Hola amigos de T! esto es en realidad una "tarea" me dijeron que relatara un suceso importante en la historia pero como si yolo estuviese viviendo, esta algo corto pero al menos a mi me gusto, tome como partida cuando el volcán Vesubio estallo y cubrió en cenizas a Pompeya y sus habitantes muchos de los datos que contiene son veridicos, espero sus comentarios ;D
El día que el Infierno toco la Tierra
Cuando por fin recobre la conciencia, descubrí mi hogar en ruinas, no sabía lo que ocurría, sentía un gran peso oprimiendo mi cuerpo, haciendo un esfuerzo titánico, logre liberarme de aquella prisión de escombro. Me asome por la ventana y un ruido estruendoso, con la ira de todos los dioses retumbo por toda la ciudad, supe entonces que si quería vivir tendría que correr como nunca en mi vida...
Ese día desperté bastante tranquilo ya que, aunque días atrás leves temblores habían sacudido la cuidad, hacia ya varios días que todo estaba en orden debajo nuestros pies. Me levante de mi cama, un poco adolorido pues los ramajes de ésta ya estaban bastante gastados y mi espalda podía sentir la dura y áspera superficie plana de madera; aun así no me tomo mucho recobrar el ánimo, pues recordé que hoy era el día en que iba a ir con mi padre a ver un muy esperado espectáculo en el Teatro Grande, aunque originalmente mi intención era visitar el Templo de Júpiter, por su reconstrucción tras el gran terremoto de hacia ya 17 años cuentan mis padres, no nos permitieron la entrada y ahí fue cuando el me prometió llevarme al Teatro y después de ahí a la Palestra Samnita que se encuentra detrás de aquel para ver a los gimnastas y una increíble piscina que se encuentra en el centro del edificio. Como era de costumbre eran las seis de la mañana y yo ya estaba listo para empezar el día, ganándole aun al dios Helios. Salí de mi casa dispuesto a llegar a la Vía de la Abundancia, debía partir inmediatamente, porque mi casa se encontraba cercana a la orilla de la ciudad y mi destino partía en un pequeño tramo a la ciudad de este a oeste, tomando en cuenta que a esa hora ya había mucho movimiento en las calles tanto de personas con prisa como de algunos carros calcule que el viaje en total me tomaría aproximadamente una hora y media. Iba a paso apresurado, pero me detuve al fijar mi mirada en una figura que estaba tallada en un bloque del camino, al principio no entendí porque se encontraba ahí hasta que mi memoria hizo su trabajo y recordé que hacía mucho tiempo que mi padre me había hablado sobre eso, los lupanares, si esos sucios y bajos lugares donde las mujeres trabajaban ofreciendo sus cuerpos a los hombres, me explico que nuestra ciudad era un auténtico enjambre de culturas de casi todas las partes del mundo y debido a esto había también gran cantidad de idiomas; la única manera que tenían las prostitutas de vender sus favores sexuales, era aullar junto a la puerta de estos recintos y por eso se les llamaba lupas -o lobas- y aunado a esto me advirtió que jamás, bajo ninguna circunstancia me acercara ahí, y me dio la indicación que había de estos lugares y que al mismo tiempo de ser un indicador de a donde ir para algunos a mi me serviría para saber a donde no ir, y ahora tenía esa señal justo debajo de mis pies, una figura en forma de pene indicaba el camino hacia donde el lupanar. Rápidamente me dirigí a la dirección contraria de donde apuntaba esta “inscripción”, sin duda haber tomado un camino alternativo ese día no fue una buena idea y ahora no sabía en donde estaba, encontrar el camino original me llevaría tiempo. Al fin llegue, compre las cosas que me encargo mi madre y tome el camino de vuelta que siempre había utilizado. Llegue a mi casa mas tarde de lo que originalmente había planeado como pude deducir mas tarde en mi incidente. Era las ocho y cuarto de la mañana. Mi madre se puso a preparar una deliciosa comida usando los ingredientes frescos que le había traído, esperaba ya con ansias la hora en que estuviera ya servido mi plato, pese al regaño que me dio por la hora en que llegue, aunque con toda la intención de evitar contarle el porqué de mi retraso le invente una inteligente y rebuscada historia y tras hacerla reír olvido su enojo; cumplí mi objetivo. Tras este episodio decidí ir a ver a mi perro, lo amaba de manera muy especial pues a pesar de su hermoso pelaje y su lealtad inquebrantable fue un regalo de mi padre por una valerosa hazaña que acometí meses atrás al proteger a un grupo de ancianos eruditos de una bestia salvaje del campo, un buen día fue a visitar una zona de la ciudad en la que se hacía mucho el comercio de todo tipo, desde la más rara curiosidad hasta grandes bestias o esclavos de distintas partes del mundo, y le compro a un joven árabe un bello cachorro que más tarde estaría entre mis manos. Tiempo después mando construir en una de las entradas de la casa un mural en el suelo que se podía leer así “Cave canem” (cuidado con el perro) y también se podría apreciar la figura altamente detallada de un perro grande e imponente. Finalmente me encontré con él en la parte trasera de la casa en donde mi padre también guardaba unos muy preciados pergaminos que contenían información de gran relevancia para él, yo no sabía con exactitud qué era lo que guardaban en secreto con tan confiable confidencialidad pero en realidad no me preocupaba mucho; le frote su amplia cabellera y muy feliz se me restregó al cuerpo como, creo yo, muestra de cariño a su amo.
Por una extraña razón de estar en tan agradable momento, el animal empezó a ladrar intensamente como queriendo gritar a voces algo. De repente empecé a sentir debajo de mis pies a la Tierra estremecerse y crujir sus dientes en son de rencor, quizás. De forma inmediata y en un instante sentí un agudo dolor en la cabeza, después no supe más de lo que ocurría a mí alrededor.
….si….correr….pues vi como el gigante dormido que había estado postrado en el mismo sitio durante las últimas mil eternidades parecía cobrar vida. Vino una sacudida, un segundo terremoto realmente devastador y a este le siguió un terrorífico rugido del volcán que tenia frente a mí, la columna de fuego que procedía de su boca se alzaba hacia el cielo de tal manera que fue capaz de convertir instantáneamente el día en noche, su cúspide se asemejaba de manera increíblemente realista a la de un pino, todo se volvió oscuridad y el único resplandor que había era el de esa gigantesca y majestuosa escalera que parecía erguirse desde el infierno hasta el cielo. Horrorizado salí de los que aun quedaba de mi casa, intente correr pero mis piernas no me respondían como deberían pues estaban fuertemente lastimadas por el golpe que hasta hace momentos había recibido. Algo paso zumbando junto a mi cabeza, si le preguntara a mis oídos me habrían dicho que fue algún animal volador de gran tamaño pero no era así, era un tipo de sonido que jamás en mi vida había escuchado, me fije en donde cayó este proyectil y me di cuenta que era una piedra de tonos rojizos y que ardía en llamas, todo era tan extraño, nunca había visto nada parecido en mi vida. En la ciudad reinaba el caos total, se oían los gemidos de las mujeres, el llanto de los niños, el clamor de los hombres. Unos llamaban a sus padres, otros a sus hijos, otros a sus esposas. Muchos clamaban a los dioses, pero la mayoría estaban convencidos de que ya no había dioses y esa noche era la última del mundo. Mis padres y mis hermanos ya no estaban, que les había pasado, no lo sé, tal vez huyeron pensando que yo ya estaba muerto, no lo sé en realidad, todavía se podía escuchar a mi perro, aun hundido en el temor pero amarrado a la pared, sin embargo en esos momentos no podía centrarme en eso. Regresando a la realidad intente de nuevo, aunque en vano correr, de mi inminente e inevitable destino. El miedo inundaba mi alma y esta quería desprenderse de mi cuerpo para poder huir pero no lo fue posible. Aunque quizás no adecuado para el momento de intensas emociones, pensé en Tito, Tito Flavio Sabino Vespasiano, nuestro tan amado emperador, donde estaría, que haría, que pensaría, tan solo imaginarme siendo yo el cabeza de toda una nación y que una parte importante para el comercio se vea totalmente destruida me parece una idea inimaginable. De repente escucho una voz alterada que me llama, me grita que me acerque, y proviene de una casa, con mucho esfuerzo me desplazo hasta el origen de esa misteriosa voz, ya estando ahí me doy cuenta de que en realidad es un agujero de donde me llamaban, estaba ahí un viejo que, a pesar de su edad se veía todavía fuerte y macizo como para guardarle distancia y respeto y llevaba puesta lo que parecía ser una vestimenta costosa y muy elaborada incluso de batalla, fuese lo que fuese se daba a relucir que no era un prenda de vestir cualquiera. Inmediatamente me pregunto que si estaba bien y le respondí que si, al menos dentro de lo que cabia, considerando mi intenso dolor corporal especialmente concentrado en mis piernas y que no sabía nada de mi familia ni de mis amigo y conocidos. Naturalmente yo le pregunte que quien era él, me respondió que su nombre era Plinio, jefe de la flota imperial y que solían decirle Plinio el Viejo para diferenciarlo de su sobrino e “hijo adoptivo” el que también llevaba por nombre Plinio y a este le decían Plinio el Joven, también para diferenciarlo de su tío; le pregunte además que hacia ahí y me dijo que por una parte estaba cerca de la ciudad con su flota y al ver lo ocurrido decidió enfrentarse a la situación y entrar para tratar de rescatar al mayor número de personas posible, y que por otro lado sus fervientes intereses científicos lo habían empujado a ver este colosal fenómeno de una distancia más cercana donde pudiera apreciarse de mejor manera y así poder tomar apuntes. Tengo que aceptar que me dejo sorprendido por su valentía incansable tanto por arriesgar su vida para salvar la de otras personas, quizás ya a sabiendas de que terminaría perdiéndola como al acercarse para apreciar de cerca un fenómeno tan estremecedor e inspirador de temor. Mientras aun me mantenía en expectación de lo acontecido el viejo me instó a que saliéramos de ahí antes de que fuera demasiado tarde y fuéramos consumidos por aquellas nubes oscuras y misteriosas. Como pudimos, ambos lastimados salimos de ahí pero la nube negra y espesa ya había tocado la superficie y no podíamos contra ella, el viejo siguió conmigo hasta que no pudo más y me dijo que lo dejara ahí, que ya había cumplido su misión al venir a este mundo, me suplico que lo dejara morir con honor. Aunque no queriendo lo abandone y seguí con mi camino pero un rugir detrás de mí, como el de un león hambriento, hizo que me detuviera y volteara hacia atrás, entonces vi como una enorme ola negra, como la misma noche, venia burbujeando desde la boca del volcán cubriendo todo a su paso, aunado al tiroteo de pequeñas y algunas gigantescas rocas encendidas me hizo temblar y parecía que el mismo infierno estaba surgiendo en aquel sitio. En ese momento al fin comprendí que no tenía sentido tratar de huir, mi fin era inminente y Hades se acercaba apresurado, dispuesto a saciar su hambre de dolor y muerte; no me moví, me quede ahí a contemplar el escenario final de mi existencia, aun bajo esas circunstancias mi cerebro no quería aceptarlo y quería hacerme salir de ahí pero me mantuve inmóvil. Al fin, una gran sabana del color de los rayos sol y a la vez de la noche se abalanzó contra mí se puso por encima de mi cabeza hasta que llego a mí, por unos instantes un dolor ardiente empapó cada partícula de mi cuerpo y los pensamientos, cual pájaros en libertad, brotaron y revolotearon por mi cabeza, el dolor era tan intenso, como si el mismísimo cerbero me estuviese tragando…..
...entonces vino una gran paz, una paz eterna.