se descubrió el fuego
Las noches perdieron de pronto su negrura. Al calor de las hogueras, los campamentos se volvieron más seguros, libres por fin de los ataques por sorpresa de carnívoros y otras bestias. El frío, una barrera natural hasta entonces insuperable, también dejó de ser un problema. Por no hablar de alimentos como la carne que, cocinados, permanecían en buen estado durante mucho más tiempo y podían reservarse, por tanto, para momentos de mayor necesidad. Al dominar el fuego, además, el hombre (MÁS ALLÁ, 224) pudo emprender viajes y realizar migraciones con las que antes siquiera se habría atrevido a soñar. Sabemos que desde hace más de un millón de años los humanos somos capaces de utilizar el fuego. Pero no queda claro en qué momento aprendimos a «fabricarlo» a voluntad. La diferencia entre una y otra capacidad es sutil, pero fundamental. Se supone que, al principio, los humanos primitivos aprendieron a aprovecharse del cuarto elemento cuando éste se ponía a su alcance de forma natural, ya sea por combustión espontánea, rayos o erupciones volcánicas.