La corteza lunar fue casi totalmente pulverizada en el pasado por bombardeos de asteroides y cometas. Es la conclusión a la que ha llegado la geofísica Maria Zuber, responsable científica de GRAIL (siglas de Gravity Recovery And Interior Laboratory), tras analizar el mapa del campo gravitatorio lunar generado por las dos sondas que integran esta misión de la NASA, que ha sido descrito como el de "mayor resolución obtenido hasta la fecha a partir para un cuerpo celeste". De hecho, el mapa muestra la estructura de los diferentes estratos del satélite, incluido su núcleo, así como el reparto de masas, lo que permite analizar las estructuras tectónicas, los cráteres…
Según se desprende de la investigación, la corteza lunar es mucho más fina que lo que pensaban los científicos, dado que presenta un espesor de 34 a 43 kilómetros, es decir, entre 6 y 12 kilómetros menos de lo que se había estimado hasta ahora. Además, las imágenes muestran que el 98% de la corteza de la Luna está fragmentada por múltiples impactos. "Se sabía que los planetas rocosos del sistema solar habían sufrido muchos impactos hace varios miles de millones de años, pero nadie pensaba que la superficie lunar hubiera sido tan masivamente bombardeada", ha admitido Zuber, que publico sus conclusiones en la revista Science. De hecho, las fracturas alcanzan la corteza profunda e incluso el manto.
La corteza exterior de la Luna carece de estructuras rocosas densas y está probablemente formada por materiales porosos o pulverizados. El mapa del interior de nuestro satélite revela asimismo la existencia de masas más densas formadas por magma volcánico, que terminó solidificándose y formando densas paredes rocosas.
Un estudio de científicos de la Institución Carnegie de Washington (EE UU) ha determinado que el interior de la Luna contiene tanta agua como el manto superior de la Tierra, lo que supone una cantidad cien veces superior a la que se pensaba hasta ahora.
El hallazgo, publicado hoy en Science, llega tras décadas de investigación que comenzaron con las misiones Apollo de la NASA en los años ’60 y ’70. Estas misiones trajeron cristales volcánicos con muestras de agua y otros elementos volátiles. Analizando estas muestras, por primera vez los investigadores han medido el agua en las inclusiones derretidas de la Luna y así han averiguado que algunas partes del manto lunar tienen tanta como el manto superior terrestre.
El estudio revela que las perlas se fundieron durante las erupciones y se solidificaron antes de caer en la superficie. Al contrario de la mayoría de depósitos volcánicos, las inclusiones derretidas están recubiertas de cristales que evitan que el agua y otros materiales escapen durante la erupción. Las expediciones han demostrado que estos depósitos existen también en Marte, Venus, Io (una luna de Júpiter) y ahora están siendo analizados por la misión Messenger en Mercurio.
James Van Orman, coautor del trabajo, ha señalado que "el interior de la Luna parece ser bastante similar al interior de la Tierra" ya que los datos analizados muestran que las concentraciones de agua y elementos volátiles como el flúor, cloro y azufre en el magma lunar, son "casi idénticos" a las concentraciones que se registran en el magma solidificado en medio del océano en la Tierra.
Este hallazgo refuerza la teoría de que la Luna y la Tierra tienen "un origen común" que, según ha explicado Van Orman, algunos científicos basan en que un gran impacto en los orígenes del planeta provocó la expulsión de materias a la órbita de las que se formó la Luna. Sin embargo, esta teoría tiene también sus "fallos". Así, hay expertos que aseguran que un impacto como el que se describe en esta teoría debería haber acabado con el agua debido al calor, por lo que no podría acabar formando parte del satélite. Otra posibilidad a tener en cuenta sería considerar la actividad volcánica como una posible fuente del hielo que se encuentran en las sombras de los cráteres en los polos lunares.
Ahora nuestro planeta tiene un solo satélite, pero la Tierra tuvo alguna vez dos lunas hasta que una de ellas, la más pequeña, se estrelló contra su hermana mayor –25 veces más pesada– en la región montañosa lunar conocida como las tierras altas lunares, según un nuevo estudio realizado por científicos de la Universidad de California, Santa Cruz (UCSC), en EE. UU.
El trabajo, publicado en la revista Nature, se basa en la "teoría del gran impacto", según la cual un objeto del tamaño de Marte colisionó con la Tierra en la historia temprana del Sistema Solar y los elementos expulsados se unieron para formar la Luna. El estudio sugiere que este gigantesco impacto también creó otro objeto, más pequeño, que en un principio compartía órbita con el satélite, pero que hace alrededor de 4.400 millones de años, mucho antes de que hubiese vida en la Tierra, cayó sobre ésta, que quedó cubierta de un lado por una capa de corteza sólida de kilómetros de espesor.
Esto explicaría por qué el lado más cercano de la Luna es relativamente bajo y plano, mientras que la topografía de su cara oculta es alta y montañosa, con una corteza más gruesa. "Este estudio concuerda con lo que se conoce acerca de la estabilidad dinámica de este sistema, el proceso de enfriamiento de la Luna, y las edades de las rocas lunares", afirma el profesor de ciencias terrestres y planetarias en la UCSC, Erik Asphaug.
Para comprobarlo, Asphaug y sus colegas crearon simulaciones por ordenador de un impacto entre la Luna y una compañera tres veces más pequeña para estudiar la dinámica de la colisión y el seguimiento de la evolución y distribución de material lunar. "En una colisión a baja velocidad, el impacto no forma un cráter y no causa fusión; en cambio, la mayoría de los materiales que chocan se amontonan en el hemisferio afectado formando una gruesa capa de corteza sólida, creando una región montañosa comparable en extensión con las tierras altas lunares del lado oculto", apuntan.
El modelo también podría explicar las variaciones en la composición de la corteza de la Luna, que está dominada en su lado más cercano por terreno relativamente rico en potasio (K), elementos de tierras raras (RE), y fósforo (P), denominadas rocas KREEP. Estos elementos, así como el uranio y el torio, se concentrarían en el océano de magma que se solidificó bajo la corteza de la Luna. Existen otros modelos para explicar la formación de las montañas lunares, entre ellos uno publicado el año pasado en la revista Science, que sugiere que fueron las fuerzas de la marea, en vez de un impacto, las responsables del grosor de la corteza lunar.
El investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) Daniel López utilizó 26 fotografías para completar esta imagen de la 'superluna' que iluminó el cielo la semana pasada.
El experto pudo captar al satélite desde el telescopio IAC80, en el Observatorio del Teide, en la isla de Tenerife, aunque la imagen resultante es, en realidad, un mosaico de un total de 26 capturas que precisó para completar el círculo lunar.
Hace una semana tuvo lugar el perigeo lunar, momento en el que la órbita del satélite lo sitúa en el punto más próximo a la Tierra, ofreciendo una visión de una luna llena un 14 por ciento más grande y un 30 por ciento más brillante que una noche común. Este fenómeno no volverá a verse de esta manera hasta dentro de dos décadas y, por ello, astrónomos y aficionados no perdieron la oportunidad de retratarlo.