Un mundo más pequeño que la Tierra, más frío, desértico, ventoso, extremo, ni tan muerto como Mercurio o la Luna, ni tan activo como la Tierra, con agua helada en el casquete polar Sur, con poca atmósfera, con el Monte Olimpo de 26 kilómetros de altura, con dos lunas... y muchos sueños. Marte. Acaba de llegar el Curiosity, el nuevo vehículo de exploración robótica del planeta vecino, la Tierra, tras un largo viaje y un aterrizaje de vértigo, pero perfecto. ¿Y ahora qué? ¿Por dónde empezará su labor este laboratorio tan avanzado? La semana próxima tal vez empiece a rodar por el planeta rojo.
El Curiosity, el lunes pasado, con una precisión que puede parecer imposible para los profanos (ha acertado en su diana en el suelo de Marte por pocos centenares de metros tras recorrer 567 millones de kilómetros y con solo cuatro correcciones de rumbo), está en el suelo del cráter Gale (a 4,6 grados de latitud Sur y 137 grados Este), a unos cinco kilómetros de la base del monte Sharp y a unos 12 del punto donde los científicos quieren que empiece a leer el libro de historia geológica del planeta expuesto en sus rocas.