La dictadura militar argentina, también conocida como “Proceso de Reorganización Nacional”, no fue una dictadura como cualquier otra, se caracterizó por la violencia y represión que hubo en ésta época... El golpe de estado comenzó el 24 de Marzo de 1976, con la toma del gobierno por parte de Jorge Rafael Videla (Ejército), Emilio Eduardo Massera (Armada) y Orlando Ramón Agosti (Fuerza Aérea). En ese momento, la presidente era María Estela Martínez de Perón, más conocida como Isabelita o Isabel Perón, quien asumió el 1 de julio de 1974 en su condición de vicepresidente, luego de la muerte de Juan Domingo Perón. Su gobierno se desarrolló en el marco internacional de la llamada crisis del petróleo y de una extrema violencia política interna, con actuación de varios grupos armados. Ignorando el acercamiento entre Perón y el líder de la oposición, el radical Ricardo Balbín, Isabel se apoyó principalmente en su ministro de Bienestar Social, el ex secretario personal de Perón, José López Rega, fortaleciendo la presencia en el gobierno de los sectores de derecha por sobre otros grupos, y organizó desde el gobierno una fuerza parapolicial conocida como Alianza Anticomunista Argentina, que emprendió acciones de hostigamiento a figuras destacadas de la izquierda que acabarían en secuestros, torturas y asesinatos. En resúmen: Eran muchos de derecha en el gobierno y aprovecharon para agarrarse con los de izquierda ya que la policía no les podía decir nada...

Desde el gobierno la actitud de control fue también rigurosa, interviniendo varias provincias disidentes, universidades, sindicatos, los canales de televisión privados, y reforzando la censura contra libros, diarios y revistas. La economía argentina sufrió daños graves, con una inflación terrible, la paralización de las inversiones de capital, la suspensión de las exportaciones de carne a Europa y el inicio del crecimiento incontrolable de la deuda externa.
En junio de 1975, el nuevo ministro de Economía, Celestino Rodrigo, auspiciado por López Rega, aplicó una violenta devaluación de la moneda acompañada de aumentos de tarifas; el llamado Rodrigazo, parte del plan de López Rega para debilitar las presiones sindicales a través del desprestigio de sus principales operadores, provocó la primera huelga general contra un gobierno peronista. En julio de 1975, ante la huelga general y la presión callejera de la CGT y, en especial de la Unión Obrera Metalúrgica de Lorenzo Miguel, López Rega se vio obligado a renunciar a su cargo en el gobierno y abandonar el país(Se mandó una cagada, se le armó la podrida y se fue como todo un cagón).


En la imágen: Isabel Perón, y a su izquierda, López Rega.

Ante la creciente actividad de los grupos armados de izquierda —tanto los que actuaban dentro del peronismo, los montoneros, como otros de corte marxista, el Ejército Revolucionario del Pueblo— y de extrema derecha, Isabel Perón decidió fortalecer la acción de gobierno. La renovación de la cúpula militar, que incluyó entre otras medidas la designación de Videla al frente del ejército, fue parte de un programa de endurecimiento del control, que incluyó también el cierre de publicaciones opositoras(Más de lo mismo(Censura)). La decisión de recurrir a la fuerza militar desembocó en la firma en 1975 del decreto que da inicio al llamado Operativo Independencia en que las fuerzas armadas intervinieron en la provincia de Tucumán, acto que es señalado como el inicio delTerrorismo de Estado. En marzo de 1976 el gobierno solicitó a dos dirigentes opositores, Ricardo Balbín y Oscar Alende, que se dirijan al electorado solicitando el respeto a los plazos institucionales, ya que un golpe militar era percibido como inevitable.
El 24 de marzo de 1976 un golpe de estado encabezado por los comandantes en jefe del ejército, marina y aeronáutica destituyó al gobierno constitucional y lo sustituyó por una junta militar al mismo tiempo que se disolvía el Congreso.


Los soldados argentinos hacen guardia fuera de la Casa de Gobierno, (la "Casa Rosada" en Buenos Aires), tras el golpe de Estado que depuso al presidente Isabel Martínez de Perón, viuda del fallecido presidente Juan Perón.

La ex presidente fue enjuiciada por malversación de fondos públicos por haber utilizado para pagar una deuda personal fondos pertenecientes a una fundación, que luego reintegró. La dictadura mantuvo detenida a María Estela Martínez de Perón durante más de cinco años, y una vez liberada, en julio de 1981, se radicó en Puerta de Hierro (Madrid) y abandonó en forma casi total la actividad política, aunque regresó ocasionalmente a la Argentina.
El 11 de enero de 2007 el juez federal de San Rafael de Mendoza Héctor Acosta pidió a Interpol su captura internacional en el marco de la investigación de la desaparición de un estudiante en febrero de 1976, antes del golpe de estado. Escasas horas después, el 12 de enero del mismo año fue arrestada en su domicilio de Villanueva de la Cañada, Comunidad de Madrid, España. Este estudiante fue desaparecido bajo los decretos que (previo al golpe de estado) habilitaban a las fuerzas armadas a "aniquilar los accionares subversivos", firmados por la presidente Perón. Esto llevó al inicio del terrorismo de Estado en la Argentina que luego se extendió y agravó tras el golpe de estado de 1976. Según el informe de la CONADEP, en el libro “Nunca más” hubo más de 600 denuncias de personas desaparecidas anteriores al golpe de estado, lo que pone en evidencia la desaparición sistemática de personas ya de antes de la dictadura.
Con todos estos datos, es suficiente para ponernos en el lugar de cualquier ciudadano argentino de esa época: Quilombos económicos, la Triple A, huelgas en contra del gobierno, censura... Era obvio que con todo eso, cualquiera quería un cambio de gobierno, era una dictadura democrática(Aunque no tanto, porque a Isabel no se la eligió, sino que asumió el mismo día que Perón fallece).


El general Jorge Videla, uno de los nuevos gobernantes militares que está involucrado en el golpe de estado para derrocar al presidente María Estela de Perón en Argentina, y se espera que sea finalmente el presidente designado.


Llega el golpe militar:
Ya había un caos tremendo, caos económico, caos social y los poderes en colapso. Retornaron los milicos con todo y buscando introducir en Argentina el actual proyecto económico neoliberal, moldes que los “hermanos del norte” recomendaban(Norteamérica). Para mantener esto desarrollaron una furia que produjo al fin y al cabo todo este desastre. Tenían que matar gente en cantidades importantes para mantener el poder, entonces ocurrió toda esta tragedia.
Y ¿Quiénes son los responsables de todo esto?
Son los militares argentinos de todas las ramas. Argentina tiene particularidades distintas a las de Brasil y Uruguay. Por ejemplo, en Uruguay, cuando un pibe no tenía ninguna perspectiva en la vida, dicho con respeto, se decía que iba a ser militar. En Brasil los militares no tenían mucha influencia, era un ejército que se componía por brasileños con origen en el pueblo de todas las capas sociales.
Había, sí, algunos feudales, principalmente del nordeste del país, y también habían particularidades como, por ejemplo, que un negro pudiera ser oficial del ejército y llegar a coronel, pero nunca sería general. Pero en Argentina los milicos vienen de la oligarquía, de los terratenientes argentinos, y por esa razón tienen un perfil distinto: saben de qué se trata el poder.
Todavía hoy la sociedad argentina está traumatizada, porque el sufrimiento ha sido mucho.
La democracia hasta hoy ha sido incapaz de solucionar los problemas creados por la dictadura. ¿Cómo puede sentirse una sociedad que tiene centenares de personas que ignoran quiénes son sus padres verdaderos y que, en la mayor parte de los casos viven con sus asesinos? ¡Es macabro!, es un trauma que afecta ya a una segunda generación, gente que por una de esas casualidades descubre de repente que quienes decían ser sus padres, que lo criaron toda la vida, realmente no lo son, y que tienen una relación de “familia adoptiva” con la gente que mató a su padre, a su madre; eso es tremendo. Algo tan terrible como lo sufrido por la sociedad argentina le va a llevar tiempo poder superarlo, es más, en mi opinión, nunca se va a superar, no estamos hablando de una dictadura como cualquier otra, estamos hablando del Proceso de Reorganización Nacional impuesto en Argentina, la barbarie más atroz y violenta que ocurrió en la región, repito: en mi opinión. Ojo, no hay que confundir superar con olvidar... Superarse puede ser, olvidar nunca. Si se supera se puede seguir adelante, si se olvida da lugar a que se repita, de ahí el nombre del feriado nacional “Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia”, queda en la memoria...



Pasando al tema del feriado nacional:
¿Está bien que se haya puesto el 24 de Marzo como feriado nacional?
En mi opinión, no. Recordemos que se decreta el feriado para no olvidar este terrible acontecimiento, y generalmente los feriados nacionales terminan siendo días de descanso y la mayoría se olvida del porqué y razón del mismo. Eso es exáctamente lo que no se debe hacer, este día debe quedar en la memoria de todo Argentino, se debe pasar de generación en generación, escrita u oralmente, para que no se repita( "El pueblo que no conoce su historia esta condenado a repetirla" )... Hubiese sido mejor que no se hubiera declarado feriado nacional, sino que por ejemplo:
Podrían dedicar, en escuelas primarias, secundarias y universidades, un día entero al recuerdo de ésta época, pasando documentales en las aulas, reflexionando individual y grupalmente, pasando documentales y películas del tema en cines, exhibiciones especiales en lugares como La Rural o museos como la ESMA, obras de teátro que representen el dolor y la represión sufridas en esos tiempos... Hay muchísimas maneras de recordar, y creo que declarar el feriado nacional fue la menos apropiada teniendo en cuenta la situación...


A continuación, una carta de un hombre cuyo nombre no conozco por cuestiones de privacidad, que fue secuestrado y torturado durante la ultima y nefasta dictadura militar y lo cuenta en ésta carta, dando a conocer un nuevo punto de vista, el de un sobreviviente:
Contiene vocabulario bastante fuerte, no recomendado para gente que se impresiona fácil o para menores de 14 años.



El 5 de abril de 1978, aproximadamente a las 22 horas, el Dr. ...... entraba a su casa en el barrio de Flores, en la Capital Federal:

«En cuanto empecé a introducir la llave en la cerradura de mi departamento me di cuenta de lo que estaba pasando, porque tiraron bruscamente de la puerta hacia adentro y me hicieron trastabillar.

Salté hacia atrás, como para poder empezar a escapar.

Dos balazos (uno en cada pierna) hicieron abortar mi intento. Sin embargo todavía resistí, violentamente y con todas mis fuerzas, para evitar ser esposado y encapuchado, durante varios minutos. Al mismo tiempo gritaba a voz en cuello que eso era un secuestro y exhortaba a mis vecinos para que avisaran a mi familia. Y también para que impidieran que me llevaran.

Ya reducido y tabicado, el que parecía actuar como jefe me informó que mi esposa y mis dos hijas ya habían sido capturadas y «chupadas».

Cuando, llevado por las extremidades, porque no podía desplazarme por las heridas en las piernas, atravesaba la puerta de entrada del edificio, alcancé a apreciar una luz roja intermitente que venía de la calle. Por las voces y órdenes y los ruidos de las puertas del coche, en medio de los gritos de reclamo de mis vecinos, podría afirmar que se trataba de un coche patrullero.

Luego de unos minutos, y a posteriori de una discusión acalorada, el patrullero se retiró.
Entonces me llevaron a la fuerza y me tiraron en el piso de un auto, posiblemente un Ford Falcon, y comenzó el viaje.

Me bajaron del coche en la misma forma en que me habían subido, entre cuatro y, caminando un corto trecho (4 ó 5 metros) por un espacio que, por el ruido, era un patio de pedregullo, me arrojaron sobre una mesa. Me ataron de pies y manos a los cuatro angulos.


Ya atado, la primera vez que oí fue la de alguien que dijo ser médico y me informó de la gravedad de las hemorragias en las piernas y que, por eso, no intentara ninguna resistencia.

Luego se presentó otra voz. Dijo ser EL CORONEL. Manifestó que ellos sabían que mi actividad no se vinculaba con el terrorismo o la guerrilla, pero que me iban a torturar por opositor. Porque: «no había entendido que en el país no existía espacio político para oponerse al gobierno del Proceso de Reorganización Nacional». Luego agregó: «¡Lo vas a pagar caro... !¡ Se acabaron los padrecitos de los pobres!»

Todo fue vertiginoso. Desde que me bajaron del coche hasta que comenzó la primera sesión de «picana» pasó menos tiempo que el que estoy tardando en contarlo.

Durante días fui sometido a la picana eléctrica aplicada en encías, tetillas, genital, abdomen y oídos. Conseguí sin proponérmelo, hacerlos enojar, porque, no sé por qué causa, con la «picana», aunque me hacían gritar, saltar y estremecerme, no consiguieron que me desmayara.

Comenzaron entonces un apaleamiento sistemático y rítmico con varillas de madera en la espalda, los gluteos, las pantorrillas y las plantas de los pies. Al principio el dolor era intenso. Después se hacía insoportable. Por fin se perdía la sensación corporal y se insensibilizaba totalmente la zona apaleada. El dolor, incontenible, reaparecía al rato de cesar con el castigo. Y se acrecentaba al arrancarme la camisa que se había pegado a las llagas, para llevarme a una nueva «sesión».

Esto continuaron haciéndolo por varios días, alternándolo con sesiones de picana. Algunas veces fue simultaneo.
Esta combinación puede ser mortal porque, mientras la «picana» produce contracciones musculares, el apaleamiento provoca relajación (para defenderse del golpe) del músculo. Y el corazón no siempre resiste el tratamiento.

En los intervalos entre sesiones de tortura me dejaban colgado por los brazos de ganchos fijos en la pared del calabozo en que me tiraban.
Algunas veces me arrojaron sobre la mesa de tortura y me estiraron atando pies y manos a algún instrumento que no puedo describir porque no lo vi pero que me producía la sensación de que me iban a arrancar cualquier parte del cuerpo.

En algún momento estando boca abajo en la mesa de tortura, sosteniéndome la cabeza fijamente, me sacaron la venda de los ojos y me mostraron un trapo manchado de sangre. Me preguntaron si lo reconocía y, sin esperar mucho la respuesta, que no tenía porque era irreconocible (además de tener muy afectada la vista) me dijeron que era una bombacha de mi mujer. Y nada más. Como para que sufriera... Me volvieron a vendar y siguieron apaleándome.

A los diez días del ingreso a ese «chupadero» llevaron a mi mujer, Hilda Nora Ereñú, donde yo estaba tirado. La vi muy mal. Su estado físico era deplorable. Sólo nos dejaron dos o tres minutos juntos. En presencia de un torturador. Cuando se la llevaron pensé (después supe que ambos pensamos) que esa era la última vez que nos veíamos. Que era el fin para ambos. A pesar de que me informaron que había sido liberada junto con otras personas, sólo volví a saber de ella cuando, legalizado en la Comisaría de Gregorio de Laferrère, se presentó en la primera visita junto a mis hijas.

También me quemaron, en dos o tres oportunidades, con algún instrumento metálico. Tampoco lo vi, pero la sensación era de que me apoyaban algo duro. No un cigarrillo que se aplasta, sino algo parecido a un clavo calentado al rojo.


Un día me tiraron boca abajo sobre la mesa, me ataron (como siempre) y con toda paciencia comenzaron a despellejarme las plantas de los pies. Supongo, no lo vi porque estaba «tabicado», que lo hacían con una hojita de afeitar o un bisturí. A veces sentía que rasgaban como si tiraran de la piel (desde el borde de la llaga) con una pinza. Esa vez me desmayé. Y de ahí en más fue muy extraño porque el desmayo se convirtió en algo que me ocurría con pasmosa facilidad. Incluso la vez que, mostrándome otros trapos ensangrentados, me digeron que eran las bombachitas de mis hijas. Y me preguntaron si quería que las torturaran conmigo o separado.
Desde entonces empecé a sentir que convivía con la muerte.
Cuando no estaba en sesión de tortura alucinaba con ella. A veces despierto y otras en sueños.

Cuando me venían a buscar para una nueva «sesión» lo hacían gritando y entraban a la celda pateando la puerta y golpeando lo que encontraran. Violentamente.
Por eso, antes de que se acercaran a mí, ya sabía que me tocaba. Por eso, también, vivía pendiente del momento en que se iban a acercar para buscarme.

De todo ese tiempo, el recuerdo más vivido, más aterrorizante, era ese de estar conviviendo con la muerte. Sentía que no podía pensar. Buscaba, desesperadamente, un pensamiento para poder darme cuenta de que estaba vivo. De que no estaba loco. Y, al mismo tiempo, deseaba con todas mis fuerzas que me mataran cuanto antes.
La lucha en mi cerebro era constante. Por un lado: «recobrar la lucidez y que no me desestructuraran las ideas», y por el otro: «Qué acabaran conmigo de una vez»

La sensación era la de que giraba hacia el vacío en un gran cilindro viscoso por el cual me deslizaba sin poder aferrarme a nada.
Y que un pensamiento, uno solo, sería algo sólido que me permitiría afirmarme y detener la caída hacia la nada.
El recuerdo de todo este tiempo es tan concreto y a la vez tan íntimo que lo siento como si fuera una víscera que existe realmente.

En medio de todo este terror, no sé bien cuando, un día me llevaron al «quirófano» y, nuevamente, como siempre, después de atarme, empezaron a retorcerme los testículos. No sé si era manualmente o por medio de algún aparato. Nunca sentí un dolor semejante. Era como si me desgarraran todo desde la garganta y el cerebro hacia abajo. Como si garganta, cerebro, estómago y testículos estuvieran unidos por un hilo de nylon y tiraran de él al mismo tiempo que aplastaban todo.

El deseo era que consiguieran arrancarmelo todo y quedar definitivamente vacío. Y me desmayaba.
Y sin saber cuándo ni cómo, recuperaba el conocimiento y ya me estaban arrancando de nuevo. Y nuevamente me estaba desmayando.

Para esta época, desde los 15 ó 18 días a partir de mi secuestro, sufría una insuficiencía renal con retención de orina. Tres meses y medio después, preso en el Penal de Villa-Devoto, los médicos de la Cruz Roja Internacional diagnostican una insuficiencia renal aguda grave de origen traumático, que podríamos rastrear en las palizas.

Aproximadamente 25 días después de mi secuestro, por primera vez, después del más absoluto aislamiento, me arrojan en un calabozo en que se encuentra otra persona. Se trataba de un amigo mío, comparñero de trabajo en el Dispensario del Complejo Habitacional: el Dr. Francisco García Fernandez.

Yo estaba muy estropeado. El me hizo las primeras y precarísimas curaciones, porque yo, en todo este tiempo, no tenía ni noción ni capacidad para procurarme ningún tipo de cuidado ni limpieza.

Recién unos días después, corriéndome el «tabique» de los ojos, pude apreciar el daño que me habían causado. Antes me había sido imposible, no porque no intentara «destabicarme» y mirar, sino porque, hasta entonces, tenía la vista muy deteriorada. Entonces pude apreciarme los testículos...

Recordé que, cuando estudiaba medicina, en el libro de texto, el famosísimo Housay, había una fotografla en la cual un hombre, por el enorme tamaño que habían adquirido sus testículos, los llevaba cargados en una carretilla. El tamaño de los míos era similar a aquel y su color de un azul negruzco intenso.

Otro día me llevaron y, a pesar del tamaño de los testículos, me acostaron una vez más boca abajo. Me ataron y, sin apuro, desgarrando conscientemente, me violaron introduciendome en el ano un objeto metálico. Después me aplicaron electricidad por medio de ese objeto, introducido como estaba. No sé describir la sensación de cómo se me quemaba todo por dentro.
La inmersión en la tortura cedió. Aisladamente, dos o tres veces por semana, me daban alguna paliza. Pero ya no con instrumentos sino, generalmente, puñetazos y patadas.

Con este nuevo régimen, comparativamente terapéutico, empecé a recuperarme físicamente. Había perdido más de 25 kilos de peso y padecía la insuficiencía renal ya mencionada.
Dos meses antes del secuestro, es decir, por febrero de ese año, padecí un rebrote de una antigua simonelosis (fiebre tifoidea).

Entre el 20 y 25 de mayo, es decir unos 45 ó 60 días después del secuestro, tuve una recidiva de la salmonelosis asociada a mi quebrantamiento físico.»
A la tortura física que se aplicaba desde el primer momento, se agregaba la psicológica (ya mencionada en parte) que continuaba a lo largo de todo el tiempo de cautiverio, aun después de haber cesado los interrogatorios y tormentos corporales. A esto sumaban vejaciones y degradaciones ilimitadas.

«El trato habitual de los torturadores y guardias con nosotros era el de considerarnos menos que siervos. Eramos como cosas. Además cosas inútiles. Y molestas. Sus expresiones: «vos sos bosta». Desde que te «chupamos» no sos nada. «Además ya nadie se acuerda de vos». «No existís». «Si alguien te buscara (que no te busca) ¿vos crees que te iban a buscar aquí?»«Nosotros somos todo para vos». «La justicia somos nosotros». «Somos Dios».

Esto dicho machaconamente. Por todos. Todo el tiempo, muchas veces acompañado de un manotazo, zancadilla, trompada o patada. O mojarnos la celda, el colchón y la ropa a las 2 de la madrugada. Era invierno. Sin embargo, con el correr de las semanas, había comenzado a identificar voces, nombres (entre ellos: Tiburón, Víbora, Rubio, Panza, Luz, Tete). También movimientos que me fueron afirmando (conjuntamente con la presunción previa por la ruta que podría asegurar que recorrimos) en la opinión de que el sitio de detención tenía las características de una dependencia policial. Sumando los datos (a los que podemos agregar la vecindad de una comisaría, una escuela-se oían cantos de niñas-también vecina, la proximidad-campanas-de una iglesia) se puede inferir que se trató de la Brigada de Investigaciones de San Justo.

Entre las personas con las que comparti el cautiverio, lo sé porque oí sus voces y me dijeron sus nombres, aunque en calabozos separados estaban:............... ......................................................................................................

El 1° de junio, día de comienzo del Mundial de fûtbol, junto con otros seis cautivos detenidos-desaparecidos, fui trsladado en un vehîculo tipo camioneta (apilqdos como bolsas unos arriba de otros) con los ojos vendados a lo que resultó ser la Comisaría de Gregorio de Lafèrrere.

Actuó en el traslado uno de los más activos torturadores. También puedo afirrnar que fue el que me disparó cuando me secuestraron. El trayecto y tiempo empleado corrobora la hipótesis anterior con respecto al Centro Clandestino.

Un dato previo, de suma importancia, después, es el de mi participación profesional a partir de 1971, en la Escuela Piloto de Integración Social de Niños Discapacitados, que había sido creada en 1963. Funcionaba en Hurlingham, partido de Morón.

Después de permanecer dos meses en un calabozo de esa Comisaría (una noche me hicieron firmar un papel-con los ojos vendados-que después utilizaron como primera declaración ante el Consejo de Guerra Estable 1/1) el 18 de agosto me llevaron al Regimiento de Palermo, donde el Juez de Instrucción me hace conocer los cargos. Entre ellos figuraba el mencionado anteriormente de mi participación en la Escuela Piloto de Hurlingham.

Allí denuncié todas las violaciones, incluyendo las torturas, el saqueo de mi hogar y la firma del escrito bajo apremio y sin conocerlo».

El Dr. .......... fue conducido al Tribunal Militar-Consejo de Guerra Estable N° 1/1.- Este se declaró incompetente por no tener acusación que dirigirle. Giradas las actuaciones a la Justicia Federal se dicta inmediatamente el sobreseimiento definitivo. Todo el martirio relatado fue soportado por una persona contra la que nadie formuló cargo alguno.


Un par de imágenes para reflexionar:










No pretendí ofender a nadie con mi pensamiento y puntos de vista, si tenés algún comentario para hacer al respecto o sobre el post te invito a que lo hagas por privado, para evitar bardo en los comentarios.
Un tema para tomar conciencia, llamado "La Memoria", escrito e interpretado por el grán cantante, León Gieco:




¡POR UN PAIS MAS JUSTO Y DEMOCRATICO!
Que esto no vuelva a ocurrir NUNCA MAS! Y no solo acá, en ninguna parte del mundo!


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