Este texto lo tremine recien, hace un par de dias que lo empece, mi vida volvio a tener sentido hace una semana cuando despues de una charla profunda con mi mujer me di cuenta de que la vida se me estaba escapando de las manos. Decidi volver a comenzar a vivir, ir creciendo dia a dia y trabajar para volver a ser feliz. Espero que a alguien se sirva de ayuda saber que muchos pasamos por lo mismo y que de la depresion se sale con esfuerzo y amor por quienes nos rodean. Sin mas que decir les dejo un breve resumen de como me sentia. Disculpen que no ponga imagenes ni adornos en el post, pero a mi parecer le quitaria seriedad. Gracias por su tiempo.
Convertirse en nada
Uno nunca sabe hasta dónde puede caer, la vida transcurre y cuando se es espectador el tiempo corre muy rápido, se vive poco y sin prestar atención. Muchas veces nos olvidamos de las personas que nos rodean, sobre todo las más cercanas y que más nos quieren. Nos convertimos en autómatas, nos levantamos, hacemos lo que se espera que hagamos y dejamos pasar el día desconectados de la realidad, como si nada importara.
Luego de un tiempo, estamos tan ajenos a las sensaciones que ni siquiera nos damos cuenta de cómo afectamos a quienes amamos, sus problemas nos molestan, no notamos sus demostraciones de afecto, y eventualmente dejan de existir en nuestro vacio mundo. Es difícil darnos cuenta del rumbo hacia el que dirigimos nuestra vida, porque es tan gradual el cambio que no nos damos cuenta, empezamos por retraernos, primero con los amigos, nuestra vida social entra en un circulo moribundo que se va haciendo cada vez más estrecho, hasta que solo quedan viejos recuerdos, anécdotas infantiles, tiempos en los que la inocencia y la falta de responsabilidades hacían de los días una fiesta que parecía eterna.
Luego les toca a los familiares menos allegados, aquellos a los que se les guarda algún rencor, o que simplemente no comparten nuestra forma de vida o costumbres, estos van casi de la mano con los amigos, se los suele ver eventualmente en algún festejo familiar al que uno va casi por inercia, por no decir por obligación.
A estos les siguen los familiares cercanos, padres, hermanos, abuelos. Ya casi desconectados de la sociedad, solemos poner excusas para evitar sus visitas (ni hablar de ir a verlos), ya no nos interesa lo que nos puedan contar sobre sus vidas, no queremos que sumen más problemas a los que nosotros mismos nos creamos, suponemos que todo lo que nos van a decir es que algo malo les paso y necesitan ayuda, “justo a mi me la van a pedir” pensamos, la sola idea de perder nuestro (¿valioso?) tiempo en resolver problemas ajenos nos molesta.
Con el transcurso de los meses, años, etc., nos volvemos más fríos, nos empieza a molestar la presencia de otras personas y nos empezamos a poner agresivos, es el momento en el que empezamos a hacer que sufran en mayor medida las personas con las que convivimos, la falta de respeto se hace cotidiana, los intereses de las pocas personas que siguen cerca nuestro nos parecen idioteces, pensamos que nuestra vida se va haciendo miserable y lo reflejamos en quienes todavía nos aman lo suficiente como para soportar día tras día nuestro desgano por la vida. Esas pocas personas, son las que nos mantienen unidos al resto del mundo, con su paciencia y amor, tratan de ayudarnos a volver a ser personas felices, no nos damos cuenta de que siempre intentan sacarnos una sonrisa, aunque nuestra respuesta solo les provoque dolor y llanto. Estamos ante el fin de nuestra vida, la amargura es tal que sentimos que nada nos sale bien, que no podemos hacer felices a quienes aún quedan cerca nuestro, que no nos merecemos que todavía estén ahí.
Empieza a surgir la idea de la huida, la muerte parece la mejor opción, sería lo más fácil para todos “puede que sufran un tiempo los que nos tienen aprecio pero a la larga van a estar mejor sin mí”, es una idea recurrente, que gira en la cabeza como un trompo y que si se detiene en un mal día puede ser el ultimo. También puede aparecer la idea de desaparecer, sin dejar rastro alguno y con la esperanza de poder volverse a sentir vivo algún día como para regresar y volver a compartir una vida con quienes queremos, en el caso de que nos lo permitan. Son solo dos ejemplos dentro de una enorme gama de posibilidades sin sentido que depende del día que en que se nos cruce, puede que tengan algún sentido.
Es el peor momento de la depresión, las ideas más locas chapotean en las lagunas mentales que creamos para desconectarnos del universo, todo lo bueno lo convertimos en malo, empezamos a darnos cuenta de que nos estamos quedando solos y que la felicidad se adelanto a la vida y nosotros quedamos en el medio, sin un futuro prometedor, sin risas a nuestro alrededor y alimentándonos solo de la energía negativa que nos rodea. El cuerpo mal alimentado y poco aseado nos hace vernos más viejos, cada año que pasa se hace más largo y la vida se va haciendo más corta, las nuevas y antiguas frustraciones, los rencores, la envidia por la felicidad de los otros, el desgano y la falta de afecto que creemos haber logrado nos hace cada vez más oscuros, mas desalmados.
Levantarse de la cama se hace cada vez más difícil, el cuerpo empieza a quedarnos grande y lograr cualquier objetivo, por pequeño que sea se hace casi imposible, el final se va acercando, ya no queda mucho por hacer, la infelicidad llega a un punto crítico y el dolor se siente en el cuerpo como una lluvia de agujas. La vida llego a su fin, si la idea del suicidio no se concreta, solo queda seguir perdiendo el tiempo y esperar a que alguna podamos ayudar a alguna enfermedad a que se apiade de nosotros y nos saque del camino.
En este punto es que en que termina la historia, podemos morir solos y habiendo lastimado a quienes nos amaron, o podemos retomar las riendas del tiempo, ir en búsqueda de la felicidad que se nos adelanto a la vida y arrastrarla con un esfuerzo casi inconcebible para nosotros y devolverla al lugar del que no tendríamos que haberla dejado escapar. Si todavía tenés personas a tu alrededor que te aprecian, hay esperanza. Con un monumental esfuerzo diario, hay que fijar inmensas metas, volver a ser un ser social es la primera y más difícil, mas aun se dificulta volver a recuperar el afecto que supiste recibir de tus ya cansados y desesperanzados familiares y amigos verdaderos.
En mi caso, mis dos amores, son los que me dan la energía para querer volver a la vida, es una tarea que nos va a llevar tiempo, pero la oportunidad de volver a estar feliz con ellas merece toda la energía que no utilicé para hacerlas felices todo este tiempo.
Volver a enamorar al amor de mi vida no va a ser tan fácil como la primera vez, cuando los dos quedamos hechizados y la vida era perfecta, la confianza me la voy a tener que ir ganando con el paso de los meses, pero la felicidad que siento de tener esta oportunidad es lo que me hace levantarme todos los días y querer ser mejor persona.
La luz siempre está al principio del túnel, solo estamos mirando para el lado incorrecto, muchas veces solo necesitamos que nos lo hagan ver.
De ahora en adelante, mi vida se va a centrar en hacerlas felices, disfrutar el tiempo con mi hija, reírme de los desastres que hace cuando me descuido un momento, aprender a vivir junto con ella. Las razones para vivir y ser feliz sobran, solo hace falta verlas desde el ángulo correcto, y cambiar la forma de pensar, hay unos ejemplos simples que separan el “no puedo” del “puedo”:
Yo hoy no puedo pagar el jardín de mi princesa, pero puedo cuidarla en casa y disfrutar las mañanas con ella.
Yo no puedo comprarle los juguetes que me gustaría que tenga, pero puedo jugar con ella y ver como se divierte con cualquier cosa.
No puedo darle al amor de mi vida todo lo que quisiera, pero puedo demostrarle que la amo con detalles.
No la puedo llevar de viaje, pero puedo llevarla a tomar unos mates a alguno de los hermosos lugares que tengo cerca.
No puedo llevarla a cenar a un lugar romántico, pero puedo traerle un chocolate cuando vuelvo del trabajo.
Muchas veces las cosas más simples son las que más disfrutamos, lástima que no pude verlo en mucho tiempo, pero me siento bien por haber vuelto a la vida a tiempo, antes de quedarme solo y odiado por la gente que supo quererme. Espero que este breve resumen de mi mal momento le sirva a alguien que siente que hoy la vida no vale nada. Convertirse en nada es fácil, no consume energía ni esfuerzo alguno, pero no solo lo arrastra a uno, se lleva a todos los que nos quieren en el camino y nos hace sufrir a todos. La nada no existe, y dejar de existir nunca es una solución, menos cuando hay gente que depende de tu bienestar.
Espero que les haya gustado y si alguien siente que necesita ayuda no dude en mandar un MP. Suerte.
Convertirse en nada
Uno nunca sabe hasta dónde puede caer, la vida transcurre y cuando se es espectador el tiempo corre muy rápido, se vive poco y sin prestar atención. Muchas veces nos olvidamos de las personas que nos rodean, sobre todo las más cercanas y que más nos quieren. Nos convertimos en autómatas, nos levantamos, hacemos lo que se espera que hagamos y dejamos pasar el día desconectados de la realidad, como si nada importara.
Luego de un tiempo, estamos tan ajenos a las sensaciones que ni siquiera nos damos cuenta de cómo afectamos a quienes amamos, sus problemas nos molestan, no notamos sus demostraciones de afecto, y eventualmente dejan de existir en nuestro vacio mundo. Es difícil darnos cuenta del rumbo hacia el que dirigimos nuestra vida, porque es tan gradual el cambio que no nos damos cuenta, empezamos por retraernos, primero con los amigos, nuestra vida social entra en un circulo moribundo que se va haciendo cada vez más estrecho, hasta que solo quedan viejos recuerdos, anécdotas infantiles, tiempos en los que la inocencia y la falta de responsabilidades hacían de los días una fiesta que parecía eterna.
Luego les toca a los familiares menos allegados, aquellos a los que se les guarda algún rencor, o que simplemente no comparten nuestra forma de vida o costumbres, estos van casi de la mano con los amigos, se los suele ver eventualmente en algún festejo familiar al que uno va casi por inercia, por no decir por obligación.
A estos les siguen los familiares cercanos, padres, hermanos, abuelos. Ya casi desconectados de la sociedad, solemos poner excusas para evitar sus visitas (ni hablar de ir a verlos), ya no nos interesa lo que nos puedan contar sobre sus vidas, no queremos que sumen más problemas a los que nosotros mismos nos creamos, suponemos que todo lo que nos van a decir es que algo malo les paso y necesitan ayuda, “justo a mi me la van a pedir” pensamos, la sola idea de perder nuestro (¿valioso?) tiempo en resolver problemas ajenos nos molesta.
Con el transcurso de los meses, años, etc., nos volvemos más fríos, nos empieza a molestar la presencia de otras personas y nos empezamos a poner agresivos, es el momento en el que empezamos a hacer que sufran en mayor medida las personas con las que convivimos, la falta de respeto se hace cotidiana, los intereses de las pocas personas que siguen cerca nuestro nos parecen idioteces, pensamos que nuestra vida se va haciendo miserable y lo reflejamos en quienes todavía nos aman lo suficiente como para soportar día tras día nuestro desgano por la vida. Esas pocas personas, son las que nos mantienen unidos al resto del mundo, con su paciencia y amor, tratan de ayudarnos a volver a ser personas felices, no nos damos cuenta de que siempre intentan sacarnos una sonrisa, aunque nuestra respuesta solo les provoque dolor y llanto. Estamos ante el fin de nuestra vida, la amargura es tal que sentimos que nada nos sale bien, que no podemos hacer felices a quienes aún quedan cerca nuestro, que no nos merecemos que todavía estén ahí.
Empieza a surgir la idea de la huida, la muerte parece la mejor opción, sería lo más fácil para todos “puede que sufran un tiempo los que nos tienen aprecio pero a la larga van a estar mejor sin mí”, es una idea recurrente, que gira en la cabeza como un trompo y que si se detiene en un mal día puede ser el ultimo. También puede aparecer la idea de desaparecer, sin dejar rastro alguno y con la esperanza de poder volverse a sentir vivo algún día como para regresar y volver a compartir una vida con quienes queremos, en el caso de que nos lo permitan. Son solo dos ejemplos dentro de una enorme gama de posibilidades sin sentido que depende del día que en que se nos cruce, puede que tengan algún sentido.
Es el peor momento de la depresión, las ideas más locas chapotean en las lagunas mentales que creamos para desconectarnos del universo, todo lo bueno lo convertimos en malo, empezamos a darnos cuenta de que nos estamos quedando solos y que la felicidad se adelanto a la vida y nosotros quedamos en el medio, sin un futuro prometedor, sin risas a nuestro alrededor y alimentándonos solo de la energía negativa que nos rodea. El cuerpo mal alimentado y poco aseado nos hace vernos más viejos, cada año que pasa se hace más largo y la vida se va haciendo más corta, las nuevas y antiguas frustraciones, los rencores, la envidia por la felicidad de los otros, el desgano y la falta de afecto que creemos haber logrado nos hace cada vez más oscuros, mas desalmados.
Levantarse de la cama se hace cada vez más difícil, el cuerpo empieza a quedarnos grande y lograr cualquier objetivo, por pequeño que sea se hace casi imposible, el final se va acercando, ya no queda mucho por hacer, la infelicidad llega a un punto crítico y el dolor se siente en el cuerpo como una lluvia de agujas. La vida llego a su fin, si la idea del suicidio no se concreta, solo queda seguir perdiendo el tiempo y esperar a que alguna podamos ayudar a alguna enfermedad a que se apiade de nosotros y nos saque del camino.
En este punto es que en que termina la historia, podemos morir solos y habiendo lastimado a quienes nos amaron, o podemos retomar las riendas del tiempo, ir en búsqueda de la felicidad que se nos adelanto a la vida y arrastrarla con un esfuerzo casi inconcebible para nosotros y devolverla al lugar del que no tendríamos que haberla dejado escapar. Si todavía tenés personas a tu alrededor que te aprecian, hay esperanza. Con un monumental esfuerzo diario, hay que fijar inmensas metas, volver a ser un ser social es la primera y más difícil, mas aun se dificulta volver a recuperar el afecto que supiste recibir de tus ya cansados y desesperanzados familiares y amigos verdaderos.
En mi caso, mis dos amores, son los que me dan la energía para querer volver a la vida, es una tarea que nos va a llevar tiempo, pero la oportunidad de volver a estar feliz con ellas merece toda la energía que no utilicé para hacerlas felices todo este tiempo.
Volver a enamorar al amor de mi vida no va a ser tan fácil como la primera vez, cuando los dos quedamos hechizados y la vida era perfecta, la confianza me la voy a tener que ir ganando con el paso de los meses, pero la felicidad que siento de tener esta oportunidad es lo que me hace levantarme todos los días y querer ser mejor persona.
La luz siempre está al principio del túnel, solo estamos mirando para el lado incorrecto, muchas veces solo necesitamos que nos lo hagan ver.
De ahora en adelante, mi vida se va a centrar en hacerlas felices, disfrutar el tiempo con mi hija, reírme de los desastres que hace cuando me descuido un momento, aprender a vivir junto con ella. Las razones para vivir y ser feliz sobran, solo hace falta verlas desde el ángulo correcto, y cambiar la forma de pensar, hay unos ejemplos simples que separan el “no puedo” del “puedo”:
Yo hoy no puedo pagar el jardín de mi princesa, pero puedo cuidarla en casa y disfrutar las mañanas con ella.
Yo no puedo comprarle los juguetes que me gustaría que tenga, pero puedo jugar con ella y ver como se divierte con cualquier cosa.
No puedo darle al amor de mi vida todo lo que quisiera, pero puedo demostrarle que la amo con detalles.
No la puedo llevar de viaje, pero puedo llevarla a tomar unos mates a alguno de los hermosos lugares que tengo cerca.
No puedo llevarla a cenar a un lugar romántico, pero puedo traerle un chocolate cuando vuelvo del trabajo.
Muchas veces las cosas más simples son las que más disfrutamos, lástima que no pude verlo en mucho tiempo, pero me siento bien por haber vuelto a la vida a tiempo, antes de quedarme solo y odiado por la gente que supo quererme. Espero que este breve resumen de mi mal momento le sirva a alguien que siente que hoy la vida no vale nada. Convertirse en nada es fácil, no consume energía ni esfuerzo alguno, pero no solo lo arrastra a uno, se lleva a todos los que nos quieren en el camino y nos hace sufrir a todos. La nada no existe, y dejar de existir nunca es una solución, menos cuando hay gente que depende de tu bienestar.
Espero que les haya gustado y si alguien siente que necesita ayuda no dude en mandar un MP. Suerte.