La historia de La Matrix (1999) - probablemente la película de acción más detalladamente tramada alguna vez hecha - es auténticamente gnóstica.
Es de hecho, y lejos más allá de "Los Archivos X", "gnosticismo renacido" [ver nota 1, al final]. Dondequiera que exactamente Andy y Larry Wachowski idearan su diabólicamente inspirada y perversamente efectiva parábola pop sobre la esclavitud del hombre moderno bajo las máquinas, ellos han aparecido con un original genuino.
Es una mezcla asombrosamente coherente de Philip K. Dick, H. P. Lovecraft, Jean Baudrillard, profecía mesiánica, ciencia apocalíptica, misticismo de artes marciales y paranoia tecnológica. La Matrix bien puede ser la película estadounidense sobresaliente de los años '90. Pero es a la vez menos y más que una gran película promedio.
Por una parte, es resbaladiza y vagamente carente de alma, con toda la violencia cargada de adrenalina que caracteriza a las películas de MTV de años recientes (está producida por Joel Silver, después de todo). Por otra parte, puede ser la primera obra surrealista totalmente comprendida del cine predominante hasta ahora.
La Matrix es un viaje chamánico en forma dramatizada, adecuada para estar junto a Alicia en el Mundo Maravilloso y destinada, quizás, a derrocar un día a El Mago de Oz como la película psicodélica de culto definitiva.
La Matrix es todo esto y un poco más, pero también indudablemente no es para todos. A menos que usted esté preparado para aceptar su premisa - que la realidad es un sueño, controlado por fuerzas secretas para esclavizarnos, y que sólo mediante el soñar consciente podemos escapar a nuestra esclavitud y reclamar nuestra naturaleza divina (una premisa realmente gnóstica, como digo) - la película entonces será puro disparate y caos y no más. Indudablemente, millones la vieron y disfrutaron de ella como tal.

Pero La Matrix es bastante más que sólo una pieza de entretenimiento de primera clase: es un experimento artístico desbocado, una experiencia que doblega nuestros conceptos de lo que es real y lo que no, y nos deja en un punto muy apremiante en verdad.
El argumento de la película se mantiene unido admirablemente, incluso si podemos no notarlo por el momento. Los directores no tienen el tiempo para llevarnos por su laberinto paso a paso; ellos simplemente nos lanzan en él de cabeza, y nos abandonan para que vayamos sacando conclusiones a medida que lo recorremos.
La película comienza a toda velocidad, y no nos da ningún tiempo para ser orientados; está explotando ya nuestro sentido de "lo que es real" antes de que hayamos establecido siquiera la más vaga idea de tal, al punto que, durante la primera media hora o más, no podemos estar seguros si estamos mirando el sueño o la realidad, u otra cosa por completo.
Este es un mecanismo de desorientación absolutamente eficaz, puesto que es la forma en que el mismo Thomas Anderson (interpretado por Keanu Reeves) siente, cuando su existencia repentinamente va más allá de lo extraño... a lo sobrecogedor. Pero al mismo tiempo ésta es quizá la debilidad más grande de la película.
El hecho de que nunca se nos da el tiempo para instalarnos en la falsa realidad de Thomas antes de que logremos verla hecha trizas y expuesta como la fantasía de simulación computacional que es, nos niega el máximo ímpetu de la iniciación de aquél (tanto al horror como al placer).
La Matrix pudo haber sido más que sólo una gran película de ciencia-ficción; pudo haber sido una auténtica obra maestra si hubiera disminuido un poco la acción y nos hubiera dado unos veinte minutos extra (al menos) para establecer al personaje, su mundo de ensueño, y la invasión lenta y constante en el sueño de una realidad escondida y elevada, una que finalmente se abrirá paso y lo arrastrará literalmente gritando al Otro Lado.
A pesar de la complejidad e ingeniosidad de la trama, la película carece de sutileza, carece de personajes, y por lo tanto carece de cualquier verdadera profundidad psicológica.
Sus profundidades - que son realmente carentes de seriedad - son todas subtextuales; ellas no son profundidades textuales, porque no hay sombras ni matices en los personajes o en sus acciones, todos los cuales se ven inevitablemente abrumados por el alcance completo y la amplitud de la historia.
Por consiguiente, a pesar de ser cabeza y hombros, por encima de toda otra película de su tipo, La Matrix sufre de las mismas carencias: la vacuidad y la superficie banal que caracterizan al éxito de taquilla de los años '90.
Ya que esto bien pudo haber sido necesario para asegurar que la película fuera un éxito, sin embargo - y La Matrix simplemente tenía que ser un éxito o no hubiera sido hecha en absoluto - esto realmente puede no ser tanto una crítica válida como algo importante que deplorar.
El milagro es que la película no fue modificada en lo más mínimo; pero de todos modos, no podría imaginar una La Matrix de tres horas de largo, con una muda sensación de los años '70 y con un verdadero actor en su centro, con el paso mesurado y la atención al detalle científico de "Alien", las profundidades humanas de "Invasion of the Body Snatchers" de Kaufman, y quizás un poco más del espíritu anárquico de "Brazil".
Pudo haber sido El Padrino de los años '90: un clásico de ciencia-ficción para gente a la que no le gustan las películas de ciencia-ficción. Tal como es, es estrictamente para ciberpunks y gnósticos.
La historia es brevemente como sigue: Thomas Anderson es un empleado pálido y sin vida de una firma de computación ("Metacortex", quien también tiene una vida "secreta" como un hacker que vende software ilegal como si fuera una sustancia psicodélica. En qué él está involucrado sólo podemos conjeturarlo, ya que la película no tiene el tiempo para decírnoslo.
De alguna manera, a lo largo del camino, él ha sido puesto en contacto con un hombre llamado Morfeo, un "terrorista" célebre con quien nunca realmente se ha reunido pero que ha estado buscando durante algún tiempo.
A Thomas (Tomás el incrédulo)
se le dan indicios y pistas, en primer lugar por la misteriosa Trinity, quien le envía mensajes en su computador que predicen acontecimientos próximos.
Poco después Thomas es arrojado físicamente en "el juego", y dejado allí para correr, esconderse, hacer el salto o caer hasta su muerte. Su involucramiento en este juego comienza cuando él está en su trabajo y recibe una llamada de Morfeo, advirtiéndole que "ellos" están detrás de él. Bastante seguros, los siniestros hombres de negro (agentes del gobierno) en aquel preciso momento se dirigen a su escritorio.
Siguiendo intrincadas instrucciones de Morfeo (quien parece ser capaz de ver el trazado completo del mundo de Thomas como si mirara un mapa, o como un dios desde lo alto), Thomas se mueve sigilosamente por delante de los agentes hacia una oficina vacía. Allí se le pide hacer un salto improbable hacia la seguridad. Él deja de dar el paso - de hecho ni siquiera intenta hacerlo - y en vez de ello permite que sea capturado por los agentes del gobierno.
Él es detenido y se le ofrece un trato: cooperar en el rastreo de Morfeo a cambio de un historial limpio.
Cuando él rechaza el trato, su mundo se transforma sin advertencia en una pesadilla surrealista, cuando el agente cuyo nombre es Smith literalmente hace desaparecer la boca de Thomas, dejándolo mudo y retorciéndose de horror. Los otros agentes lo dominan cuando un ciber-organismo parecido a un parásito metálico pero definitivamente vivo es insertado en su cuerpo, por el ombligo.
En este punto, Thomas se despierta, como de un sueño. Poco respiro se le concede, sin embargo, cuando él es recogido con prontitud por el equipo de Morfeo (también vestido de negro), sujetado a la fuerza en la parte de atrás de una limusina, y sometido a otro extraño procedimiento, donde le remueven el implante parásito.
Thomas grita de horror:
"¡¿Aquella cosa es real?!"
Por ahora no tenemos más pistas que él. Según resulta luego, no es real, pero entonces nada más en su vida tampoco lo es.
Cuando Thomas finalmente encuentra a Morfeo, él encuentra a un hombre Negro regio y muy elegante (Laurence Fishburne), de tonos suaves y seductores que concuerdan con su nombre. En lo que es quizá la parte más inolvidable de la película, Morfeo le explica todo a Thomas durante los aproximadamente veinte minutos siguientes.
Ésta es una secuencia genuinamente desquiciadora y espeluznante, y bien puede ser el vertiginoso punto culminante del cine de ciencia-ficción hasta la fecha. En primer lugar, después de su discurso inaugural, él ofrece a Thomas que haga una elección: la píldora azul o la píldora roja. Si toma la primera, él se despertará otra vez y todo eso habrá sido sólo un sueño.
Si toma la roja, sin embargo, él pasará a través del espejo y averiguará,
"cuán profundamente se interna la madriguera del conejo".
Por supuesto, él toma la roja.
Su decisión ya está incorporada en la oferta de Morfeo, porque, si es sólo un sueño, ¿por qué no tomar la roja?; y si no lo es, entonces ¿por qué tomar la azul?.
Pero a lo que Thomas se somete a consecuencia de la píldora roja se parece al peor viaje de todo buscador psicodélico. Como el traidor Cypher lo dice:
"¡¿Por qué, ah, por qué tomé aquella maldita píldora?!".
Thomas es desgarrado desde un no tan dichoso olvido, y se le da la horrible Verdad literalmente destructora de la mente: que él es un esclavo para un orden de seres inorgánicos que hasta ese momento él ni siquiera sabía que existían.
Morfeo explica que el año no es realmente 1999, que es de hecho probablemente un siglo más tarde, y que aquella civilización mientras tanto ya ha sido destruida, y que a consecuencia del descubrimiento de la Inteligencia Artificial (AI), en algún punto a comienzos del siglo veintiuno, se produjo un enfrentamiento entre el hombre y las máquinas - entre la creación y el creador (exactamente como en The Terminator) - y las máquinas ganaron.
La IA descubrió un medio no simplemente para destruir la civilización y heredar la Tierra (una perspectiva limitada, en el mejor de los casos), sino de desarrollar por sí misma cuerpos cibernéticos semi-orgánicos, usando a los seres humanos como su fuente primordial de energía. (Las máquinas eran potenciadas con la energía solar, pero la catástrofe tramada por los humanos bloqueó el Sol). Para lograr este objetivo, los seres humanos fueron esclavizados en masa.
Ellos fueron puestos en un sueño profundo, y se creó un sueño colectivo para mantenerlos manejables y dóciles, como bebés en sus cunas, mientras su fuerza vital les era succionada. La gente es engendrada y criada directamente en estas incubadoras, y alimentada intravenosamente con los restos licuados de los muertos.
Esto es ocultismo puro, y va lejos más allá incluso del mejor cine de ciencia-ficción, hasta los lóbregos reinos y las pesadillas veladas de Lovecraft, Heinlein, Kenneth Grant, Carlos Castañeda, y otros, con sus relatos del "laberinto de la penumbra", y las entidades inorgánicas que han esclavizado a la Humanidad y la han convertido en una fuente de alimentación.
Por supuesto la moderna ciencia de los OVNIs de "los grises" adapta y desarrolla las mismas creencias atávicas, completas y con adiciones tecnológicas como "implantes" y clones, etc.
Todo lo cual pone a La Matrix en la mismísima primera línea de la moderna fabricación del mito; ¿o es en realidad psico-historia?.
El sueño colectivo que se ha engendrado para mantener a la Humanidad dócil es la vida en la Tierra hacia 1999, y ésta es "la Matriz". Dentro de la Matriz, sin embargo, existen ciertas posibilidades para escapar, y es aquí donde Morfeo y su equipo ("el equipo que nunca descansa" entran.
Ellos son los "despertados" - Illuminati, si usted prefiere - quienes se han salido de la rejilla de fantasía simulada por computador y han liberado sus cuerpos de las granjas de energía en "el mundo real" (es difícil tomar incluso este mundo como verdadero, ya que hemos pasado mucho más tiempo en los otros mundos, y ya que también éste resulta ser el mundo más extraño y surrealista de todos ellos).
Como consecuencia de haber liberado sus cuerpos, estos Illuminati son capaces de entrar a voluntad en la Matriz - el mundo soñado - y funcionar allí con un potencial sobrehumano.
Por ejemplo, cualquier conocimiento, dato o entrenamiento requerido puede ser simplemente descargado inmediatamente, directamente en su conciencia, mediante computador.
Por encima de esto, ellos tienen una línea de contacto con sus compañeros en el mundo real, como dioses o ángeles de la guarda, que pueden supervisar y dirigir las operaciones de los agentes dentro de la Matriz, proveyéndolos de una omnisciencia casi divina.
A pesar de tales capacidades aparentemente sobrehumanas para navegar en la Matriz, sin embargo, los luchadores de la "resistencia"
están en una profunda desventaja cuando se trata de encarar a los siniestros hombres de negro, quienes son "de hecho" (!) proyecciones concentradas de la IA - campos de energía, si usted prefiere - enviadas por la Matriz a la Matriz para mantener una sujeción sobre su programa-realidad.
Para este objetivo, estos agentes persiguen y erradican a todos los potenciales "disidentes", a aquellos contra-agentes Illuminati empeñados en interrumpir el hechizo de la Matriz y en hacer colapsar la realidad tal como la conocemos.
3. Lo más decepcionante en La Matrix es su confianza en los términos familiares de las películas de acción, presentando la violencia y la "resistencia" como los únicos medios para vencer a la tiranía.
Mientras el equipo de Morfeo puede saltar distancias inverosímiles, soportar una cantidad inhumana de daño, eliminar equipos SWAT sin ayuda, etcétera, ellos no son realmente (oficialmente) sobrehumanos.
Ellos pueden torcer, e incluso romper, algunas reglas de la Matriz, pero no todas ellas. Ellos no pueden simplemente pasar por encima de su tiranía y asumir su status divino como hologramas dentro de un holograma, porque sólo "el Único" puede hacer esto. Por el momento ellos todavía están todos restringidos por los límites de sus mentes, todavía trabajando para erradicar el viejo programa impuesto sobre ellos por la IA.
De aquí que el entrenamiento que Morfeo aplica sobre Thomas - ahora Neo, el Único (Neo, One, Eon) - está centrado en torno a la "liberación de su mente", en hacerle comprender que de hecho él no está restringido por las leyes del cuerpo en absoluto sino sólo por su creencia en ellas.
Como un artificial pero impresionante niño-Buda doblador Gelleresco de cucharas [a lo Uri Geller] explica a Neo:
"No intente doblar la cuchara. Es imposible. Más bien... sólo intente comprender la verdad. No hay ninguna cuchara. Entonces usted verá que no es la cuchara la que se dobla, sino sólo usted mismo".
Esto es puro Zen, y va más allá de Yoda y su Fuerza, hacia la física cuántica.
Los "agentes" de la IA, aunque todavía sujetos a las leyes de la Matriz, no están restringidos por las mismas creencias que acosan a los humanos. Ellos son capaces de cambiar de forma y de realizar otras hazañas milagrosas, pero incluso éstas están dentro de ciertos límites aparentes.
Obviamente, la Matriz debe sustentar y mantener constante su espejismo de la realidad, porque de otra manera los durmientes comenzarán a despertar. Entonces estos agentes deben moverse de manera sutil, dentro de restricciones, y al menos aparentar ser humanos. Aunque la Matriz pueda cambiar todo lo que quiera dentro del juego, todavía tiene que tratar con las conciencias individuales vivientes que ha esclavizado allí.
De ahí que esté limitada por sus propios mecanismos: si quiere mantener su sujeción no puede realizar demasiados trucos excesivamente imposibles, porque esto sólo servirá a largo plazo para dar poder a los luchadores rebeldes, liberando sus mentes de la "tiranía de la continuidad” (Tiempo), de la cual el programa entero depende.
Nada de esto es explicado en la película, pero parece justo deducir que la Matriz es limitada, a pesar de ser la creadora de la realidad, y también que hay probablemente alguna razón para esta limitación. Esto es lo único que parece mantenerse firme.
De Neo - como el Elegido - se espera que cambie la marea a favor de la insurrección humana, el "despertar", cambiando el equilibrio, dando el salto, tanto literal como metafóricamente, desde ser un simple jugador a ser el dueño del juego, desde ser un hombre corriente a ser un chamán, y un semidiós.
Y esto por supuesto él lo lleva a cabo. Lo que es tan satisfactorio en la película es que al final - a pesar de su confianza en la violencia y la destrucción - es el poder de la imaginación el que triunfa finalmente. Una vez que Neo alcanza una cierta comprensión él es capaz de simplemente detener las balas con su mente - puesto que ellas no existen, en primer lugar - y proyectarse en el cuerpo (holográfico) del Enemigo (cumpliendo así el propio secreto deseo de éste de llegar a ser real), y hacerlo explotar desde dentro.
Dentro de la fantasía de acción de Hollywood, hay un ave muchísimo más extraña esperando escaparse.
No lo hace completamente en esta película, pero el potencial está allí para las secuelas, si ellas han de venir y si ellas demuestran tan sólo la mitad de esta temprana promesa (una posibilidad de la que estoy obligado a dudar, obviamente). Pero en este y otros momentos, The Matrix consigue la simetría perfecta, y ofrece algo parecido al éxtasis chamánico.

