De Amarilis.


Escribí en este blog acerca de la importancia de los amigos, de esos que incondicionalmente tienden su mano brindándome su cariño y su respeto.
He apostado a dar mi afecto a todos.
He sido muy feliz y lo sigo siendo ya que he recibido muchísimo más quizás de lo que envíe.
He sentido como dije que la red es un lugar donde las botellas de amor que tiras siempre alcanzan el corazón del que está más lejos.

Hoy sin embargo haré referencia a un hecho que observo, y es la naturaleza efímera de ciertas relaciones que en la red se establecen.
Me preguntaba por qué las personas tienen esta tendencia creciente a relacionarse de esta forma.
Cierto que la red te brinda la maravillosa oportunidad de sentirte muy cerca de quien está más lejos.
En virtud de ello, tenemos la posibilidad de hacer amigos por todas partes, y eso es sin duda una alegría.

En mi caso, han sido muchos los amigos que me han brindado su amistad y permanecen, como yo en ellos.
Pero a la vez noto que para otras personas, la posibilidad de relacionamiento en la red es, esencialmente, una cuestión práctica.
Con mayor superficialidad, sin necesidad de involucrarse demasiado desde lo emocional con quien tiene del otro lado.
Como una especie de juego.
Hoy estás aquí, mañana si no me parece te elimino.

Es una forma espectacular de relacionamiento para quien ha logrado una forma tal de individualismo que le permite vincularse desde el no compromiso, y continuar sus actividades sin tomar mucho en cuenta si algo que dijo dañó o no dañó, y mucho menos tomarse el tiempo de dar al otro el derecho a hacerse oír, o en caso de haberlo ofendido por algo, esgrimir una disculpa.
Le da derecho a enojarse si uno no publica un comentario, sin ponerse demasiado en el lugar del otro acerca de la razón profunda por la cual no lo hace.

Entonces hace la fácil como se dice por aquí.
No me sirves, te elimino y ya está.
Una ventaja que es mucho más difícil de poner en práctica con personas reales, ante las que debemos dar la cara, con las que estamos vinculados en nuestro trabajo u otras áreas de la vida, donde tendremos hasta cierta censura de otros por responder de esa manera tan individualista.
Lo más interesante, es que la facilidad para quitarte de su vida es directamente proporcional a la facilidad con la que fue capaz de decirte muchas palabras de las que tú consideras sagradas.
Palabras como "Te quiero".

Y ante las personas reales, no virtuales, hacemos galardón de todos los amigos que coleccionamos en la red como si fuese un álbum de figuritas.
¿Fantasía?.
¿Ilusión?.
¿Es nuestro ego quien realmente necesita de eso?

Debe existir una razón, por más que no la encuentre, para que la participación en las redes sociales sea creciente, para que exista una necesidad a veces compulsiva de algunos, de mostrar, de exhibir los momentos felices, de sacar fotos a todo lo que camina, como de los otros de comentar esas fotos, y lo mejor de todo, sentir que a través de eso, compartimos, soy un amigo que estoy presente no por ayudarte en el dolor, no por acompañarte, sino porque hice un comentario en tu blog.

Entonces me halagas, en especial porque quise mostrarte a través de esas fotos lo maravilloso de mi vida, haciendo mi fachada para los demás, y tú caíste.
¡Qué maravilla!.
¡Qué feliz que soy!.
Pero compartir de esta forma implica que te restringiré acceso cuando quiera, no responderé tus correos si me enojo contigo.
Incluso puedo desaparecer.
Esto es tan fácil como cerrar el correo o dejar de leerte, y para algunos entonces descartar a una persona es tan simple como lo es arrojar un papel a la basura.

¿Hiciste algo que me desagradó?.
No importa.
Al alcance de un par de clicks resuelvo este problema y tú ya sales de mi vida.
Lo más preocupante es que creía, dada mi inexperiencia, que esto era cosa de adolescentes.
He comprobado que también, personas adultas a las que uno le atribuye una calidad a toda prueba, o que se ha construido una imagen de ellas que le impide creer que hagan estas cosas, también lo hacen.
Uno se pregunta entonces que habrá pasado con ellos, con esos valores de amistad y de amor con los que seguramente fueron educados hace algunas décadas.

En cambio, quizás para ellos mismos les parezca estar muy actualizados ya que tan adictiva es la red que hasta les hace la ilusión de sentirse jóvenes.
Sólo por proceder con códigos de jóvenes.
Y hasta pueden sentirse en especial superados, cuando a la vista de la persona a la que descartaron siguen haciendo comentarios para otros, mostrándote que tú ya no existes, y no importándoles el dolor que pueden causarte, cuando a ti siquiera te dan la oportunidad de pedir una disculpa, o de tener con ellos una conversación franca, como harías en la vida real.
Ni tan siquiera por educación.

Actitud quizás infantil a la que debería acostumbrarme, porque estas cosas pasan.
Entonces llego a preguntarme:
¿Qué hice?
¿Cometí un asesinato o algo así?.

Estoy segura también que, para quien está muy lejos de comprender el alcance que sus acciones tienen, para quien se esfuerza en eliminar prolijamente de su vida todo aquello que le causa disconfort o malestar, para quien cierra su corazón y no valora lo que ha vivido con una persona ni le da oportunidad, le parecerá que lo que digo son solo palabrerías.
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