InicioApuntes Y MonografiasLa Utopia del Kibutz Posible

Estimados Taringeros.
Comparto con ustedes una nota no-nostalgica sobre el Kibutz (granja comunitaria socialista en Israel), que escribi hace algun tiempo.
Esperoe que sea de vuestro interes.

La utopía del kibutz posible

Por: Dario Teitelbaum

El hecho de la crisis del kibutz no necesariamente preanuncia su desaparición, a condición que separemos la idea humana que le dio origen, de su concreción en sistemas prácticos. Ante los sistemas globalizantes, que entronizan el capitalismo y el individualismo como medida de todo éxito y realización personal, sistemas cuyas señales de derrumbe comienzan a percibirse, el kibutz puede tener aún una palabra para decirle al mundo.

Hace un par de años me visitó en mi kibutz un amigo (y ex-javer de mi Garín "Netzaj" – Gvulot, 1979) de aquellos con los cuales la relación se retoma en el mismo momento de encontrarnos, a pesar de que vivimos en países diferentes, hablamos idiomas diferentes, etc. Más que un amigo, un hermano.

Ya entrada la noche, y bebiendo una botella de tinto que me trajo de regalo, me dijo: "Estoy profundamente decepcionado del kibutz actual, creo que perdió todo sentido...", "Me parece que tu vida actual en el kibutz es fruto de concesiones ...", "Sos el último mohicano..." y demás frases de esa índole. Supe inmediatamente que aquellas frases no se decían con maldad, sino con nostalgia hacia un kibutz diferente en el cual vivimos a fines de los '70, y con sincera preocupación por mi futuro.

Le advertí que estaba hablando de dos temas diferentes. Uno, la crítica a la sociedad llamada kibutz, más que una sociedad, una "marca registrada". Y el segundo, la forma que yo me manifiesto frente a los cambios.

Y sin dudar mucho, le conté la historia del cuchillo de mi bobe (abuela en ídish), cuchillo que ella sostenía que tenía más de cien años a pesar de que parecía nuevo y brillante. Cumpliendo la función predestinada de nieto, al preguntarle cómo puede ser que el cuchillo estuviera tan impecable a pesar de su antigüedad, ella me respondió: "Cada cinco años le cambio el mango, y cada cinco, la hoja..."

No, no estoy intentando ubicar el análisis en el campo irracional, mítico. Por el contrario, para mí el kibutz es un sociedad viva, real, humana. Ya coloqué mis interrogantes en el título: las dudas existenciales acerca de la calidad del entorno humano e ideológico del cual decidí ser parte.

La conformación del kibutz fue posible en el marco de una sociedad judeo–sionista misionaria (no en el concepto cristiano de la palabra sino indicando su calidad de sociedad que cumple consignas), vale decir, en los años de ebullición revolucionaria del sionismo e impulsado por las filosofías socialistas de comienzo de siglo. En realidad y siendo críticos respecto a nuestros propios mitos, el kibutz fue por excelencia un instrumento colonizador de la Empresa Sionista cuyo atractivo fue su propia soberbia: la pretensión no sólo de ser pionero del Movimiento Nacional del retorno judío a su patria histórica (Sionismo Realizador), sino también ser la sociedad ejemplar en la cual se conformara el carácter del "Judío Nuevo", es decir arraigado a su tierra y normalizando las condiciones de producción que habían sido alteradas por el carácter diaspórico de la existencia judía. Una creación colectiva cuyo futuro y misión era dar una respuesta completa a las necesidades nacionales, sociales y personales de sus miembros.

De una u otra manera el kibutz es el "cuchillo de mi Bobe", una marca registrada, una conciencia y concepto trascendental, más allá de la realidad concreta que viva hoy.

Y, justamente por el hecho de que el concepto de "kibutz" ha trascendido más allá de la propia funcionalidad de esa "pequeña aldea de pobladores–soñadores", como la denominó el psicólogo Bruno Betelhaim en su visita a Israel, nos permite hacer una división entre el "nefesh" (alma) y el "mamash" (lo concreto) de este fenómeno.

EL KIBUTZ COMO "IDEA HUMANA"

Todos queremos igualdad básica entre los hombres o por lo menos "igualdad de posibilidades para todos los seres humanos". Todos queremos democracia. Todos queremos una "vida significativa". Todos queremos "desarrollo personal y autorrealización". Todos queremos vivir en sociedad .Todos queremos "hacer algo más que comer-trabajar-dormir-procrear". Todos queremos "ser especiales, diferentes". Todos queremos ser distintos que la generación que nos precede. Todos queremos "dejar huella" en la historia de nuestro pueblo y en la historia humana. Todos queremos libertad sin oprimir a otros...

Pues bien, se puede decir con un alto grado de seguridad que el kibutz en su "Idea Pura" se puso como objetivo utópico la combinación de los deseos ("todos queremos" de una juventud efervescente plasmándolo en un "modelo de vida ejemplar", plenamente antagónico a modelos de vida judía–humana en la diáspora a principios del siglo XX .

Todo indicaría que justamente la "Idea Humana" despertó pasiones durante por lo menos 60 años, llevando a la sociedad kibutziana a un auge sin parangón, constituyendo ésta no más de un 4% de la población israelí a mediados de los '60. Por lo menos tres generaciones vieron en el kibutz una "brújula moral", e incluso quienes por motivos personales no estaban dispuestos a integrarse a dicha sociedad reconocían su carácter "ejemplar". El kibutz fue parte central de la narrativa épico-sionista.

Paralelamente al desarrollo de la Idea Humana, se desarrolló el sistema concreto del kibutz, basado en dicha idea utópica y adaptado a las circunstancias cambiantes del Ishuv (comunidad judía) en Israel (y posteriormente el Estado de Israel), pero asimismo marcando contradicciones entre la idea y su funcionamiento.

Evidentemente, es difícil hablar sobre "el kibutz" y realmente tendríamos que hablar sobre más de 250 kibutzim, cada uno de ellos con sus características específicas influidas por la estructura de su población, sus fuentes y orígenes, su ubicación geográfica, etc. A pesar de esto, en líneas generales el común denominador de estas aldeas cooperativas (basado en la Idea Humana) se podría resumir en pocas frases que quizás no encierren ni la complejidad ni la significación de la empresa, pero dan una perspectiva comprensible inclusive hoy en día.

Co-propiedad de los medios de producción.
Igualdad (mecánica o progresiva) entre los miembros.
Democracia participativa y directa.
Responsabilidad mutua.
Misión popular-nacional.
Auto-abastecimiento económico, social y cultural.
Colectivismo ideológico.
A esta síntesis de la "Idea Humana" se podrían agregar conceptos adicionales (y diferenciales entre cada uno de los movimientos kibutzianos), pero creo que son la esencia de lo que conocemos como "Movimiento Kibutziano".

EL KIBUTZ COTIDIANO

"Las contradicciones y los malestares son el motor del cambio", decía en 1935 Antonio Gramsci, famoso intelectual y filósofo italiano. Esta frase parece haber sido pensada en función de lo que ocurriría en el kibutz a lo largo de su desarrollo concreto.

Me permito mencionar los factores centrales que propiciaron los cambios en el kibutz y en la sociedad kibutziana, sean estos factores exógenos o endógenos del kibutz.

Cambio generacional (el kibutz como sociedad multi-generacional).
Cambios en la sociedad israelí (¿normalización?).
Cambios en la sociedad judía (en Israel y en la Diáspora).
Establecimiento del Estado de Israel.
Cambios globales (y muy especialmente la supuesta muerte de las ideologías).
Ante todos los factores de cambio mencionados, el kibutz desarrolló un paulatino (pero continuo) proceso de cambios, manejándose entre tres tensiones contradictorias presentes en toda discusión real o virtual.

Bases fundacionales - Funcionamiento práctico – Voluntades personales

Aquí me permito referirme a uno de los factores más conflictivos en dicho proceso de cambio: el funcionamiento práctico.

Una de las discusiones centrales acerca de cómo el kibutz diseñó su sistema de vida se puede resumir con la siguiente pregunta:

¿Fue la funcionalidad la que generó la ideología o la ideología diseñó el funcionamiento?

Ya que la vida es compleja, y evidentemente el juicio que hacemos es post–actum, me inclino a creer que en la respuesta (o respuestas) a dicha pregunta podremos encontrar justamente las contradicciones entre "la Idea Humana" y la "Vida Real".

Desde mi visión, la ideología y la funcionalidad se mezclan entre sí a lo largo del desarrollo de la sociedad kibutziana, y ambas sirven como motivo y/o pretexto al tercer factor de tensión y contradicción anteriormente mencionado: las voluntades personales. Vale decir que para unos la ideología es el motivo central (mientras responde a su voluntad personal), y para otros pretexto de su voluntad personal (o ante la imposibilidad de asumir el cambio).

Es así que, en su esfuerzo por mantener el marco vivencial kibutziano acorde a su propio mito, el sistema kibutziano se aferra a su propia funcionalidad a pesar que ésta quizás incluye contradicciones respecto a la Idea Humana e inclusive la tergiversa.

La sociedad kibutziana se vio a sí misma como un complejo sinergético, en el cual los factores ideológicos, funcionales y personales comulgaban en una creación total e indivisible, en la cual dichos factores tenían un peso específico similar o igual, mezclándose conceptos de "valores", "objetivos" y "medios", y de hecho tal mezcla causó que "comer juntos" fuera quizás más importante que "ser solidarios entre nosotros y nuestro entorno".

LA UTOPIA POSIBLE

Y justamente para ilustrar las posibles contradicciones, me permito presentar una serie de preguntas.

¿Es necesario que los co-propietarios de los medios de producción coman juntos?
¿En qué medida la democracia participativa es el camino práctico que permite tomar decisiones y ejecutarlas?
¿Qué importancia tiene la misión voluntaria cuando ya existe el Estado de Israel?
¿En qué medida realmente el kibutz permite el pleno desarrollo del potencial humano de sus miembros?
En una sociedad de múltiples identidades, ¿es posible mantener un "colectivo ideológico"?
¿Qué ocurre cuando el principal medio de producción no es el tractor, sino la capacidad y creatividad del individuo kibutziano?
¿Cómo conviven juntas tres o cuatro generaciones (abuelos–fundadores; hijos–producto clásico o víctima del sistema; nietos reformistas o neo-revolucionarios)?
Y por último: ya que el kibutz es una isla cooperativista–socialista en un mar capitalista, ¿es posible mantener un sistema interno (kibutz) con normas morales y de conductas propias y, al mismo tiempo, relacionarse con el exterior desde la norma "todo vale" sin que esto influya en la propia vida interna del kibutz y sus normas?

Creo que las preguntas reflejan la complejidad del tema, y justamente mi respuesta personal es más simple que los planteos anteriormente presentados. Dicha respuesta no está exenta de contradicciones, ya que la misma vida está plagada de ellas. En realidad dicha contradicción está en el título, Utopía--Posible.

Ya entrando en la contradicción, y percibiendo los cambios que atraviesa el movimiento kibutziano y sus kibutzim, y sin abrir juicio o manejar prejuicio, quisiera decir que la Vida Kibutziana se podría presentar como oportunidad o como riesgo, especialmente para aquellos que consideran que la Utopía es noble, es humana, es justa, es valedera aun en días en los que parece que "el dinero triunfó", es digna y dignifica a quienes guían sus vidas con una brújula moral y justa.

Digo oportunidad, ya que considero que el sistema kibutziano actual, más allá de su importancia en la gesta nacional–social y su rol en la empresa sionista, se alejó significativamente de su carácter de sociedad utópica y a pesar de esto, sigue siendo una de las sociedades más justas y humanas en el mundo.

Digo riesgo, ya que lo que conocemos como el kibutz actual podría desesperanzar a jóvenes que ven a la Utopía como brújula, pero desisten ante la imposibilidad de ver en dicho kibutz actual un canal viable para sus vidas.

Es por eso que la Utopía del kibutz posible es un desafío que se podría manejar tanto dentro del kibutz actual, regresando a esencias y sin estar presos de sistemas, o idear nuevos modelos que no tomen como referencia el kibutz tal cual lo conocemos, pero sí se tomen en cuenta los errores que lo alejaron de su carácter utópico.

Sin duda este es un desafio, y como tal podría no ser relevante para todos. Tampoco este desafío es absolutamente total, y en una sociedad como la de hoy podrían ser legítimos modelos "mixtos" en los cuales convivieran aquellos que ven en la realización (o aspiración a realizar) de la Utopía su camino, junto con quienes adoptan una postura más pragmática pero aceptan los valores generales de dicha "Idea Humana".

Finalmente, quien está atento a lo que ocurre en nuestro planeta puede ver los indicios del derrumbede los sistemas globales y la oposición creciente al neo-liberalismo violento y el sometimiento económico-social, tanto en el Occidente como en todo el mundo.

Podría ser que justamente un kibutz distinto al de hoy, en el cual los recursos humanos, materiales y culturales de sus miembros co-actúen para lograr un bienestar general, sea también un ejemplo para el mundo de que se puede vivir en una sociedad basada en la igualdad (respetando las particularidades y las necesidades diversas), en la democracia (y un protagonismo real), en la solidaridad y en la voluntad de ser parte íntegra de la sociedad .
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