InicioApuntes Y MonografiasDel tipo que no podía dormir... (cuento propio)

Del tipo que no podía dormir... (cuento propio)

Jacinto estaba esperando el Fluviales para ir a Parana, al lado del kiosco de revistas de Rioja y Rivadavia, cuando vio a la media cuadra tres mujeres con la vestimenta típica de los gitanos y enseguida hizo lo que hacemos la gran mayoría en estos casos...tanteó donde tenía la billetera (vaaamos...no se hagan los finos ahora y me quieran dejar como el malo de este cuento...que la gran mayoría hacemos lo mismo...pss).
Mientras las miraba acercarse pensaba, entre otras cosas, como sería su vida si él no fuera un tipo tan "estructurado", facultad, estudios, ayudar en casa de sus padres, ...en fin, a Jacinto se lo podía acusar de todo menos de ser un tipo poco organizado, ya estaba pensando el viaje a Brasil de fin de año con sus amigos...y estaba en pleno Abril.
En eso estaba cuando escuchó una voz que le dijo casi de frente:
-¿Cómo estás, bonito?- con un dejo de carraspera casi tabáquica, la mayor de las gitanas se dirigía hacia el.
Jacinto la observo detenidamente. Debía tratarse de una mujer no mayor a los cuarenta, aunque su cuerpo rechoncho hacía muchos años que había conocido mejores épocas. Sin embargo había algo, que la hacía portadora de una extraña seducción.
A primeras vistas no supo entender si era su cara, el brillo de sus ojos, su voz, o simplemente esa par de tetas redondas y gordas que a simple vista no eran sujetadas por ningún corpiño, y que sin embargo aún parecían estar en su sitio.
Hay tetas que tienen una conversación mucho más interesantes que sus dueñas, me supieron pasar una vez por mail, a cuenta de la importancia que cobran los pechos en una conversación entre hombre y mujer. Si son generosas y bien puestas, la dueña se queda en segundo plano en la atención de su interlocutor y Jacinto no era la excepción a la regla.
-Bien gracias-contestó...y sonrió tímidamente ante la presencia de ese exuberante escote.
Si había algo de lo cuál siempre a sido víctima de recriminación, es que frente a una mujer, la conversación deja de ser tal. Es como que se va...se pierde, y solo se dedica a afirmar o a negar según fuera la conveniencia del momento, las ultimas palabras de la frase que alcanza a escuchar.
Tantas veces su madre le recriminó ésto, su novia lo puso en tantos apuros por lo mismo, incluso Pamela, su mejor y quizá única amiga se lo dijo una y mil veces.
-¿y dónde es que estás yendo bonito?-volvió a inquirir la gitana.
-Eeee...¿yo?....a la facu- y volvió a sonreír agradeciendo el cumplido.
-Ah...estás estudiando...¿y no te gustaría saber cómo te va a ir este año con los estudios?
El la miró una vez más a la cara, como tratando de adivinar si de una broma se trataba, se sonrió para dentro y se dijo ¿y porqué no?. No creía en esas cosas, se había criado en una típica familia católica-cristiana y su madre le había inculcado desde niño que el arte de la taromancia y las artes adivinatorias, iban en contra del precepto que para ellos había fijado su fe religiosa.
-¿y a quién no?-preguntó, dejando la puerta abierta a lo que suponía la pregunta que vendría después.
-¿Te leo la mano, bonito?- propuso la mujer.
Jacinto sabía de la falacia de esa aseveración, las manos no pueden decir mucho más de una persona que la persona misma, pero prefirió seguir adelante con lo que consideró un juego, a sabiendas de que nada malo podía sucederle, y que aún faltaban como diez minutos para que llegue el bondi.
-Dale...-y extendió la mano desocupada hacia la ufana dama.
Ésta tomó la diestra del muchacho y la acercó hacia si misma, observandola detenidamente como quien mira un diamante en bruto. Levantó sus ojos y miró directamente a la cara del muchacho, quizá tratando de adivinar en sus gestos la certidumbre o la aproximación que sus palabras podrían hacer estremecer.
Jacinto, atento a ésto ultimo, puso cara de perro que lo están culeando y decidió continuar con la farsa, para ver hacia donde lo llevaba.
-Tienes una novia muy bonita-enunció la gitana-
-ajhá...-esputó el muchacho seguro de que lo de la mujer suponía todas conjeturas.
-Tienes una muy buena amiga...que te ve con otros ojos más allá de la amistad-
Caramba, aún a sabiendas de lo inverosímil de la afirmación, jamás se le había ocurrido que Pamela y el...naaa...nada que ver...pero la idea le pareció casi divertida tan solo de pensar.
-...en estos días habrá un cambio muy intenso en tu vida...-continuó la mujer, y fue en ese preciso instante que Jacinto se perdió la mitad de lo que le estaban diciendo. Recién se había percatado que, quizá en forma involuntaria (o no), su mano se encontraba demasiado próxima al turgente pecho femenino, y esto hizo que una parte de su cuerpo se comenzara a parar (y afortunadamente no era el corazón).
La casi inocente situación lo llevaba al límite de lo sexual, aunque no era ni el momento, ni el lugar y seguramente ni siquiera la persona para tener cualquier tipo de pensamiento impuro. Mientras la gitana hablaba, el notó algo que no había visto hasta ahora. Si no fuera por el bozo crecido, no sería una fea mujer. Aún conservaba (pese a su rechonchez) "interesantes formas", o cómo dice un amigo...yo, le doy.
Trataba de poner atención en las palabras que le iban ofreciendo, seguro de escuchar de un momento para otro alguna barbaridad del orden de:
-te vas a ganar el quini...vas a ser perseguido por las mujeres más bellas...encontrarás un saco con monedas de oro- o cualquier otra patraña que tuvieran para decirle, pero la situación de la proximidad de su mano al busto femenino lo obnuvilaba y no lo dejaba concentrarse fielmente.
Pensó por un momento ofrecerle quizá algún "dinero" para olvidarse del tiempo, del estudio, de la vida misma, y pedirle que lo acompañe hasta uno de esos lugares en donde se puede alquilar por tiempo un espacio para que dos amantes se propinen toda clase de virtuosos cariños, compongan juntos la maravillosa melodía armoniosa de los cuerpos, o simplemente (como dice Alejandro Dolina), puedan cosechar aquél beso que crece en la penunbra.
Pero le daban "lapsus" de realidad y buen gusto y deciasé para si mismo sobre la imposibilidad de tamaña desfachatez...
En eso estaba, luchando en contra de lo que su pene le dictaminaba, y lo que la sensatez su mente le decía, cuando imagino quiza poder acariciar uno de esos pechos, tan solo para saber que se sentía...y sentir quiza ese escozor de contacto con un pezon, como sentía en ese instante en la palma de su mano...
¿Escozor?, ¿pezón?, ¿mano?
Había, instintiva e inconcientemente apoyado toda la humanidad de su propia mano no solo en el pecho femenino, sino que ADEMÁS había logrado introducir la misma entre el vestido y el pecho y se encontraba (sin haberseló propuesto fielmente) tocando el objeto de su deseo.
Como si de una pelicula se tratase, o como despertando de un sueño, Jacinto abrió enormemente los ojos, justo en el instante en que la mano de la gitana descargaba toda la furia de la bofetada sobre su joven rostro.
-¿CE FACI FIU DE CATEA?- le gritaba la mujer, al tiempo que quitaba de un tirón la mano del confundido joven de entre sus ropas, dejando en la comisión la totalidad de su pecho desnudo al aire.
-fiul capră de căţea-seguía gritandolé la despechada (cuack) mujer...-Ai venit de peste noapte, nu trebuie să atingă s"nii zi şi mamei tale ... Bad fătat
El compungido joven solo atinó a salir disparado por calle Rioja, corriendo a lo que sus piernas podían llevarlo, puteandosé por dentro, controlando que su corazón parecíale salirse por la boca en cada bocanada.
-nenorocitule, nu poti dormi p"nă c"nd atinge sanul mamei tale ... fiu de catea ... te-am blestem- fué lo último que alcanzó a escuchar.
Llegó a 25 y se tomó el primer remis que encontró parado:
-Corrientes y Avenida Freyre-alcanzó a articular, a la ves que se reputeaba una y mil veces por lo sucedido.
-¿todo bien?- preguntó el chofer al verlo tan agitado, temiendo quizá algún tipo de inconveniente en el viaje y su pasajero.
-Si, si- dijo el joven- me estaba yendo a Parana y me avisaron que mi vieja se descompuso-mintió para tranquilizar al conductor y de paso apelar a su humanidad para que apresure la marcha del rodado.
Llegó a destino, pagó el viaje y se negó una ves mas a que el gentil conductor lo esperaba para ver si necesitaba algo. Hizo como que buscaba las llaves para entrar a una supuesta casa que no era la suya, hasta que el automovil de alquiler arrancó y doblo por Freyre com yendo hacia Mendoza.
Jacinto se sentó un rato en el cordon de la vereda, repasando una y mil veces todo lo acontecido. Puteandosé por lo bajo tratando de encontrar algún tipo de explicación a la barbaridad cometida. Imagnandosé además, toda una pelicula luego de lo vivido, en donde (denuncia mediante) era solicitado hasta por el Juez Oyarvide.
El paso de un patrullero por Freyre, lo hizo despertar de su letargo de culpas, se incorporó y deambuló por el cantero de la Avenida casi hasta llegar a Tucuman. Una bocina, el recuerdo de su madre y el ruido de su bajo vientre le hizo recordar que debía regresar al hogar.
Se tomo el 16 que lo llevaba a Guadalupe y trató de confundirse entre el pasaje, mirando para todos lados, convencido de que la gitana andaba coche por coche revisando por si lo encontraba.
Llegó a su casa y tuvo que inventar un falso dolor de cabeza para dejar de lado las preocupaciones de la madre del unico hijo de la casa.
(continuará)
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