuando aguarda la ráfaga mortal, lo que llega es el milagro. La escuadra aliada de cazas aparece de la nada, intercepta el fuego y lo escolta hasta su base en Córcega. Detrás quedaban los escombros de la última fortaleza del Tercer Reich en tierras italianas.



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Esquema del B-25 de Gil Mendez








Y un B-25 Mitchell a modo de ilustrar el avion en el que volo este gran hombre



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La maldición del aviador


29 años separan estas heridas de guerra del nacimiento de Julio Gil Méndez un 14 de agosto de 1915 en Mercedes, Soriano. Hijo de Gaspar Gil y Rosa Méndez, nuestro protagonista demostró desde los primeros años un entusiasmo que en ocasiones llegaba a ser pendenciero. Su pasión por la aviación tuvo el destino inevitable de un drama griego: nació en la calle Detomasi, nombrada en honor a la primera víctima mortal de la aviación uruguaya.

El amor por los aviones, que compartía su hermano Leonel, lo llevó a alistarse a los 18 años en la Aviación Naval, en una época en la que jamás podría haber soñado el destino que lo aguardaba unos años más tarde.

Cuando Alemania invadió Polonia en 1939, dando inicio a la Segunda Guerra Mundial, el mercedario Julio Gil Méndez tenía 24 años y era un entusiasta declarado del vuelo, según nos cuenta su biógrafo Pedro Troche. Julio vio al Graf Zeppelín elevarse sobre la ciudad de Montevideo y observó probablemente la muerte del Graf Spee alemán en aguas del Plata.

Gil Méndez salía todos los miércoles a las pistas de aviación de Mendoza, donde se transformó en mecánico. Aunque tiempo después aprendería a volar a Melilla, siempre se sintió relegado a la hora de probar sus dotes en el aire.

Cuando los ecos de la guerra comenzaron a trasladarse a Uruguay, vio en el año 39 un acorazado inglés en el puerto, con el anuncio: ''Alístese en la Fuerza Aérea Real''.
Como su futuro en la Aviación Naval de Uruguay no parecía ser muy promisorio Gil Méndez vio aquí su oportunidad para convertirse en un verdadero piloto.

Impulsivo por naturaleza, hizo las maletas, engañó a su madre al hacerle creer que viajaba a Salto, y ante el estupor de familia y amigos se alistó sin pensarlo como voluntario para enrolarse con los aliados en la Segunda Guerra Mundial. Pocos días después partía hacia Europa, el centro donde el conflicto comenzaba a desatarse.


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Gil Mendez y su avion

Y asi debio verse la cabina de su avion




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El mundo desde arriba


La misma noche de su arribo a Londres, donde comenzaría su adiestramiento, Julio debió haber lamentado su decisión apresurada: la zona en la que se encontraba su hotel fue bombardeada por los alemanes, haciendo temblar las paredes de su habitación.

En esos primeros meses, mientras se convertía en un verdadero piloto, Julio tuvo una desagradable tarea de voluntario, alejado de los cielos y los aviones: remover los escombros luego de los bombardeos, ayudar a los heridos, rescatar los cadáveres.

Viviendo en la isla británica y haciendo su curso de piloto de caza, Julio se hizo de una novia inglesa, a la que visitaba regularmente y en cuya casa solía pasar los fines de semana. Un domingo como tantos, enfiló hacia donde vivía Joy Carter, tal el nombre de la rubia. Jamás pudo llegar. Luego de una furibunda blitzkrieg alemana, la manzana entera había desaparecido. Donde supo estar la casa de los Carter había un hoyo ennegrecido: nadie, excepto un joven y un perro, escondidos en un refugio, pudo sobrevivir. El oasis que el uruguayo había encontrado en Londres, en plena guerra, se había tornado en un infierno. Lo más cercano al afecto que había conocido, había sido reducido y pulverizado a la nada.

Despojado de esta forma de lo único similar a un hogar que poseía en miles de kilómetros, y habiendo acabado su entrenamiento de piloto militar, Gil Méndez abandonó Inglaterra por el destino más usual de la Legión Extranjera que integraba: África.


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Pasión por África


Cuando Francia fue invadida por los alemanes, el país se dividió en dos: el mariscal Pétain accedió a las condiciones de los germanos, que ocuparon casi todo el territorio galo, mientras la resistencia, encarnada por el general De Gaulle, luchaba por la liberación desde el exilio en Londres. La guerra se trasladó entonces a las colonias europeas del África: allí debió ir Gil Méndez, como parte de la Legión Extranjera y con el cometido de enrolarse en las Fuerzas Aéreas Francesas Libres.

En las tierras de Congo, Camerún, Gabón y otros tantos países, con temperaturas superiores a los 40 grados, el Eje y los Aliados disputaban una supremacía fundamental para dirimir el destino posterior de Europa.

Allí tuvo Julio su bautismo de fuego, bombardeando puestos italianos y realizando tareas de protección y reconocimiento, luchando con la malaria, el paludismo y esforzando su avión en desiertos inhóspitos.

La leyenda que rodeó a Gil Méndez y cubrió su historia como un velo en su Mercedes natal comenzó a gestarse allí. En una de las misiones se pidieron voluntarios para efectuar un bombardeo nocturno. Había un solo inconveniente: el combustible era tan escaso que solo sería suficiente para el viaje de ida. El voluntario que realizara dicha incursión tendría que apañárselas como pudiera en el regreso. Julio fue una de las dos personas que dio un paso al frente.

Gil Méndez efectuó su bombardeo y previsiblemente se quedó sin nafta. Tuvo que aterrizar sobre el desierto a la noche, a kilómetros de la civilización. Cuenta la leyenda y es difícil desgranar la verdad del mito- que su encuentro con un árabe nómade le salvó la vida. A cambio de alimentos enlatados, el moro le acondicionó una pequeña cueva. Debió vivir allí, acompañado por el leopardo de su compañero ocasional, cuya función era protegerlo de las tribus nómades del desierto. Poco después de sufrir uno de estos ataques y antes de ser rescatado, Julio tuvo la oportunidad de ver su reflejo en un laguito: a los 30 años su pelo se había vuelto completamente blanco, y su imagen, sobre el espejo que formaba el agua, parecía haber sido usurpada por el rostro de un viejo.

Aunque pueda sonar exagerado, de la labor de Julio pudo depender parte del destino de la guerra. Uno de los personajes fundamentales, que cambió el curso del conflicto fue el general británico Montgomery, quien quedó a cargo de la respuesta aliada al nazi Erwin Rommel, conocido como ''El Zorro del Desierto''.

Montgomery fue el encargado, junto al general estadounidense Eisenhower, de acabar con los ejércitos del Eje en África. Un mes antes de que el militar británico comenzara la invasión a Italia, que culminó con la deposición de Benito Mussolini, Julio Gil Méndez fue responsable de trasladar a Montgomery hasta África en su avión. No pudo enterarse en aquel momento de la importancia de su misión: inmediatamente después contrajo la fiebre amarilla, que lo dejaría postrado por tres meses.


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Otra foto de Mendez en su avion

Y asi debia verse su avion




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Europa no está tan lejos


Terminada la labor en África, Gil Méndez participó directamente de los bombardeos sobre Italia, de los cuales el más recordado es el mencionado a principios de esta nota: la misión de La Spezia, destinada a acabar con uno de los últimos bastiones alemanes y en la que el piloto uruguayo fuera gravemente herido. La incursión aérea de Gil Méndez le valió la Cruz de Guerra, la primera de sus distinciones militares.

De Italia pasó a Francia y luego directamente a Alemania, derribando con sus bombardeos las últimas fábricas de aviones del Tercer Reich. Volando a escasos cientos de metros, el horror y absurdo de la guerra se hizo más patente que nunca. Julio debió presenciar cómo sus propias bombas destruían una represa y sumergían en el agua una ciudad llena de gente.

La otra prueba dura en tierras germanas fue su trabajo de colaboración en los campos de concentración, rescatando "muertos vivos" y cadáveres a medio quemar en los hornos crematorios de los alemanes. Pedro Troche nos relata la profunda impresión que le causó ver "la cantidad de gente muerta y apilada como animales (...) como las pilas que hacían en la estancia con las osamentas".




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Final de juego


El fin de la guerra lo encontró en Casablanca. El día que se firmó el armisticio su registro marcaba 426 horas y 20 minutos de vuelo. Los voluntarios uruguayos regresaron por entonces en barco: todos menos uno.

Julio Gil Méndez se alistó entonces para continuar la guerra en la Indochina francesa, que aún estaba ocupada por los japoneses. Dicha ocupación no duró mucho, ya que poco después los estadounidenses arrojaban la bomba atómica sobre Hiroshima, logrando una capitulación absoluta.

Julio debió quedarse de todos modos, y entre sus tareas estuvo la de transportar testigos vitales en el juicio a los militares nazis en Nüremberg.

El 21 de julio realizaría su vuelo final, regresando a Montevideo con seis condecoraciones militares. La gran ironía criolla fue que este héroe de la aviación, valorado en África y Europa, no pudo ganarse la vida en su país en el mismo rubro. Como otros tantos voluntarios a los que les costó sintonizar con la "normalidad" de un país al que volvían un tanto descolocados, Julio debió vivir de ocupaciones completamente alejadas de su profesión, en este caso hacerse cargo de una estancia "San Miguel", lejos del bullicio y los aviones.

Los años pasaron y los reconocimientos fueron llegando, aunque en forma tardía. Las visitas del general Bigot y el presidente francés De Gaulle significaron para Julio dos condecoraciones más y un ascenso que le correspondía por ley, convirtiéndose en capitán.

Aquellos años los pasó con su esposa Minga Uriarte, con quien no pudo tener hijos, presumiblemente a causa de las heridas de guerra, responsables de la pérdida de músculos de la pierna derecha y parte de la zona genital. Los ecos de una guerra no tan lejana lo asaltaban por las noches: solía levantarse en medio de una pesadilla, creyendo que aún estaba en el avión y la carlinga se sacudía en medio de una ráfaga enemiga.

Con sesenta y nueve años, en 1984, Gil Méndez intentó levantar de apuro una garrafa de gas, se sintió mal y sufrió un infarto. Aunque fue internado a la brevedad, cerca de la una de la mañana un segundo ataque le condujo a la muerte en una sala de hospital.

Fue enterrado en el cementerio de Mercedes junto a sus padres, sin ninguna pompa ni recuerdo alguno de su participación destacada en la Segunda Guerra Mundial. Recién en 1994, en un breve acto frente a su casa natal, se colocó una placa recordatoria en honor al piloto. Fiel al estereotipo más deleznable de la picardía criolla, alguien tuvo la triste idea de robarse la chapa conmemorativa cinco años más tarde, que jamás fue repuesta.

Desde entonces, la figura de Julio Gil Méndez se recrea a través de la historia, el mito y la leyenda. Muchos se preguntan qué fue lo que impulsó al piloto a abandonar todo lo que amaba en su tierra natal para sumergirse en el núcleo del peor conflicto bélico del siglo XX.

Un idealismo profundo, que se vio puesto a prueba cuando conoció en la guerra un absurdo que no distinguía bandos, su odio al nazismo y cualquier forma de totalitarismo y un amor incondicional por la aviación lo llevaron a seguir combatiendo cuando ni siquiera los franceses e ingleses deseaban hacerlo.

A la tumba se llevó secretos y experiencias únicas: la verdad sobre su supervivencia en el desierto, sus cumpleaños pasados en la soledad de la cabina del avión, la alegría de salir vivo del bombardeo de La Spezia y la tristeza infinita de los recuerdos de la guerra, compensada por la emoción de revivir sus vuelos más prístinos sobre los cielos de África y Europa.


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Julio Gil Mendez a la izquierda y Taborda con sus uniformes


Reconocimiento a Mendez por parte de la legion francesa




Cartas que escribio y fragmentos de sus memorias


Estos fragmentos son extraidos de un libro escrito en su memoria



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Carta a Leonel Gil Méndez (hermano):

"Querido hermano, ya me imagino lo que pensarás cuando leas esta carta, pero es que mis ansias de aventuras, de viajar y conocer todos los días algo nuevo han podido más que la razón y mi cariño hacia ustedes. Se me presentó una hermosa oportunidad para conocer otros continentes y vivir en constante peligro, que es lo que siempre me ha gustado y he deseado. Tu sabes que estoy sin trabajo y con pocas perspectivas de encontrarlo, pues bien, en la R.A.F me pagan un magnífico sueldo y la oportunidad de aprender algo muy bueno en mi oficio, así que me voy para Inglaterra. Cuando recibas ésta ya estaré lejos de estas
tierras, aunque sé que a nuestra querida madre le costará un gran disgusto, pero es que mi porvenir está allá y estoy seguro que cuando vuelva, con la experiencia que traiga de allá, más de una compañía o club me ofrecerán hermosas oportunidades como para que mi madre pase una vejez tranquila; y si tengo la mala pata de no volver, sé que velarás por ella que tanto te quiere. [...]

Decile al buen Don Francisco que le voy a mandar un casco alemán para que le dé de comer en él a los chanchos y que viva tranquilo, Inglaterra triunfará y Francia resurgirá gloriosa como siempre con De Gaulle al frente. [...]

Si no tienes noticias mías no te aflijas hasta un año después de terminada la guerra, entonces si no hay noticias me puedes contar perdido, pero no antes. Si eso pasa y algún día te casas, al primer hijo que tengas ponéle mi nombre. Te abraza...

Montevideo, Julio de 1941"



dijo:

"El más peligroso a mi criterio fue cuando bombardeamos La Spezia, al norte de Italia saliendo de Córcega, era un depósito enorme de municiones del ejército alemán, que aún se mantenía al norte de Italia haciendo resistencia, y tuvimos que ir a bombardearlo a una altura como para no errar, a 3.500 metros fuimos a bombardear... y esa fue para mi la misión más difícil, porque había una cantidad enorme de cañones antiaéreos y estaba previsto que al salir de los cañones nuestra caza -los aviones de caza nuestros- nos iban a estar esperando para protegernos, pero por esos errores que ocurren en la guerra y en cualquier lado ¿no?, no llegaron a tiempo; cuando salimos del fuego de los cañones antiaéreos los que estaban eran los alemanes esperándonos, y nuestra caza no estaba -llegó dos o tres minutos después- pero esos dos o tres minutos fueron suficientes para que los alemanes nos dieran... como en bolsa".



dijo:

"Italia del Norte ocupada y defendida con uñas y dientes por el boche. Hay que bombardear Spezia, el puerto donde una importantísima fábrica de municiones estupendamente defendida, da material a la resistencia desesperada de Hitler.

La tarde es de gran riesgo, 72 aviones deben cumplir la orden. Su escuadrilla forma parte de la misión, 22 aparatos de la Libertad caen, 5 de los 12 de su escuadrón pagan su tributo; una esquirla traidora hiere su brazo seriamente, pero la faena fue cumplida. Spezia no ofrecerá más peligro".



dijo:

"...si salgo de esta sano no les avisaré nada, y el día que veas un avión raro sobre la estancia haciendo acrobacias al ras del suelo, seguro que es tu hermano el loco bravo, aquel del violín y los avioncitos de madera y papel de seda, el mismo con el que tirabas esgrima en la azotea y que alguna vez c... a trompadas porque era un jodido para la riña, pero que hoy se da de a tiros con alemanes e italianos a miles de metros de altura, defendiendo una bandera que aunque querida no es la de nuestra patria, que es una sola, aquella donde mi madre me dio a luz y descansa en su tumba mi padre."

Africa, 18 de mayo de 1942



dijo:

"El peor momento que yo tuve en mi vida... en esa campaña, fue cuando en el bombardeo de Spezia explotó una granada antiaérea abajo y me hirió, e hirió al copiloto que llevaba, hirió al bombardero y aparte de todo un motor empezó a echar humo, pero alcanzamos a salir de la misión... y entonces nosotros teníamos una clave, cuando un avión no marchaba en plena potencia llamábamos al Comandante de la escuadrilla y le decíamos tengo tal avería, tengo tal otra, estoy herido... y si en esas condiciones el avión empezaba a quedarse atrás, dos compañeros lo protegían, se ponían arriba de él volando
para que no atacaran los cazas.......... -porque al ver un avión echando humo los cazas querían aprovecharse de él- pero ya con dos aviones arriba, que lo protegían con todas las ametralladoras de abordo... y esa vez fui herido, pero pude llegar a mi base".



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"En el año rojo de 1944, recuerdo el bombardeo a La Spezia, aldea militarizada del norte de Italia; a plena luz del día, picábamos sobre la misma y a nuestro alrededor se levantaban penachos de humo de las granadas antiaéreas... recuerdo haber recibido un impacto que me produjo heridas en un brazo y piernas. No obstante pude conducir mi bombardero, un Marauder B-26, hasta su base en Córcega... estaba contento porque había conseguido salvar mi avión y ello me llenaba de orgullo"



dijo:

"El mejor momento... cuando nos anunciaron por radio que la guerra se terminaba, a la una cuarenta y un minutos, creo que era la una cuarenta y uno del ocho de mayo de 1945 (...) la guerra se terminaba, ya estaba el Armisticio firmado... quiere decir que al otro día no había que ir a bombardear -aunque estuvieran cada uno con las armas de un lado y del otro apuntándose- no había que tirar".



Fuentes:
http://www.pilotoviejo.com/elaviadorimposible.htm
http://www.pilotoviejo.com/molinosdeviento.htm

Don Julio aunque gracias por luchar por los ideales que cualquier hombre debe de seguir, por luchar por la libertad de vivir como uno quiere siguiendo su credo, religion, ideologia politica.
Usted se sacrifico por librar al mundo de el dictador mas nefasto que hubo, mis mas sinceros respetos y que su lucha no sea jamas olvidada.



Espero que les haya gustado

Saludos DiegoRijos

Gracias por su tiempo









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